En los blogs de escritores hablamos mucho de conseguir visibilidad, de que aparecer en las redes sociales y en las bandejas de correo, pero casi nunca se habla de todas las ventajas que tiene ser un escritor anónimo… ¿Qué harías tú si pudieras ser invisible durante un día? Seguro que se te ocurren un montón de ideas.

Hace unos días, estuve hablando con una compañera de oficio, una escritora. No voy a dar nombres, pero sé que ella, al leerme se reconocerá y como dicen por aquí: se dice el pecado, pero no el pecador. Resulta que tenía un problema, uno por el que hemos pasado todos: tiene miedo de publicar su libro.

Lo que me decía era que tenía miedo de que su primer libro fuera tan malo que le jodiera la carrera. Que acabara siendo «la chica que publicó aquel libro tan malo». A mí no me parece un mal nombre de guerra, pero entiendo que no le gustase. El problema es que, algo así no va a pasar jamás. Es imposible. Ella insistía y me decía que seguro que habrá pasado y mi respuesta era siempre la misma, eso no puede pasar.

Y no puede pasar por una razón muy simple, porque cuando publicas tu primer libro no te conoce nadie. Eres un escritor anónimo, no hay luces ni cámaras en tu presentación y, con algo de suerte, reunirás a unos cuantos amiguetes y familiares. Es imposible que tu primer libro te joda la carrera, por muy malo que sea, por muy pocos ejemplares que se vendan.

Todo son historias tristes

Cuando Fitzgerald terminó su novela El Gran Gatsby y la envió a varios lectores cero, solo recibió dos respuestas. Ninguna de las dos era especialmente buena para él.

Una de esas opiniones decía que era una mierda. Tal cual. Y esa opinión, se mantuvo durante toda su vida, durante toda su carrera. Fitzgerald, siempre tuvo que enfrentarse a grandes críticas durante su vida. H.L Mencken dijo de su obra: «no es más que una anécdota glorificada» y ese refería al escritor como «ese payaso». Ruth Snyder, otras de las persona que leyó El Gran Gatsby dijo: «estamos bastante seguros, tras leer este libro de que Fitzgerald, no será jamás uno de los grandes escritores americanos».

El grupo al que le gustó la obra fue peor todavía. Les encantó el libro y estaban deseando ver qué sería lo próximo que Fitzgerald les tenía preparado. Tras su éxito, la vida personal y profesional de Fitzgerald se fue al garete, literalmente descendió a los infiernos. En menos de 5 años pasó de ser el escritor mejor pagado a ser completamente olvidado.

Además, tuvo problemas con su esposa Zenda. Alcohólica, igual que él, lo estuvo engañando casi desde que se conocieron y, al final, acabó recluída en un sanatorio para el resto de su vida. Arruinado y con la obligación de cuidar de su hija, se fue a Hollywood donde malvivió escribiendo guiones, hasta que murió a los 44 años, completamente destrozado.

Lo mires como lo mires, es una historia triste. Lo que la historia de Fitzgerald te hace preguntarte es, si su vida fue un desastre por su culpa o si fue la presión por escribir algo tan bueno como El Gran Gatsby lo que acabó con él y con su carrera. Es algo que pocas veces nos planteamos, ¿verdad? Los peligros de la fama, la trampa del éxito.

Los miedos del escritor anónimo

Como todo el que escribe, yo muchas veces me imagino cómo sería mi vida si mi primera novela hubiese partido la pana. Me imagino cómo sería convertirme un escritor famoso o cómo me hubiesen ido las cosas si, en lugar de comenzar en esto a los 25 años, lo hubiese hecho a los 18. A veces me arrepiento de haber hecho las cosas de cierta forma y me da rabia pensar que, seguramente, nunca llegaré a ser como los grandes.

Ya sé que esto es un tema tabú y que a ninguno nos gusta admitir que soñamos con los laureles de la fama y con tener la cuenta corriente petada de billetes. Pero lo hacemos. Lo hago yo, lo haces tú que me estás leyendo y lo hace ese colega tuyo del grupo de escritores. Sí, el que te dice que escribe solo porque ama el arte. Que sepas que te miente. Como un cosaco.

