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El terror es el género más complicado. Por eso te doy algunos consejos para comenzar a escribir terror y no caer en los errores de siempre. ¿Te apetece pasar un poco de miedo?

Cómo comenzar a escribir terror

El terror es, junto a la comedia, uno de los géneros más complicados de escribir. El miedo siempre es personal y asustar a alguien, es más difícil que hacerlo reír. Comenzar a escribir terror es, para cualquier escritor, un salto de fe. El terror, por desgracia, también es constantemente ignorado por la mayoría de las grandes editoriales. Lectores y escritores, miran por encima del hombro a este género que, en el fondo, es la base de casi toda la literatura de género.

Escribir terror se ha convertido en un ejercicio cada vez más complejo, por culpa de los cambios que vivimos en nuestra sociedad. Cada día nos bombardean con noticias e imágenes que dejan cualquier historia de terror, en una simple anécdota. Lejos han quedado los tiempos en que bastaba la presencia de un cuervo para asustar a los lectores. El escritor de terror moderno, tiene que bucear mucho más en sus propios miedos si quiere arrancar un escalofrío a sus lectores.

Y no es que el terror se haya refinado, sus bases siguen siendo las mismas. Al contrario de la ciencia ficción, que en los últimos años se aleja de la exploración espacial y se centra en el ser humano y sus límites, el terror sigue siendo el miedo a lo desconocido. Han cambiado los temas y ciertos tropos del género, pero en esencia apenas ha cambiado en los 200 años que han pasado desde la publicación de Frankenstein.

Cómo comenzar a escribir terror

Antes de comenzar a escribir terror, tienes que entender cómo funciona el miedo. Al contrario que la literatura romántica o la ciencia ficción, el terror funciona a nivel emocional. Si, como dicen algunos psicólogos, solo existen dos sentimientos primarios, el miedo es uno de ellos —el amor sería el otro—.

El miedo

El miedo es algo personal. Sabes muy bien lo que es tener miedo, muchas veces a lo largo de tu vida hasta estado asustado. Sin embargo, percibimos el miedo de forma distinta. Cada uno de nosotros tiene unos miedo distintos y pocas veces apreciamos el terror de la misma manera.

Para ponerte un ejemplo, las historias que más miedo me dan son las de posesiones y exorcismos. Supongo que uno de mis grandes miedos es el de perder el control de mí mismo y ser obligado a realizar actos contra mi voluntad. O puede que tenga que ver, simplemente, con haber crecido dentro de una familia de raíces religiosas y que sencillamente me de mucho miedo que le pase algo a mi alma. A mi novia, en cambio, ese tipo de historias la dejan fría, pero es incapaz de ver entera una película como Los Extraños. Le aterra que alguien pueda entrar en casa y agredir a otra persona con total impunidad.

Para comenzar a escribir terror tienes que entender este punto. El miedo hunde sus raíces muy profundamente en cada uno de nosotros. El miedo se tiñe de nuestras experiencias, si alguna vez te atacó un perro, tendrás miedo de los perros y un libro como Cujo, puede dejarte temblando. Una forma de escribir una gran historia de terror, es hacerlo desde tu propio miedo. Escribe sobre lo que temes y deja que el lector conecte con tu miedo.

El miedo es completamente subjetivo. Lo que funciona para ti, puede que no funcione para otros. A lo mejor tú no soportas las arañas, o puede que sientas pánico al quedarte encerrado… Hay una enorme lista de terrores comunes, así que escoge uno que te motive.

El género

El terror, como todos los géneros, tiene sus clichés y sus arquetipos. Para comenzar a escribir terror necesitas entender el género. No puedes escribir terror sin haber leído jamás una historia de terror, de la misma forma que no puedes conducir un coche, sin haber tomado clases. El resultado en ambos casos sería un desastre.

Tienes que entender a los arquetipos del terror para usarlos en tus narraciones. Ciertos personajes, como el fantasma, el vampiro o el hombre lobo, son arquetipos. Los arquetipos son formas conocidas, que nos traen a la cabeza imágenes que podemos reconocer con facilidad.

Los clichés, en cambio, son fórmulas que han sido usadas hasta la saciedad y que deberíamos evitar a toda costa. Escenas como la de la niñera sola en casa o frases como «¡Corre!» o «¡No mires atrás!», tienen que ser descartadas.

Tienes que leer mucho terror para disponer de las herramientas que te permitan identificar los clichés y los tropos del género.

El terror verdadero

El terror, como dice Stephen King, puede funcionar a muchos niveles; el asco es uno de ellos. Puedes escribir una historia llena de sangre y de cabezas cortadas, pero seguramente aburrirás al lector, que pronto descubrirá una sencilla fórmula: cuchillo, sangre, muerte horrible, más sangre. El asco y el gore, si se abusa de ellos pierden su efecto.

Sin embargo el miedo nunca pierde efecto. Las historias de terror deben escribirse desde el foco del miedo, de la amenaza. No deberías abusar de la sangre. Juega a mostrar sin enseñar, mantén al lector al borde del asiento y, solo cuando se relaje, lánzale un cubo de sangre en toda la cara.

