Seguro que has leído muchas veces esa gran historia, es que es, como decían los Backstreet Boys, más grande que la vida. Te la han contado y tú, que eres un panoli integral, te la has tragado. Sí, lo sé, yo también me la tragué. Es lo que tienen, esas historias, se escriben para que te las creas y pienses: «Oye, yo también puede triunfar». Pero la verdad es muy distinta, eres un mal escritor y lo sabes.

La historia de la que te hablo es la de J.K Rowling —la Juani pa’los amigos—. Después de un millón y medio de cartas de rechazo, un ama de casa en paro, consigue un hueco en una editorial y, de la noche a la mañana, su mundo se llena de piscinas de billetes, unicornios, hadas madrinas y vestidos de franela. Además, todos los editores que la rechazaron hacen una quedada para suicidarse en masa.

Ese tipo de historias hacen que te odies un poquito menos. Te hacen sentir mejor: «Bueno, solo me han rechazado medio millón de veces, aún puedo ser como la Rowling». Ese tipo de historias te hacen pensar que si ellos lo lograron, tú también puedes… Solo que es mentira.

Si eres mal escritor, por muchas cartas que mandes, siempre serás un mal escritor.

Uno de los nuestros

Seguramente, Rowling y Brown, antes de ser seres de luz que vomitan manuscritos de tropecientas mil páginas antes de desayunar, también eran malos escritores —ojo, los hay que lo siguen siendo, publicar no significa ser bueno…¿Verdad, Dan Brown?—. Antes de ser entidades divinas, también se bloqueaban y se odiaban a sí mismos.

Pero ahora ya no. Ahora sus metáforas son preciosistas, sus diálogos trepidantes y sus personajes vivos y maravillosos.

Ellos estuvieron en tu lugar, se enrocaron y entraron en un bucle de enviar el mismo manuscrito podrido a todas las editoriales del mundo. El mismo armatoste infumable, una y otra vez, sin cambiar una puta coma. Al final, como al pesado de Ted Mosby, te publicarán por cansino, por lástima o para dejar de recibir correos tuyos.

De nuevo, amigo mío, lamento decirte que eso no va a pasar.

Por eso no puedo tener cosas bonitas

Yo tengo la mala pata de romper las cosas… a patadas. Voy a hacer lo mismo con tu burbuja: nunca te va a pasar lo mismo que a Rowling.

Eres un mal escritor

Y luego va el tío pavo y me dice que solo escribe cuando está inspirado

Nunca te van a publicar, porque eres un mal escritor. Te empeñas en mandar el mismo manuscrito, sin cambiar una coma, sin volver a leer, sin pedir opiniones. Eres como ese tío que busca cambios en su vida haciendo siempre lo mismo, eres el que pretende que le toque la lotería sin comprar el boleto. Colega, eso es imposible.

Con esa actitud no vas a lograr nada. Si has paseado tu manuscrito por todas las editoriales del mundo y todas te han dicho que no, no sigas haciendo lo mismo; cambia algo.

Deja de hacer el tonto, deja de pensar que algún día serás como Rowling. Nunca vas a ser como ella. De entrada ellos nunca fueron como tú, eran tipos disciplinados, implicados en su trabajo. Tenían fe en lo que hacían y trataban de hacerlo mejor y, lo más importante, si algo no les funcionaba lo cambiaban.

Ellos son mejor que tú porque escribían siempre, incluso cuando no tenían ganas de hacerlo o cuando la vida los superaba, ¿puedes decir lo mismo? Son mejores, porque ellos han sabido adaptarse y trabajar en sus puntos flacos —todos menos tú, Dan Brown—. Siempre fueron mejores, porque no se liaron a hostias con su propia historia, aceptaron que era una mierda, pero también sabían que tenían que terminarla… Ya habría tiempo para mejorarla —menos las tuyas, Dan Brown, que siguen siendo igual de malas—.

Las verdades y las amistades

Supongo que a estas alturas los únicos que seguirán leyendo este artículo son los masoquistas. Mejor, son los que más me gustan.

