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Autopublicación

La soledad de la autopublicación

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El artículo de hoy, no es cosa mía. El encargado esta vez es Jesús Carnerero, escritor independiente, pero de esos que son totalmente autosuficientes; como Juan Palomo. Conocí a Jesús gracias a este blog y es una de esas personas con las que conectas directamente. Jesús tiene mucho tiene que contar y tiene una forma de hacerlo maravillosa.

Este artículo es un poco más largo de lo habitual y mucho más personal de lo que estáis acostumbrados, sin embargo, creo que vale muchísimo la pena. Jesús sabe mucho sobre autopublicación y hoy ha decidido compartir con nosotros su historia, así que vamos allá.

Os dejo con Jesús.

La soledad de la autopublicación

Autopublicar un libro es estar y sentirse solo.

Imitando una máxima atribuida a Tarantino, me gusta arrancar cualquier cosa que escribo con una frase directa y al mentón, un buen sopapo que atonte tanto como enganche. De ahí la declaración del principio.

La autopublicación es una tarea solitaria que se ramifica en mil subtareas —La cosa no queda en escribir una historia, corregirla hasta que te la sepas de memoria y después lanzarla al océano de océanos de Amazon para que miles de potenciales lectores le lancen la caña. Ojalá— de las que también vas a comerte solito la mayoría.

Además las cosas agradables a menudo tardan en pasar. O pasan a medias. O directamente te las arriman a los labios para después privarte de ellas de mala manera.

Cuando eres un escritor que autoedita sus trabajos predomina el sabor agridulce.

Luces y sombras en la autopublicación

Un resumen aún más acotado está contenido en una anécdota.

Me comentaron que había un niño que quería conocerme porque había leído todas mis novelas y estaba entusiasmado con la idea de charlar con la persona que estaba detrás de unos libros que, al parecer, le habían encantado. Aunque no escribo para el público infantil, imaginaos lo que me supuso estar en medio de una escena semejante: no solo es de lo más bonito que me ha pasado desde que empecé a publicar, sino que es de esos recuerdos que espero que el transcurso de los años no me deteriore.

Aunque ese niño y yo nunca llegamos a conocernos.

Se suponía que entre su familia y yo mismo organizaríamos un encuentro, pero no, no lo hubo, y desconozco los motivos por los que no se hizo realidad. Ni siquiera he vuelto a tener noticias de ellos.

A pesar de todo, no puedo sentirme triste. Eso me lo ha enseñado el universo de la literatura independiente: una historia puede pasar a medias y, sin embargo, ser lo suficientemente buena como para que la parte dulce ocupe más que la agria.

Portadas Jesús Carnerero

El escritor impaciente

Tras esta introducción, y si he de ser más concreto, lo primero que me viene a la cabeza si pienso en el motivo por el que decidí publicar por mi cuenta es la palabra impaciencia. Esas ganas de «ofrecerle al mundo» cuanto antes lo que emerge de mi sesera iban impregnadas hasta los tuétanos de miedo al rechazo, que alguien ducho en la materia me sentenciase alegando que no sé escribir y que mejor me dedicase a otra cosa, que ni siquiera lo intentase más, que no me hiciese mala sangre negándome lo evidente.

No, gracias, no necesitaba nada de eso entonces. Y ahora aún menos. Vivo de puta pena muy a gusto en mi mentira, no hace falta que nadie venga a darme bofetadas de realidad y clásicos inmortales de la literatura de ayer, hoy y siempre.

Ese temor, ese runrún que a veces se oye por encima de la imaginación, siempre superior a la autoestima, me acompañará a donde vaya, a donde llegue, haga lo que haga, por más que siga dándole duro a las teclas y dedique gran parte de mi día a día a intentar hacerlo mejor.

La impaciencia pudo más al principio, sí, pero la palabra que escogería hoy, cuatro novelas a cuestas y tantas experiencias que la memoria empieza a reclamarme un disco duro externo, sería libertad. He publicado lo que me ha parecido y cuanto me ha dado la gana —Tres novelas entre octubre de 2014 y abril de 2015. Después tardaría año y pico en sacar otra—, cuando he preferido o he podido y le he puesto el precio que he considerado oportuno.

Estos pilares son los protagonistas de este artículo de David Olier con el que no puedo estar más de acuerdo.