Como yo tengo este blog, soy tutor en algunos cursos de MOLPE y tengo mucha relación con escritores que están comenzando, suelo encontrarme varias frases comunes:

  • Me encanta escribir, pero, ¿quién va a leerme?
  • Para mí ya es demasiado tarde… Supongo que he perdido el tiempo… Si hubiese comenzado antes…
  • No importa lo bien que lo haga, como nadie me conoce, no me van a leer.

Yo mismo comparto estos miedos. Yo mismo me planteo muchas veces cómo habrían sido las cosas de haber empezado antes, pero esa no es la cuestión. Lo que cada uno de nosotros debería plantearse es cómo serían las cosas si fueras uno de esos raros casos de éxito prematuro… ¿Sabrías gestionarlo? ¿Sabrían convivir con la presión de tener que escribir un best seller tras otro?

Yo, al final, siempre llego a la misma conclusión. Ser un escritor anónimo me permite crecer como escritor. Me permite publicar MIS libros, MIS historias, sin la necesidad de tener que impresionar a nadie. Si uno de mis libros no gusta, sigo teniendo el espacio suficiente para escribir el siguiente.

¿Qué pasa si tu primer libro es una mierda? Pues que tienes dos opciones:

  • Te puedes rendir y darle la razón a todos lo que te digan que eres un mal escritor.
  • O puedes escribir otro libro y trabajar para que sea mejor que el anterior.

Ya ves que no es tan complicado, ¿verdad? Pero, a parte de esto, ser escritor anónimo tiene algunas ventajas que deberías apreciar.

Las ventajas de ser escritor anónimo

Ser un escritor anónimo no tiene por qué ser malo. Que no te haya leído nadie no está tan mal. Oye, has escrito un libro, has pasado por las ardientes arenas de la corrección y has resurgido con una novela terminada y maquetada que has publicado. Con editorial o sin ella… ¿Te parece eso poco? Deberías estar orgulloso, incluso si todos los ejemplares se quedan dentro de una caja en tu casa. Has hecho algo impresionante, algo que no todos pueden hacer.

Además, aunque no te lo creas, hay grandes oportunidades para los escritores anónimos e invisibles. Ese vacío al que tanto tememos, nos ofrece algunas cosas que son mejores de lo que pensamos. Si eres capaz de dejar de mirar por un instante al sol y centrarte en las oportunidades que nos ofrece el anonimato, puede que aprecies tu trabajo y, con el tiempo, serás mejor escritor y harás mejor tu trabajo.

Ser anónimo te permite probar cosas nuevas

Que te conozcan te mete presión. Tu nombre está ahí y, cuando escribas algo todos te reconocerán. El problema es que, el miedo a defraudar te puede llevar a no salir de tu burbuja, a quedarte para siempre dentro de tu zona de confort.

Cuando nadie te conoce, eres libre de experimentar. Puedes hacer lo que te dé la gana. Rowling, por ejemplo, tiene que usar seudónimos cada vez que escribe algo que no tenga que ver con la magia… sin embargo, tú puedes hacer lo que quieras. Yo mismo, estoy escribiendo una novela de fantasía, algo que no se me habría ocurrido en la vida y, este verano, escribí una novela de aventuras estilo Las Mil y Una Noches.

Como no me conocen tengo libertad de probar cosas nuevas… y si la cago, pues no pasa nada. Me encogeré de hombros y seguiré a por la siguiente cagada.

Ser anónimo te permite fallar sin que se entere nadie

Cuando Stephen King la caga, todo el mundo se entera. Lo mismo le ocurrió a Rowling cuando se descubrió que había escrito bajo seudónimo, su libro no terminó de gustar y la hostia fue épica. Esto sucede con Dan Brown… pero en su caso… es raro… cada novela es pero que la anterior… y eso que nunca escribió ninguna buena… Él es uno de lo pocos casos en los que cagarla una y otra vez, sirve para vender más.

Pero tú que eres un escritor anónimo te puedes permitir fallar también. Como nadie sabe quién eres puedes meterte en cualquier locura que se te ocurra, probar las cosas más estrafalarias y, si metes la pata y resbalas con la piel de plátano, te puedes retirar en silencio… Sin que nadie se percate de la caída.