En el tiempo que llevo colaborando con editoriales he visto comportamientos bochornosos ante el rechazo. Una de mis peores experiencias en la vida literaria fue ser jurado en un premio literario. Tuve que soportar la lectura de muchos malos relatos y, lo que es peor, el acoso de los autores tras no ser admitidos. Algunos llegaron a buscarme en Facebook —no acepto amistades de gente que no conozco, ¿sabes por qué? Porque ya tengo demasiados amigos—.

Es lo que más podría molestarme. Mira, no formas parte de mi vida privada, no te conozco y tampoco quiero hacerlo, he leído tu relato y es malo. Te quedas fuera del concurso, acéptalo, igual que hago yo cuando me dejan fuera. Me importa una mierda lo que opines tú sobre tu relato, el jurado soy yo. Ponerte en plan psicópata no me hará cambiar de opinión, seguramente pase lo contrario.

Eres un mal escritor

Ese señor malo me dijo que me quedaba fuera del concurso… Pero mi mamá me ha dicho que mi relato es el mejor y el más chuli… Ese tío es tonto del ciruelo.

Esos escritores de los que te hablaba son mejores que tú porque ellos supieron aceptar los rechazos. Algo que hoy en día parece imposible. King, por ejemplo coleccionaba rechazos como si fueran medallas y trataba de sacar algo en claro de ellos. En Mientras Escribo nos lo cuenta:

A los catorce años tenía las cartas de rechazo colgadas de la pared con una chincheta. Recibía tantos que tuve que cambiar la chincheta por un clavo, pero no pasa nada, seguí adelante.

Ese tipo de cosas son las que a ti te convierten en un mal escritor y a King en uno de los grandes.

Las palabras en el papel

Cuando una editorial te rechaza te encierras en tu habitación para escuchar canciones de Depeche Mode o te dedicas a mandar correos pasivo-agresivos a tu editor. Stephen King, en cambio, cuelga sus rechazos de la pared y los observa, aprende de ellos, sabe que cada uno le acerca al éxito.

También sabe que el éxito tiene un precio. Tendrás que renunciar a muchas cosas: tu vida social, la televisión, la videoconsola… Stephen King escribe 4000 palabras al día, ¿y tú?

Si quieres dejar de ser un mal escritor y pasar al salón de la fama, tienes que cambiar de actitud. Deja de ser un psicótico, no puedes tener la piel tan fina con los rechazos. Para ser ser un buen escritor vas a tener que sacar callo y tener un buen par de pelotas. Lloriquear, sentarte y pensar: «si ellos lo hicieron yo también puedo» no te va a servir de nada.

Eres un tipo malo y desagradable

Lo sé y no te creas que me importa mucho.

Los escritores tenemos una habilidad innata para no escribir. Cualquier excusa es buena: me duele la uña, estoy triste, mi gato es tan mono, mira una mosca, el escritorio necesita una limpieza…

No sé cómo trabajas, ni el número de palabras que escribes al día. No sé si tomas el desayuno de los campeones o, por las mañanas, eres más de café y amarga contemplación como yo. Pero lo que sí te puedo decir es que, la gente que vive como un bestseller suelen alcanzar sus metas con más facilidad que los que simplemente se comparan con un bestseller.

¿No has pillado nada? Te lo explico.

Los bestsellers no se construyen de la noche a la mañana. Detrás de ellos hay mucho trabajo. Muchísimo trabajo, horas y horas de escribir, editar, releer, escribir más, leer más y editar mucho más. Aunque desde fuera esto parezca cosa de la varita mágica, la realidad es muy diferente, hay mucho curro. Así que, vivir como un bestseller significa que vas a tener que pegar el culo en la silla y trabajar como un loco durante horas y horas.

Ahora que me escuchas…

Bueno, ahora que estás triste y deprimido vamos a ver cómo solucionamos el tema, ¿no?

De entrada, y antes de que me vengan los trolls de turno, te lo voy a decir bien claro: no hay fórmulas mágicas. Si las hubiese —y yo la tuviera— no estaría perdiendo el tiempo contándote todas estas gilipolleces, estaría en Barbados, disfrutando de los derechos de mis bestsellers… Así que deja de hacerte la víctima, colega.

Si quieres ser un poco menos malo escribiendo, hay cosas que puedes ir haciendo. Cosas que yo he hecho —y que no me convierten en buen escritor—, que me van acercando a la meta de ser algo menos terrible.

