La semana pasada os escribí un ladrillazo importante sobre cómo escribir cosas oscuras nos convierte —casi siempre— en parias sociales, sobre todo en esas fiestas familiares súper happys en las que se tratan temas tan trascendentales como: lo guapa que es mi niña y lo lista que es, que se va a sacar la FP de peluquería en menos de quince años. En ese artículo había un enlace a otro artículo de Víctor Selles en Ateneo Literario —niños, esto es lo que se llama publicidad subliminal—, sobre cómo manejar a un psicópata.

Bueno el artículo en cuestión me dio mucho en qué pensar, ¿cuánto tiempo hace que no hay un villano en condiciones en el cine y la literatura? A bote pronto te puedo decir que unos veinte años, para mí el último gran antagonista ha sido Ghostface de la saga Scream. Ese puesto podría ocuparlo perfectamente John Kramer, alias Jigsaw, el villano principal de Saw, pero la verdad es que tras las primeras películas baja tanto la calidad del personaje —y de la saga—, que acaba cayendo en el mismo pozo que el resto de antagonistas modernos.

¿Dónde están los villanos en el terror?

El maestro Wes Craven dijo en una entrevista que las películas —supongo que también los libros— de horror no tienen que crear ningún tipo de terror, simplemente tienen que saber liberarlo. El combustible que hace que ese miedo arda y te cree pesadillas es el Boogeyman, el famoso Hombre del Saco; ese monstruo que protagoniza las historias de terror y que tiene la habilidad de colarse en tu subconsciente y esconderse en un rincón para salir cuando apagas las luces de tu habitación o cuando tienes que cruzar el pasillo para ir a la cocina.

Desde hace muchos años, los amantes del terror hemos tenido infinidad de monstruos —tanto en la literatura como en el cine— que han alimentando nuestros miedos. Al final, el dicho ese de: todo lo bueno se acaba, también se ha cumplido y, si eres fan de las pelis de terror o si alguna vez has visto alguna, sabrás que a la industria del terror le está faltando algo. Le falta garra, le faltan monstruos de verdad.

Lo mismo sucede en la literatura, el gran maestro Stephen King hace tiempo que no ha creado un villano a la altura de Pennywise o de Jack Torrance, sus últimos monstruos son bastante flojos, sus nuevos miedos son bastante «ligeros» y en la industria no hay nadie que parezca dispuesto a tomar el relevo; su propio hijo, Joe Hill, me resulta un «quiero y no puedo» y Clive Barker se ha pasado a la Young Adult oscura… Así que, el miedo se va quedando huérfano.

Por supuesto la industria del terror no para de lanzar nuevos títulos al mercado. Desde hace unos años, sobre todo el cine intenta vendernos la moto cada vez con más frecuencia: una supuesta pre-cuela de Alien que no era tal —y que daba de todo menos miedo—, una supuesta revisión de El Exorcista, que si bien se sostiene por sí sola, no es lo que esperábamos —me refiero a Expediente Warren— y otras tantas que se venden como el «no-va-más» del canguelo y que acaban siendo otra birria más, como es el caso de It Follows.

Por suerte las series de televisión sostienen al género en este momento tan malo. American Horror Story, Einfield Haunting, The Strain o The Walking Dead —que está virando cada vez más hacia la acción— están aportando al terror lo que el cine y la literatura ya no quieren aportar y, si no fuera por ellas, el género parecía una planta de cuidados intensivos, con mucho tubo y muchos monitores pitando a lo loco.

¿Por qué está fallando el terror últimamente?

El Hombre del Saco ya no está de moda

Ya comenté una vez en este blog que el terror es un género cíclico. ¿Que no? Mira: a finales de los 80 y principios de los 90 la cosa iba de psychokillers: Maniac, Maniac Cop, American Psycho, El Silencio de los Corderos, Misery, Un San Valentín Sangriento, El Día de la Madre… Luego a finales de los 90 llegaron los fantasmas: 13 Fantasmas, House on Haunted Hill, El Sexto Sentido, The HauntingLos Otros

¿Dónde está el hombre del saco? Los villanos en el terror

Pongamos como ejemplo los años 80 —que para mí, junto a la época de la Universal y de la Hammer, ha sido la mejor—. En los 80 apareció un nuevo rey, su nombre era Michael Myers. El monstruo creado por Carpenter, popularizó el género slasher  —que en realidad no era más que una versión yanki de algunas películas giallo italianas como Seis Mujeres para el Asesino—. Bueno, cuando Carpenter triunfó con Halloween, todas las productoras querían estrenar su slasher y, oye, esa fue una buena época para el cine de terror: Viernes 13, La Matanza de Texas, Trampa para Turistas, La última casa a la izquierda

Y como os he dicho en los 90 pasamos de los psychokillers a los fantasmas y de ahí al J-Horror o terror japonés. Ahora mismo estamos a caballo entre la fiebre del Found Footage y de los zombies —que ya está remitiendo—. Pasa cada cierto tiempo, es inevitable, la rueda siempre está girando.