Ser invisible te permite probar, fallar y probar de nuevo más fácilmente. Nuestros errores se juzgan con mucha menos dureza y, en la mayoría de los casos, ni se juzgan —porque nadie nos ve caer—.

Ser anónimo te permite mejorar más deprisa

No tenemos presión. Nadie te pedirá que escribas el siguiente libro de la saga de Harry Potter. Tampoco tienes que escribir una novela mejor que El Gran Gatsby. No tenemos ninguna presión, no hay nadie que espere nuestra siguiente novela… Por tanto, toda esa energía podemos canalizarla en seguir escribiendo, en mejorar cada día y crecer como escritores.

En este aspecto, los escritores somos un poco como los champiñones; crecemos mejor en la oscuridad.

One Hit Wonder

Todos queremos triunfar a la primera. Seguro que te hubiese gustado ser como Christopher Paolini y protagonizar una entrada triunfal en el Olimpo de los escritores. Aunque, personalmente, creo que Eragon es uno de los peores libros de fantasía que he leído en mi vida, el gran problema de la fama repentina es que suele ser efímera y Paolini es un ejemplo.

El ejemplo más claro lo tenemos en el mundo de la música, ¿sabes lo que es un One Hit Wonder? Pues se trata de uno de esos grupos musicales que alcanzan la gloria con una canción y que desaparecen tan repentimamente como llegan… ¿os acordáis de Fool’s Garden? Seguro que no, pero su Lemon Tree lo habréis cantado un millón de veces… y lo mismo con Big Mountain… que no los conoce ni el tato, pero todos nos hemos arrancando en un karaoke con su Baby, I love your way.

Ser invisible te permite trabajar en las sombras, trabajar día a día y mejorar. Crecer lentamente con cada nueva novela escrita, con cada obra publicada. La fama que llega rápido, se marcha rápido. Yo prefiero trabajar novela a novela, tener un buen fondo de armario y que se me conozca por mi trabajo y no por haber dado un pelotazo que… Algunas veces puede ser simple cuestión de suerte —sí, hablo de ti Meyer—.

Como escritores anónimos tenemos que apostar por el trabajo constante y no por la fama repentina. Publicar un best seller está bien, de hecho es lo que todos soñamos, pero publicar un best seller requiere muchos años de trabajo constante, de escribir cada día y de publicar libros que, seguramente, no lea nadie.

Todos queremos que nos lean mucho, llegar a cada librería del mundo. Sin embargo, pocas veces pensamos en las ventajas que tiene ser un escritor anónimo; menos presión y más tiempo para disfrutar de lo que hacemos.Las oportunidades de ser invisible

El último cheque que cobró Fitzgerald por El Gran Gatsby fue de 13 dólares. Por esas fechas su libro estaba descatalogado, ya no se reimprimía y era prácticamente imposible encontrarlo. Las pocas copias que se vendían, las compraba el propio autor. Uno de los mejores escritores del siglo XX, destrozado, alcoholizado y malviviendo… Su fracaso, la presión por no ser capaz de escribir algo tan bueno como Gatsby lo persiguió hasta matarlo.

Hoy en día, si te metes por Internet, si lees en blogs de cualquier clase, todos te dirán que fallar forma parte del aprendizaje. Tratamos de pintar con purpurina el fracaso y hacer que brille. Pero la triste realidad es que cagarla duele. El fracaso te desmotiva, te quita las ganas de seguir intentándolo.

Siempre hay dos opciones

Fitzgerald, por ejemplo, no era ningún fracaso. Escribió A Este Lado del Paraíso, una obra que había sido muy aclamada por la crítica y por el público y también es autor de El Gran Gatsby, que para mí, es una de las mejores obras del siglo XX. No tendría que haber bebido hasta matarse, tenía otra opción: seguir trabajando.

Y si lo hubiera hecho, si hubiese seguido escribiendo, seguramente habría vivido lo suficiente para ver como su obra se convertía en uno de los pilares de la literatura americana del siglo XX.

Puede que su fama repentina, la que le llegó con sus primeras obras, fuera la que puso el lazo alrededor de su cuello. Vivir constantemente con la presión de superar sus mejores obras. Puede que fuera eso o que, simplemente, estaba destinado a dejarse arrastrar por los fantasmas de sus propias dudas.

