Así que quieres escribir un libro. No seré yo el que te quite la idea de la cabeza. Convertirte en escritor puede ser una de las mejores decisiones que tomes en tu vida. Eso sí, no esperes que sea sencillo.

Escribir un libro no es nada fácil. De hecho, es mucho más sencillo abandonar que terminar. Durante el proceso sentirás la tentación una y otra vez de tirar la toalla, te quedarás sin ideas, tu propio estilo te aburrirá, dudarás de tus habilidades, te distraerás y te verás sobrepasado por la enorme cantidad de trabajo.

Pero ¿qué pasaría si supieras?

  • Por dónde comenzar.
  • Cómo funciona cada paso de la escritura.
  • Cómo superar el miedo y la frustración.
  • Y cómo seguir adelante cuándo todo te supera.

Pues que te resultaría mucho más sencillo y rápido escribir tu libro. Hoy en día, tienes a tu disposición excelentes herramientas para escribir, que te ayudan con la planificación y la escritura.

Al final, si uno dispone de un mapa es mucho más sencillo. ¿Existe una fórmula para escribir un libro? Existen muchas, Michael Moorcock, autor de los libros de Elric de Melniboné, tenía una fórmula que le permitía escribir un libro en tres días. Todo depende de encontrar un método que te funcione y seguirlo.

Yo mismo he escrito libros en menos de una semana. He desarrollado mi propio método para escribir libros de no ficción en ese tiempo, por ejemplo mi manual Palabras Clave para Escritores. En parte, desarrollé estas técnicas porque mi trabajo lo requería (he escrito manuales técnicos) y en parte, lo hice porque disfruto mucho escribiendo libros de no-ficción.

En este artículo no te explicaré cómo escribir un libro en tres días (eso ya lo haré otro día, si quieres). En este artículo te voy a hablar de cómo empezar y terminar tu proyecto. De los pasos y los obstáculos que encontrarás y de cómo superarlos.

Primera parte: Antes de comenzar a escribir

Invierte tiempo en preparar tu libro. Créeme, es una de las mejores cosas que puedes hacer por tu escritura. No te lances a lo loco, yo lo he hecho y los resultados no suelen ser buenos.

No te lanzarías a talar un bosque con un hacha roma. Lo más seguro es que prepares una sierra eléctrica, la afiles, la engrases, tengas combustible de sobra y reúnas a una cuadrilla de leñadores profesionales.

Lo mismo sucede con la escritura. Tienes que estar preparado.

Encuentra tu espacio

Necesitas un espacio propio para escribir. Yo no soy de los que piensa que necesitas un «santuario», pero sí que debes tener un lugar en el que puedas trabajar sin distracciones.

Yo empecé a escribir en el sofá de mi casa. Con un portátil viejo. Estaba en paro, tenía mucho tiempo y, como me aburría, empecé a escribir. Esos han sido lo días que más he escrito en mi vida, porque cuando me sentaba en el sofá mi mano se dirigía sola hasta el portátil y empezaba a escribir.

El sofá no es el mejor lugar para escribir. Los escritores pasamos mucho tiempo sentados y escribiendo, por lo que la postura es esencial. Encuentra un lugar tranquilo, cómodo y, a ser posible, en el que te puedas encerrar.

A pesar de todo esto, un escritor debe ser capaz de escribir en cualquier parte. Los hay que lo hacen en cafés, bibliotecas, restaurantes… Yo he escrito incluso en la sala de espera del hospital (en mi teléfono). También en la oficina, siempre que tenía un hueco o un rato libre.

Las herramientas del escritor

Hoy en día disponemos de muchísimas herramientas para escritores tanto gratuitas como de pago. También tienes la posibilidad de escribir a mano, con lápiz y papel.

Cada escritor tiene sus programas favoritos. Microsoft Word y Google Docs son dos de las mejores opciones. En parte porque son aplicaciones que usamos a diario y que no requieren una inversión de tiempo para aprender a manejarlos.

