Dicen por ahí que no hay dos copos de nieve iguales, se supone que tampoco hay dos personas idénticas (excepto algunos gemelos, claro). Cada uno de nosotros tiene pequeñas diferencias en su ADN, esos diminutos cambios pueden suponer una piel más oscura, un pelo más claro o tener 6 dedos en cada pie.

Pero eso es sólo una parte de lo que nos hace diferentes, esa es la base, todos somos diferentes «de fábrica», pero también el lugar en el que nacemos, el sitio en el que vivimos, la gente y la sociedad que nos rodea también nos hace diferentes.

Llevo un tiempo hablando sobre los personajes, porque veo en mis clientes y alumnos que casi siempre tienen problemas con ellos. Hoy os hablaré de cómo el escenario de vuestra historia puede afectar al desarrollo y la personalidad de los personajes.

Algunos personajes siempre los encontrarás en ciertos lugares. Las personas siempre buscan rodearse de gente afín a ellas. Es algo que llevamos grabado genéticamente, estamos predispuestos a formar grupos. Por ejemplo: la gente rica, aristócratas y magnates de los negocios, se reunirán en restaurantes de cinco estrellas, clubs de campo y hoteles caros. La gente que necesita dinero, también estará allí, pero sirviendo.

El escenario moldeará a tus personajes. El hogar de cada persona moldea su personalidad y nunca acaba de abandonarla. Piensa en ese restaurante tan caro, un personaje que ha nacido en la alta sociedad, se encontrará muy a gusto allí, sabrá como comportarse y no tendrá mayores problemas. Sin embargo, si nuestro protagonista ha nacido en una casa extremadamente pobre, y ha hecho su fortuna con la lotería, se encontrará como pez fuera del agua. Como decía Faulkner: «El pasado nunca muere. Siempre vuelve.»

El escenario puede cambiar a tu personaje. Obligarlos a salir de su zona de confort y mantenerlos en lugares extraños durante un tiempo, los obligará a adaptarse. Las personas suelen resistirse a los cambios. Si, de repente, cambias el esquema, tu personaje tendrá que actuar y adaptarse. Walter White es un profesor y padre de familia, está acostumbrado a llevar un vida sencilla, sin embargo, cuando se embarca en su carrera delictiva tiene que evolucionar, tomar las riendas y cambiar, hasta convertirse en «el que llama».

El escenario hace diferente a tu personaje. Cuando llegamos a un lugar nuevo siempre somos los extraños, durante un tiempo todo el mundo nos percibirá como diferentes, aunque seamos igual que ellos. Piensa en una persona que ha vivido toda su vida en una isla del Pacífico, sin acceso a Internet, cuando llega a la ciudad debe adaptarse a todas esas tecnologías que no conoce, durante un tiempo la gente lo verá como alguien extraño y diferente. Lo mismo le pasaría a un urbanita en una aldea de África central.

El escenario como personaje. A veces un lugar o una casa, puede tener tanto peso en la historia que se convierte en un personaje más de la misma. En La maldición de Hill House, la casa es la protagonista de la historia, lo mismo sucede en The house next door de Anne Rivers Siddons, donde la casa es uno de los personajes principales de la historia. Algo parecido, pero a mayor escala sucede en Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber, donde es la ciudad la que se convierte en un oscuro personaje.

Nunca subestimes cómo el escenario en el que se desarrolla la historia puede llegar a afectar a tus personajes, recuerda que todos estamos marcados, de alguna forma, por el lugar del que procedemos; tenemos un lenguaje particular, unas normas de conducta aprendidas en nuestra casa… Todos los lugares en los que hemos vivido han aportado algo a nuestra personalidad, lo mismo sucede con tus personajes. Si puedes plasmar eso en tu obra, tendrás unos personajes vivos y completos.