¡Ah! ¡El relato corto! Es como el sirope de chocolate sobre unos profiteroles… Todo el mundo parece amar la ficción corta; la leemos, la escribimos, compramos recopilatorios, participamos en concursos y queremos que todos se suban al tren de la movida del relato corto. Y es que, si lo piensas bien, es una auténtica pasada: una décima parte de la extensión de una novela, pero con todo el drama, la acción, el romance o el miedo condensados.

Si alguien tiene el valor de decirte que los relatos cortos son la hermana pequeña de la literatura puedes decirle, sin miedo a parecer tonto, que no tiene ni idea de lo que está hablando. El relato corto es la literatura pura, condensada en una pequeña joya brillante e hipnótica. Es muy sencillo crear tensión en 2000 páginas, pero ¿serías capaz de hacerlo en 100 palabras?

El mayor problema al que nos enfrentamos los que amamos el relato corto, son (para variar) las editoriales. La maquinaria industrial que suponen las editoriales, han decido por su cuenta que los lectores no quieren leer relatos cortos, por eso vas a encontrar pocas recopilaciones de calidad en las librerías.

Para mí el relato corto no tiene nada que envidiar a la novela. Y me entristece mucho ese aparente declive que sufre la ficción corta. Por eso he querido rendir mi homenaje a los relatos breves, con un repaso a su historia.

Primero fueron los Grimm

Aunque podríamos rastrear el relato breve hasta los albores de la humanidad, en aquellas hogueras que iluminaban la noche de los primeros hombres, donde los más ancianos les contaban historias a los más jóvenes. Para comenzar a hablar sobre relato breve, hay que empezar por los Grimm.

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Los hermanos Grimm. Los de verdad, no los de la peli.

El relato breve tiene sus raíces en los cuentos, tanto los de los Grimm como la cultura popular. Los Grimm son los primeros en recopilar esas historias y ponerlas por escrito, también se puede contar con Andersen, Perrault o Washington Irving, considerado como el primer autor de relatos breves en lengua inglesa.

Después de Irving, cuyos cuentos como La leyenda de Sleepy Hollow o Rip Van Winkle, todavía son leídos por miles de niños ingleses y americanos, llegaría Hawthorne, con obras como Twice-Told Tales (Cuentos dos veces contados).  Y después llegaría el universal Edgar Alan Poe, que además inventó el género negro.

A estas alturas (mediados de 1800) y a este lado del Atlántico, en las islas británicas, surgía un verdadero brote de fiebre por el relato corto, con Charles Dickens como cabeza principal de ese resurgimiento. Dickens escribía relatos para publicaciones periódicas que entusiasmaron a la gente.

Y entonces llegó Poe

El término relato corto/relato breve no se acuñó oficialmente hasta mediados del siglo pasado (aunque Poe ya llamaba así a sus trabajos en 1840), el género además ha ido cambiando y evolucionando con el tiempo.Desde las primeras historias de detectives de Poe, que basaban toda su fuerza en la trama y la investigación, hasta las tranquilas y lentas historias de Joyce en Dublineses, una especie de juego en el que Joyce introducía la idea de una epifanía en cada historia.

Los cuentos de Joyce no terminaban en complejos clímax, al contrario que Poe, cada historia terminaba con un suave y reflexivo momento de revelación, que consiguen que el lector se replantee completamente el texto leído, resaltando momentos que durante la lectura nos parecen mundanos.

En este momento, y gracias al irlandés, el relato breve comenzó a tornarse más difuso, más esotérico y difícil de digerir. De repente, esta fórmula inventada para entretener, se transformaba en una forma de moralizar. El relato breve se torna complejo, profundo y mucho más rico.

Raymond Carver, el rey del cuento corto

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Raymond Carver, el rey del relato corto moderno

La gente sigue tratando de copiar a Joyce, pero a medida que el siglo XX avanzaba, los escritores seguían experimentando con nuevos conceptos, nuevos temas, nuevas formas de escribir. El postmodernismo surgió para oponerse al modernismo de Joyce. Autores como Coover o Barthelme crearon artefactos literarios complejos y, sobre todo, hilarantes.

Entonces llegó Raymond Carver y avanzó a paso firme hacia el realismo y el minimalismo (realismo sucio). En los años 50 una nueva forma de relato breve nacía de manos de Carver y Hemingway, extendiéndose sobre cada seminario de escritura creativa. Sus relatos, como Catedral, son un elemento fijo en las clases de escritura de la Gotham Writer’s Workshop.

En aquel momento, el relato corto era una forma de vida, muchos estudiantes, terminaban en una de estas academias y aprendían los secretos del oficio. Grandes revistas como The New Yorker, The Atlantic o Playboy, pagaban bien por este tipo de relatos.

Así comenzó a escribir, por ejemplo, Stephen King.

Siglo XXI y un nuevo milenio

Con la llegada del siglo XXI cambia absolutamente todo. La entrada en el nuevo milenio no podía ser mejor: el mayor atentado de la historia, guerras absurdas, crisis, depresión económica… Todo cambia en ese momento, los valores, los patrones de lecturas, la prensa en papel parece dispuesta a dejarse matar y, de echo, sigue agonizando, con la excepción de alguna publicaciones yankis que se mantienen en pie con fuerza como el New Yorker.

El lector ya no se encuentra con relatos cortos en las publicaciones, en las librerías los recopilatorios, los fanzines y las revistas literarias agonizan, la mayoría han muerto en completo silencio, sin oponer demasiada resistencia. Los lectores no hacen preguntas al respecto, porque la mayoría, ni siquiera ha conocido este tipo de publicaciones.

¿Una nueva esperanza?

Os he pintado un panorama bastante negro, ¿verdad? Seguro que muchos de vosotros no me creéis, y tenéis razón. Puede que los editores no quieran publicar relatos breves, pero los escritores seguimos produciendo enormes cantidades de estas perlas.

Por suerte para nosotros, hijos de la electrónica, tenemos una gran herramienta de publicación: Internet.

A parte, pequeñas editoriales han surgido de los lodos dejados por la industria, con hambre de esta literatura casi olvidada. Éstas pequeñas editoriales animan al escritor a publicar sus relatos en pequeños recopilatorios.

¿Y cómo se presenta el panorama? Bueno, Alice Munro, la mejor escritora de relatos cortos viva, se llevó a casa el Nobel de literatura en 2013. Lydia Davis ganó el Man Booker en el mismo año por su carrera basada, esencialmente, en la microficción (flash fiction).

El relato breve forma parte de la literatura, tanto como las grandes novelas. Escribir ficción corta no debe hacerte sentir inferior, olvida lo que te han contado, esos son chorradas que se ha inventado el sector editorial. El relato corto está vivo, y cada día lo está más gracias a todos esos que disfrutan escribiendo y leyendo.

Yo entre ellos.

Ahora te toca a ti ¿Qué opinas sobre los cuentos cortos? ¿Crees que la literatura breve está abocada a desaparecer o, por el contrario, está viviendo una segunda juventud? Dime qué opinas sobre el relato corto en los comentarios.