Una de las preguntas que más recibo en correos de lectores y en mensajes de redes sociales es: He escrito algunos relatos, ¿qué puedo hacer con ellos? Es una pregunta habitual, ya que a los escritores se nos ha metido en la cabeza la idea de que los relatos no valen para nada. La semana pasada ya te comenté cómo empezar a escribir un libro de relatos, así que esta semana, quiero hablar sobre qué puedes hacer con ellos.

¿Los relatos cortos se pueden publicar? Esta es la pregunta del millón. Como ya dije la semana pasada, los relatos cortos están mal vistos o, al menos, peor vistos que las novelas. A pesar de eso, mi respuesta, como te puedes imaginar es que sí, que se pueden publicar. Si se publican las memorias de los políticos, ¿por qué no se van a poder publicar tus relatos?

Los relatos se han posicionado como una solución para iniciarse en el mundo literario. Son un recurso para las revistas y para algunas editoriales independientes que han crecido en base a certámenes de relatos, con los que reúnen nuevos autores. Sin embargo, a la hora de publicar un libro de relatos de un solo autor, parece que la cosa cambia bastante.

Si preguntas, cualquier autor con un poco de experiencia, te dirá que los relatos no te van a dar dinero. Y puede que sea verdad, pero te sirven para otras cosas como:

  • Ampliar tu base de lectores.
  • Lanzar un primer libro con el que darte a conocer.
  • Participar en revistas y antologías con otros autores.
  • Crear un lead magnet y atraer lectores a tu blog de escritor.
  • Si tus relatos tienen un hilo argumental o un personaje recurrente, puedes crear una serie de relatos, publicarla en Wattpad y ganar lectores.

Pero vamos a lo que importa, ¿qué puedo hacer con mis relatos cortos?

1. Certámenes literarios

Muchas revistas, editoriales, bibliotecas, ayuntamientos y asociaciones publican periódicamente certámenes de literatura. Estos concursos suelen tener un tema central, algunas veces un género, que marca unas pautas al escritor.

En Internet hay mucha información sobre los certámenes literarios. Si buscas un poco encontrarás alegatos a favor, listas con consejos para ganarlos y amargos artículos condenatorios que te hablan de la peor cara de estos certámenes.

Los concursos literarios son como las películas de Tarantino; o te encantan o los odias. También puedes pasar por varias fases —este fue mi caso— en las que te motivas para participar en todos los posibles y luego, poco a poco, te desinflas y acabas harto.

¿Mi consejo? Busca certámenes de editoriales independientes y de revistas, ya que suele haber menos manipulación en los resultados. Si tienes algunos buenos relatos listos y bien revisados, participa en tantos certámenes como puedas, ya que son una buena forma de iniciarse.

Eso sí, no quieras «profesionalizar» tu participación en ellos, ya que acabarás frustrado.

2. Amazon

Yo he reunido muchos de mis relatos en la antología Cuentos perdidos: Volumen 1 y la he puesto en venta en Amazon. Es una de las mejores cosas que puedes hacer con ellos. También se pueden publicar sueltos, aunque el resultado no será tan bueno, pocas personas pagarán dinero por un solo relato.

Si quieres publicar en Amazon, revisa bien tus relatos, dales una forma bonita y, un poco de contenido —aprovecha para pedirle a un amigo escritor que te haga un prólogo—. Hazte una portada bien chula y sácalos. Lo importante no es el dinero, sino ganar lectores.

3. Publica tus relatos sueltos

Ya te he dicho que Amazon no es la mejor forma de publicar relatos sueltos. Por suerte tienes otras opciones. Una de ellas es Wattpad, que te permite crear una base de lectores bastante extensa, ya que la plataforma cuenta con muchos usuarios. Según tu temática, puedes encontrar a muchos lectores allí.

Otra opción viable para tus relatos es Lektu. En este caso, puedes maquetar un solo relato, con una portada atractiva y subirlo a la plataforma. Puedes regalarlo a tus lectores o ponerlo en descarga social, a cambio de un tuit. Yo tengo publicado el relato Un Vestido de té en la plataforma, por si te apetece leerlo.

4. Revistas

Aunque cada vez quedan menos, las revistas literarias son otra buena opción para publicar tus relatos. En este caso, solo tienes que buscar una publicación que se adapte a tus gustos o al género que escribas —ya que no publicarás un relato romántico en una revista de terror—. Sigue a la revista en redes o suscríbete a su lista de correo y estate atento a sus convocatorias.