Para los más puristas existe Scrivener, una aplicación para novelistas que ofrece grandes opciones. Es ideal para organizar la información, para gestionar los capítulos, los personajes y ofrece herramientas para crear una escaleta. Su mayor problema es su curva de aprendizaje que puede ser muy pronunciada.

Si quieres más herramientas para escritores, aquí tienes mi artículo sobre herramientas para escritores que seguro que te será de gran utilidad.

Segunda parte: El libro por partes

Escribir un libro es una gran tarea. Muchos escritores dividen el trabajo por partes, ya sabes lo que dicen: la mejor forma de comerse a un elefante es bocado a bocado. Si percibes tu libro como un solo bloque de 400 páginas, tu cerebro lo percibirá como una tarea monstruosa.

Tienes que entender un libro como lo que es: un manuscrito formado por palabras, párrafos y páginas. A medida que escribas palabras, aparecerán párrafos y con cada párrafo se añadirán más páginas la proyecto.

Puedes empezar por reducir la idea de tu libro a una premisa: una sola frase que describa tu libro. Cuánto más específica y descriptiva sea, más fácil te resultará centrarte en ella mientras la escribes.

Pero, ¿cómo resumes tu libro en una sola frase? Esa es la cuestión.

Destilando la gran idea

El buen whisky se destila. Es decir, de todo un barril de «sopa» solo una pequeña parte se convierte en whisky. Los mejores whiskies, como el Lagavulin o el Talisker se destilan hasta dos veces. El proceso de destilado limpia todas las impurezas y filtra solo el líquido puro.

Pero antes de destilar, necesitas crear la «sopa». La «sopa» en este caso es tu gran idea. Para que puedas destilarla, tiene que ser una buena idea, que te apasione, que sea lo primero en lo que piensas cada mañana, que te empuja al teclado a diario y te mantiene sentado en la silla. Tiene que ser excitante para ti, pero también debe serlo para todos los que la escuchan.

Una mala idea —o una que no sea lo suficientemente buena— puede ser la culpable de un abandono. Muchas de las historias que dejamos a medias, tienen como base una mala premisa. Quizá era una idea genial para un relato, pero no iba más allá de eso.

Hay muchos libros en las estanterías, no te puedes permitir jugártela. La premisa de tu libro, la frase que pondrías en la faja del mismo, debe ser lo suficientemente buena para que tu lector salive.

¿Cómo sabes que una idea es lo bastante buena? Es más sencillo de lo que parece, no hay ninguna fórmula. Simplemente, las mejores ideas son las que se te quedan clavadas en la cabeza y permanecen ahí años, creciendo en silencio. Hasta que las escribes.

Escribir una escaleta para tu libro

Una vez tienes clara la idea y sabes que es buena, ha llegado el momento de hacer un esquema.

Los cohetes y naves que llegan a la luna no se construyen sin más. Hay todo un proceso detrás. Alguien tiene una idea y un grupo de ingenieros realiza un estudio completo, con cálculos complicados y un montón de planos.

No hace falta que hagas muchos cálculos, ni siquiera es necesario que hagas una escaleta completa —si eres escritor de brújula la escaleta puede ser una losa muy pesada—. Solo tienes que hacer un esquema, para no perderte durante el proceso de escritura.

Escritores de mapa y escritores de brújula
La escaleta debe ser una herramienta que te ayude a avanzar. Si te hace perder tiempo o te estancas en su escritura, es que no lo estás haciendo bien.

Yo soy de los que, como dice Stephen King, me siento y me limito a lanzar personajes y ponerlos en situaciones difícil a ver qué pasa. Soy escritor de brújula, me dejo llevar casi siempre, sin embargo, no suelo empezar desde cero. Siempre tengo un ligero esquema con los personajes y el rumbo de la novela.

Si eres escritor de mapa, ya sabrás que la escaleta es tu mejor compañero de viaje. Crea fichas de personajes y descompón tu novela capítulo a capítulo o mejor, escena a escena.

