Lovecraft fue un gran creador de pesadillas. A todos nos asusta un muerto viviente devorador de personas, pero también sabemos que podemos acabar con él. Sin embargo, ¿cómo luchas contra entidades invisibles que habitan el tejido entre los mundos? Como escritor de terror seguro que te has planteado cómo escribir como Lovecraft en más de una ocasión.

El terror cósmico desenterró el miedo más primitivo, el miedo a lo desconocido, y lo renovó por completo. Hoy quiero desentrañar para ti los entresijos de horror cósmico para que aprendas a escribir como lo hacía el propio Lovecraft, ¿te atreves?

Lovecraftiano, ¿qué es lovecraftiano?

Seguro que te has encontrado con muchas publicaciones con la etiqueta de «terror lovecraftiano». ¿Qué significa en realidad? Mucha gente lo usa para referirse a cualquier material con referencias vagas a los Mitos de Cthulhu o al horror cósmico. No es que se equivoquen, pero esto es tan vago que cubre desde True Detective hasta La Cosa, pasando por la saga Alien.

Cosmicismo

Para entender qué es «lovecraftiano» debemos entender primero el cosmicismo, una filosofía atribuida a Lovecraft. Aunque no la inventó él, ni fue su único defensor. El cosmicismo tiene algunas bases teóricas:

  1. No hay ninguna presencia divina reconocible en el universo.
  2. El cosmos y las fuerzas que lo mueven son indiferentes a la presencia humana.
  3. La humanidad es insignificante. No es la primera raza que habita el universo, ni será la última. Mucho menos es una raza particularmente especial.

Encontramos muchos autores que han escrito obras basadas en este pensamiento. Por ejemplo, Olaf Stapledon, David Brin, Stanislaw Lem y el más conocido Arthur C. Clarke.

El horror cósmico nace de ese pensamiento cosmicista. Aquí es donde encontramos algunos de los temas recurrentes de la obra de Lovecraft y sobre los que basó muchos aspectos de sus obras:

  1. La mayor parte de la humanidad se niega a reconocer su insignificancia, la indiferencia del universo hacia ellos y su verdadera naturaleza.
  2. Algunas personas, normalmente marginados y asociales, pueden atisbar perspectivas de otras realidades, normalmente esto les lleva a enloquecer.
  3. A pesar de los conocimientos y el poder adquirido mediante el estudio, el protagonista tiene pocas posibilidades de afectar al curso de los acontecimientos o de revelar la realidad oculta.

Cualquier impacto será efímero en la naturaleza o, al contrario, tendrá efectos catastróficos. Estos temas son muy habituales en creadores como Clive Barker, John Carpenter, Colin Wilson y Thomas Ligotti.

Terror lovecraftiano

Al lector y al aficionado al terror le resulta sencillo etiquetar algo como «lovecraftiano». Muchos autores utilizan temas cercanos al autor de Providence. Podríamos decir que hay una serie de «clústers» sobre los que gira gran parte de la producción de literatura, cine, series y videojuegos de terror actuales.

Estos «clústers temáticos» pueden solaparse entre ellos o ser utilizados individualmente. Los más comunes son los que definen una mitología artificial y extraterrestre o desconocida, incluyendo mitos creacionales, pseudodeidades, inteligencias inhumanas y textos prohibidos que revelan o esconden la verdadera naturaleza del universo.

En este punto todos nos sentimos cómodos con la etiqueta «lovecraftiano». Es muy fácil marcar cualquier historia con parecido remoto a los Mitos de Cthulhu como «terror lovecraftiano», incluso cuando esa denominación no sea correcta.

Por ejemplo, los textos de Stephen King usan mucho de los temas recurrentes del cosmicismo, del terror cósmico y de Lovecraft, incluso añade algunas referencias muy claras a Lovecraft, pero mientras que algunas historias de King están pensadas para formar parte de los Mitos —De Vermis Mysteriis—, otras, incluso abusando de las referencias, no lo son —IT—.

