Déjame que lo adivine: llevas un montón de tiempo con una buena idea en la cabeza. Está ahí constantemente. Es como una migraña, te ataca cada vez que cierras los ojos. No paras de pensar en personajes, diálogos y situaciones. Estás deseando empezar a escribir tu libro.

Hay algo dentro de ti que te dice que la idea es buena. El problema es que no has escrito nunca. Al menos, no lo has hecho en serio. Hay un montón de preguntas que te asaltan. Dudas sobre la estructura de la novela, sobre los diálogos y los personajes. Dudas incluso de si merece la pena ser escritor hoy en día.

Es normal. Empezar a escribir un libro no es tan sencillo. Créeme. Yo lo hice. Un buen día me dije: «voy a escribir un libro». Y me puse a teclear. Me pase dos meses tecleando. Al final, escribí un libro. Pero era horrible (lo sigue siendo, por eso lo mantengo oculto en mi ordenador). Los personajes cambiaban de nombre, estaba lleno de faltas de ortografía, no había equilibrio entre las diferentes partes de la narración y los diálogos eran terribles.

Mi segundo libro mejoró un poquito. Incluso llegué a publicarlo. Pero era, en palabras de King, como una galleta horneada por un niño: requemada por fuera y blanda por dentro. Seguía cometiendo errores de estilo, los diálogos seguían siendo ortopédicos y, en general, tenía muchos fallos. Pero ya era mejor que el primero.

Ya te puedes imaginar lo que pasó con el tercero. Y el cuarto… A día de hoy he escrito siete novelas. Y solo he publicado dos.

¿Ves por dónde voy?

Escribir una novela también es un trabajo

Hace un tiempo, una buena amiga publicó en este blog un artículo en el que afirmaba que publicar una novela en una editorial es muy parecido a salir a buscar trabajo. Las editoriales tienen en cuenta la experiencia del escritor. Es normal, ¿no te parece?

En mi caso, tuve la enorme suerte de que una editorial decidió confiar en mí. No es la única. Ahí fuera hay un montón de buenas editoriales independientes, con editores que andan a la caza de nuevos talentos.

Pero no es lo más habitual.

Al contrario. Lo más normal es que la experiencia tenga cierto peso en la decisión de los editores. Más allá de los seguidores de tu blog y tus redes sociales. A los editores les gusta saber que van a trabajar con una persona que sabe lo que hace.

¿Por qué te digo todo esto? Por una razón muy simple. A menudo veo que la gente confunde escribir un libro con publicar un libro. Son dos cosas diferentes. Yo he escrito muchos libros, pero solo he publicado dos.

Antes de meterme en consejos para empezar a escribir una novela, quiero darte un solo consejo. Uno de corazón. Escribe si de verdad te gusta. No lo hagas para publicar. Esta claro que es lo que todos queremos publicar y ser reconocidos (eso y ganar pasta… y que te hagan una adaptación los de Netflix), pero entiende que tienes que escribir muchos libros antes de publicar uno bueno.

Cómo empezar a escribir un libro

Ahora sí.

Hoy te voy a contar cómo empezar a escribir un libro. Pero lo voy a hacer a mi manera… Que a lo mejor te parece un poco caótica, pero es la que me funciona. Bueno, es con la que yo trabajo. No quiero que te tomes esto como una especie de fórmula del éxito. No lo es.

Solo un apunte, he escrito siete novelas, pero tengo unas veinte a medias en el disco duro.Una cosa es empezar y otra terminar. Escribir una novela necesita que te impliques.

1. Escribir: tiempo y espacio

Para escribir necesitas tener un espacio propio. Un lugar cómodo en el que poder escribir. Como mínimo necesitarás un ordenador (o una máquina de escribir o una libreta), un escritorio, una silla y tiempo.

El año pasado fue bastante duro para mí. Tuve que mudarme tres veces. Cada vez que nos movíamos, tenía que buscar un nuevo espacio desde el que trabajar y escribir. A pesar de todo, logré sacar adelante varios proyectos, entre ellos una novela y un relato largo.