Los escritores solemos perder el interés en lo que escribimos en la mitad. En este punto, el objeto deja de brillar. Yo lo llamo «la pájara», como la que sufren los ciclistas y los corredores de maratón. En este punto, una escaleta o un esquema pueden ser de gran ayuda, guiándote durante esas páginas tan pesadas y llevándote hacia el final.

Ya te he dicho que soy escritor de brújula. Sin embargo, trabajo con esquemas. Cada vez que tengo una idea (de las que permanece más de dos días en mi cabeza), la anoto. Lo hago a mano, porque para mí es una de las mejores formas de interiorizar una idea. Anoto un título (provisional) y luego empiezo anotando las principales escenas (así es cómo yo visualizo una novela, veo escenas y personajes en mi cabeza) por puntos.

A partir de aquí, trabajo con el esquema. Algunas veces lo dejo tal y como está, otras veces añado escenas, personajes, ideas o incluso frases. Para mí, lo más importantes es que sea un esquema corto, de una o dos páginas. Algo con lo que pueda trabajar sin agobiarme —a lo que soy MUY propenso—.

Si eres de esas personas metódicas, que necesitan ir del punto A al B pasando por todos los intermedios, te recomiendo el artículo que Ana Bolox escribió en mi blog sobre el Método del Copo de Nieve.

Horario de escritura

¿Cuánto tiempo dedicas a escribir? Si tienes una respuesta de dos o tres palabras, guay, puedes seguir adelante. Si tienes una respuesta larga y con alguna excusa que contenga un «cuando» por ahí, sigue leyendo este punto.

Yo he escrito a trompicones toda mi vida. Escribía CUANDO tenía tiempo. CUANDO estaba inspirado. CUANDO me dejaba el trabajo. Siempre escribía CUANDO, lo que se traducía en que la mayoría de días no me sentaba a escribir. Tenía cantidad de excusas para evitar sentirme culpable:

  • No estoy motivado.
  • Lo que hago no va a ningún lado.
  • Tengo mucho trabajo.
  • Trabajo escribiendo y mi creatividad se agota.
  • Solo escribo cuando estoy inspirado.
  • Estoy bloqueado.

Luego, Ana González Duque sacó su legendario látigo de siete colas y me obligó a ponerme un horario de escritura. Me hizo crear una tarea roca —que al principio me até al cuello— y me obligué a cumplir con ella cada día. Empecé por poco: media hora al día.

No te voy a engañar, los primeros días son duros. Tu cerebro se revuelve. A él no le gustan las obligaciones y, aunque es el mismo mamón que te ha puesto la idea frente a los ojos, ahora que tiene que esforzarse, lucha para hacer otras cosas. Por suerte, tras unos días empezarás a relajarte. La tarea roca se convertirá en una rutina y lo harás sin tanta resistencia.

Puedes escribir media hora todos los días. Una hora al día. O escribir tres horas cada día de viernes a domingo. No importa. Aunque si quieres escribir, lo mínimo que vas a tener que dedicar son 6 horas a la semana.

Si te estás preguntando cómo encontrar tiempo para escribir, tengo una mala noticia para ti: no se puede encontrar tiempo para escribir, tienes que crearlo tú. Si quieres escribir, tendrás que sacrificar algo.

Un objetivo y una fecha

Otra de las cosas que he aprendido de Ana es poner fechas límite. Sin una fecha que me muerda el culo, me despisto. Soy de esas personas que necesitan motivación constante.

Los escritores rara vez nos ponemos una fecha límite. Pero si estás escribiendo tu primera novela y quieres asegurarte de que la terminas, deberías empezar a ponerte fechas. Anota en tu calendario esa fecha, dile a tu pareja o a un amigo que «tal día» tendrás la novela terminada. Anúncialo en tus redes sociales y haz de ese día una fiesta de guardar.

