Poco queda qué decir sobre el maestro del terror, Stephen King se ha ganado un puesto entre los grandes nombres del género de terror, es toda una institución en el género y, me atrevería a decir, que en la literatura popular. Su nombre va ligado al éxito, libro tras libro, siempre genera expectación, todos esperamos su siguiente título con ansiedad. King se ha dedicado durante años a escribir relatos y novelas de terror, pero, ¿cómo fueron sus primeras historias?

Uno de mis libros favoritos de King es Mientras escribo, una especie de autobiografía mezclada con algunos consejos interesantes para los que se quieren dedicar a esto de escribir, no es que nos revele la fórmula de sus best-sellers, pero sí que nos ofrece algunos consejos bastante suculentos. Uno de los capítulos que más me gusta habla sobre su juventud; como es de esperar, al pequeño King le encantaban las películas de terror y no dejaba escapar la oportunidad de ir al cine a ver el estreno de la semana.

En una de esas, el joven King, que todavía estaba en el instituto fue a ver El Pozo y el Péndulo, una sorprendente adaptación británica de la obra de Poe con Vincent Price como protagonista. A King le impresionó aquella película y salió del cine pensando: ¿Cómo podría mejorarla? ¿Cómo podría convertirla en una gran libro?

Un joven Stephen King corrió a su casa y se sentó frente a su máquina de escribir, en poco tiempo tuvo su propia versión de la película. El título no fue nada memorable El pozo y el péndulo por Steve King, simple y eficaz, ¿no? Al día siguiente hizo unas pocas copias y se las llevó al colegio, asegura que pensaba vender unos diez ejemplares, pero, a la hora de la comida ya había vendido más de 30. Ese fue su primer best-seller.

Años más tarde su esposa Tabitha rescataría un montón arrugado de hojas de una papelera, ese montón de hojas era el primer borrador de Carrie, King lo odiaba y lo había tirado asqueado, pero su esposa que lo leyó a escondidas le obligó a terminarlo.

Inspiración para escribir

King nos muestra en esta anécdota una gran forma de encontrar inspiración para escribir nuestras historias. Los escritores encontramos inspiración en muchas cosas, ¿por qué no podemos hacerlo en la adaptación libre de una obra de Poe? No creo que sea una mala idea. Toma una película de terror de bajo presupuesto, una de esas que van rápido y pegan duro y juega con su historia, retuércela, cámbiala, juega con ella, mejórala. Devuélvela a la hoja de papel.

Seguro que te has encontrado muchas veces viendo una película y pensando: yo podría hacer algo mejor con esa historia. Esa chispa debería valerte para despertar y ponerte a escribir, ¿crees que eso es algo malo? Pues estás muy equivocado (siempre que no copies y pegues), coge esa historia que te habla y haz algo con ella.

¿Te gusta el Rey León? Pues no es más que la versión Disney de Hamlet, sin embargo cuando la ves por primera vez te enamora, porque es diferente, porque es la visión que el guionista tenía de la historia, supo cómo cambiarla, como adaptarla y mejorarla hasta hacerla suya. El producto final es una historia única, distinta. Es algo que también puedes hacer tú.

¿Prometheus te dejó mal sabor de boca? La historia es muy buena, pero el guion es pésimo y la película desluce muchísimo. Seguro que puedes escribir una historia genial sobre nuestros creadores, estoy bastante seguro de que puedes tomar esa idea y cambiarla, darle alas y escribir una historia que merezca la pena ser leída. Estoy convencido de que sabrás como introducir a los xenomorfos en esa historia mucho mejor de lo que hicieron sus guionistas.

Es parecido a jugar al teléfono loco pero con una historia sólida. Tomas los elementos que más te interesan y escribes con ellos tu propia historia. No tiene nada de malo.

