La semana pasada se cumplieron 30 años del estreno televisivo de una serie que cambió para siempre el medio. Durante las próximas semanas, hablaré sobre la serie, sus personajes y todo lo que un escritor puede extraer de la maravillosa obra de David Lynch: Twin Peaks.

A los que me conozcan no les sorprenderá mucho este artículo. Soy un fanático de Twin Peaks. He visto la serie original, la película Fuego Camina Conmigo, he leído El Diario Secreto de Laura Palmer y esa cosa extraña que se publicó para el estreno de la tercera temporada y que me niego a calificar como libro. Twin Peaks es uno de los mejores relatos negros y de terror que he visto jamás y no solo por la magia de la narrativa de David Lynch, sino por su protagonista: Laura Palmer.

Twin Peaks tiene muchas características propias, pero más allá de su estilo narrativo laberíntico, hay algo que siempre me ha llamado mucho la atención y es la amplísima representación de la mujer que hace Lynch y a la que le quiero dedicar un artículo. Pero para poner un simple ejemplo, os recuerdo esa maravillosa escena de la dulce Audrey Horne, cambiándose unos zapatos planos «de niña buena», por otros de tacón rojo. Audrey es un solo ejemplo de mujer poderosa, a partir de aquí se abre un abanico de mujeres fuertes, complejas y, en muchas ocasiones, excéntricas.

De todas las heroínas que aparecen en Twin Peaks, la más importante es Laura Palmer, que va más allá de la simple víctima. Ella es la verdadera protagonista de la serie, es el corazón de la narración y el nexo que une a todos los habitantes del extraño pueblo. Laura Palmer también es una figura trágica y la heroína más misteriosa de la historia.

Aunque a estas alturas todos sabemos quién mató a Laura Palmer, yo me he planteado otra pregunta: ¿Quién es Laura Palmer? Y, más importante, ¿qué me puede enseñar Laura Palmer como escritor?

¿Quién es Laura Palmer?

La primera imagen que tenemos de Laura Palmer es la de su cuerpo flotando en el río, envuelta en plástico. Esta imagen no está ahí de casualidad; es una imagen muy potente y, para los más cinéfilos, una que recuerda a la primera escena de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard). Laura Palmer es una flor que ha sido cortada en su momento de mayor belleza y el plástico que la envuelve es el desesperado intento de su asesino por preservar esa belleza, impedir que se marchite.

Pero no quiero dejar que su muerte la defina. Laura es mucho más que una víctima, es el personaje protagonista, quizá incluso más protagonista que el agente Cooper. De alguna forma, su presencia sobrevuela toda la narración, como la misteriosa Rebecca de Daphen Du Maurier. Laura es el centro de la historia y el nexo que une a todos los habitantes del pueblo. Ella es el corazón de la comunidad de Twin Peaks.

En el primer capítulo de Twin Peaks se nos presenta a la gran mayoría de habitantes del pueblo e inmediatamente, podemos ver que todos han tenido alguna relación con Laura. En la mayoría de los casos, se trata de una relación pasional. En ese momento, vemos por primera vez que más allá de la apariencia angelical y etérea de la Reina de Twin Peaks, se esconde algo más. Un lado oscuro.

Y es que Laura tiene dos caras: por una parte es una niña de 17 años, reina del baile, implicada en la comunidad y amable. La otra, la que se esconde debajo de la superficie está llena de secretos y es obscena, vulgar. Laura esconde una vida de perversidad, llena de terror y actos malvados.

Cuando vemos a Laura con los ojos de sus padres Leland y Sarah, vemos a una niña maravillosa: reina de su promoción, animador, voluntaria en el programa de comida para mayores… Pero por la noche, despierta otra Laura: adicta a la cocaína, prostituta e implicada sexualmente con la gran mayoría de varones del pueblo.

En la cultura popular, la mujer se representa con el arquetipo virginal o con el de prostituta, pero Laura Palmer trasciende los clichés y los arquetipos, y une bajo su enigmática sonrisa ambos extremos. Esto hace de ella un personaje vivo y tridimensional, capaz de ser extremadamente malvada, pero también extremadamente bondadosa. La vemos ser tierna y, al mismo tiempo, cruel con ciertos personajes.

La imagen de Laura

La imagen que más se repite de Laura Palmer a lo largo de la serie, es la de su foto como reina de la promoción del instituto de Twin Peaks. La foto —que en realidad es la foto de la promoción de la actriz Sheryl Lee—, muestra uno de los aspectos más impresionantes de Laura: todos los hombres que han tenido contacto con ella, tienen una imagen distorsionada de ella, la idolatran.

Laura era capaz de adaptarse, de manipular a los hombres de su vida para que creyeran que era todo lo que ellos esperaban. En el fondo, ninguno de esos hombres llega a comprender la verdad de Laura, ni siquiera el Doctor Jackoby, su psiquiatra.

De hecho, la verdadera personalidad de Laura Palmer, la de esa joven acosada por extraños demonios, la víctima trágica de unas fuerzas sobrenaturales, la niña asustada que sufre y trata de encauzar su vida, no aparece hasta la llegada del agente Cooper. Solo tras su muerte, a través de la investigación de Cooper, comenzamos a ver capítulo a capítulo, la triste realidad tras la figura de Laura Palmer.

Laura Palmer es un personaje vivo, porque es bella y a la vez horrible. Es cruel, pero también es capaz de realizar actos de tremenda bondad.

La niña pequeña que vemos flotando en el río, crece a medida que se profundiza en su vida, hasta que nos encontramos frente a uno de los personajes más complejos, laberínticos y llenos de matices de la historia.

Fin: De la primera parte

Laura Palmer es un personaje tremendamente complejo y, parte de esa complejidad, se debe a que el personaje va más allá de lo que se nos muestra en la serie, que en el fondo son los retazos de lo que cada personaje creía saber sobre ella.

Laura es metaficción y, por tanto, es necesario abrir un poco el objetivo para comprenderla. La próxima semana hablaré sobre la otra Laura, la protagonista de Fuego Camina Conmigo y El Diario Secreto, que nos deja ver su mitad más dramática y vulnerable.