Si hubiera decidido seguir trabajando, no hubiera caído en una espiral de autodestrucción. No hubiera malgastado su fortuna, ni hubiese vivido envuelto en una nube de ginebra. No hubiese tenido que abandonar la literatura para malvivir de los guiones y, sobre todo, hubiese visto al mundo redescubrir El Gran Gatsby.

Pero la historia tiene esa manía de jugar con ases en la manga. Y, de todas sus obras, fue la que lo mató la que le ha dado la fama eterna.

Supongo que, desde la distancia es muy fácil juzgar la historia de Fitzgerald. Pero yo no pretendo juzgarlo, de hecho empatizo mucho con él, entiendo ese fuego que le quemaba, que le espoleaba para crear algo grandioso. Pero la mayor lección que puedo sacar de esta historia son los dones de la invisibilidad. Cuando el gusano de la envidia me corroe o lamento no ser más conocido, no tener más seguidores… Pienso en Fitzgerald, pienso en lo bien que se está en las sombras y sigo escribiendo. Sigo trabajando.

Lecciones que puedes aprender siendo un escritor anónimo

Bueno… Pero yo no he escrito ninguna novela aclamada por la crítica y por el público… ¿Por qué me estás contando esta mierda? Porque, siempre puedes aprender algo de las historias de los demás, atiende y verás.

Nadie sabe que existes y eso está genial

Disfruta de tu invisibilidad. Imagina que pudieras ser invisible por un día, ¿no disfrutarías? ¿No harías un millón de cosas? Yo me metería en todos los bancos que pudiera y me llevaría hasta el último céntimo, por ejemplo.

La invisibilidad es un don y, aunque nuestra meta final será ser visibles como escritores, la invisibilidad también tiene sus cosas buenas. Prueba a escribir cosas nuevas, imagina que comienzas desde cero con cada nueva novela, lánzate a por esos retos, sal de tu zona de confort. Practica y practica sin presión.

Aprende a valerte de ser un desvalido

Hay una gran ventaja en ser esa persona de la que nadie espera nada: todo el mundo tratará de ayudarte. Aunque viendo las noticias no lo parezca, el ser humano está siempre abierto a hacer el bien a los demás. Acepta que estás desvalido y deja que los demás te ayuden; siempre que lo necesites pide ayuda a los que saben más.

Y donde dije digo, digo diego. Cuando llegues a la cima, todas esas personas que trataron de ayudarte, querrán joderte la vida. Porque los seres humanos somos así: capaces de lo mejor y de lo peor. La cima no es un lugar cómodo, no es fácil llegar, pero es mucho más difícil mantenerse ahí.

No tengas prisa por alcanzarla.

Disfruta de tus fracasos en silencio

Cuando eres un escritor anónimo, si intentas algo nuevo y fallas, no pasa nada. Nadie se enterará y si se enteran, no armarán mucho lío. El éxito viene acompañado de un montón de expectativas y eso no es nada bueno para escritor y para el trabajo creativo.

Tienes que saber apreciar la oportunidad de trabajar en calma y silencio que nos da el anonimato. Ser invisibles nos permite escondernos en nuestra cueva y seguir escribiendo. Tras un fracaso, podemos retirarnos en silencio a lamer nuestras heridas y nadie se enterará de lo sucedido. Nadie te echará nada en cara.

El esfuerzo del escritor anónimo

Entiendo que, como escritor, tu fin último es ser visible. Quieres que te conozcan y que todo el mundo lea tus libros. Es normal. Pero… ¿Y si en lugar de matarte por ese éxito repentino disfrutas del tiempo que tardes en alcanzarlo? No evites el foco, pero tampoco corras hacia él.

Trabaja cada día en tu escritura, con paciencia, letra a letra; novela a novela. Trabaja en silencio, sin mirar demasiado a los lados y deja que la orquesta suene, cuando tenga que sonar. No quieras sobornar a los músicos. Escribe y trabaja para ser visible, pero no seas ansioso. Cuando algo es bueno, el tiempo lo pone en su sitio y, de la misma forma, el trabajo constante y duro acabará siendo recompensado.

¿Crees que por ser escritor anónimo tienes ventajas? ¿Qué ventajas crees que tienes?