Estas revistas suelen ser un gran escaparate para autores noveles, pero también lo son para autores consagrados. En el último número de Windumanoth, publicamos un relato del maestro del Grimdark, Joe Abercrombie.

5. Patreon

Patreon es mi espina en el costado. Siempre he querido aventurarme, pero nunca he tenido claro qué rendimiento le sacaría o si alguien estaría dispuesto a pagarme todos los meses por mis chorradas. Muchos escritores tienen su Patreon y regalan un relato al mes a sus lectores. Si tienes muchos relatos escritos y quieres probar, no pierdes nada, así que adelante.

Además, puedes incentivar a la gente con otras recompensas, por ejemplo, puedes regalarles todas las versiones de un relato, las correcciones que has ido haciendo o hacer que tus patronos participen en la escritura de tu relato o novela, dejando que tomen decisiones en ella o incluso invitándoles a que escriban un capítulo contigo.

Conclusión

Ya ves, que no es tan complicado encontrar una salida a tus relatos. Aunque no te harás rico con ellos, te servirán para hacer crear tu base de lectores, algo que todo escritor debe cuidar y mucho.

Como te decía, yo he reunido ocho relatos en una antología, Cuentos perdidos: Volumen 1, que ya está en preventa en Amazon. Si te gustan los relatos de terror, aquí encontrarás ocho historias variadas, con fantasmas, maldiciones familiares y científicos locos, ¿quieres echar un vistazo? Te dejo un fragmento de uno de los relatos titulado: Tres de Cuatro

La alarma sonaba sin parar, era un pitido agudo y penetrante, aunque le llegaba amortiguado, como si tuviese algodones en los oídos. Abrió los ojos y la luz azul del sol le acuchilló las córneas obligándolo a cerrarlos de nuevo. Era muy temprano, el cuerpo le pesaba como si fuera plomo y se notaba hundido en el mullido colchón. «Cinco minutos más», pensó y se dio la vuelta en la cama, acurrucándose hasta que las rodillas le tocaron el pecho y apretó los párpados luchando por impedir que la molesta luz los traspasara.

Cinco minutos después, cuando comenzaba a dormirse por fin, la alarma sonó de nuevo. Incapaz de seguir haciendo oídos sordos al molesto aparato se dio la vuelta y se quedó bocarriba y suspiró. Un nuevo día… No, EL nuevo día.

Se estiró, desplegándose como un papel mal doblado, gruñó, abrió los ojos lentamente y apartó las sábanas de una patada, el interior de la habitación, como todo en aquel lugar estaba a la temperatura adecuada, ni frío ni calor. Se sentó sobre la cama, se rascó la incipiente barba, el culo y los sobacos, bostezó y estiró la espalda. Por muy ergonómicos y nanotecnológicos que fueran los colchones, seguía sufriendo unos terribles dolores de espalda crónicos y no era capaz de levantarse sin que la columna crujiera como una rama seca.

Antes de que pudiera ponerse en pie, algo se le sentó sobre el regazo. Unos enormes fanales dorados se quedaron mirándolo en silencio, exigiendo su dosis matinal de caricias. Pasó la mano sobre el suave lomo de la gata, que entrecerró los ojos mientras ronroneaba tranquila.

—Eres mi bien más preciado, pequeña —dijo sonriendo.

Suavemente, la dejó sobre la cama para levantarse. La gata curvó la espalda y, tras observar a su compañero durante un buen rato, decidió que ya no estaba interesada en los quehaceres matutinos de aquel humano y se enroscó para seguir durmiendo.

Anduvo por la habitación sin parar de bostezar y estirando los músculos, abrió todas las persianas de la habitación y esta se iluminó por completo, llenándose con tonos amarillos, blancos y dorados. Dejó que la luz lo acariciase durante un instante, amaba esa sensación. Aquello era lo mejor de estar destinado a la estación de investigación Nest 4, poder levantarse cada mañana y sentir la luz del sol en su piel, en sus músculos, en su cara… Había pocas cosas que pudiesen compararse a la sensación de sentarse bajo aquella luz amarillenta y dejarse llevar por la brisa, leyendo, desayunando o simplemente sesteando.

Tres de Cuatro, Cuentos Perdidos: Volumen 1