Con una fecha en mente, sabrás cuántas páginas escribir al día. Ojo al dato: marca objetivos realistas. No pretendas escribir una novela de 10.000 páginas en un mes.

Si no tienes claras las páginas o palabras que escribes al día, experimenta unos días. Controla el trabajo en cada sesión (puedes utilizar una hoja de Excel con el tiempo de escritura y las palabras).

Si, como yo, eres un desastre con las fechas límite y el tiempo para escribir, en este blog encontrarás un artículo de Ana González Duque que te explica cómo organizarte para ser un escritor profesional.

Eres procrastinador, y lo sabes

Todo el mundo es procrastinador. Algunas personas lo tienen más controlado que otras, pero todos lo somos.

Yo soy un grandísimo procrastinador. Si tengo tiempo por delante para un encargo, lo voy dejando hasta que llega la última semana. Esto me ha creado varios problemas a lo largo de mi carrera. Desde hace un tiempo, me estoy quitando.

El truco está en convertir la procrastinación en parte del proceso. La procrastinación es inevitable, pero mientras nos distraemos, nuestro cerebro sigue trabajando en la novela. Escribes, descansas y, cuando regresas al texto, tu subconsciente ha seguido trabajando en ella y, a veces, te encuentras alguna que otra sorpresa.

Yo me distraigo mucho. Me cuesta mantener la concentración más de una hora completa —hay días que me cuesta mantenerla más de treinta minutos seguidos—. El problema es que, si me dejo ir, puedo empezar a saltar de vídeo en vídeo y pasar una hora en YouTube.

Procrastinar como parte de la escritura de tu libro.
Este año, el campeonato de Payasos de Rodeo de Idaho está que lo peta, voy a verme las últimas jornadas en YouTube.

La solución es aceptar la procrastinación y meterla dentro del proceso. He empezado a trabajar por bloques de tiempo. Cada 30 minutos —más o menos— me doy 5 para procrastinar. En esos 5 minutos puedo jugar en Facebook, estirar las piernas o ir a YouTube, pero solo en esos 5 minutos. Cuando salta el temporizador, lo apago todo y regreso al trabajo.

Tampoco corto el trabajo sin más. Si estoy trabajando concentrado en un artículo y creo que puedo seguir, no me detengo. Sigo adelante hasta que empiezo a notar que se me va la cabeza. Si ha sido una hora o tres cuartos, sumo el porcentaje adecuado a mi «rato procrastinador».

Elimina las distracciones

Yo me distraigo con todo. Muchas veces he estado terminando una frase y, antes de hacerlo, me he puesto a revisar el correo porque me ha saltado una notificación.

Como te he explicado, todos somos procrastinadores. A nuestro cerebro le encanta evadirse y quiere alternativas divertidas y sencillas a todas nuestras actividades. Por eso prefiere jugar a Candy Crush que escribir.

Hoy en día hay muchas aplicaciones que bloquean las notificaciones e incluso te bloquean el navegador. Si aún así tienes problemas, desconecta el router cuando escribas. O deja el ordenador y escribe a mano.

Haz lo que sea, pero tienes que comprometerte con los tiempos.

Investigar para tu novela

Incluso una novela de fantasía que tiene lugar en un mundo inventado por ti necesitará investigación. Es parte del proceso.

Los detalles técnicos, históricos y la lógica deben ser correctos. La novela, aunque se trate de ciencia ficción o fantasía, debe ser creíble. Si vas a escribir un libro de no ficción, la investigación todavía es más importante, incluso si eres un experto en el tema que tratas.

Tu credibilidad como escritor dependerá de tus detalles. Hoy en día tiene la herramienta más potente conocida por el hombre para investigar sobre cualquier tema: Internet. Ojo, porque tiene sus trampas: no toda la información es correcta. No creas todo lo que encuentres, no te fíes mucho de la información de blogs y foros —a menos que puedas contrastarla y que esté escrita por expertos reconocidos en una materia— y, por supuesto, lo que leas en la Wikipédia contrástalo punto por punto.

