Hace muchos años, cuando era un chaval impresionable, una noche se me ocurrió levantarme de la cama sin que mis padres se enterasen y encender la tele. Yo sabía que hacían «películas de miedo», así que busqué por los canales. Tuve la suerte —o la desgracia en aquel momento— de encontrarme con la adaptación de El Misterio de Salem’s Lot en Telecinco —sí, hubo una época en que Telecinco no daba asco—.

La adaptación de la novela de King, que reseñé hace poco en el blog, lleva la firma imperecedera de Tobe Hooper, el culpable de esa gran obra maestra que es La Matanza de Texas. Mis padres no me dejaban ver ese tipo de películas y, aunque no me pilló, yo me llevé mi merecido por listo; pasé las siguientes noches sin pegar ojo, tumbado en la cama con la vista clavada en la ventana.

Los que han disfrutado de esa joya del cine para televisión de los ochenta, sabrán porque mis ojos permanecían fijos en la ventana. A los que no lo sepan, os recomiendo mucho que busquéis la película y que la disfrutéis una noche en casa.

Durante mucho tiempo, la imagen de dos ojos amarillos y brillantes me acompañó cada noche. Recuerdo a esos vampiros, con dientes enormes —no esos colmillitos de ortodoncia barata que tienen los vampiros románticos— y sus rostros hieráticos y blancos como la cal.

Años más tarde, cuando Stephen King ya formaba parte de mi vida, leí la novela —de la que puedes leer mi reseña aquí— y me enamoré de ella. Era una novela de terror que realmente producía miedo e inquietud en el lector.

Las grandes virtudes de King

En El Misterio de Salem’s Lot, Stephen King empieza a jugar con una característica que se convertirá en una de sus señas de identidad: crear un pueblo ficticio y poblarlo con una gran cantidad de personajes, cada uno de ellos vivo y fácilmente identificable.

Con el tiempo, King irá mejorando esta característica, entrenando este músculo hasta el máximo. En mi opinión, la máxima expresión de esta característica la puedes encontrar en IT. Presenta el pueblo de Derry, que aparecerá en otras novelas como Insomnia o Los Tommyknockers, nos lleva de la mano por sus calles y nos presenta a sus habitantes; los presentes y algunos pasados.

King tiene una habilidad increíble para crear argumentos complicados e historias en las que participan decenas de personajes, todos ellos tan bien creados que parecen personas de verdad. Si escribes, sabrás lo realmente difícil que es crear una novela con tantos personajes y que todos ellos tengan su voz y su personalidad.

En El Misterio de Salem’s Lot, King se toma mucho tiempo para construir un pueblo y poblarlo con personajes. Más de media novela pasa lentamente, con el narrador presentando a los personajes . Esto, que puede parecer aburrido, es una de las mejores características de esta novela; ya que cuando arranca la segunda parte, el lector teme por cada uno de esos personajes.

La voz de un niño

Stephen King tiene otra gran característica, aunque quizá sería mejor llamarla «habilidad» y es la de ponerse en la piel de un niño. Muchos de sus libros están narrados desde la perspectiva de un niño —la primera parte de It, La chica que amaba a Tom Gordon, el relato Hay Tigres y tantos otros—.

El Misterio de Salem's Lot, descripción del mal desde el punto de vista de los niños

Stephen King tiene una habilidad increíble para desarrollar el punto de vista de un niño. Es capaz de meternos en la imaginación del chaval y de crear descripciones desde un punto de vista infantil, viendo cosas que los adultos no pueden ver. King también es capaz de mostrar el carácter de la infancia, esa honradez que se pierde con el paso de los años.

Describir el mal

Otra característica de los textos de King es su descripción de los hechos sobrenaturales o malignos. Muchos escritores liquidarían una escena contando que algo mato a alguien. Es lo que quieren los editores ahora, ¿no? Que pasen cosas.

Sin embargo, King no se precipita. En lugar de dejar caer que el vampiro mordió al niño, te arrastra durante tres o cuatro páginas, mostrándote cómo la sangre se derrama sobre la camisa del vampiro. Es capaz de pasar del miedo al asco.

No tiene miedo al asco y eso, aunque puede ser demasiado para ciertos lectores, crea la atmósfera adecuada. El terror no siempre es agradable, a veces no hay sombras, sino vísceras y sangre. Porque no hay que olvidar que el vampiro no es una criatura agradable y romántica, sino una bestia hambrienta que NECESITA la sangre de los vivos para seguir existiendo.

El estilo de King

Una de las características del estilo de King es el uso del lenguaje ordinario. Stephen King, en su obra Mientras Escribo nos explica que, para enganchar al lector, se tiene que hablar su mismo idioma y eso solo se consigue si escribes tal y como hablas.

En El Misterio de Salem’s Lot, King sorprende al lector con su estilo. Aunque siguen apareciendo esas expresiones soeces y ese lenguaje coloquial, el estilo resulta mucho más cuidado. Más artístico. Tanto que el lector puede disfrutar de tres páginas en las que nos cuenta como uno de sus personajes bebe cerveza con una pajita.

El uso de este lenguaje más artístico, no solo convierte una escena convencional en una obra de arte, sino que crear una mayor sensación de miedo en el lector.

Las referencias clásicas

Las grandes historias de terror beben de los clásicos. Y El Misterio de Salem’s Lot es una muestra de ellos.

Kurt Barlow, una descripción del vampiro clásico

En el fondo, no es más que un rewriting de Drácula de Bram Stoker. King cambia la Inglaterra victoriana por el Maine de los años 70, pero la esencia es la misma. Un joven escritor viudo que regresa al pueblo en el que se crió, Jerusalem’s Lot en Maine. Atormentado por los recuerdos de sus extrañas experiencias en la casa Marsten, regresa al pueblo para exorcizar sus demonios. Muy pronto descubre que hay un mal creciendo en la pequeña población. Junto a sus compañeros; su novia, un chaval aficionado al terror, un antiguo profesor de inglés, un médico y un sacerdote alcohólico, deberá hacer frente a ese horror que ha llegado desde Europa para someter al pueblo.

Hoy en día, los vampiros han pasado por tantos focos y han sido tal maltratados que apenas sirven como elementos de terror —aunque van bien como fantasías sexuales—. Los vampiros siempre han representado el opuesto, el anti-humano. No están vivos, tampoco están muertos, caminan por la Tierra como parásitos, alimentándose de la sangre de los vivos. No pueden vivir bajo el sol y no pueden entrar si no son invitados.

Stephen King, que fue profesor de lengua inglesa de un instituto, conoce bien la cultura del vampiro. Es un gran conocedor de la literatura vampírica y de cómo los autores protestantes del siglo XIX dibujaban a los sacerdotes católicos como vampiros —monstruos ocultos en la fe que se alimentaban de las almas de las piadosas creyentes—. Es por eso, que en El Misterio de Salem’s Lot, la única forma de enfrentarse al mal vampírico es la iglesia católica, encarnada en la figura del padre Callahan.

Conclusión

Como puedes ver, El Misterio de Salem’s Lot tiene mucho que enseñar al escritor de terror. Pero también tiene algunas gemas ocultas para el escritor de cualquier género y, por supuesto, tiene muchísimo que ofrecer al lector. Espero que, con este artículo se te despierte la curiosidad y leas el que, en mi opinión, es el mejor libro de Stephen King. Si lo haces, deja tu comentario por aquí, estaré encantado de comentar este libro contigo.