Desde hace un tiempo, tengo la percepción de que la escritura es como uno los retorcidos seres exteriores de los que escribía H.P. Lovecraft. Es como un misterioso dios que susurra y susurra hasta que te vuelve loco. O te mata. No literalmente, claro. Existen muchas clases de muertes más allá de la física. Llevo bastante tiempo en la parte baja del valle y me pregunto una y otra vez, ¿es posible sobrevivir como escritor?

Está claro que es posible, hay millones de escritores en el mundo. Muchos de ellos viviendo vidas felices. Pero, ¿qué pasa cuando la escritura te va minando el ánimo? En Internet, sobre todo en redes sociales, uno solo se topa con felicidad. Todos comparten sus triunfos. Todos comparten esa captura tomada cuando su novela estuvo 30 segundos en el primer puesto de una categoría en la que solo hay 4 novelas más. Todo el mundo comparte su mención o su puesto finalista en este o aquel concurso.

Sin embargo, no veo a nadie compartir un pantallazo de los 364,9 días en los que su novela está en el puesto 5378 de su categoría en Amazon. Tampoco veo selfies de sus caras cuando ni siquiera avisan de que te has quedado fuera de un concurso o cuando, tras un año de espera, se dan por vencidos porque esa editorial no va a publicar sus libros.

La obligación de ser feliz

En occidente, desde hace unos años, existe una corriente de pensamiento —bastante nociva— que obliga a la gente a ser feliz para encajar, a buscar la felicidad. Pero la felicidad no es algo que se pueda perseguir, si tienes que perseguirla deja de ser felicidad, ¿no? Se supone que la felicidad es algo que llega.

Tampoco es cierto que tengas la obligación de ser feliz. Por si no te has dado cuenta todavía, la vida no es un lugar feliz. No lo ha sido nunca, no lo era en los tiempos de las cavernas en las que LITERALMENTE todo podía matarte y no lo es ahora en una era de virus extraños.

¿Por qué te estoy contando todo esto? Porque hay algo que me molesta muchísimo y que leo una y otra vez cuando digo que escribir no me hace feliz. Cuando digo eso, la respuesta suele ser: entonces es que no eres escritor, porque los escritores son felices cuando escriben. Y supongo que ese es exactamente el motivo por el que Hemingway chupó el cañón de su escopeta favorita o por el que Hunter S. Thompson hizo lo mismo con su pistola. La felicidad, es lo que tiene.

El sentido de la vida (42 o algunos hombres llevan sombrero y otros no)

En una entrevista al guionista y escritor Robert McKee, el tipo dijo lo siguiente:

Tu trabajo como escritor es encontrar sentido a la vida. Da igual si es trágico, cómico o algo a medias, pero estás obligado a encontrarle sentido. ¿Entiendes lo que significa eso? ¿Encontrar sentido a la vida? Este es el motivo por el que tanta gente no consigue escribir. Porque no son capaces de encontrar sentido a la vida.

Como escritores nos vemos obligados a vivir dentro de nuestras propias mentes y no hay nada más terrible y peligroso que la mente humana. Una y otra vez nos adentramos en las profundidades insondables de nuestra cabeza buscando algo; una idea, un nombre, un título… Muchos nunca regresan de ese viaje.

Algunas veces, entre la espesura oscura nos topamos con un: «Ey, esto parece interesante». Entonces, es cuando te toca coger el cincel y darle al bloque de mármol o, en palabras de Stephen King, coger el cepillo y empezar a desenterrar el hueso. Algunas veces no encuentras nada, otras veces te topas con todo un esqueleto o todavía mejor, con una puñetera pepita de oro.

Escribir no es sencillo

Robert McKee también ofrece clases de escritura y, antes de cada una de ellas, avisa a sus alumnos de que van a vivir un infierno. ¿Por qué lo hace?

Uno de mis objetivos en estas clases es eliminar a los indecisos. Hay demasiadas personas que se acercan a la escritura con la mentalidad «cualquiera puede ser escritor, basta con tener una fórmula» y eso es mentira. Las cosas como son: solo uno de cada cien puede ser escritor. Y yo me encargo de que eso les quede bien claro a todos. La mayoría no tienen ni idea de lo realmente complicado que es esto. Si amas el arte, sobrevivirás.

