¿Sabes qué hace de Canción de hielo y fuego una obra tan especial? ¿Sabes qué la diferencia del resto de fantasía? Yo te lo digo; George R. R. Martin no tiene miedo de joder a sus personajes hasta límites sádicos. De hecho, cuanto más sádico mejor, o eso parece.

Muchos escritores no quieren hacer daño a sus personajes. Tienen miedo a lo desconocido, tienen miedo del dolor o de la muerte. ¿Cómo pretendes crear una historia profunda sin herir a tus personajes? ¿Cómo vas a crear esas emociones si tienes miedo de romperles una uña? Si no eres capaz de tirar a tus personajes por la ventana de un séptimo piso, entonces eres incapaz de crear una historia rica y profunda que enganche al lector.

Sí, crearás unos personajes la mar de simpáticos (y, seguramente, llenos de clichés) que irán por ahí, envueltos en algodón, solucionando todos y cada uno de los problemas que se encuentren porque serán como Superman inmunes a todo mal.

Seguro que eso no es lo que te gustaría leer a ti, ¿por qué quieres que los demás lean esa porquería?

¿Por qué tememos hacer daño a nuestros personajes, incluso sabiendo que es necesario? Porque sabemos que hacerles daño a ellos, es hacérnoslo a nosotros mismos.

Hace poco, en un proyecto en el que estoy enfrascado para el Nanowrimo tuve que escribir una escena horrible. No era nada sangriento, no estaba haciendo sufrir físicamente a mi personaje, sin embargo, era una escena moralmente horrenda. ¿Qué puede ser tan terrible? Sexo con un cadáver, el de una monja, además. Lo pasé fatal, me temblaban las manos mientras la escribía, pero lo hice. Llevo casi una semana sin abrir ese archivo por el asco que le cogí, pero sé que hoy o mañana me pondré otra vez con esa historia, porque merece la pena.

El método Martin o cómo herir a tus personajes para que tu novela tenga profundidad. Evita a los personajes planos, deja que experimenten el dolor.

Cada vez que me preguntan cuánto falta para el siguiente libro mato a un Stark.

 

Yo me dedico, sobre todo, al terror y al género negro, por eso he aprendido a joder a mis personajes, a causarles sufrimientos psicológicos y físicos que, muchas veces, rozan lo sádico. Algunas veces disfruto, otras no, pero sé que tengo que hacerlo y lo hago.

Quien bien te quiere te hará llorar

Los personajes —los de verdad, los polifacéticos—son personas por las que nos preocupamos. Los hemos creado nosotros, los hemos construido a nuestra imagen y semejanza. Son parte de nuestra imaginación, de nuestro corazón y de nuestra alma. Forman parte de nosotros.

El dolor que ellos experimenten (sea del tipo que sea), también lo sentiremos nosotros. Sentiremos esa herida en nuestra piel. Lo más terrible de todo es que puede que nosotros cambiemos más que ellos.

¿Por qué debería ser eso malo? Como escritor tienes un control absoluto de lo que sucede en tu novela. Tú creas el dolor, el emocional y el físico, puedes torturar, llevar a tu personaje al borde de la muerte, pero puedes parar cuando quieras, puedes acabar con ese dolor cuando te plazca.

Entérate ya de que torturar a tus personajes no te convierte en un sádico. No estás torturando a tus seres queridos por el simple placer de verlos sufrir. Les estás ofreciendo un regalo (¿Te acuerdas de Hellraiser?). Les ayudas a crecer y a desarrollarse. Al sufrir, tus personajes adquieren un sentido más profundo y se convierten en seres vivos. Se vuelven más reales.

La experiencia es un grado

Deja que sientan el dolor y lucirán orgullosos sus cicatrices. ¿Quieres un personaje perfecto que nunca ha sentido el dolor? ¿En serio quieres presentar un personaje que no conoce el precio de nada?

En una mis historias (pronto sabréis más de ella), uno de los personajes lo ha perdido todo; es una mujer que siempre se ha comportado de forma bastante trivial, asustadiza, sin embargo, tras una escena particularmente jodida, reacciona de una forma que jamás me habría esperado.

Ella toma las riendas de la situación, se hace cargo de que no tiene nada que perder y que se enfrenta a algo que la supera. Así que lo manda todo a la mierda y se lanza al ataque.

Ese personaje jamás hubiese reaccionado así de no haber pasado por el infierno por el que la obligué a pasar.

El método Martin: cómo herir a tus personajes

Lo que no te mata te hace más fuerte

Mi personaje se adaptó. Sabe que no puede escapar de las circunstancias, sabe que está atrapada, así que se adapta y lucha.

Las cicatrices psicológicas que el desarrollo de la historia deja en ella son realmente fuertes, es consciente de eso y actúa en consecuencia. Se convierte, gracias a ese dolor, en un personaje fuerte, maduro y profundo.

Ella aprende lo rápido que puede irse todo a la mierda, la facilidad con la que podemos perder todo lo que tenemos. Ésa es una buena lección, ¿no crees?

Son esas experiencias; el miedo, la pérdida, la duda o el dolor, lo que nos hace crecer como personas, desarrollarnos y madurar, lo mismo les sucede a ellos. Con su dolor crecemos como personas, como escritores y ellos maduran como personajes.

Deja que tus personajes experimenten el dolor, deja que sufran emocional y físicamente, déjales que vivan la vida tal y como es, sucia, complicada y llena de momentos dolorosos, pero también de otros felices, claro.

Recuerda que no les haces sufrir por el placer de hacerlo, ten muy en cuenta que les ofreces una oportunidad de madurar, una experiencia necesaria. Tus personajes quieren vivir, deja que lo hagan.

Ahora te toca a ti, ¿haces sufrir a tus personajes? ¿Permites que se desarrollen o los guardas en una nube de algodón?