Hace un año que no paro de repetir en todos mis artículos: «No escribo nada, no tengo tiempo de escribir». Hace más de un año que, aunque escribo de vez en cuando, no termino nada de lo que empiezo. Y, en todo este tiempo me he dado cuenta de una cosa: si quieres escribir un libro, necesitas comprometerte.

Si estás dando tus primeros pasos en el mundo de: «voy a escribir un libro», welcome to the jungle, we don’t have fun or games. Te advierto que te encontrarás tropecientos cursos sobre cómo escribir un libro y otros tantos artículos en blogs como este sobre lo mismo.

Aunque también te vas a encontrar muchos artículos sobre la cantidad de escritores que sobran, sobre lo que no es literatura y sobre por qué deberías dejar de escribir y dedicarte a la videoconsola.

Toda esta marabunta de consejos mitad Coelho, mitad Mr. Puterful, te van a dejar amochado.

Hay un libro en ti

Así, al más puro estilo Pixar habrás leído que todos llevamos un libro en nosotros. Yo no digo que no sea así, pero no todos los libros tienen por qué salir de donde están o ser leídos.

Ni te imaginas la cantidad de veces que me dicen eso de: «¿Eres escritor? Pues te tengo que contar mi vida, porque da para un libro». Error, tu vida no da para un libro, ni para un prólogo… Date con un canto en los diente si el día de mañana te da para una esquela.

Sea como sea, no me interesan ese tipo de historias. Yo también he vivido y me han pasado cosas divertidas, humillantes, excitantes, guarronas… Como a todo el mundo. Lo que no significa que las vaya a contar/hacer leer.

Una historia debería ir más allá de un biografía aderezada con anécdotas que has cazado en el metro o que te contaron en el bar. Una historia debe entretener, debe inspirar, asustar, divertir…

Dejo la escopeta a un lado ya.

Lo que quiero explicarte en este artículo es que escribir un libro necesita un compromiso. Olvídate de lo que te hayan dicho sobre lo interesante de tu vida, solo te estaban dando coba, no les hagas caso.

Mi viaje como escritor

Yo llevo ya unos cuantos libros publicados. Mi primera novela Blackwood estaba por su cuarta edición la última vez que me preocupé en mirarlo. Después de ella publiqué una par de novelas cortas La Carne y la Sangre y La Mano del Muerto. Además de chorrocientos relatos repartidos por aquí y por allá.

Este camino no ha sido fácil, ni divertido, ni glamuroso. Ha sido un puto valle de lágrimas.

No me hice escritor del día a la mañana. Antes de Blackwood: Piel y Huesos escribí una novela que jamás verá la luz. Participé en cientos de concursos en los que no me dieron ni las gracias y trabajé gratis en varias revistas. Además, tuve varios blogs en los que escribía y, como no trabajaba y tenía tiempo libre, escribía un relato a la semana fácilmente.

Mi primera novela fue publicada cuando ya había logrado meter la cabeza en varias recopilaciones de relatos de terror. Había ganado y quedado finalista en unas pocas y, en ese momento, parece que me sonrieron los hados.

De ese proceso no guardo buen recuerdo. Y si lees por ahí lo bonito que es empezar a escribir y descubrir por ti mismo las hostias que te tiene preparado el sector editorial, es que te están engañando.

Olvídate ya de la imagen del escritor glamuroso, con su gato y su vaso de whisky. Cámbiala por la de un soldado inglés en el sitio de Somme, lleno de barro, con los ojos rojos por el gas y la cara manchada por la sangre y las tripas de sus compañeros caídos en la misma trinchera.

Cinco años después de eso, cada vez que me siento delante del procesador de textos no dejo de preguntarme de dónde coño saqué las energías y las ganas para escribir una novela y, más importante, para enfrentarme a las editoriales.

Proceso y procedimiento

Aunque leyendo este artículo no lo parezca, desde entonces he trabajado ayudando a otros escritores. He hablado con muchos y con personas que querían lanzarse a la aventura sin tener muy claro de qué va todo esto.

La mayoría lo hacen con mucha ilusión y, a los pocos meses, veo como se deshinchan. A medida que se adentran en esta ciénaga, recibiendo picaduras de mosquitos a cientos en Twitter y viendo las tenebrosas espaldas de los aligators triunfadores en Instagram, pierden esa esperanza.

Las redes sociales son un gran problema para los escritores. Sabes que no debes hacerlo, pero te comparas y, durante esos peligrosos momentos en los que el síndrome del impostor está más fuerte, eso es como quemarte a lo bonzo.

Yo, que debería estar inmunizado contra ese síndrome a estas alturas, me he empantanado. Tengo grandes historias esperando a ser contadas, pero me siento incapaz de terminar nada de lo que escribo… ¿Sabes por qué? Porque ya no estoy comprometido con la escritura.

Empiezo con mucha ilusión, con muchas ganas. Tengo buenas historias, grandes personajes y mi estilo, desarrollado a base de páginas y páginas escritas en mi blog. El primer día, me siento y escribo 3000 palabras del tirón. Profesional, muy profesional. El segundo día, con suerte escribo unas 1000 y el tercero ni me siento a escribir.

De vez en cuando regreso a ese manuscrito, rasco un poco, me emociono y a la mañana siguiente paso de todo.

El compromiso para escribir un libro

Como te he dicho por arriba lo más importante para escribir un libro —además de saber escribir y cuidar el estilo— es el compromiso.

Echando la vista atrás me he dado cuenta de que solo soy capaz de terminar mis manuscritos cuando estoy comprometido. No necesariamente con el hecho de escribir en sí, sino con algo. Con cualquier cosa que me resulte importante.