Impaciente como estaba y amando la libertad por encima de todas las cosas, se cruzó en mi camino el término definitivo: autopublicación.

Editoriales y libertad

Estoy seguro, o por lo menos es lo que pienso con un mayor convencimiento, que si hubiese probado a buscar editorial, aun habiéndola encontrado y yendo bien, solo me hubiese ido igual que siendo independiente. Soy así de pesimista realista. Pero es que dudo que me hubiesen permitido publicar cuatro novelas en menos de tres años, por ejemplo; tampoco me acabo de creer que las dos primeras las hubiese podido sacar en cuestión de un par de meses; y no cuela que me hubiesen dejado participar en un concurso tan comercial como es el Concurso Indie de Amazon con una obra tan poco comercial como El grito de los murciélagos.

De todos modos, lo que pesó más al principio fue la impaciencia, lo admito. Después de haber aplanado mi trasero durante horas —La primera versión de Un lobo como yo, el debut, data de 2008. Después vendrían dos o tres más. Finalmente la publiqué a finales de 2014. Mejor no hago cuentas— no quería sentarme a esperar a que me rechazasen o, peor todavía, ver pasar la vida entera mientras nadie me contestaba.

Por no hablar del mal rollo que me daba que me timasen. Pagar para hacerlo tú todo, pagar para nada. No, así no. Para eso me lo hago yo. Y gratis.

Si mis posaderas sufren por estar sentadas que sea porque estoy escribiendo.

Esa era la imagen que tenía de las editoriales y la que la mayor parte de escritores principiantes me venían a confirmar. Después, a base de husmear y comprobar de cerca satisfactorias experiencias ajenas he empezado a ver esa opción desde otro prisma. Nunca he enviado un manuscrito a una editorial, pero ya no puedo negarme que es una meta a la que aspirar.

Autopublicación y un lugar desconocido

Así que me puse a investigar qué diantres era eso de autopublicar y quién narices había probado antes. Como me enteré de que eran bastantes escritores los que vivían de escribir siendo independientes también quise saber cómo demonios podía subirme al carro, si es que quedaba sitio para alguien más.

Mi agradecimiento eterno al par de mensajes con los que Fernando Trujillo me animó a probar suerte. Junto a la ingente cantidad de artículos y consejos con los que me empapé, fueron el pistoletazo de salida.

Durante esa etapa de preparación previa a salir del armario —¡Hey, miradme! He escrito en secreto durante años pero ya no aguanto más, quiero que el mundo lo sepa—toqué el fondo del fondo. En el año 2010, por circunstancias que no vienen al caso excepto porque ultimaron de forjar lo que luego llegaría, viví en cuatro ciudades distintas, algunas mañanas al despertar no sabía dónde estaba y me sentía apático y triste.

Decidí ponerle remedio automedicándome con escritura a tiempo completo.

Que nadie me tome como referente ni me imite esperando encontrar la panacea literaria, en Amazon están mis números. Eso sí, de no haber hecho aquel sacrificio entonces, muy probablemente no habría publicado ni la mitad y, lo que al menos a título personal considero más preocupante, todavía me estaría arrepintiendo.

El 7 de octubre de 2014 llegó. Y mi primera novela salió a la venta.

Tanto Un lobo como yo como Algún pecado raro fueron publicadas en Amazon, Google Books y Casa del Libro. Tardé poco en aprender su funcionamiento y menos en darme cuenta de que estar en tres plataformas lo único que me generaba era agobio.

La soledad del guerrero

Tuvimos que esperar meses para que llegase el libro de verdad, el de papel, porque de nuevo nos veíamos en la tesitura de hacerlo por nosotros mismos. Sí, teníamos que hacer un libro. O lo que es lo mismo: tocaba aprender a hacerlo.

Como quiero ser completamente honesto, en medio de un jaleo como es aprender a usar Create Space para transformar en libro un archivo de texto previamente editado —Ahora gracias a una nueva herramienta puedes publicar en tapa blanda desde la misma página desde la que publicas en digital, toda una suerte—, eché de menos tener a alguien que echase un cable. Hubiese sido la hostia librarme de pelearme con el ordenador y con los textos. La parte positiva es que ahora a la hora de escribir voy editando y maquetando de forma mecánica. Y que para cuando teníamos materializado el primero ya tenía listos otros dos que salieron a la vez.