Crea tu espacio. Debe ser un lugar en el que te sientas cómodo y en el que, si lo necesitas, puedas aislarte del exterior. Esto significa que tal vez tengas que cerrar la puerta a tu madre, a tu pareja, a tus hijos o a tu gato (no, a tu gato no, no seamos crueles). Debe ser un lugar limpio o un caos (a mí me funciona el típico montón de papeles, tazas de café, cables y material de oficina). En resumen, debe ser un espacio que te guste y en el que puedas pasar muchas horas.

Porque vas a pasar muchas horas en él.

Tampoco te iría mal disponer de una conexión a internet. Y sé que ahora mismo estáis con las manos a la cabeza, porque este es como el anticonsejo. Pero, mira, hoy en día necesitas una conexión. Ya sea porque te gusta escribir escuchando a Hevia (si eres tan guay como yo y recuerdas a Hevia, por favor, deja un comentario) o porque trabajas en Drive o guardas todo tu progreso en la nube.

Yo solía escribir en Scrivener, pero me resultaba engorroso el método para sincronizar el programa con la nube y me fallaba mogollón. Además, era un coñazo tener que instalarlo en todos mis ordenadores. Al final, opté por trabajar con Drive. Hace más de un año que escribo todo en Drive y la verdad es que estoy encantado. Pero no importa si utilizar OpenOffice, Word, Scrivener o Typora, mi consejo es que tengas tus archivos en la nube y puedas acceder a ellos en cualquier momento.

¿Tiempo o espacio?

Para escribir un libro tienes que comprometerte a fondo con el proyecto. Esto significa que vas a tener que escribir todos los días… O casi todos.

La mejor forma de saber si estás cumpliendo o no con tu objetivo es controlar tu escritura. Esto lo puedes hacer de muchas formas. Durante un tiempo, me obligué a escribir 500 palabras al día. Fue un intento (fútil) de crear un hábito, la idea era que si podía escribir 500 palabras al día durante 21 días, al final conseguiría crear un hábito de escritura diario.

No lo conseguí. Escribí mis 500 palabras durante 21 días y luego estuve semanas sin escribir. No tiene nada de malo, simplemente no es así como escribo. Hay semanas en las que no escribo nada y otras en las que escribo 6000 palabras al día. Cada uno tenemos nuestros métodos.

No te agobies. Pero controla lo que haces. Si funcionas bien contando las palabras, crea una hoja en Excel y anota lo que escribes cada día. Si prefieres trabajar por tiempo, utiliza aplicaciones como Toggl y cronometra el tiempo de escritura.

De nuevo, para empezar a escribir un libro, necesitas sentirte lo más cómodo posible.

2. La idea para escribir

Ahora que ya tienes tu espacio, las herramientas y te has comprometido, vamos a ver qué escribimos, ¿no?

En principio, te diría que ninguna idea es mala de por sí. Para gustos colores, lo que significa que siempre habrá alguien al que le guste tu idea. El problema es que, si pretendes escribir para un público más o menos grande, tendrás que encontrar una idea que no sea la historia de una cabra bicéfala en busca de las pestañas del poder, que le permitirán reinar sobre una granja de animales veganos (mierda, es una idea buenísima).

Fuera de bromas, ya sabes a lo que me refiero. No hay ninguna idea mala en su concepción, pero en su ejecución la cosa cambia.

Si llevas lo de escribir muy adentro seguro que guardarás notas con ideas. Puede que tengas una «ideaca» (dícese de aquella idea que se te pega como un caramelo de café con leche a los dientes y te asalta cuando quieres dormir o te estás duchando), entonces anota tantos detalles como puedas y crea un mapa mental, una escaleta o un resumen a partir de esas notas.

¿No tienes un sistema para ordenar tus ideas? Hazte con uno ya. O con varios. Yo utilizo Evernote, Google Keep, un grupo de Whatsapp y también libretas. Tengo decenas de libretas llenas de ideas, escaletas y resúmenes de futuras novelas. A mí me gusta trabajar en los dos formatos, el físico me sirve muy bien para tomar notas mientras leo o cuando estoy por casa. Las aplicaciones de notas son todoterreno y me permiten capturar notas de voz, imágenes, artículos…

Trata de mantener cierto orden en tus notas y tus ideas. Google Keep te permite crear etiquetas y cambiar el color de las notas. Evernote tiene un sistema de carpetas y etiquetas bastante útil. Y seguro que Onenote tiene otras cosas chulas… Escoge la aplicación que más se te adapte.

