El fin del género de terror, como el de su predecesor, el gótico, es asustar e incomodar al lector. En la literatura gótica siempre nos encontramos con el suspense, el misterio y lo paranormal, la eterna lucha del bien contra el mal. En esos ambientes siempre flota una sensación de tristeza, de abandono. El declive y la fatalidad se conjugan con los fantasmas, las maldiciones familiares, las pasiones enfermizas y la locura.

En la literatura gótica se usó por primera vez el escenario como un personaje más de la trama, atado a cada elemento de la historia. Este género solía usar parajes abandonados, lugares exóticos, bosques oscuros, monasterios decadentes y castillos o mansiones abandonados.

El terror contemporáneo no se olvida de los castillos, ni de las mansiones encantadas, los cementerios, los edificios abandonados y los lugares solitarios, porque es en esos sitios donde podemos escuchar los aullidos de los fantasmas y los monstruos que pueblan sus pasillos.

J.K Rowling, por ejemplo, usó el castillo de Hogwarts como un lugar mágico y feliz, pero que tiene una cara distitna; una llena de laberintos oscuros, pasillos interminables y habitaciones abandonadas, un lugar perfecto para los fantasmas. Una vez que entiendes cómo funciona el escenario en la literatura gótica, puedes usarlo a tu favor para introducir esos elementos de terror en cualquier historia.

Terror en lo inesperado

Hogwarts destroyed, de eduardoborrego

Sin embargo, la mayoría de las veces es mucho más efectivo jugar con las expectativas del lector, como hace Stephen King en su reciente novela Mr. Mercedes, donde en un psicópata arremete contra un grupo de personas que buscan trabajo. Este tipo de escenas, dejan un importante mensaje en el lector, le susurran que no se puede acomodar, que el terror aparece en los lugares más insospechados y te ayuda a evitar caer en los clichés del género. En la novela de James Crumley, Hostages, el lector no se espera encontrarse con una banda de asesinos jugando al póquer en una tranquila granja.

Pero si alguien que supo trasladar el terror a un lugar insospechado ese fue Ray Bradbury en su obra La feria de las tinieblas, el autor convierte un lugar feliz, una feria, en el escondite de un ser maligno. Dean R. Koontz, al igual que King, es un maestro en sorprender al lector, no importa si estás paseando por una playa idílica, una escuela, un campo de maíz…

El terror es mucho más poderoso en esos lugares conocidos que cuando se arrastra por los pasillos de un castillo abandonado. Eso es porque el lector no tiene una sensación maligna con esos lugares, que puede recorrer a diario, por eso los detalles cuando hablamos de estos sitios tienen que ser muy potentes ya que la situación que vayamos a crear irá contra natura.

Las historias de terror juegan con los miedos personales de cada lector, apelan a ese niño interior, ese crío asustado que se cubre la cabeza con la manta y reza para que el hombre del saco no esté debajo de su cama. Si el hombre del saco nos daba tanto miedo de pequeños, era porque podía estar debajo de nuestras camas. No estaba metido en un ataúd en el sótano de un viejo castillo abandonado, no, estaba en nuestras casas, justo debajo de nosotros.

El terror en lo inesperado. Escribir terror

En el relato de Stephen King, La niebla, los supervivientes se encuentran atrapados en un supermercado, luchando contra unas horribles criaturas que han aparecido con la niebla. ¿Por qué nos da miedo? Porque todos vamos a los supermercados y eso hace que se nos active la vieja alarma, esa que teníamos cuando éramos niños y que nos aseguraba que ningún lugar es seguro.

Jugar con lo inesperado, casi siempre va unido a los temas. La pérdida de la inocencia o la destrucción del orden establecido, dos temas muy usados en el terror y el suspense. Piensa en un lugar inocente: la habitación del bebé, con la cuna y el aroma de su colonia, si el villano irrumpe aquí, el horror será mucho mayor que si lo hace en la cocina y dejará en el lector, la sensación de que el mundo es un lugar peligroso.

Del mismo modo los lugares como las comisarias o las salas de justicia, nos dan la sensación de seguridad, violar esos lugares, con actos de maldad o con la presencia de seres extraños, puede crear una fuerte sensación en el lector. Lo mismo ocurre en los lugares donde se aprecia la belleza, como un museo o una galería de arte.

Muy a menudo, las historias de terror se desarrollan en pequeños pueblos, ya que tenemos la sensación de que esas pequeñas poblaciones rurales son el idilio de la paz y la inocencia, de la buena vida. Sin embargo, esos íntimos núcleos de población pueden estar llenos de secretos, mentiras y crímenes horrendos.

Descubre el horror que se oculta tras la inocencia y tendrás en tu mano las reacciones del lector. Juega con ellas, retuerce el paisaje, cambia las reglas.

Si te va la fantasía, pero amas introducir elementos de terror en tus escritos, entonces te encantará este artículo que he escrito para Ana González Duque, en el que hablo sobre el terror en la fantasía. ¡No te lo pierdas!

Ahora te toca a ti, ¿sueles jugar con el escenario? ¿Caes en los clichés del género o eres de los que busca innovar? ¿Cuál es el lugar más extraños en el que has sido capaz de crear miedo?

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