En mi opinión los dos géneros más difíciles para el escritor son el terror y la comedia. No quiero decir con esto que el resto de géneros sean sencillos —reconozco pocas cosas más horribles que tener que escribir una escena de sexo—, sin embargo, tanto el terror como la comedia son géneros muy subjetivos. Lo que a una persona la hará mearse de la risa a otra se la traerá al pairo y lo que te cagará de miedo a otro le dará la risa. Cuando quieras escribir terror ten claro que te enfrentas a una tarea complicada.

Tampoco es que sea todo negro, cada año se venden miles de copias de obras de terror, así que, obviamente tenemos nuestra audiencia. Hoy os quiero dar mi opinión personal de lo que es escribir terror, os voy a hablar desde mi experiencia y, aunque algún orate me llame cliché, os daré algunos consejo para escribir terror.

Lo que me gusta en el terror

Antes de meterme en harina con esto del terror, quiero hablar sobre las historias que me gusta leer. Yo tengo ya un recorrido, tanto escribiendo y publicando, como editando y leyendo para algunas editoriales. A estas alturas y tras leer mucho —tanto de autores noveles, como de otros consagrados— creo que me hago una idea clara de lo que quiero y de lo que no.

1. Historias con una mitología, una cultura y con criaturas únicas

La semana pasada, con el tema de los clichés se me pasó por alto comentaros que no siempre son malos, J.K Rowling en Harry Potter no inventó absolutamente nada, se limitó a picotear en las distintas mitologías y nada más, no puso nada de su propia cosecha. Sin embargo, ahí está, la saga de Potter es genial. En la literatura de terror casi siempre recurrimos a los mismos mitos; vampiros contra hombres lobo, vampiros de todas las clases, ángeles contra demonios…

¿Qué hay de todo lo demás? A mí me gustaría mucho ver una buena historia de terror basada en mitos y deidades africanos. Es algo que me encontré de casualidad en un número de Hellblazer y me encantó.

Una de las grandes bazas de la literatura de terror japonesa es justamente esa, lo poco que conocemos su mitología —que además es riquísima—. Para nosotros todo lo japonés resulta nuevo.

Hoy en día con Internet se ha creado una mitología completamente nueva: los creepypasta. Aunque la mayoría de estas figuras se basan en otras ya existentes, me siguen gustando mucho.

2. Historias personales

Me gustan las historias personales. Me gustan las historias que se sumergen en sus sentimientos, en sus miedos, esas historias que se dedican a abrir puertas cerradas. ¿Qué es lo que no te deja dormir? A mí me molestan especialmente los espejos y los armarios. Uno de los mejores consejos que he leído sobre escribir terror es justamente ese, escribir sobre lo que me da miedo.

No quiero decir que tengas que pasarlo mal en la vida para poder escribir, a mí la historieta del escritor borracho y acabado, me parece una gilipollez. Stephen King tuvo una infancia feliz y mira lo que escribe. Pero sumérgete en tus propios miedos y fíjate como resuenan en ti. ¿Qué sientes? Yo tengo la necesidad de cerrar cualquier armario por las noches, no puedo dormir si sé que está abierto. ¿Qué te asusta a ti?

3. Terror psicológico

Demasiadas de las historias que he leído se centran en el monstruo, en el viaje, en llevar a alguien de aquí hasta allá y se olvidan de lo más esencial, de la tensión, del conflicto.

Me gustan la implicación psicológica, el miedo que subyace bajo la piel. No se trata de la cosa del bosque, se trata de todo lo que rodea ese momento —cómo han llegado los protagonistas ahí, por qué está pasando eso, se lo merecen o es un suceso aleatorio.

¿Cuál es la emoción que pone en marcha la historia?