En primer lugar, te quiero dejar algo muy claro; lo de ser bueno o malo es, siempre, cuestión de perspectiva. Si crees que ya eres un buen escritor, entonces, necesitas este artículo más que nadie.

Eres un mal escritor

Soy el puto amo, el rey del cromakey. Así de largas hago las frases.

Escribe y lee

Lo de leer mucho y escribir mucho, lo he dicho tantas veces en este blog que ya ha perdido la gracia. Pero sigue siendo una de las mejore opciones que tienes para mejorar como escritor.

Una de las peores cosas que puedes hacer es escribir un solo género. Te van a decir que tienes que centrarte y dedicarte a tu género. ¡Mentira! El que te diga eso es que tiene miedo de que le quites la silla. Tienes que aprender a escribir todo: ficción erótica, artículos, ensayos, terror, romance paranormal —esto antes se llamaba necrofilia—, humor, ciencia ficción, romance ciencia ficción —anteriormente conocido como zoofilia—.

Y lo mismo con tus lecturas, no te centres en lo que te gusta, lee de todo.

Es importante que tengas tablas, por eso leer de todo y escribir de todo es bueno. Cada género tiene unas estructuras, unas fórmulas y un lenguaje. Tienes que conocerlos todos, ¿te imaginas un cirujano que no sabe para qué sirve una tirita? Seguro que no. Pues eso.

Por ejemplo, muchas personas tienen problemas con las escenas de sexo. Lee algo de literatura erótica para tener herramientas. Una buena historia de terror tal vez necesite una pasión encendida, Cumbres Borrascosas te puede enseñar mucho sobre los amores victorianos —melodramáticos—.

Disciplina

Para escribir necesitas desarrollar una disciplina férrea. No tienes más opciones. Si esto te parece muy duro, si no tienes tiempo, entonces jódete, vas a ser un mal escritor toda tu vida. Si de verdad quieres mejorar, chapa el buzón y ponte manos a la obra.

Te costará. Te costará horrores. A mí, después de un largo bloqueo, me costaba mucho volver a escribir. Ahora mismo escribo cada día, de hecho he escrito más en 3 semanas que en los últimos 4 meses. Y es mucho más fácil de lo que parece: no te agobies.

No quieras ser King. Llegar a las 4000 palabras al día es algo que lleva mucho tiempo y esfuerzo. Ponte metas más realistas: 1000 palabras al día está bien, pero si eso te parece mucho, déjalo en 500 o 300… Si hace falta, déjalo en 100. Pero tienes que hacerlo cada día. No lo dejes. Si no tienes un ordenador delante, escribe en tu teléfono, en Evernote… lo que sea.

Tienes que desarrollar el hábito. Recuerda, hacerlo poco a poco será más sencillo, empieza por un número de palabras que puedas manejar y luego ve subiendo.

La experiencia no hace al maestro

Al maestro lo hacen los conocimientos. El maestro no nace sabiendo. No creas que eres la pera. No lo sabes todo y por tu cuenta nunca lo sabrás. Tienes que formarte, tienes que aprender. No te queda otra.

Apúntate a clases, compra talleres, lee sobre escribir. Nunca dejes de formarte, si lo haces, nunca serás un buen escritor.

Si lo necesitas busca un escritor que te asesore. Trabaja con escritores que ofrezcan coaching. Te será especialmente beneficioso cuando te atasques; si te bloqueas, tener alguien a quien recurrir en esos momentos marcará la diferencia entre terminar tu manuscrito o fracasar miserablemente.

¿Me vas a contar algo que no sepa?

No.

Mira si es fácil. Ya te lo he dicho, no hay fórmulas mágicas, no hay secretos. Todo lo que necesitas para ser un buen escritor ya lo tienes, pero eres incapaz de sobreponerte a ti mismo y por eso nunca serás tan bueno como ellos.

Yo no tengo que enseñarte a hacer las cosas que ya sabes hacer, pero tienes que empezar a hacerlas. Si quieres ser como ellos, haz lo que hacen ellos. En vez de sentarte a soñar que algún día serás como King o como Rowling, pega el culo a la silla y escribe, sé como ellos.

Persigue tu meta, no sueñes con alcanzarla. Es como dice Nike: Just do it.