Tampoco hubiese estado nada mal invertir en otra cosa el dinero de comprar mis propios libros —Precio especial para autor— para después tratar de venderlos por las tiendas sin saber si iba a recuperar algo. Resalto que lo de acarrear libros sin saber si van a querer/poder venderlos lo llevo genial porque hasta el momento todo el mundo ha colaborado con una amabilidad que siempre agradeceré.

Algo más de visibilidad, más actos, más entrevistas en medios más grandes —Más ventas, ¡ejem!— Tener un poquito de cada una de esas cosas también habría molado. Tampoco es que me queje, pero por pedir que no quede. ¿Podría haber hecho más cosas? Seguramente. Aun así he hecho muchas otras que a lo mejor no hubiese podido hacer de estar con una editorial.

Algo que me llama mucho la atención es que algunos autores que funcionan por su cuenta no tienen demasiado movimiento fuera de las redes sociales. Para mí es fundamental el contacto escritor-mundo real, me colma de la energía que me quita la promoción a través de Internet: presentaciones, actos relacionados con la literatura, charlas con lectores, otros autores o simplemente charlar. Hasta la fecha cuento con la enorme suerte de que de vez en cuando cae algún acto, y recibir invitaciones sin casa editorial o agente detrás quiere decir que te conocen por tu empeño, por moverte, por dar la lata. No es para echarse a dormir en los laureles —¡Ya soy famoso, traedme vino!—, pero creo que no está nada mal.

El grito de los murciélagosUn ejército de un solo hombre

Prosigamos con la honestidad. Siguiendo las pautas que da el propio Jaume en este post sobre errores que se pueden cometer a la hora de autopublicar es muy probable que esté metiendo la pata pretendiendo cargar con todo, cuando es evidente que no valgo para rotos y descosidos.

Porque, vale, la encargada de hacer las portadas es mi chica, quien además de ser una artista de vocación —Dime que la portada de El grito de los murciélagos no es preciosa, ¡vamos, atrévete a decirlo!— también revisa a fondo las distintas versiones de las historias porque tiene un ojo cojonudo para los gazapos. Conformamos un dúo que se desenvuelve con comodidad, pero ni siquiera juntos podemos con todo. Es la leche tener la última palabra a la hora de elegir diseño de portada o regalar tantas copias digitales como me parece, y a pesar de que hay que ser realista no me gustaría perder ese poder. Menos aún cuando aterriza alguna buena crítica y es toda para ti.

Porque si algo bueno tiene ir por libre es que cuando hay anécdotas chulas, tú y tus historias sois los protagonistas absolutos. Incluso me atrevería a decir que esa es una de las principales ventajas de guisártelo y comértelo por ti mismo: cuesta menos convencer ya que se parte de la idea de un escritor no profesional y que, aunque esté mal que lo diga, tiene una pinta exquisita gracias a la persona con la que compartes vida.

Experiencia real. El año pasado no teníamos previsto hacer ningún acto pues la última novela llevaba un año publicada y no teníamos nada nuevo que ofrecer. Aun así estuvimos en tres pueblos distintos. En esos actos pudimos comprobar la fascinación que transmitía nuestro trabajo.

—¿De verdad lo hacéis todo vosotros?

—Sí.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Vosotros?

—Sí.

«Gracias, volved».

Es lo más parecido que he sentido a la admiración sincera. De ahí a que vuelvan a asistir a algún acto en el que estés, a que te sigan y a que se animen a leerte quedan bastantes menos pasos que antes de recorrer 200 kilómetros con una mano delante y la otra detrás, la caja llena de libros entre los brazos.

Pero debo insistir, cargar con esas cajas, y con todo, agota.

Por eso hay que delegar. Y saber en quién se puede delegar.

Nadie vive en una burbuja

Otro aspecto bonito de luchar por darse a conocer siendo escritor indie es que vas a conocer a muchísimos otros y algunos van a llegar para quedarse. Vas a compartir espacio, batallas y letras con mucha gente. Siempre va a haber alguno, o muchos, con el que entables conversación y la cosa fluya. Y además de compañeros seréis amigos.

En ellos puedes delegar.

El grito de los murciélagos tiene un prólogo que emociona gracias a Miriam Beizana, autora de dos novelones como son Marafariña y Todas las horas mueren. Aparte de compañera, considero a Miriam una amiga, y había pensado en ella a lo largo de todo el proceso de (re)escritura. Cuando le pedí si podía leer la primera versión de la novela para más tarde aceptar también el encargo de un prólogo, sentí que un círculo se cerraba. Quizá suene a encerrona, pero voy a estar ahí si quiere que en algún momento le devuelva el favor. Lo haría encantado.