Tercera parte: escribir el libro

¿Quién es tu lector?

Esta parte es tan importante que deberías tener un post-it en tu ordenador con ella. Tu obligación como escritor es conocer a tus lectores. Tienes que saber qué buscan en una historia, qué les gusta leer, cómo prefieren a los personajes. Cada decisión que tomes durante la escritura de tu manuscrito debería pasar por este filtro: ¿le gustará a tu lector?

Entiendo que hay muchos consejos por ahí sobre escribir a puerta cerrada. Escribe lo que a ti te gustaría leer. Escribe tu historia. Y en cierta manera, son buenos consejos; ningún escritor puede escribir pensando siempre en sus lectores. En cambio, sí que debes tenerlos presentes siempre, ya que al final serán ellos los que lean tu obra.

Escribe tu historia, pero hazlo para tus lectores. No escribas para ti, ni para las editoriales, ni siquiera para los agentes. Escribe para tu lector, para esa persona que ama la literatura —tu literatura—.

En cierta manera, tú también eres tu lector, así que no es tan complicado. ¿Una escena te aburre? Pues si te aburre a ti, también aburrirá a tus lectores. Reescribe o elimina esa escena. Gran parte de este trabajo se basa en el instinto y como lector —porque para ser escritor, tienes que ser también lector—, habrás desarrollado un buen instinto.

Si te intriga, te asusta, te emociona o te hace reír, seguramente también al lector.

Tienes la obligación de conocer a tu lector. Para hacerlo, puedes utilizar mi guía para encontrar a tu lector ideal.

Encontrar tu voz

Encontrar tu estilo como escritor no es tan complicado como parece. El 90% consiste en escribir.

Los primeros textos que salgan de ti serán garabatos. Se parecen mucho a lo que escriben tus autores favoritos, tendrán fallos de sintaxis, de estructura y serán timoratos y previsibles.

No pasa nada, nadie nace aprendido. Olvídate de esos que hablan del talento. Como dice Stephen King: «el talento es tan común como la sal en la mesa, lo que diferencia a un escritor de verdad de uno mediocre, es el trabajo constante».

Escribe. Escribe mucho. Escribe a diario. Prueba con diferentes narradores, cambia de género, escribe relatos, microrrelatos, poemas. Juega. Igual que hacías cuando de pequeño te regalaban una libreta y un paquete de lápices. No te cortes, escribe la primer mierda que se te ocurra y luego sigue escribiendo.

Tu voz será aquella con la que te encuentres más cómodo. Y no hay una fórmula secreta para encontrarla, solo escribiendo la hallarás.

Hay una anécdota sobre Hunter S. Thompson (autor de Miedo y Asco en las Vegas) que me encanta. Él mismo contó que, cuando empezó con el periodismo escribía fatal, así que se propuso crear un estilo propio. Para hacerlo, tomó como ejemplo a Fitzgerald. Concretamente, El Gran Gatsby. Durante meses, copió a mano El Gran Gatsby una y otra vez, hasta que un buen día, sin darse cuenta, había interiorizado el estilo de Fitzgerald y lo había incorporado al suyo. Según Thompson, la clave estuvo en hacerlo a mano, según él es así como mejor se interioriza el estilo y las inflexiones del lenguaje (quizá por la memoria muscular).

Si estás luchando por encontrar tu voz, te dejó por aquí este artículo que escribí hace un tiempo sobre el tema. Espero que te sirva de ayuda.

Una frase para dominarlas a todas

Empezar a escribir un libro es, seguramente, la parte más difícil. Todavía más complicada es la primera frase. No sabría cómo explicar lo realmente importante que puede llegar a ser. En realidad, una primera frase lo es casi todo.

