Estos días he estado pensando en Excentrya y en las cosas que hago. Como ya habréis visto llevo un tiempo cambiando cosas y me está costando un poco más de lo que esperaba encontrar el punto de equilibrio. Con todo esto en marcha y en mitad de un montón de cambios, me puse a pensar en algunos de los peores consejos de escritura que me han dado.

Bueno, en realidad, todo esto viene porque el otro día, en el grupo de escritores de Ana González Duque, se armó una buena discusión a raíz de una pregunta que se lanzó. La pregunta era: ¿conviene a un escritor tener un blog con consejos de escritura? El razonamiento era bueno, pero falso.

De entrada se planteó la pregunta mal, por lo que todo lo pudiera venir detrás ya era falso. Nadie ha dicho jamás, que tener un blog de escritor signifique dar consejos de escritura. Más bien al contrario, un blog de escritor es para lectores. Por eso digo que la pregunta era capciosa de entrada.

Se llegó a decir incluso que tener un blog con consejos de escritura sin haber triunfado era como vender humo… Bueno, yo no necesito ganar el Nobel para saber lo que me gusta leer y para saber escribir… Llevo bastante tiempo escribiendo como para hacerme una idea de lo que funciona y lo que no. Y como yo, la mayoría de los que hacemos esto.

Fue ese comentario exacto el que me hizo pensar en los peores consejos de escritura que me han dado en la vida. No tarde en darme cuenta de que no han sido pocos. He recibido consejos de escritura de escritores, de editores, de correctores y de lectores.

Una vez, cierta editora me dijo que «tenía madera de escritor», yo le agradecí el comentario y le contesté que, si algún día buscan un escritor de madera para su editorial, que me llame. Creo que se mosqueó un poco… Pero la verdad es que me importa una mier…

Malos Consejos de Escritura

Nunca te salgas de tu género

Tras publicar mi primer libro, Blackwood: Piel y Huesos, quise descansar del terror. Quería escribir algo diferente, quizá una historia más humana, algo más dramático y sin elementos sobrenaturales o terroríficos.

Estuve hablándolo con varias personas y su consejo fue: no lo hagas, escribes terror, céntrate en eso. Ese consejo fue como un jarro de agua fría. Me hirió tanto que estuve mucho tiempo sin escribir, cada vez que me sentaba a escribir y, en lugar de estar contando mi historia, escribía un relato de terror sabía que no estaba haciendo lo que de verdad quería hacer.

Por culpa de eso, estuve mucho tiempo sin escribir. Me molestaba tanto no poder hacer lo que realmente quería, que prefería no acercarme a una hoja de papel.

Por suerte, me di cuenta de que esto no va de lo que uno te diga uno o de lo que quiera el otro. Esto va de lo que tú, como escritor, quieres hacer. Cuando me di cuenta de que solo podía escucharme a mí, de que mis historias nacían y morían en mí, me puse a escribir.

De aquel cambio nació una buena idea, una que para mí es mi mejor novela. Aprendí que solo puedes escuchar a tu corazón y que no necesitas permiso de nadie para ser tú mismo.

Muestra, no cuentes

Si los malos consejos de escritura fueran canciones de rock, este sería «Highway to Hell» de Ac/Dc. Es un consejo muy popular, sobre todo porque todas las clases de escritura te dan la brasa con esto.

¡Oh, por favor!, no me digas: Gilbert está triste. Tienes que decirme: Gilbert trabajaba en una polvorienta oficina de seguros y odiaba su trabajo pues las montañas de papeleo estabas matando la chispa de su creatividad.

Claro, el profe te suelta eso y, ¿tú qué haces? Muestras cómo Gilbert se rompe por dentro cuando su novia le pone los cuernos, muestras su malestar con el trabajo mostrando su cubículo forrado con pósters alucinógenos de Jimmy Hendrix…

Lo que se queda al final es una historia que no avanza. Muestras una y otra vez sus sentimientos desde fuera y nunca implicas al lector en lo que le pasa. Te dedicas a mostrar y mostrar y te olvidas de todo ese entramado de sentimientos que conforma el carácter de una persona.