Porque, seamos serios, debes comprometerte con algo que te importe. Es como si decides hacer deporte por el hecho de hacer deporte. Sería una decisión estúpida.

En mi caso, mis compromisos fueron diferentes. Una vez fue tratar de ganar un concurso literario. Otras veces fue un compromiso con mi editorial. He terminado algún manuscrito solo por la esperanza de ganar dinero con él. Y no me siento mal por reconocerlo.

Francis Scott Fitzgerald (ojo, no trato de compararme con él, que luego nos falla la comprensión lectora y dejamos comentarios tontos) escribió alguno de sus mejores relatos por el simple hecho de ganar dinero. Por ejemplo, el relato La parte trasera del camello fue escrito para comprar un reloj de oro blanco y diamantes a Zelda.

Si de verdad quieres escribir un libro tendrás que comprometerte. No te queda otra.

Lo siento, tengo un compromiso

Cada vez que he terminado un manuscrito ha sido porque tenía un compromiso. Cuando he escrito por «amor al arte» siempre he fallado en el proceso y he terminado por abandonarlo.

A lo mejor solo es que soy vago, no lo sé.

Pero sí sé que cada vez que he escrito con un objetivo en mente, he logrado terminar mis obras. Empezando por Blackwood: Piel y Huesos que escribí para presentarla a un concurso de novela.

Más tarde escribí La Carne y la Sangre y La Mano del Muerto por compromiso con Pulpture. Me pidieron novelas cortas y, en un tiempo récord, me senté y las escribí.

Lo mismo ha sucedido con Nuestras Madres otra novela corta que escribí hace poco más de dos meses para la misma editorial. En este caso el compromiso iba más allá de la petición de la editora. Necesitaba demostrarme a mí mismo que podía escribir algo de ciencia ficción. Y lo hice.

Mi última novela escrita, Secretos de Familia (de la que os contaré cosas pronto) la escribí hace algo más de un año. En ese momento mi compromiso fue demostrarme que era capaz de volver a escribir algo, tras un parón casi total en la escritura de más de dos años.

Escribir y ser escritor

Supongo que te esperabas un artículo con X consejos para escribir un libro. Lo siento, eso ya lo escribiré cuando me quede sin ideas para artículos y tenga que seguir publicando a cualquier precio.

La verdad es que te podría dar muchos consejos, pero seguro que la mayoría serían malos. ¿Escribe todos los días? Bueno, ¿y si no puedes? ¿Y si estás demasiado cansado y no te apetece? Es cierto que tienes que escribir para no oxidarte, pero me parece una estupidez que tengas que forzarte a escribir cada día hasta que odies esto.

Esa es otra manía de los escritores: damos consejos. Lo de lo consejos… Bueno, ya sabes lo que dicen: consejos doy que para mí no tengo. Ya he hablado algunas veces sobre los malos consejos y, si me siento a pensarlo, me da para otro artículo por lo menos.

No te quiero marear más. Así que simplemente te repetiré lo que vengo diciéndote desde el principio. Si quieres escribir un libro tienes que comprometerte con algo.

¿Cómo te puedes comprometer con la escritura?

El equipo A

Unas escritoras que conozco han hecho un grupo de escritura. Se reúnen cada semana y comparten lo que han escrito entre ellas. Creo que no es una mala forma de comprometerte con la escritura. De alguna forma te obligas a cumplir los plazos.

El mentor

Otra forma de comprometerte es pagando una mentoría o un curso de escritura. Ya, ya… Pero es lo que hay. Es como lo de conducir, no hay mejor forma de concienciar sobre los peligros de la carretera que rascar el bolsillo a lo imprudentes.

Si pagas a un mentor o un curso de escritura que te exige un capítulo o un texto completo a la semana, te comprometerás, aunque solo sea por la pasta que has gastado.

Promesas que se perderán en estas cuatro paredes

Como lágrimas en la lluvia se irán. Sí, me gustan Los Piratas.

Comprométete con alguien. Yo, por ejemplo, me comprometí mentalmente (nunca se lo dije) con mi pareja a que terminaría mi primera novela. Te puede parecer una chorrada, pero yo atravesaba una época difícil (sin trabajo durante mucho tiempo y sintiéndome totalmente inútil). Me comprometí, para demostrarme que sí era capaz de terminar algo. Y lo hice.

Tú también puedes hacerlo.

Escribe una letras detrás de otra

Ya sé que te he dicho al principio que no escribo. Eso tampoco es cierto. Escribo a diario (es mi trabajo) y además escribo en este blog. Nunca, por muy agobiado que esté, por muy lejos de la escritura que me sienta, he pensado en dejar de escribir. Y cuando lo he hecho (haberlos haylos) algo dentro de mí se ha rebelado y me ha obligado a seguir escribiendo.

El motivo por el que no dejo Excentrya, por el que sigo creando contenido semana tras semana, es porque estoy comprometido con mi blog y con escribir en Internet. Me encanta, disfruto de verdad escribiendo artículos para blogs. No me canso.

Lo ideal sería encontrar este punto en mis historias… Aunque lo muy ideal sería que me tocara o tocase la lotería y poder reírme de todos desde mi yate en las islas griegas, mientras disfruto de un vaso de Lagavulin.

Si quieres escribir un libro tienes que comprometerte. No conozco un consejo mejor, ni un atajo, ni ninguna fórmula que te permita hacerlo. Debes comprometerte y trabajar. Escribir, descansar, revisar, soltar y volver a escribir. No hay más.