Se acerca Halloween esa fiesta que los americanos nos han metido con calzador (o con disimulo y mucha vaselina) y que a nosotros nos encanta; por una parte tenemos a los niños que disfrutan disfrazándose y por otra tenemos a hermosas mujeres que también disfrutan disfrazándose. A todos nos encanta disfrazarnos, ¿verdad, Barney?

En estas fechas a muchos también les entran las ganas de ver películas de terror. A mí me encanta Halloween es la época del año en la que el mundo entero disfruta de las mismas cosas que yo.

Me encantan las películas de terror, cosa normal porque escribo terror. He visto verdaderas joyas y cosas que no sabría muy bien como calificar, he visto como el cine de terror ha pasado de unos años maravillosos a finales de los 90 a vivir en una especie de letargo, en el que las películas realmente buenas se pueden contar con los dedos (yo no contaría más de 4 en los últimos 10 años).

En el terror no soy muy sibarita que digamos, disfruto de todo desde Psicosis y Los pájaros de Hitchcock, pasando por las viejas películas de la Hammer International, me encanta Viernes 13 y tengo una especial predilección por el terror con clase de Barker, Candyman y Hellraiser son mis películas de terror preferidas, nadie capta la esencia del miedo como Barker.

La psicología del terror

Pinhead. Él sí que sabe lo que es disfrutar con el sufrimiento.

Soy un gran de Romero y La Noche de los Muertos Vivientes, me encanta la segunda parte, Zombi, y también la tercera, El Día de los Muertos. Tampoco le hago ascos a las distopías, una de mis películas favoritas es La Invasión de los Ladrones de Cuerpos de Don Siegel y toda su propaganda anti McCarthy.

Disfruto con los productos más modernos 28 Días Después es una película original, Babadook me dejó con los ojos como platos y disfruto como un enano con obras de serie B como Wyrmwood o la humillantemente mala Them?, una historia muy antigua de hormigas mutantes.

En televisión el terror se está ganando un hueco a base de buen material, The Walking Dead ha sido una de las series más seguidas de los últimos tiempos. American Horror Story me enganchó (sobre todo durante su primera temporada), Bate’s Motel, Hannibal o Dexter son también verdaderas obras de arte que todo amante del terror sabrá disfrutar.

El terror viene y va, pero siempre está ahí. Algunos lo disfrutamos siempre, otros en estas fechas, hay quien no lo soporta, hay quien lo ve en pareja. Al final el terror siempre está cuando lo necesitas. Hay cientos de festivales de cine dedicados a este género, ¿cuántos festivales de comedia romántica sabríais nombrarme? Exacto. El terror es importante, tiene peso en el arte.

Ya lo comenté la semana pasada, en los últimos diez años los vampiros y los zombis han estado luchando por hacerse con la corona de los reyes del terror, han llenado nuestras pantallas y las estanterías, ¿tenéis idea de por qué sucede esto? Ellos, los muertos vivientes, son un reflejo de nuestra sociedad modera. Los años 50 y 60 vieron el nacimiento de monstruos mutados, El Increíble Hombre menguante o las titánicas hormigas de Them? son claros ejemplos del miedo de aquella década. La guerra fría era una realidad y el miedo a un desastre nuclear anidaba en los corazones de las sociedades libres.

Hoy quiero profundizar en los elementos que hacen del terror una constante en la literatura, el cine y la televisión. El terror nos atrae y no solo en Halloween, si sueles ir al cine, seguro que habrás caído en la cuenta de que siempre hay alguna película de terror en cartelera.

El miedo primigenio

Aunque parezca mentira hay numerosos estudios psicológicos que tratan de encontrar sentido a nuestra atracción por el terror.

Sentimos el miedo en la boca del estómago, el pulso se acelera y comenzamos a sudar. Es una sensación desagradable que tratamos siempre de evitar. Sin embargo, siempre han existido historias diseñadas para asustar. Escritores como Poe, Lovecraft, King o Barker no hacen más que seguir con esa línea que se pierde en el principio de los tiempos, esa línea se diluye entre aquellos que se sentaban a escuchar las terribles aventuras de Beowulf o las épicas batallas que contaba Homero.

El miedo es global. Una comedia coreana no tendrá ninguna reacción en nosotros, ya que, la mayoría de las cosas que suceden carecen de sentido para el espectador occidental. Sin embargo, ante una película de terror coreana tendremos las mismas reacciones que ante una occidental. Una de las películas que peor me lo hizo pasar fue Dos Hermanas, una película de terror coreana.

El miedo es un lenguaje universal que nuestro cerebro reconoce de forma inmediata. Es una constante evolutiva, todos los humanos compartimos los mismos miedos a nivel básico. Es como cuando te estás cayendo y abres los brazos, aunque no lo creas tu cerebro primitivo está buscando la rama más próxima a la que sujetarse. Con el terror pasa lo mismo, todos compartimos un terror primordial, a nivel evolutivo, por eso el miedo funciona siempre. Forma parte de la naturaleza humana, el miedo no conoce fronteras.