Sí, las lágrimas ardientes muestran el dolor y los nudillos blancos, muestran la ira. Pero a la hora de la verdad, no estás profundizando en esas emociones. No son más que una caricatura. Si quieres mostrarnos la complejidad de los sentimientos y de las personalidades humanas, tendrás que contar. Tendrás que usar el monólogo interno, los procesos de pensamiento o tendrás, simplemente, que exponer.

Corta

«Esto lo puedes resumir», «Esto lo puedes cortar». Estos son dos de los comentarios que te encontrarás siempre en los manuscritos tras pasar por un corrector.

Malos consejos de escritura: cortar

Ponga su manuscrito aquí, por favor. Le aseguramos que no sentirá dolor.

Bueno, este consejo te enseña lo mismo sobre escritura que sobre cocina asiática.

Los escritores, sobre todo los que empiezan, tienden a la verborrea. Cuando empiezas a escribir eres incapaz de encontrar la diferencia entre algo esencial y detalles que no llevan a nada. Es como dejar a un niño suelto dentro de una fábrica de chuches.

Si cortas todo, acabarás cargándote tu texto. Es así de sencillo. A veces, esas cosas que los correctores y editores marcan como «sobran», son las más importantes. No es que no funcionen porque están mal, no funcionan porque son muy largas o difíciles de tragar. Normalmente son frases y palabras que rozan la frontera de no-sé-cómo-decir-esto-en-una-sola-palabra.

La única forma de explicar estos conceptos es mediante párrafos extensos o tediosos y a veces —que Dios te asista—, tienes que añadir más texto.

Escribe solo una cosa a la vez

Este es el consejo número uno de Henry Miller. El número 10 era: «olvida los libros que quieres escribir y céntrate en el que estás escribiendo». Supongo que pillas el tema, podríamos resumirlo en: termina de una vez lo que estás haciendo y déjate de mierdas.

Una novela puede salir en tres meses —como dice Stephen King: una novela es como una estación— o puede durar tanto como el Polonio 239. ¿Qué pasa si no me sale? ¿Qué pasa si me atasco? ¿Tengo que dejarlo todo y no escribir hasta que la termine?

Me parece un consejo pésimo. Ahora mismo, estoy terminando una novela. Empecé a escribirla en junio, me he atascado varias veces. De cada uno de esos atascos he sacado unos cinco relatos y una novela corta. Si me hubiese centrado en escribir solo esa novela, hubiese perdido muchísimo tiempo.

Puedes trabajar en varios proyectos a la vez. Los relatos cortos funcionan bien para desatascar y «limpiar» la cabeza cuando la cosa se estanca. De la misma forma, puedes jugar con los géneros y estilos; si estás escribiendo un drama victoriano, ponte con un relato de cifi y diviértete.

Escribe sobre lo que sabes

Los escritores queremos escribir como Orwell o como Tolkien, a pesar de nunca haber estado en la guerra o en una trinchera francesa. Queremos escribir sobre las estaciones espaciales de Ganímedes a pesar de vivir en un pueblecillo de esos en los que aún se lanzan cabras desde campanarios.

La putada de escribir sobre lo que sabes, es que nadie sabe nada sobre vampiros o goblins. Yo no conozco a nadie que haya paseado por las lunas de Júpiter y, por supuesto, si tuviera que tragar con esto todas mis historias tratarían sobre un chico blanco soso y de clase media… Lo que me aburre hasta a mí.

Seguro que llega un momento en el que quieres escribir desde el punto de vista de otra raza, de otro sexo, de otra orientación sexual, desde otra ideología y desde otra religión. Los escritores tenemos que escribir y crear personajes y situaciones que no conocemos, que no tienen nada que ver con nosotros.

Si no inventamos lugares, vidas y situaciones… ¿Para qué demonios escribimos?

