Stephen King ya era un escritor de éxito cuando su esposa Tabitha le dijo que Naomi, su hija mayor, nunca había leído ninguno de los libros que escribía. King le preguntó a la niña por qué no leía sus libros y ella le contestó que no le interesaban las cosas de fantasmas, vampiros y momias que solía escribir. Los Ojos del Dragón fue la forma que tuvo el maestro de dedicar un libro a su pequeña.

Stephen King decidió escribir algo diferente para ella e inmediatamente se puso manos a la obra. En un viejo cuaderno de abogado y a mano escribió una historia de príncipes y traición. Nada más que un esbozo. Por la noche, la pequeña Naomi la leyó y quedó encantada, así que King siguió narrando la historia del Príncipe Peter y el malvado mago Flagg.

«Thomas no era exactamente lo que se dice un niño bueno, pero no penséis que por esta razón se trataba de un niño malo. A menudo era un chico triste; otras veces, un chaval confundido (también se parecía a su padre en otro aspecto: pensar mucho le congestionaba la nariz y dentro de su cabeza comenzaba a sentir como si rodaran piedras); en ciertas ocasiones, era celoso; pero no podía decirse que fuera malo».

Stephen King, Los Ojos del Dragón.

Los Ojos del Dragón, fantasía no tan épica

Hoy en día oigo mucho la palabra grimdark, suele ser un sinónimo de fantasía oscura. No es que Los Ojos del Dragón sea una novela de fantasía oscura, pero sí que tienes ciertas cosas que la acercan a ese tipo de fantasía sin tintes épicos.

Aunque nos encontramos con el príncipe Peter que tienes todas las cualidades de los grandes héroes caballerescos, el resto del elenco de personajes son bastante comunes. En algunos casos, como el del Rey Roland o el del príncipe Thomas, sus rasgos nos muestran a dos personas patéticas, presas de los acontecimientos.

Para mí, el grimdark va más allá de la fantasía oscura. Sus aguas discurren por muchos derroteros, con muchas curvas, afluentes y meandros. En Los Ojos del Dragón hay una huella de esa fantasía «yerma».

Estamos frente a una historia de traición. En la que un ser oscuro, el mago Flagg, planea un enrevesado plan para asesinar al rey Roland y culpar a Peter, que acabará encerrado en la Aguja para el resto de sus días. Pero lo que Flagg planea no es un simple crimen, no busca que ajusticien a Peter (sabe que eso no sucederá), lo que busca es crear un clima de enfrentamiento, una guerra civil.

Aunque se envuelve en la tradición de los cuentos épicos, lo que hay debajo de la manta es mucho más.

Un cuento de hadas para niños

Aunque la idea de King fue la de escribir un cuento que gustase a su hija Naomi (que aparece en el libro junto a Ben, el hijo de su gran amigo Peter Straub), la realidad es que nos encontramos con una novela sólida. Una historia narrada con ese estilo personal de King, descarada y ágil.

Al ser un cuento para niños, el narrador no duda en romper la cuarta pared y dirigirse directamente al lector, hablándole sobre cosas que sucedieron tiempo atrás y hasta desvelando pequeños apuntes sobre lo que vendrá (algo que King suele hacer a menudo en sus libros).

Todos los personajes tienen ese toque personal del autor que los convierte en seres vivos. A excepción del príncipe Peter, que a veces parece algo forzado, el resto de personajes tienen sus propios problemas, sus fallos, sus envidias y sus ambiciones. Cada uno a su manera aporta una pizca de sal a la lectura.

Antes de La Torre Oscura

Los Ojos del Dragón tienen mucho de La Torre Oscura. Tenemos un rey que se llama Roland y un mago oscuro llamado Flagg. Ahora es cuando hay que preguntarse, ¿qué fue antes?

Flagg es uno de los antagonistas más presentes a lo largo de toda la mitología King. Aparece por primera vez como el principal villano en The Stand y más tarde será «El hombre de negro» en las series de La Torre Oscura. Lo mismo sucede con Garlan, la extraña y lejana tierra de la que se supone que procede el extraño mago, esta es nombrada en Mago y Cristal, la cuarta entrega de la saga.

Roland, el pistolero, en La Llegada de los Tres, el segundo libro de la serie, nombra a Thomas y Dennis, dos personajes de Los Ojos del Dragón, así como «Las Grandes Letras».

En fin, querido Lector Constante, no dejes de leerlo y no dejes de leérselo a tus hijos.