Notas para escribir un libro
Cuando empiezas ya no puedes parar. Al final, sabes que morirás enterrado en libretas y notas para futuros relatos y novelas.

Pero es que yo no tengo ideas… ¿cómo empiezo a escribir mi libro?

Hace unos meses escribí este artículo sobre cómo escribir una novela cuando no tienes ideas y, a pesar de que el tonto de turno se pasó para decir que si no tienes ideas no deberías escribir, la verdad es que sí deberías hacerlo. Y hay formas de encontrar ideas.

¿Cómo puedes encontrar ideas cuando no las tienes? Muy sencillo:

Yo tengo mi propio disparador, se trata de un caja que he llenado con palabras (pedacitos de papel con palabras escritas). Cuando me atasco, saco 5 o 6 papelitos y escribo un relato (1500 o 2000 palabras) utilizando todas las palabras.

Puede parecer un ejercicio de lo más simple, pero no os imagináis lo efectivo que es. La última vez que lo hice me sirvió como germen para una idea mucho más grande en la que estoy trabajando a ratos.

Hay otras muchas formas de encontrar ideas e inspiración.

  • Sal a pasear.
  • Ponte una película.
  • Investiga en Google.
  • Busca en Google: «curiosidades sobre…»
  • Lee las noticias.
  • Visita blogs.
  • Lee un libro.
  • Escoge un libro de tu escritor favorito y trata de imitar su estilo.
  • Escribe un fanfic.

Ya lo ves, hay muchas formas de obtener ideas para empezar a escribir un libro.

Vale, ya tengo mi idea, ¿qué hago ahora?

Si eres escritor de brújula como yo, lo más seguro es que te lanzarás a escribir.

El problema de escribir «a lo loco» es que muchas veces acabas perdiendo el hilo de la narración. Esto suele pasar sobre la mitad de la novela, es la sima de las 100 páginas. En este punto, la historia frena un poco el ritmo y escribir se vuelve pesado. Si no tiene un mapa o una guía, puedes cansarte y lanzar la toalla.

A mí me pasa bastante, la mayoría de las novelas que tengo abandonadas tienen unas 40.000 palabras escritas, es decir, las dejo justo en la mitad… Cuando llega el momento ese tan aburrido en el que no sucede nada.

Cuando escribí Secretos de Familia me obligué a no cagarla. ¿Cómo lo hice? Creando una buena escaleta. Aunque no me gustan los mapas, no me resultó tan pesado escribir con escaleta. Empecé haciendo un esquema muy amplio, con las ideas que me iban surgiendo en la cabeza. Luego fue perfilando más y más cada parte, hasta que tuve una escaleta completa, capítulo a capítulo.

Al ser escritor de brújula, uno de mis mayores defectos es el equilibrio. Suelo tener problemas entre la primera y la segunda parte de la novela. La escaleta te permite analizar el equilibrio de cada parte y trazar una estructura perfecta para tu novela.

Si te gusta planificar, puedes hacerlo tanto como quieras. A mí no me gusta, no soporto hacer fichas de personajes. Mis personajes van creciendo a medida que los escribo y eso me divierte, porque descubro cosas que no sabía sobre ellos, reacciones naturales que, de otra forma, no conseguiría.

3. Escribir

Ya tienes tu espacio, te has comprometido, has encontrado una idea y has planificado cómo avanzar en tu historia. Ahora viene lo bueno, ponerte a escribir.

No te voy a dar consejos sobre cómo escribir tu novela en este artículo. En este blog tienes muchos artículos sobre cómo escribir un libro. Por ejemplo, este con más de 30 consejos o este otro con malos consejos que deberías olvidar. Si te saben a poco, internet está lleno de consejos y de cursos de escritura.

Lo único que sirve a partir de este punto es que te sientes y escribas. Si no escribas, jamás terminarás ni comenzarás a escribir un libro. Es así de sencillo, todo lo demás son tonterías.

Sí que te voy a dar un consejo: no te agobies.