4. Historias que funcionan en tres niveles

Personalmente me gustan las historias que trabajan en los tres niveles —físico, psíquico y emocional—; la mente, el cuerpo y el alma. En el nivel más superficial la historia tiene que moverse, necesita tensión y conflicto para engancharme, para lograr que siga leyendo. Por debajo de ese nivel estarán las emociones de los personajes y el conflicto interno, lo que está sintiendo el protagonista en ese momento y cualquier simbolismo o metáfora; el tema y el ambiente. Por debajo de todo está lo intelectual, los aspectos filosóficos… Lo que viene a ser la «moralina», que pocas veces falta en las historias de terror.

5. Historias inesperadas

Me gusta que me sorprendan. A estas alturas, con todo escrito o visto, parece difícil conseguirlo, ¿verdad? Bueno, por suerte todavía quedan historias que me sorprenden. Un ejemplo de este tipo de historias es Rebeca, de Daphne Du Maurier… Para mí es un libro muy especial y el final… Bueno, en mi opinión es el final perfecto: inevitable, pero totalmente inesperado.

Piensa en lo que estás escribiendo y en las decisiones que estás tomando.

escribir terror

Imagina que un ladrón entra en tu casa, ¿cómo reaccionarías? ¿Qué sería lo opuesto a lo que harías? Y si ese ladrón es en realidad una mujer, ¿cómo cambiaría eso tu historia? Seguro que tu primera respuesta sería huir o esconderte. ¿Y si en lugar de eso tratas de seducirlo? Esa es la premisa de Hard Candy, y el resultado final es genial.

Si prefieres un ejemplo más conocido, ¿qué tal la adaptación de La Niebla? Uno de los finales más impactantes que te puedes encontrar.

6. Hacer el amor y no la guerra

Puede que esto suene a que me gusta Crepúsculo, pero no. No me refiero a eso. Sin embargo, tengo que reconocer que me gustan las historias de terror que tienen como tema central el amor en lugar, o a pesar, de la muerte. Sin ir más lejos, Cumbres Borrascosas es un gran ejemplo de esto —y uno de mis libros favoritos—, a pesar de todas las desgracias, de las muertes y la miseria el amor entre Catalina y Headcliff es el hilo central, la columna vertebral de la historia.

Stranger Things es otro buen ejemplo. Se trata de un grupo de chavales —un grupo de pardillos, en realidad— que tratan de proteger a una niña y de una madre que busca desesperadamente a su hijo perdido.

Fíjate en lo que estás escribiendo, ¿tiene corazón?

7. Lo inevitable

Me gustan mucho las historias con un enemigo imparable. Me encanta lo inevitable, me recuerda a las tragedias griegas que solía leer en clase. El destino te persigue y es inevitable, como las predicciones de los oráculos. Tenemos un ejemplo reciente —aunque bastante flojo— con It Follows, el mal que nunca descansa y te persigue implacable, vayas donde vayas.

Es como activar un temporizador, una vez empieza a contar no tienes escapatoria. Piensa en personajes de terror de los 80 como Freddy o Jason, nada los detenía. Ni la misma muerte podía acabar con ellos.

8. Perder tu alma

Para mí, uno de los mayores terrores tiene que ver con el alma. No sé si existe o no, ni siquiera estoy muy convencido de que exista un Más Allá, sin embargo, para mí uno el terror que mejor funciona es el que tiene que ver con los temas del alma. Me encantan todas las historias relacionadas con las posesiones, con el cambio, con perder la propia esencia.

La posesión, al fin y al cabo, es una violación. Algo se te mete dentro a la fuerza y te cambia, te obliga a realizar acciones que van contra tu esencia. En el peor de los casos, tu esencia se disuelve, tu yo desaparece y solo queda eso otro. Para mí, eso es terrible —soy así de egocéntrico, ¿y qué?—. La Mosca o Fallen, son un buen ejemplo de esto.

Escribir terror

Ahora que ya sabéis lo que me gusta, tocan los consejos. Como ya os he dicho, son mis consejos, los que os doy desde mi propia experiencia como escritor de terror, como lector y como editor.