Puede que pienses que está mal copiar y tendrás toda la razón, solo que esto no se trata de copiar, se trata de mejorar. Seguro que de pequeño tenías o querías uno de esos relojes con calculadora tan molones, ¿de dónde crees que salieron? Alguien tuvo la brillante idea de adaptar dos objetos que ya existían y crear algo maravilloso (espero que no se haya notado mucho que me encantan los relojes calculadora).

Algo parecido nos cuenta Austin Kleon en su libro Steal Like an Artist. Los artistas, sobre todo los escritores, nos empeñamos en encontrar nuestra propia voz, nuestras propias pautas y características, dejando de lado casi siempre lo que hemos aprendido leyendo a los grandes. Sus voces, sus pautas creativas y sus características son lo que nos hace desarrollar nuestra propia voz como escritores.

El truco de Stephen King que usé para escribir mi novela

Sobre todo si eres un profeta…

Empezar a escribir es un dolor de huevos, así de claro, como escritor novel lo tienes absolutamente todo en contra: tus amigos no te entienden, tu familia te toma a pitorreo y con suerte tu gato duerme sobre tu teclado. Estoy harto de escuchar una y otra vez la importancia de no imitar, de no seguir las pautas de otros escritores, que tenemos que desarrollar nuestra propia voz y ser únicos… ¿Tenéis idea de lo complicado que es ser único en este tremendo pajar? Ni os lo imagináis. Un consejo: los escritores no somos copos de nieve, así que seguro que terminas pareciéndote a alguien. Supéralo.

Ser único está genial, es la hostia en vinagre, pero para ser único uno tiene que aprender… Y lo seres humanos como mejor aprendemos es por imitación. ¿Cómo aprendes a hablar? Imitando los sonidos que escuchas. ¿Cómo aprendes a caminar? Imitando los movimientos de los adultos. Hasta fumar es algo que aprendes en el patio del instituto imitando a los mayores… Nada se salva: nuestra ropa, nuestras expresiones, nuestros gestos… Todo lo aprendemos por imitación, como decían Christopher Walken en Ángeles y Demonios somos unos pequeños monitos calvos.

Copiar e imitar

Una cosa es copiar descaradamente, algo que está muy mal visto y otra muy distinta es imitar… O tratar de hacerlo.

La imitación, como forma de arte está aceptada, incluso está bien. Hoy en día tenemos un tremendo fenómeno conocido como Fan Fiction que no hace otra cosa que imitar lo que ve en televisión, en el cine o en los libros. Imitar, ya sea el estilo de determinado autor, sus temas o sus recursos, nos permite desarrollarnos como escritores. Gracias a la repetición de ciertos esquemas y estructuras narrativas somos capaces de entender e interiorizar mejor las bases de la escritura, lo que nos lleva, en última instancia a crecer como escritores… en pocas palabras: nos permite desarrollar nuestra propia voz narrativa.

Copiar o plagiar es algo totalmente diferente. Todos sabemos lo que la gente opina sobre el plagio y no es de extrañar, a nadie le gusta que se apropien de su trabajo, por desgracia esto también es algo muy común en el mundo de la literatura. Hace unos meses hablé sobre esto en la revista MoonMagazine, como parte de una serie de artículos que trataban sobre este tema tan peliagudo.

Copiar el trabajo de otro escritor, ya sea calcando las historias, los personajes u obras completas es un acto que podríamos considerar «alta traición» entre los que nos dedicamos a esto y que debería penarse con tres meses de trabajos forzados en el tercer círculo del infierno.

Pero recuerda que no tiene nada de malo inspirarte y tratar de imitar a los grandes, obras como El Gran Gatsby, El Ruido y la Furia, El Resplandor o Los Libros de Sangre están llenas de frases y estructuras que deberías imitar, yo aconsejo siempre leer en papel, con un lápiz y un cuaderno cerca para tomar notas de las estructuras y recursos que usa cada escritor y tratar de hacerlos propios; no de copiarlos, sino interiorizarlos y usarlos para mejorar como escritores.