Ahí tienes esos ejemplos:

  • «El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él». La Torre Oscura I: El pistolero, Stephen King.
  • «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto». La metamorfosis, Kafka.
  • «Las familias felices son todas iguales; las infelices lo son cada una a su manera». Ana Karenina, León Tolstoi.
  • «Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez». El viejo y el mar, Ernest Hemingway.
  • «Hoy ha muerto mamá. A quizá ayer. No lo sé». El Extranjero, Albert Camus.

No quiero meterte más presión, pero no hay ninguna frase que importe tanto como la primera. No tengas prisa. Tienes que masticarla, escribirla, borrarla y escribirla unas cuantas veces más. Las necesarias, las que haga falta.

Pon todos tus sentidos y emociones en esa primera frase. Si escribes la mejor primera frase posible, habrás enganchado al lector.

Si necesitas ayuda, te dejo este artículo que escribí con 35 consejos para escribir un libro.

Conflicto y tensión

Si escribes una novela en la que todo va bien y todo el mundo es feliz no engancharás a nadie. A no ser, que esa felicidad esconda algo más oscuro, quizá un mundo distópico en el que, si no eres feliz un ser demoníaco absorbe tu alma.

La tensión y el conflicto son esenciales para escribir un libro.
Esta es la cara de tu lector cuando lee por tercera vez el desayuno completo de tus protagonistas.

¿Tus personajes están comiendo en casa tranquilamente? Haz que uno de ellos diga algo que incomode al otro o que lo haga enfadar.

A los lectores les encanta el conflicto. ¿Qué pasa con esa pareja que estaba comiendo tranquilamente? ¿Qué se escondía en su pasado que no conocíamos y que ha hecho estallar una riña? ¿Uno de los dos fue infiel?

La tensión y el conflicto son los dos ingredientes que dan sabor a una novela. Cada capítulo debe terminar con un suceso que aumente la tensión y que obligue a tu lector a seguir leyendo.

Dispara al editor

No hay nada peor que un escritor que no escribe porque es un perfeccionista. Es una imagen triste.

Todos somos perfeccionistas. Queremos que cada frase sea perfecta, pero eso es imposible. Al menos, durante la primera escritura.

Apaga a tu editor interno. El primer borrador tiene que estar lleno de faltas, repeticiones, frases redundantes y otras salvajadas por el estilo. Lo importante, cuando trabajas en tu primer borrador, es que lo termines y que lo hagas dentro del tiempo que te has marcado.

No será fácil escribir un libro si te paras cada dos frases a revisar y cambiar cosas. No se puede ser corrector y creador al mismo tiempo.

Hazlo de la forma que más te convenga. Hay escritores que no revisan nada hasta un par de semanas después de haber terminado el manuscrito (yo soy de estos). Pero hay otros que, antes de arrancar la sesión de escritura, prefieren revisar las últimas líneas del día anterior.

Lo importante es que llegues hasta el final. Que termines de escribir el libro. Una vez terminado, ya tendrás tiempo de corregir y reescribir todo desde el primer hasta el último párrafo.

Prepárate para el maratón

La mayoría de los escritores que abandonan una novela, lo hacen más o menos a mitad. Yo lo llamo «la pájara». Como lo que les pasa a los ciclistas.

La parte central de una novela es como un desierto. Parece interminable y es árida, aburrida, no hay nada en el horizonte, solo arena. Ni siquiera hay bares.

Empezar está bien, la emoción te lleva en volandas durante esas primeras 30 o 40 páginas, pero cuando llegas a las 100… La emoción se ha marchado y estás solo, arrastrándote en el barro.

En este punto es muy fácil perderse. Empiezas a escribir «al bulto» o añades más escenas solo para «engordar» el manuscrito.

La solución a este problema está en dos puntos: la escaleta y los tiempos. Asegúrate de que, al crear la escaleta, tus capítulos centrales aportan algo a la historia; es fácil abandonar, la idea ya no brilla y cuesta mucho mantener el ritmo y la tensión. Aquí es cuando entra en juego el tiempo límite, si dejas de teclear o abandonas, no llegarás a tiempo.