Muestra, no cuentes, parte 2

¿Te acuerdas de Gilbert? El tío ese que odia su trabajo. Bueno, tras todos esos problemas con su trabajo y su novia, Gilbert con casi 40 años tiene que decidir qué hacer con su vida. Llegados a este punto, tenemos que mostrar su infancia traumática en un barrio de clase baja de Manchester… ¿O te vas a saltar toda esa parte y darás un par de detalles sobre su personalidad y tirarás como sea aunque tu lector no entienda qué cojones pasa con Gilbert?

Si la cosa se te complica, lo mejor que puedes hacer es contar cómo fue la vida de Gilbert en ese barrio de mierda de Manchester… ¿Y sabes qué? No pasa nada porque cuentes eso, no estás cometiendo ningún delito. No estás haciendo nada malo. De hecho, puede que contar qué tal le fue a Gilbert en sus años de infancia, ayude a los lectores a entender al personaje.

El infierno de los adverbios y los adjetivos

Stephen King dice que el camino al infierno está sembrado de adverbios. En cada escuela de escritores te dicen que te cargues los adverbios… Que mates cada palabra que acabe en «-mente». Pero es que a veces es necesario que uses un adverbio… A veces un adverbio te ahorra un par de palabras de más.

Malos consejos de escritura: no uses adverbios

Disculpe, señorita, ¿me dice cómo llegar al infierno? Claro, solo tiene que seguir el camino de adverbios.

Eliminar adverbios es un buen consejo de escritura, porque muchas veces el adverbio es el recurso del escritor vago. Usamos adverbios para atajar y nos ahorramos información.

Los adjetivos ofrecen ese sabor diferente, dulce, aromático, liviano y amable… En fin, si alguna vez te has preguntado por qué funciona tan bien el minimalismo, la respuesta es: porque va al puto grano.

Hay adverbios que son necesarios, hay adjetivos que son necesarios. Pero también los hay que no lo son. El lenguaje es como una navaja suiza, tendrás un millón de herramientas, pero solo necesitas la cuchilla y el sacacorchos… Y no estoy muy seguro de que el sacacorchos sea realmente útil.

Kill your darlings

Si una frase te gusta demasiado, mátala. Este kill your darlings es un consejo que suele darse mucho a los escritores noveles, cuando te enamoras de una frase, un giro especialmente ingenioso o cualquier cosa que no tiene nada que ver con tu historia, el consejo siempre es: mátalo. Bórralo.

Estas frases son las niñas de nuestros ojos. Cuando estamos creciendo como escritores, somos como esas personas que siempre se lían con el menos apropiado. Esas frases, esos giros, son nuestras relaciones tóxicas.

El problema es que, muchos de esos giros y frases, son realmente buenos. Entonces, ¿por qué tienes que deshacerte de ellas? ¿Cómo puedes hacer que a la gente le guste esa frase tanto como te gusta a ti?

Tienes que crecer. Tienes que crecer como escritor, si cuando te hagas grande y fuerte, sigues enamorado de esas historias, serás capaz de hacer que tus lectores también las amen… ¿Por qué? Porque tendrás un estilo propio y tendrás bastante personalidad y valentía como para coger esa frase que parece fuera de lugar y retocar la historia —la historia y no la frase— tanto como haga falta para asentarla.

Esto vale para una frase, una idea o un giro argumental.

Empieza en Media Res

A todos los escritores nos han dicho eso de que las historias deben comenzar in media res, que es una forma muy chula de decir: arranca tu historia cuando la mierda haya llegado ya al ventilador. Nada de aclararse la garganta, nada de esperar a que terminen los aplausos.

Empieza tu historia con el protagonista colgando de un precipicio y ya tendrás tiempo de ir hacia a atrás y de explicar por qué está ahí colgado.

Este es un consejo genial para un escritor que está empezando. Porque, como ya te he dicho, cuando empezamos a escribir no somos capaces de distinguir la mierda del oro, no sabemos cuando algo está de más y, sufrimos de verborrea aguda. Las primeras novelas están llenas de desayunos y de aseos mañaneros.

