Si sueles leer mi blog, ya habrás visto muchas veces que suelo repetir ese mantra de: «el terror es un género muy maleable». Lo cierto es que lo es, el terror se adapta muy bien a todos los tiempos, porque justamente se alimenta de una de las emociones más poderosas del mundo: el miedo.

¿Por qué te cuento esto ahora? Pues porque yo, como escritor de terror, me veo incapaz de escribir ahora mismo. Tampoco leo. No sé a quién o qué culpar, no me siento especialmente ansioso, ya que mi vida no es tan diferente a cómo era antes de la cuarentena, y tampoco me preocupa excesivamente las consecuencias de la pandemia. No me malinterpretes, no soy insensible o inconsciente, simplemente no suelo preocuparme por las cosas que escapan a mis posibilidades.

Bueno, te acabo de decir que ni leo ni escribo. Y es algo que he visto mucho en las redes sociales. Estamos viviendo en el sueño húmedo de cualquier «escritor barra niño rata» y la triste realidad es que ni escribimos ni leemos.

Ansiedad y aburrimiento

La verdad es que no me apetece ni leer ni escribir. Trabajo, como llevo haciendo cada día desde hace años, pero no me apetece nada sentarme a escribir. ¿Para qué? Cualquier historia que se me ocurra jamás será tan histriónica, loca y enrevesada como la situación actual.

Para escribir necesitas concentrarte, tener cierta estabilidad mental que, al menos a mí, me está faltando estos días. Si quieres que te diga la verdad, cada día pierdo un poco más de cordura, es como un grifo que gotea; para ponerte un ejemplo, el sábado me dio un ataque de risa. Sin más, de repente empecé a reí y no podía parar… Estuve riendo como un gil casi una hora y la pobre María, me miraba con cara de póker, asustada.

No me gustaría liarme a escribir diarios de la pandemia, ni chorradas por el estilo. Para eso están los figurines de Instagram que se graban y te cuentan lo bien que están llevando esto, haciendo pan y aplaudiendo como monos amaestrados.

Tampoco te creas que me apetece mucho sentarme y escribir artículos para el blog. Ya habrás visto que lo tengo bastante parado estos días. La triste realidad es que tenía un calendario muy bonito, con posts sobre relatos cortos de terror para promocionar un poco mi antología de relatos… Pero todo se ha quedado colgado. Libro, calendario, artículos… Ahí es donde se ve lo pronto que se jode todo y lo poco que le importan nuestros planes al universo.

Escribir en los tiempos del COVID-19

No sé qué pasará después de todo esto. No quiero pensar que el desastre se nos llevará a todos, ya que los libros serán tan necesarios (quizá más) cuando todo esto pase, como lo eran hace 800 años cuando la Peste Negra hizo desaparecer a casi la mitad de la población de Europa.

Supongo que habrá que escribir, en algún momento, quizá cuando se estabilice y la luz aparezca al final del túnel. Tal vez, cuando esto acabe y no tengamos esa presión psicológica que nos produce la incertidumbre, me siente y escriba.

No lo sé. Son tiempos extraños y los meses que vienen, serán meses extraños. Habrá que sobreponerse, centrarse, respirar y retomar nuestras vidas. Hay que escribir, es necesario. Eso sí, por favor, nada de escribir sobre pandemias, sobre personajes encerrados que se descubren a sí mismos… Porque yo llevo tres semanas encerrado y no me he descubierto… Solo me he ido volviendo un poco más loco.

En fin, no me queda más que decir. Solo he querido pasarme por aquí para que sepáis que estoy bien, que aguanto y que sigo por aquí, preparando cosas para seguir compartiendo cosas con vosotros.

Tranquilos, respirad y quedaos en casa. Todo esto pasará y tendremos que seguir adelante. Escribiendo, leyendo o haciendo otras cosas, pero habrá que seguir adelante.