Y algo parecido sucede con la obra de Chambers. Aunque una parte de las historias del Rey de Amarillo forman parte de los Mitos, otras forman un corpus de mitología distinto y único. ¿Son todas «lovecraftianas»? Podríamos decir que unas sí y otras serían «carcosianas», aunque esta no es etiqueta que se utilice.

Metafóricamente, sabemos que los caballos, las cebras y los burros, forman parte de una gran familia, pero la mayoría de nosotros no tenemos la capacidad o el conocimiento necesario para establecer las diferencias y lo mejor que podemos hacer es llamarlo equinos. Lo mismo sucede con lo que etiquetamos como «lovecraftiano».

El miedo más antiguo de todos

Volvamos al horror cósmico.

Este tipo de terror apela a un poder sublime que nos hace sentir pequeños, indefensos e completamente vulnerables. El horror cósmico llama a fuerzas vastas. Es el miedo que sienten los protagonistas de La Cosa en mitad de la blancura total del círculo polar ártico o el terror que sentirías en mitad de una tormenta si se fuera la luz y quedaras a oscuras.

El horror cósmico trata de encontrar ese momento en el que lo desconocido irrumpe en lo cotidiano. Uno de los grandes temas de Lovecraft era el mar. Está presente en Dagón, en La Sombra sobre Innsmouth, en El Horror de la Playa Martin y tantos otros.

¿Alguna vez has nadado en mar abierto? Estás disfrutando del momento, avanzas y avanzas, quieres tocar la boya. Llegas y te das cuenta de que te has adentrado mucho en el mar, la orilla está lejos, mueves tus pies sin parar para mantenerte a flote y notas las corrientes frías que se mueven por debajo. Miras y está tan oscuro que no ves más allá de tu cintura.

¿Qué puede haber ahí abajo? ¿Qué clase de animal o ser puede rozarte el pie en cualquier momento o, peor aún, tirar de ti hacia abajo?

El buen horror cósmico juega con esos miedos. Te arrastrará a un temido encuentro con el océano donde te forzará a enfrentarte a tu falta de control sobre las fuerzas cósmicas que modelan la realidad en la que habitas. Si crees que los seres humanos tenemos algún tipo de dominio sobre la naturaleza, el horror cósmico te obligará a pensártelo dos veces.

El enemigo en casa

Pero el horror cósmico no tiene por qué tener lugar en el mar o en el Polo Norte. El peor escenario eres tú mismo, el peor enemigo no duerme en una ciudad sumergida o en los simas inmateriales entre galaxias, está dentro de ti. El horror cósmico puede ser psicológico.

Este género nos invita a dudar de todo lo que nos rodea y, sobre todo, de nuestra capacidad de percibir y procesar la realidad. ¿Qué es la realidad, sino una construcción que tomamos por segura?

La psicología médica todavía tiene algunas lagunas en el entendimiento del cerebro humano. El horror cósmico se deleita en explorar esos abismos infinitos de lo desconocido. Muchas de las mejores historias de terror cósmico cruzan la frontera del terror psicológico.

¿Cómo escribir como Lovecraft?

Bien. Ahora que ya entiendes qué es el horror cósmico, el cosmicismo y tienes más claro qué significa la etiqueta «lovecraftiano», vamos a ver cómo podemos escribir historias que evoquen a las escritas por el maestro del terror de Providence.

Escoger un tema

Hay muchos temas que puedes escoger para tu historia, pero el terror lovecraftiano se centra en estos:

  1. La existencia es un misterio. Lovecraft imaginó grandes abominaciones y terrores desconocidos que existen en los límites de nuestra percepción y en los bordes de la realidad. Son un misterio que jamás puede revelarse sin trágicas consecuencias. A medida que la historia progresa, el terror crece pero muchas preguntas quedarán sin resolver.
  2. La realidad es una lugar cruel y extraño. Las historias de Lovecraft suelen ser fatalistas y macabras. Amenazas inimaginables existen más allá de la razón y son indiferentes y crueles. Lugares fantásticos, ocultos a la mayoría de nosotros, son hostiles a la presencia humana. Los dioses que existen no son benevolentes. La curiosidad humana nos pone en peligro y algunas veces se topa con esas inteligencias peligrosa que habitan sobre nosotros.
  3. Nuestras vidas no significan nada. El universo es un lugar frío e indiferente. La humanidad se llama a sí misma depredadora, pero en realidad son menos que un insecto en un vasto océano plagado de todo tipo de extraños y peligrosos monstruos. Nuestras vidas son cortas y frágiles, nos rompemos con facilidad y nuestras acciones no tienen ningún impacto en el mar de caos que nos envuelve. La humanidad no ha ganado ninguna batalla, debemos estar agradecidos por el mero hecho de sobrevivir.

Los finales de Lovecraft

También en los finales podemos encontrar ciertas fórmulas que el Rey de Providence usaba una y otra vez.

  1. Entendimiento. No es algo bueno. El entendimiento al que llegan los personajes de Lovecraft, como el protagonista de El Color que surgió del Cielo es terrible. En un relato de la mitología lovecraftiana llamado Imperio de hormigas —forma parte del material del juego de rol La Llamada de Cthulhu—, el protagonista descubre que la humanidad es solo un imperio de hormigas.
  2. Locura. Los horrores de los mundos de Lovecraft desafían la razón, la lógica y la realidad. Los humanos pocas veces llevaban bien esta disrupción de la cómoda realidad en la que viven. Sus mentes suelen romperse y nunca vuelven a ser los mismos. Los narradores suelen contarnos sus historias y en todas ellas podemos ver que se arrepienten de haber sido tan curiosos. Suelen acabar buscando paz en las drogas, el aislamiento o el suicidio.
  3. Corrupción. Los protagonistas en los cuentos de Lovecraft jamás salen indemnes. Las monstruosidades y la ciencia oculta transforman a la gente. La corrupción puede ser física y visible o mental. En el caso de Herbert West, vemos como el científico loco, pierde por completo la razón y se abandona a su estudio, sin importarle las consecuencias.

Un ejemplo de cómo escribía Lovecraft

Existen dos ejemplos muy representativos de la obra de Lovecraft. El primero sería la novela corta En las Montañas de la locura, contada por uno de los pocos supervivientes de una expedición fallida a la Antártida. Allí se encuentran con una desaparecida civilización alienígena y una terrible ciudad. Cuando esta vuelva a activarse se encuentran cara a cara con un terror desconocido.

Sin embargo, para mí es su relato Ratas en las paredes el que mejor define su estilo. Trata sobre un joven que visita el hogar ancestral de su familia en Inglaterra. Al llegar a la vieja mansión comienza a escuchar el ruido de las ratas escarbando detrás de las paredes, una paranoia que empeora y que no es capaz de demostrar a nadie. Solo él puede oírlo.

A medida que los secretos enterrados por la familia bajo la mansión se van descubriendo, la batalla del protagonista por entender la verdad le lleva al corazón de las tinieblas. Pero no es el terrible descubrimiento lo que lo enloquece sino el ruido de las ratas.

Otro ejemplo de terror cósmico, esta vez de otro autor, sería Nightflyers. La novela corta de George R.R Martin nos muestra un universo vasto, con una humanidad que ni recuerda sus raíces terrestres, repleto de vida extraterrestre y en el que quedan grandes misterios por resolver. Los volcryn, una raza mitológica que nadie ha logrado identificar es uno de ellos.

Conclusión

Ya has visto que las historias de Lovecraft obedecían a una fórmula ordenada. Temas recurrentes, una falta de diálogo que se suple con descripciones y una intensa narración y, por supuesto, un final que también podríamos considerar formulaico.

Pero es su mejor creación, el horror cósmico, lo que debemos tratar de imitar, no su estilo. Encuentra tu espacio en el vasto universo de oscuridad, lleva al lector a zonas desconocidas, enfréntalo a extrañas entidades y demuestrale que nuestra existencia es un mero accidente.