Esta naturaleza se ha ido formando con el paso de los milenios. No tememos a cualquier cosa y, seguramente, no compartimos los mismos miedos que nuestros antepasados, su mayor preocupación era no acabar siendo la merienda de alguna bestia. En palabras del escritor David Quammen, una de las principales preocupaciones del ser humano en la antigüedad era la de no convertirse en comida. Esta preocupación todavía perdura en algunas de las tribus de cazadores-recolectores cuyos miembros siguen muriendo por ataques de animales.

Estas antiguas amenazas han dejado una huella evolutiva en nuestra consciencia, existen estudios que demuestran que los niños pequeños (de entre 3 y 4 años) descubren más rápido las serpientes que las flores en una pantalla, y lo hacen todavía antes si la serpiente está en posición de ataque. Amenazas más modernas, como coches y pistolas, no logran captar su atención de esta forma.

Que nuestro cerebro esté preparado para reconocer estos miedo atávicos se conoce como «aprendizaje preparado», es una especie de conocimiento genético que pasa de generación en generación. Un sistema natural de autoconservación, el instinto.

La psicología del terror

El gran blanco frente a un bufet de pierna cruda

Sabiendo que el miedo está condicionado por estos procesos evolutivos no es de extrañar que la mayor parte del contenido de terror moderno pase por temer ser devorados. ¿Están las bestias presentes en el terror moderno? ¡Ya lo creo! Desde Temblores (excelente película, pero poco valorada), pasando por Arcanofóbia, Piraña o la genial Tiburón, hay toda una fauna que busca cenar humano crudo. También los depredadores humanoides nos resultan temibles, ahí tenemos a Hannibal Lecter o la familia Hewitt.

¿Por qué nos atrae el terror?

A los humanos nos atrae el terror, eso es innegable. Millones de personas pagan para que los asusten en el cine, en casa o en parques de atracciones. Existen muchos factores, de nuevo los psicólogos han pasado mucho tiempo dando vueltas a este tema y han sacado sus propias conclusiones.

Aunque parezca extraño cuánto más sufre una persona viendo una película de terror, más se engancha al género. Aunque parezca contradictorio es un efecto parecido al de las drogas, ya que el alivio que sentimos cada vez que uno de los personajes se salva produce un efecto placentero en nosotros. Este efecto es muy parecido al que describe Pavlov con la campana.

Por otra parte, existe el placer del castigo. En un estudio realizado en 1993, con estudiantes universitarios, se llegó a la conclusión de que muchos de ellos disfrutaban de las películas tipo slasher porque creían que los personajes que morían lo merecía. Esto era más fuerte en aquellos que tenían creencias estrictas (p.e: el hombre puede tener relaciones sexuales, pero la mujer no).

Además, el terror apunta directamente a nuestros instintos. Las películas de terror y los libros de terror hablan a un nivel primordial, al animal que llevamos dentro. Tememos a la oscuridad y a las cosas que se esconden, lo mismo que hace millones de años. Nuestros monstruos (como los de antaño) tienen dientes y garras afiladas y son venenosos (existen muchos venenos, no necesariamente físicos).

¿Cómo nos asustan?

Estos terrores del cine, la televisión y la literatura no funcionan como el terror real (el que sentirías frente a un tigre, por ejemplo), al menos al nivel químico del cerebro. Estos miedo creados por el hombre funcionan de forma distinta.

La psicología del terror

Lo peor que puede pasarte en el agua.

Hay tres puntos que crean ese terror:

  1. La tensión. Creada mediante el suspense, el misterio, la sangre o la sorpresa. Esto es la base de toda creación: tensión y suspense.
  2. La importancia. Para que una película o un libro cause miedo, el tema debe ser relevante. Puede tratar temas universales como la muerte o lo desconocido, o puede capturar miedos más personales —de forma que te identifiques con el protagonista, que odies al antagonista o que culpes a las víctimas hasta la muerte. Por último la importancia puede ser cultural, un ejemplo de esto es el cine de terror para adolescentes.
  3. Lo irreal. A pesar de la moda de los mockumentaries, una de las cosas que nos atraen del terror es que sabemos que lo que ocurre en la pantalla es falso. Por eso somos capaces de ver acciones en películas de terror que nos horrorizarían en cualquier otro contexto (la vida real, las noticias o un documental).

El terror y el miedo son naturales en el ser humano, siempre han estado ahí y siempre estarán. Para escribir terror es importante conocer la psicología humana, al menos en la parte que nos interesa.

Como hemos visto todos los humanos tenemos los mismos miedos que teníamos cuando habitábamos las cuevas, o peor aún, cuando estábamos en los árboles: tememos ser devorados (por bestias o por otros humanos), tememos la oscuridad porque no podemos ver lo que acecha en ella y tememos lo que no entendemos. El miedo maneja interruptores que están enterrados en lo profundo de nuestro cerebro animal y es por eso que funciona.

Si te gusta escribir terror espero que hayas disfrutado leyendo este artículo y espero también que te haya resultado útil. Si no escribes terror, espero que te pique el gusanillo y que, al menos, le des una oportunidad, hay grandes libros de terror que puedes leer sin odiarte a ti mismo, como Otra Vuelta de Tuerca o El Retrato de Dorian Gray, date un pequeño placer culpable y disfruta (no se lo diré a nadie).

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