Tienes que luchar contra ti mismo. Si hace falta, vuelve atrás, revisa la escaleta, añade alguna subtrama… haz lo que sea necesario para mantener la atención del lector.

Teme a «la pájara» porque tarde o temprano llegará. A mí me llega con cada proyecto. Tengo una decena de novelas abandonadas en la mitad, novelas con una buena trama, con grandes personajes… Novelas que se merecen ser terminadas. Prepárate para hacer frente a «la pájara» y no te permitas desfallecer.

Un final a lo grande

El final, igual que la primera frase, es la parte más importante de tu libro —sí, se pueden tener dos «partes más importantes»—. Asegúrate de que escribes un final que deja todo bien cerrado, que sea gratificante para el lector y que resuene en su cabeza durante un tiempo.

No tengas prisa. Los últimos capítulos son muy excitantes, la adrenalina fluye porque estamos terminando una tarea titánica y quieres finiquitar cuánto antes. No lo hagas, no te precipites, ni precipites las cosas.

No le hagas trampas al lector. No cierres con un deus ex machina o con algo totalmente impredecible e ilógico. Si tu lector se siente engañado por cómo has cerrado el libro, no volverá a leerte. Como decía Aristóteles, los finales tienen que ser inesperados, pero inevitables.

Si tienes varias ideas sobre cómo puede terminar tu libro, escoge siempre la más emocional. A los lectores les encantan las emociones y disfrutarán más de lo emocional que de lo racional.

Cuarta parte: reescribiendo tu libro

¿Quién teme al editor feroz?

Los agentes y los editores juzgarán tu manuscrito por las primeras diez páginas —con suerte—. Es injusto, pero es así. Por las mesas de los editores y de los agentes pasan a diario decenas de manuscritos, han leído muchísimo y son capaces de separar «el polvo de la paja» rápidamente. Acepta esto cuanto antes si quieres ser escritor.

¿Cómo lo hacen? Muy sencillo, son capaces de reconocer cuánto trabajo de edición requiere un libro a primera vista.

Tienes que convertirte en el editor más cabrón del mundo. Eso significa:

  • Omite palabras innecesarias.
  • Escoge las palabras más sencillas —elimina las que necesitan una visita al diccionario—.
  • Evita redundancias.
  • Evita construcciones verbales extrañas.
  • Elimina coletillas.
  • Evita usar las palabras: «eso», «cosa». Utiliza el lenguaje con propiedad.
  • Deja que sea el lector el que lea y entienda, no se lo expliques todo.
  • Evita convertirte en director de escena —no cuentes cada movimiento de tus personajes al detalle—.
  • No te pases con los adjetivos.

¿Cuándo sabrás que has terminado con la revisión? Cuando en lugar de mejorar tu libro lo estás cambiando. No es sencillo saber cuando pasas de una a la otra, pero con la experiencia lo sabrás.

Encuentra a tu Gandalf

Encuentra a alguien que haya pasado por lo mismo que tú y que lo haya superado. Busca a alguien que te ahorre años de cagadas de novato y que te ayude a mejorar día a día.

Tienes que asegurarte de que sea una persona que conoce realmente el mundo de la literatura, la edición y que sepa cómo funciona publicar un libro. Siempre es mejor trabajar con alguien que tenga experiencia publicando con editoriales, pero también por su cuenta.

Conclusión

A partir de aquí, ya solo queda decidir cómo vas a publicar tu libro, pero eso es material para otro artículo.

Yo lo dejo aquí. Estos son mis consejos, basados en mi propio proceso para escribir y en mis años de experiencia en todo esto de la escritura. Espero haber ayudado, motivado o inspirado. Me encantaría que, tras leer esta guía decidas que ha llegado el momento de escribir tu libro.

Si es así, házmelo saber en un comentario, me encantará saber que has comenzado. Y si tienes otros consejos o quieres compartir tu método conmigo, también puedes hacerlo en los comentarios.