Bueno, de aquellos años nos quedan los grandes monstruos, los protagonistas de las pesadillas de la generación X y los millenials. Grandes monstruos como Freddy Krueger, Jason Voorhees, Pinhead, Leatherface, Chucky y el mismo Michael Myers. No me podréis negar que todos son iconos del terror moderno.

¿Dónde está el problema? Pues muy fácil la industria del terror ha comenzado a fallar cuando se ha quedado sin grandes monstruos. Hace más de veinte años que no nace un buen Hombre del Saco, como ya he dicho al inicio hay algún que otro monstruíto como Jigsaw o Samara, pero nada comparable a un xenomorfo o a Pennywise. Ninguno de estos nuevos mete-miedos, tiene la fuerza de los viejos monstruos. Quizá uno de los mejores personajes de los últimos años haya sido el Rubber Man de la primera temporada de American Horror Story, por la carga emocional que arrastra el personaje y por su implicación en la historia.

El gran problema es que sus protagonistas se diluyen. Las películas de terror —ahí tienes la infausta As Above so Below— se basan en el descubrimiento de un gran secreto, en personajes cortados a patrón, tristes y melancólicos, que sufren la misma enfermedad o un sucedáneo de ella. En las películas de terror ya no hay lugar para el romance, los slashers de los 80 y sus «fotogramas mamella», lograron cargárselo. Si el terror moderno fuera una aplicación para ligar sería Tinder.

Si uno revisa las viejas películas de la Universal o de la Hammer siempre se encuentra una historia, un trasfondo para los personajes. Casi siempre existe un romance y aunque este «trasfondo» suele ser una fórmula del estilo: «Arrojado caballero, salva a damisela en apuros y ambos se enamoran locamente», el tema es que esa fórmula funcionaba, ¿por qué? Porque no era más que una excusa para que la historia progresara.

Por desgracia en la mayoría de películas modernas esta historia ha desaparecido, hemos cambiado el romance por las historias de adolescentes. Y la verdad es que a nadie le gustan los adolescentes —ni ellos mismo se gustan, para qué nos vamos a engañar—, además estas historias no tienen peso real en la narración, ha desparecido el sacrificio, la lucha por salvar a su amada, la carrera contra el tiempo, el típico rapto —que veníamos arrastrando de la literatura clásica de la que tanto tendríamos que aprender—, todo lo bueno desaparece y nos venden un amor de McDonalds, de estos de «aquí te pillo, aquí te mato» y poco más.

Comer, vomitar, repetir hasta la saciedad

Hollywood es como el perro de la Biblia, que siempre regresa a su vómito. Si no me crees piensa en todas las versiones que existen de Drácula o de Frankenstein —¡Por Dios, si hasta hay un Frankenstein con Harry Potter de prota!—. Estuvieron muy bien esas versiones serias de Coppola y de Branagh, pero el resto es basura, como todas las revisiones, remakes y mierdas de ese estilo. Si los escritores nos hemos vuelto vagos, Hollywood ha asesinado en masa la creatividad. Así de simple.

¿Dónde está el hombre del saco? Los villanos en el terror

En los años 80 los personajes de las películas de terror daban miedo, los Hombres del Saco eran poderosos y tenían algo especial, algo que te hacía enamorarte de ellos. Tenían personalidad. Yo tengo una camiseta de Cesare, el sonámbulo de El Gabinete del Doctor Caligari, pero uno no va por ahí con una camiseta de The Collector, porque ese gordo idiota no es un malo de verdad, es como el tío de Bricomanía pero con mala baba, nada más.

En los 80 los villanos eran consistentes, porque los guionistas y los directores trabajaban en ellos: eran invencibles, tenían el poder de aparecer siempre detrás de ti, por mucho que corrieras, por mucho que te escondieras. Eran ese monstruo del subconsciente que nunca te abandona, cierras los ojos y ahí está, te das la vuelta y sigue ahí, te duermes y ahí está. Esos monstruos tenían personalidad, tenían carácter y eran reconocibles.

Además, algo muy importante es que fueron ideas originales. Ahora mismo, Hollywood —y muchas editoriales— nos han condenado a no ver nada que no se haya sido visto antes —y que haya funcionado, claro—. No se producen películas que no estén basadas en una novela —que a su vez será calcada al best seller del año anterior—, en un videojuego o en un cómic.

Además —y esto también sucede en el mundo editorial— si una de esas maravillosas ideas nuevas y brillantes consigue abrirse paso hasta las primeras etapas de la producción, habrá unos veinte creativos trabajando en ella: veinte personas con poca o ninguna idea de lo que están haciendo, pero dispuestos a dar su opinión sobre la historia y a meter con calzador sus cambios de mierda en la historia original. El resultado final son películas de terror descafeinadas, en las que: 1) no pasa realmente nada interesante, 2) el villano es terriblemente aburrido y 3) los personajes protagonistas son tan planos como una tabla.