Los maestros

Stephen King en su libro Mientras Escriboy yo mismo en casi todas las entradas de este blog, a pesar de que alguien no se entera— deja muy claro que la única forma de ser escritor es «leer mucho y escribir mucho». Y no solo tienes que leer terror, tienes que leer de todo. Te tienes que familiarizar con los que llegaron antes.

¿Qué autores te vienen a la cabeza al pensar en terror? Seguro que Stephen King es el primero. Es el autor de terror más vendido y reconocido. Yo crecí leyendo sus libros y viendo las películas basadas en ellos. No todos sus libros son buenos, pero El Resplandor, El Misterio de Salem’s Lot o IT, son libros que todo el que quiera escribir terror tendría que leer.

Lee a los que llegaron antes que tú. Estudia sus obras, tanto en el terror como fuera de él, aprende de los clásicos y encuentra tu propia voz.

La voz

Tienes que pensar en cómo quieres asustar a la gente.

Ahora mismo se publican mucho más libros al día de los que podrías leer en toda tu vida, así que tienes que encontrar una forma de destacar. ¿Vas a tirar mano de esos terror primitivos? ¿Vas a ser como King y te vas a centrar en los terrores cotidianos? ¿Prefieres un estilo más parecido al de Barker y vas a escribir sobre la oscuridad y sus demonios? A lo mejor te decides por escribir terror al estilo de Jack Ketchum, obligándonos a mirar incluso cuando no queremos hacerlo, con toda la sangre y la horrible crueldad del ser humano…

Al final, dependerá de ti. No escribas sobre zombies porque está de moda, no te líes con los hombres lobo si no te gusta el tema. Escribe lo que te motive, encuentra tu voz dentro del terror. Escribir terror, como ya te he dicho, es algo personal, subjetivo. Escoge lo que te haga sentir cómodo y escribe sobre eso.

Tensión

La tensión es una parte crucial de cualquier historia, pero lo es mucho más cuando nos referimos al terror. Para usar la tensión, tendrás que entender las diferencias que existen dentro del terror, no es lo mismo asustar que horrorizar. Asustar es causar miedo, pero horrorizar puede ser, simplemente, causar disgusto o asquear. Horrorizar es fácil, solo tienes que lanzar un cubo lleno de tripas y cabezas cortadas sobre la mesa y verás. Asustar requiere algo más de arte, para asustar tienes que crear tensión.

Escribir terror

Para crear tensión necesitarás algunos ingredientes: un personaje que te guste y con el que conectes; un escenario, una localización atmosférica y bien detallada; necesitas riesgo, sensación de pérdida (aunque solo sea perder una partida de cartas). Puedes hacerlo tan grande como quieras, puedes poner en juego a la humanidad si quieres. Pero, por mi experiencia, te aseguro que poner sobre la mesa personas normales, en situaciones cotidianas, enfrentadas a situaciones jodidas, se ajustará mejor a los gustos del público.

La tensión puede ser más rápida o más lenta. Se trata de mostrar eso que se acerca. Esa amenaza que el protagonista no ve venir. La etiqueta de «veneno» en la botella, la sombra que atraviesa el pasillo a su espalda, los ojos que brillan dentro del armario o el arma cargada bajo la almohada. Puede desvelar pequeñas pistas que nos conduzcan hasta una gran revelación o puedes enfrentarnos directamente con el horror, mostrándonos las enormes huellas de eso que habita en el bosque.

Ambientación

La ambientación es uno de los grandes pilares del terror. Si algo repiten las reseñas de mis relatos, es justamente la ambientación, la mayoría de mis lectores señalan que mis historias son atmosféricas. Para mí la ambientación es fundamental. Imagina ese caminucho de tierra entre el follaje del bosque, ¿está húmedo? ¿Lleno de barro? ¿Está lloviendo? ¿Nevó hace poco y la nieve se ha ido fundiendo? Imagina a tu grupo de personajes huyendo, escapando en la oscuridad de algo que les persigue, chapoteando en ese barro reciente… ¿Serán capaces de encontrar las llaves del coche en la penumbra del bosque? ¿Tropezarán? ¿Encontrarán el camino o se perderán?