En contra del primer mandamiento de los cinco de los que Jaume habla en su artículo he de declarar en mi favor que han sido dos años cortísimos y muy largos al mismo tiempo, un periodo en el que he aprendido un poco cada día. Que no haya delegado más que en una persona y que no haya contratado servicios tan esenciales como correcciones no significa que esté cerrado en banda a hacerlo. Como diría Evaristo, cantante de La Polla y un ídolo políticosocialfilosóficomusical, por los hijos lo que sea. Y mis historias son mis hijos. Debo procurar no repetir los errores que cometí al estrenar paternidad. Y corregir los nuevos.

No busco idealizar nada. Ir por libre y sacar tantas novelas como quieras y dentro de los plazos que tú establezcas no tiene nada de idílico. Entre un sinfín de motivos, porque tendrás que enfrentarte al peor de los monstruos: tu pereza. No había escuchado hablar de la palabra procrastinar hasta que empecé a publicar. Con eso te lo digo todo.

Con todo, hasta por encima de la etapa que atravieso en la actualidad y que no me concede tiempo material ni energía para hacer lo que más me gusta y me llena, echar la vista atrás tres años y verme a mí mismo muerto de miedo y preso de la ignorancia. Sin publicar y sin conocer a los maravillosos compañeros de letras que he conocido, sin haber vivido nada de lo que he vivido durante este tiempo, y compararlo con el bagaje obtenido, arroja un resultado claramente positivo.

Merece la pena. Aunque sepa agridulce.

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7 Comentarios. Dejar nuevo

Esther Morera
29/05/2017 4:58 pm

Me gusta mucho el estilo de Jesús, cómo cuenta las cosas de manera que te involucras en lo que narra, destilando sinceridad y familiaridad, como si hablaras con un amigo. Sin duda, leerlo en Excentrya -y sobre un tema que vive día a día y del que conoce las luces y las sombras- me resulta una combinación afortunada 🙂

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    Hola, Esther
    Jesús tiene un estilo muy personal que mola mucho. Me ha encantado tenerlo aquí y creo que he hecho buen negocio con él.

    Responder

Hola Jaume, me ha gustado mucho tu post con tu esperiencia. Supongo que para la publicación en La Casa del Libro habrás necesitado comprar un ISBN, ¿recomiendas comprar uno en lugar de utilizar el gratuito de amazon?

Un saludo y gracias por la info.

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    Hola, Verónica
    En realidad el artículo lo ha escrito Jesús Carnerero. Yo solo he publicado por editorial, por lo que no sabría qué decirte. A ver si se manifiesta por aquí y te da solución 😉

    Responder
Jesús Carnerero
05/06/2017 1:23 pm

¡Hola a todos!

En respuesta a Verónica, siento decirte que no recuerdo bien qué pedían para publicar en La Casa del Libro, pues fue hace tiempo y solo lo hice en formato digital. De todos modos nunca he comprado un ISBN, supongo que al publicar con ellos se te facilita uno.

Aprovecho para agradecer (sí, peco de agradecido, lo sé, pero mejor eso que lo contrario) la oportunidad a Jaume y a todas las personas que han leído y compartido el artículo.
¡Saludos!

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[…] de la soledad que conlleva ser escritor autopublicado, un hecho del que habló Jesús Carnerero en este post. Nadie nos dice que vamos a pasar por muchas fases a lo largo de nuestra carrera literaria y que […]

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Hola Jaume y Jesús.
Primero déjenme decirles que admiro mucho esta plataforma, y también que me ayudó mucho leer “La soledad de la autopublicación” de Jesús. Buenísima perspectiva de los que escribimos y terminamos auto publicando; me identifiqué mucho con el contenido. Repecto a la pregunta de Verónica, les diré que sí, ellos (Amazon) te dan el ISBN gratis.
Bueno, acá les dejo en enlace del mi primer libro de Amazon, y si quieren un ejemplar (eBook o papel) solo mándenme su informacion por correo electrónico a: itinerantum@yahoo.com. Es una novela corta de SCI-FI (pero realista e intensa).
¡Que la disfruten!

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