Bueno, ya está bien de quejarse. Tampoco quiero que sigan resucitando los viejos monstruos, soy un fan incondicional de Freddy Krueger y no quiero que vuelvan a maltratarlo como hicieron en el vomitivo remake de 2010. Basta, que no los toquen más. Y si quieren tocar los viejos mitos, que se fijen en como lo hace Robb Zombie con Michael Myers. Pero, por favor, ya basta, yo estoy harto de tener que pasar vergüenza viendo remake tras remake. Estoy cansado de ver como destrozan sin miramiento joyas como Noche de Miedo o Poltergeist.

Un mercado diferente

En los 80 yo era demasiado pequeño para ir al cine a ver estas pelis de terror. Sin embargo, existía una cosa maravillosa que se llamaba Videoclub donde podías pillarte todas las cintas de terror que tu paga te permitiera. Esto ha desaparecido, ya no hay industria para las cintas de vídeo, ni para los DVDs. Las películas pasan de los cines a la pantalla de nuestro ordenador en menos de 24 horas, así que… se han perdido por el camino muchos ingresos para las productoras.

Lo mismo sucede con el sector editorial, cualquier libro editado por una editorial medianamente grande, acabará en un foro o una página de descargas ilegales en menos de una semana. Por desgracia, esto parece inevitable.

¿Qué tiene esto que ver con los villanos en el terror? Bueno, todo esto es como un dominó, si tiras una pieza, van todas al aire. La industria está perdiendo millones de ingresos en ventas de DVDs, por lo tanto, no estarán tan dispuestas a apostar por «cosas nuevas» como lo estaban en los años 70 y 80, cuando la industria de las cintas de vídeo suponía para ellas unos ingresos millonarios. Hoy en día les sale mucho más rentables hacer un remake de algo que funciona —pobre Rocky Horror Picture Show, no quiero ni saber lo que le harán— que apostar por talentos e ideas nuevos.

Esa pérdida ha sido fatal para la industria del terror, cuyas grandes productoras se alimentaban casi en exclusiva de los beneficios de las ventas de VHS y DVD, ahora sin ese flujo constante de dinero, tienen que contar cada céntimo que invierten y eso se nota en sus producciones. Sí, claro, está Netflix y iTunes, pero no es lo mismo, no tiene nada que ver. New Line Cinema se construyó sobre la espalda de Freddy Krueger, fueron los ingresos de sus películas los que cimentaron y soportaron a la productora durante años y aunque todavía se mantiene fiel a sus orígenes —Expediente Warren es suya—, ya andan buscando nuevos horizontes… y no quiero ni hablar de Lionsgate…

¿Dónde están los buenos escritores de terror?

A pesar de lo que pueda parecer, no quiero decir que todo el terror que se hace ahora es malo, de hecho hay películas excelentes ahora mismo Contracted, Neon Demon, Atticus Institute, Cub, Borgman, Eden Lake, The Woman… Existen grandes títulos, de la misma forma que en los 80 y lo 90 también había películas de terror malísimas —aunque algunas ahora sean un clásico—, esas películas que rozaban la comedia.

Pero tampoco creo que me esté equivocando en mi discurso. Haz la prueba busca en Netflix cualquier película de terror desde el 2005 hasta ahora, te encontrarás con que por cada 90 minutos de filmación solo 10 son de verdadero terror, y siempre —¡¡SIEMPRE!!— son los últimos diez minutos. En fin… No te creas que en la literatura no pasa esto, porque es exactamente lo mismo. Aunque no nos guste, a la mayoría de nosotros nos cuesta manejar la tensión en las historias de terror.

Los aficionados y los amantes del género de terror nos merecemos algo más, algo mejor. We all scream for an ice cream! Todos queremos un nuevo hombre del saco o mujer del saco que nos provoque pesadillas. Queremos comprar camisetas con una estrella del firmamento oscuro. Los escritores de terror tenemos que trabajar más duro, dejar de ser vagos y enterrarnos en el fango, tenemos que mirar a otros lados, ya no valen los viejos monstruos, ni los viejos miedos. Tenemos que buscar un terror nuevo y cristalizarlo. Tenemos que ir hasta los rincones no explorados del género de terror.

Necesitamos escritores que sean capaces de asumir riesgos, ya basta fanboys. Ya basta de comer vómito, porque tengo las digestiones pesadas y esto me está matando.

Piensa en tipos como Carpenter o Craven, que se lanzaron a un género que era considerado menor, un género al que miraban por encima del hombro, siempre despreciado, siempre ignorado. Ellos supieron hacerlo grande, llevarlo a la gran pantalla, devolverle la posición que merecía y que tenía durante la época dorada de la Universal. Haz como hizo Raimi y juégatela con una extravagancia al estilo Evil Dead, una saga que ha encontrado su lugar en el mundo —a pesar de que también trataron de destrozarla con un remake terrible, horrible y denigrante—.

No creo que la pregunta sea «si veremos» a otro gran villano en el terror, la pregunta es «cuándo lo veremos», porque el terror está ahí y siempre estará ahí. La llamada de la sangre es muy poderosa y no puede ser ignorada. Puede que los monstruos se hayan marchado por ahora, pero cuando cae el sol, todos sabemos que algún día regresarán. Solo queda esperar a que regresen los grandes Hombres del Saco, quién sabe a lo mejor vienen de tu mano.