Cuando describas algo utiliza los cinco sentidos. La lluvia o la nieve tienen un olor muy especial, describe cómo huele la tierra mojada, los árboles, la textura de la tierra blanda bajo los pies. No te centres en lo que pueden ver, el bosque, por la noche, está lleno de sonidos. Háblanos de ellos. Tienes que dar detalles suficientes para que tus lectores puedan ver lo que está pasando.

Haz que saboreen el intenso aroma del café, que sientan en sus lenguas esa notita de amargura extra… Oblígales a experimentar el dolor del veneno que acaban de ingerir, que sientan como se filtra en el organismo, cómo devora las células. La horrible forma en que se curvan los dedos, tensos los tendones, los ojos a punto de escapar de las órbitas y la boca congelada en una O, buscando el aire, con los labios tornándose morados poco a poco…

Personajes

Los personajes son el eje central de la historia. El lector tiene que sentirse identificado con ellos, necesita meterse en su piel, calzar sus zapatillas. El amor y el odio son aceptables: que a tus lectores les encante tu personaje está bien, que lo odien también. Lo que no te puedes permitir es la indiferencia. ¿Cómo hago que se preocupen por él?

Muestra personajes reales. Uno de los libros que más me gusta de Stephen King es La Chica que amaba a Tom Gordon. La historia se centra en una niña pequeña que trata de sobrevivir. Así de sencillo, no es una superheroína, no es una triunfadora, no es una femme fatale… es una niña pequeña, con miedos de niña pequeña y pensamientos de niña pequeña, que se enfrenta a una tarea increíble ella sola.

Lo que te asusta

Como ya te he dicho antes, una de las mejores herramientas que tienes para escribir terror es usar tus propios miedos. Yo suelo escribir sobre mis propios miedos, la pérdida, la soledad —si me has leído sabrás que la soledad suele ser un tema central en todos mis relatos—, la familia o el rechazo. Esos son mis miedos, he llegado a comprenderlos y ahora nos llevamos bastante bien, lo suficiente para escribir terror con ellos.

Antes te lo he dicho, para mí los demonios y las posesiones son terroríficos. Para otras personas no. El terror es subjetivo. A mí, el final de La Bruja de Blair, me da risa, pero algunos lo encuentran terrorífico. A los que tengan miedo a los payasos les aterrará Pennywise, el payaso de IT… Usa tus miedos no importa que temas a las arañas, las serpientes, los fantasmas, los bosques, el fuego, la oscuridad… Alguien más los compartirá.

No hay ninguna fórmula mágica para escribir terror. De la misma forma que no la hay para escribir en general. Pero todos tenemos nuestras herramientas, yo te he dado algunos consejos desde mi experiencia que espero que te resulten útiles. Escribe sobre personajes reales, en situaciones complicadas —pero cotidianas—, mete al lector de lleno en la acción, con los cinco sentidos.

No será fácil, colega, pero con esfuerzo escribir terror te resultará sencillo o, por lo menos, menos complicado.

Como despedida, esta semana quiero recomendar tres libros. Se trata de tres libros que me mantuvieron en tensión, que me hicieron pasar miedo de verdad o, por lo menos, que me dieron fuerte —vamos, que hicieron que las pelotas se me encogieran—. El primero es El Resplandor, en mi opinión el mejor libro de Stephen King, con unos personajes perfectamente definidos y una historia que te cautiva y te atrapa. El segundo es Girl Next Door de Jack Ketchum, es un libro terrible, sobre todo porque está basado en la historia de la niña Sylvia Likens que fue torturada durante meses hasta que murió, es una historia brutal y tensa, no apta para estómagos delicados. El tercero es El Exorcista, de William Peter Blatty… No creo que necesite explicar nada sobre este, ¿verdad?

En fin, muchas gracias, hasta la semana que viene.