Amar el arte suena a chorrada new age de vendedor de aceite de serpiente, sin embargo, significa que necesitas empatizar con lo que ves en el espejo. Porque ahí empieza el arte. En tu cabeza, en mi cabeza. Ya sabes lo que dicen: «no existe la escritura, sino la reescritura». Tienes que darte permiso para dar asco y escribir mierda.

Stephen King cuenta que recibió el mejor consejo de escritura del editor de un periodicucho local, para el que escribió una columna de deportes. Al devolverle el artículo corregido, le adjuntó una nota en la que le dijo: «Cuando escribes una historia, te estás contando esa historia a ti. Cuando la reescribes, tu trabajo es eliminar todo lo que no forme parte de esa historia».

Sobrevivir como escritor

Es imposible encontrar sentido a la vida con una sola historia, lo sé y lo entiendo. Hacerlo, sería como ese cantante que triunfa con su primera canción, que es una adaptación de una canción antigua, pero que jamás logra volver a brillar y termina sus días cantando esa canción una y otra vez en fiestas de pueblo. Ese cantante no ha logrado empatizar, no ha encontrado sentido a la vida.

Encontrar sentido a la vida requiere tener compasión contigo mismo y aceptar que no siempre vas a ser bueno. Que muchas veces no serás tan buenos como los demás y que ni de coña vas a tener una carrera llena de momentos felices. Los momentos felices llegarán, por supuesto, pero antes vas a tener que comer toneladas de mierda.

Mira, yo no te puedo dar mejor consejo que este: ser escritor es duro. Pero es mucho mejor que no serlo. Mírate bien al espejo, no seas tan duro contigo mismo y aprende a amar tu arte, no el de los demás y si necesitas un poco más, te voy a decir qué me ayuda a mí a seguir adelante:

  • Tener buenos amigos. Cuando quiero mandarlo todo a la mierda, tengo un par de personas que siempre me obligan a seguir adelante, aunque sea a patadas. Eso no tiene precio. Esas mismas personas también me ayudan a mantener la cabeza en su sitio.
  • Los expertos también la cagan. No hay fórmulas para el éxito.
  • No aceptes la derrota. En el colegio tenía un profesor que era sacerdote y, cuando me peleaba con alguien en el patio —algo común— siempre me decía: «Tienes que poner la otra mejilla». Yo solía contestarle: «Yo no pongo más mejillas. Póngala usted». Aprende de las derrotas, pero no te des por vencido. Lucha, siempre, hasta el final.
  • Aprende. Este consejo va un poco con el de arriba, aprende de los hábitos de las personas que lo están haciendo bien.
  • No seas conformista. Tienes que ponerte retos. Tienes que hacer algo para obtener resultados, si te sientas a lamentarte sobre tu vida y lo jodida que es, perderás el tren. Encuentra tu pasión y dale.
  • La vida es larga. Tu vida no se resume en lo que hagas hoy, mañana, esta semana o este mes, ni siquiera en este año. La vida es larga, tienes tiempo de sobra para empezar de cero cada vez que lo necesites. No tengas miedo a cambiar, a veces basta con volver a barajar las cartas, si crees que estás estancado o por debajo de tu potencial, haz algo.

Escribir es complicado, pero puedes sobrevivir con ayuda

Mi último consejo antes de irme, es uno que no suelo aplicarme nunca: no te ralles, no pienses las cosas demasiado y aprende a aceptar la ayuda de los demás. Casi siempre, el camino recto es el más rápido y el más cómodo, otras veces tendrás que luchar y escalar una montaña. Cada camino requiere una aproximación diferente, sé flexible.

En fin, nada más. Espero que te hayas sentido identificado conmigo en algunas cosas, que algunos de estos consejos te sean de ayuda, pero sobre todo te agradezco que hayas llegado hasta el final. Seguro que tú también eres un superviviente, así que te invito a que compartas tus trucos en un comentario y que sobrevivas mucho tiempo para que sigamos leyéndonos.