¿Cuántas veces te has dado de morros con una página en blanco? ¿Cuántas veces has recurrido al refrito? ¿Te sueles meter de lleno en los cubos de basura para rebuscar? ¿Qué haces cuando no te llega la dichosa inspiración?

Una de las cosas que más me molesta es quedarme sin ideas, algo que, dicho sea, me ocurre con bastante frecuencia. Sobre todo cuando me toca publicar un nuevo artículo de Cómo ser Blogger: Lo que nunca te contaron. Tengo una teoría al respecto, que voy a compartir con vosotros; quise hacer de esta serie una especie de bitácora sobre mis vivencias como blogger, siempre desde un punto de vista personal, no como profesional, ni como experto en SEO, ni gurú, ni chorradas por el estilo. Quiero hablar de mí y de mi relación con mi blog con mis blogs. Pero me cuesta muchísimo escribir sobre mí.

Mi problema es este, supongo cada blogger se encontrará con una barrera diferente. Puede que tu temática no de para mucho, puede que quieras escribir sobre algo en concreto pero que, a la hora de la verdad, no sepas por dónde cogerlo, a lo mejor tu problema es que te cansas rápido, que no tienes ganas, o simplemente, te has quedado sin ideas. Yo he pasado por todas esas fases en algún momento.

Esos días son horribles. Te levantas pensando: no sé cómo cojones voy a salir del paso. Entonces te sientas frente al ordenador y te encuentras con que no hay manera de arrancar, y piensas, y buscas algo por Internet, y sigues pensando…Mientras haces todo eso, una página en blanco te devuelve la mirada. Y sabes que se está riendo de ti. Quizá no la oigas reír, pero lo sabes, dentro de ti sabes que se está despollando.

La verdad es que suelo hablar mucho de este tipo de cosas, no sé porque, a lo mejor es mi comodín para los días que no sé por dónde salir. He escrito artículos con consejos para que no te falle la inspiración y ya he escrito artículos sobre los días en los que te falla la inspiración antes…Parece que me repito cuando me quedo sin ideas.

 

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Yo tengo un calendario de publicaciones, que en teoría, debería ayudarme a no perder el hilo, a no quedarme colgado con una página en blanco sin saber qué demonios hacer con ella. Pero la realidad es muy diferente, tienes tu calendario muy bien organizadito, con un tema para cada día, sobre el papel: perfecto. Entonces llega el día D, te levantas, te tomas tu café, enciendes el ordenador y…nada. No tienes ni idea de qué vas a escribir.

Te pasas una hora en una especie de bucle sin salida, dices esto, dices lo otro, pones, quitas, escribes, borras. Te levantas, te sientas, echas una meadita, te vuelves a sentar, miras por la ventana…Y no hay manera de sentirte a gusto con lo que estas haciendo.

De repente te das cuenta de que no vas a conseguir salir del paso de ninguna manera, llevas menos de 400 palabras y estás deseando terminar y ponerte a otra cosa; porque resulta que hoy no es tu día, tienes muchas cosas que escribir, tienes muchas ideas para hacerlo, pero, ninguna para esa super serie sobre tu vida como blogger, que no le importa a nadie, pero que te empeñas en escribir semana tras semana, a pesar de que ni te gusta, ni parece que le guste a nadie.

Cuando te quieres dar cuenta, llevas ya más de 600 palabras, piensas que para un artículo así está muy bien, además has hablado sobre tu vida como blogger, sobre la relación que tienes con tu blog, y además te has quejado, has lloriqueado como un bebé y te sientes un poquito mejor.

Das las gracias a tus lectores, los invitas a que comparta tu contenido, a que sigan leyendo, a que se suscriban a tu blog, y te vas de cabeza a otras cosas más interesantes, mientras piensas que la semana que viene escribirás un post cojonudo.