Si te pareces a mí, seguro que te agobia hacer tareas por obligación. Para mí, es casi como una reacción alérgica. Antes de haber publicado nada, escribía todos los días y me lo pasaba genial imaginando historias. Escribí tres novelas del tirón y no sé cuántos cientos de relatos. En cuanto las cosas empezaron a ponerse serias, escribir me producía urticaria. A día de hoy, sigo peleando con eso.

Tienes que disfrutar del proceso. Si no te gusta, si en algún momento empiezas a pensar que estás perdiendo el tiempo, que esto no es para ti o que te va a costar un pastizal publicar tu libro, cierra el procesador y dedícate a otra cosa. No te agobies. Me dirás que es una mierda de consejo y yo te diré que es el mejor consejo (y seguramente el más sincero) que vas a leer en cualquier blog.

La mitad de tu novela: el lugar al que las novelas van a morir

Si existe una especie de cementerio de elefantes para novelas que se abandonan a medias, ese es la parte central.

Es bastante habitual que, a llegar a la mitad de la novela, empieces a perder fuelle. Las escenas son más tranquilas (de hecho aquí es cuando «no pasa nada»), los capítulos se nos hacen largos y nos da la impresión de que nuestros personajes aburren con tanta charla. En esta parte de tu novela, si has gestionado bien la estructura, las acciones frenan y hay un momento de calma.

Es el ojo del huracán.

La mitad de la novela y el bajón correspondiente.
No te agobies. La mitad de la novela es aburrida de escribir, pero si la superas, las cosas mejoran. Y mucho. Dale caña.

El problema es que para el escritor esa parte es muy aburrida. Bajas el ritmo y la tensión y te entran las dudas. ¿Funcionan estos personajes? ¿Qué esperaba metiendo aquí al primo tercero de mi protagonista? ¿En una novela steampunk puedo meter un caballo diésel o debería ser a vapor? Como te he dicho antes: no te agobies.

La novela no es un sprint. No tienes que correr hacia la meta como una flecha. Se trata más bien de un maratón. Piensa en los escritores de toda la vida, algunos tardaban años en terminar un primer borrador y luego, otros tantos en terminar las revisiones. ¿Por qué tienes que escribir 50.000 palabras en un mes? ¿En serio crees que eso te hará mejor escritor? Piénsatelo bien.

No hay que tener prisa. Si al llegar a la mitad de la novela te agobias, te entran las dudas o te aburres (que suele ser lo más habitual), deja que descanse. Vete a dar un paseo. Sal por ahí a tomar unas cervezas y unos pinchos.

O mejor aún: sáltate esa parte aburrida. Tienes que escribir una novela, pero no tienes por qué hacerlo en línea recta (a menos que seas TOC). Si te aburres y sientes que vas a dejar la novela, pasa a otra escena. Salta al final de la novela. Pasa a la tercera parte, al desarrollo. Escribe las escenas de más acción para sumergirte de nuevo en la historia y deja las partes aburridas para después, para cuando hayas terminado del todo.

Permiso para dar asco. Permiso concedido.

No seas crítico contigo mismo. Ya sé que es difícil. Imposible, si quieres. Pero tienes que intentarlo. Date permiso para dar asco. Sé amable contigo y escribe, no importa si para ti es muy malo. Escribe y avanza.

Cuando estés escribiendo el primer borrador de tu novela, necesitas dar asco. Tienes que coger a tu crítico interior, amordazarlo y meterlo en un pozo en el sótano. Baja de vez en cuando a llevarle crema hidratante, pero asegúrate de que no salga de ahí hasta que hayas terminado de escribir.

Cuando hayas terminado de escribir tu borrador. Cuando lo hayas dejado descansar un par de semanas o un mes, entonces podrás bajar y sacarlo del agujero.

Conclusión

En un mundo ideal, empezar a escribir un libro sería tan sencillo como ponerse y hacerlo. Por desgracia, los problemas casi nunca tienen que ver con el proceso en sí, sino con el escritor y sus dudas.

Tal vez debería haber empezado esta artículo diciendo esto: si quieres escribir un libro, si crees que tienes una buena idea, hazlo. Siéntate y empieza a escribir tu libro.

Si ya has empezado, mucho ánimo y sigue adelante. Y si te apetece, deja un comentario y habla sobre tu proceso y sobre lo que hiciste para empezar a escribir un libro. Seguro que entre todos podemos aprender mucho.