El problema es que si empiezas demasiado tarde, tu pobre novela se verá obligada a levantar tres veces su peso corporal, en explicaciones y exposiciones. Esto, en ese punto tan complicado como es el primer tercio de una novela, es una sentencia de muerte. Tu lector tendría que tener los pantalones por los tobillos a estas alturas, no debería estar sudando la gota gorda para entender lo que está pasando.

Hacer eso es como tratar de impresionar a alguien conduciendo sobre hielo fino con una mano, mientras con la otra intentas tocas Las Variaciones Goldberg. No hay forma de que puedas hacerlo bien.

Varía tu lenguaje

Este es un consejo que además de malo, es como un choque de trenes… Choca directamente con ese de: escribe como hablas.

Yo me di cuenta de que al comenzar a escribir como hablo, me repetía bastante y claro… resulta que mis correctores me llenaban los textos de rojo… Porque me repetía… Pero si dejaba de repetirme y empezaba a buscar sinónimos o a escribir mis frases de otra forma… Resulta que ya no sonaba natural y perdía mi estilo.

Ursula K. Le Guin —que no es sospechosa de ser mala escritora— lo dice muy claro: «ese consejo de no repetir la misma palabra en un párrafo es una gilipollez». La señora no dice gilipollez, porque es una señora… Pero yo no lo soy, así que…

Repetir una palabra, una construcción particular, una comparación, una broma, un fragmento de diálogo… Todo eso es permisible, como escritores está dentro de nuestra caja de herramientas y esas personas que tienen alergia a las repeticiones, deberían escucharse hablar… A ver cuántas veces repiten una expresión o un palabra a lo largo del día.

Un oso, es un oso y no es un plantígrado o una enorme y amenazadora bola de pelo, tampoco es una criatura ursina. Es un oso y punto. Y si tiene que ser un oso 20 veces por página, lo seguirá siendo. Y lo será más que nunca, cuando tengas que inventarte una frase larga y pretenciosa para decir que esa cosa marrón y con mala hostia es un oso.

Tienes que juntarte con otros escritores

He dejado el peor consejo del mundo para el final.

¿Necesitas relacionarte con otros escritores? Sí ¿Necesitas gente que quiera leer tus textos, incluso semanas antes de su publicación? No siempre. Sí, claro que necesitas lectores cero, pero tampoco te conviene estar rodeado de personas que te darán un feedback con el que, muchas veces, no podrás hacer nada.

Sé que esto va a sonar fatal, pero… No todas las opiniones que te den son válidas. No todas las opiniones que te den aportarán una mejoría. Algunas opiniones son estúpidas, otras fuera de lugar y la mayoría, aunque bien intencionadas, no sirven para nada.

Yo mismo perdí la fe en un relato bastante bueno por tener demasiadas opiniones. Recibí más de 5 opiniones de otros escritores, de esas 5 personas que leyeron el relato solo 1 lo comprendió, porque era la única persona que conocía los antecedentes y las fuentes de ese relato. Por tanto, recibí 4 comentarios completamente fuera de lugar y solo 1 que de verdad aportó valor a mi trabajo.

Fíjate en lo que dice Gaiman: «Cuando alguien te dice que algo no le gusta, seguramente tiene razón. Pero cuando dice exactamente qué es lo que no le gusta y cómo tienes que cambiarlo, seguramente no tiene razón».

Tienes que ser firme y tener personalidad. Escucha a la gente que te rodea. Quédate con los buenos consejos y tira a la basura todo lo que sobre.

Hasta aquí los malos consejos…

En fin, creo que ya he despotricado bastante por hoy. Me quedan muchos malos consejos en la manga, pero creo que por ahora ya está bien así.

Estoy seguro de que tú también habrás recibido malos consejos en tu carrera, me gustaría saber cuáles han sido los peores consejos que te han dado sobre escribir. Puedes comentar o puedes buscarme en redes sociales y comentarme, seguro que nos divertimos compartiendo batallitas.