Las historias de terror no necesitan ser rápidas. Al contrario, la mayoría de ellas se beneficia de una narración tranquila, con un ritmo calmado y tenso. El miedo necesita de la oscuridad para florecer. No tengas prisa en contar las cosas, deja pequeñas pistas y juega con la anticipación. No lo muestres todo, dale su espacio a la ambigüedad, deja que sea el lector el que imagine qué será esa silueta y lograrás que se sienta incómodo.

Necesitas un buen fondo de armario

Esto es algo que saben los grandes del género. Si quieres comenzar a escribir terror, tienes que leer mucho terror. Lee a Hill, Barker, Koontz, Straub, King, Lovecraft o Poe, lee con atención y cuando tengas que apartar la vista del libro para asegurarte de que no hay nada acechándote, pregúntate cómo ha conseguido el escritor hacerte sentir miedo.

Lee siempre con un cuaderno al lado. Anota las frases que te impacten. Copia los pasajes que te han hecho pasar miedo y trata de replicarlos —replicar, no plagiar— en tus textos. Anota también los personajes, los temas recurrentes… Lee con propiedad, busca algo más allá de la simple lectura.

No tengas miedo de leer. No te quedes en los grandes del género; necesitas ir mucho más allá. Recupera los libros Pesadillas de R.L Stine o los cómicos de Cuentos del Guardián de la Cripta. Busca los viejos episodios de Agallas el Perro Cobarde y los de Scooby Doo.

Bucea en el Círculo Lovecraft, busca relatos de fantasía de Robert. E. Howard y aprende sobre el uso de elementos de terror en la fantasía. Lee a Ambrose Bierce a ETA Hoffman y los cuentos de los hermanos Grimm.

Más allá de la literatura

Deja los libros y visita los clásicos de los maestros del terror. Desde Yo anduve con un zombie, hasta el remake de IT. Aprende de las grandes películas de terror de los 70 y los 80; Halloween, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Candyman, La Matanza de Texas, Suspiria, Scream o La Noche de los Muertos Vivientes.

Busca información sobre psicópatas. Pásate horas en wikipedia buscando información sobre miedos y fóbias. Haz una lista con los miedos más comunes, otra de los lugares que suelen provocar miedo, lee sobre lugares y objetos malditos, sobre malas personas. Pregúntate qué es lo que te da miedo, sácalo de dentro y escribe sobre eso.

Aprende, absorbe como una esponja y cuando creas que ya estás preparado, sigue aprendiendo.

Pulsar la tecla adecuada

Una de las partes más divertidas de escribir terror es que nunca sabes qué te va a asustar hasta que lo hace. Y lo mismo le pasa a tus lectores, puede que escribas un pasaje terrorífico y que tus lectores lo lean sin inmutarse, pero que se mueran de miedo con un personaje o con cualquier otra imágen. Yo mismo, me llevé un susto tremendo en Quien pierde paga de Stephen King y estoy seguro de que era un momento en el que King no pretendía asustar.

Tienes que mantener a tu lector en un estado continuo de tensión. Aumenta la tensión mediante el conflicto en la obra, mantén al lector al borde del asiento y presiona el nervio del miedo en el instante adecuado. Hazlo saltar cuando menos se lo espere. Si el lector está recibiendo continuamente sustos fáciles, se aburrirá o se cansará, por eso jamás deberías abusar del susto.

Tienes que ser sutil, al escribir terror, menos es más. Cualquier cosa que el lector pueda imaginar será mil veces peor que lo que tú escribas. Deja que imagine, deja que crea lo que quiera.

Escribir terror es escribir

Con el terror sucede algo que no sucede con el resto de géneros. Uno sabe que está leyendo una novela histórica, de ciencia ficción o de fantasía… Sin embargo, con el terror puede estar leyendo todo eso y a la vez, una historia de terror.

Un libro como Helter Skelter, la historia de Charles Manson, es a la vez una narración histórica y un verdadero libro de terror en el que se narran terribles acontecimientos y los crímenes de la Familia de Manson. En Aliens o en Horizonte Final, estamos viendo ciencia ficción, pero lo que subyace es terror. Los Ojos del Dragón de Stephen King, La Casa en el Confín de la Tierra de William Hope Hodgson y muchos de los relatos de Robert E. Howard son narraciones de fantasía, pero el horror está presente en todas ellas.

El terror es un género de frontera. Puedes hacer terror con cualquier género y cualquier género puede adaptarse al terror con solo introducir ciertos elementos. Incluso dos géneros tan diferentes como la comedia y el terror, han encontrado puntos en común y si no te lo crees pregunta a mi amigo R.R López.

El terror en ti

Al final el mejor truco para escribir terror que existe es escribir sobre lo que te da miedo a ti. Las narraciones de Lovecraft sobre el mar, gustan porque el autor tenía un miedo terrible al mar. Eso se nota en la lectura, se contagia en el lector, que no puede dejar de pensar en qué puede haber ahí abajo, escondido en las profundidades y listo para cogerte de la pierna cuando estás despistado.

El escritor de terror debe ser miedoso. Si escribes con miedo, contagiarás a tus lectores y no hay mejor forma de asustar a tus lectores que esa. Oblígales a ver la sombra que acaba de pasar por la puerta de tu habitación ahora mismo.

Hasta aquí mis consejos para comenzar a escribir terror. A partir de aquí lo mejor es escribir. Escribe, no tengas miedo de probar cosas, de escribir sobre temas complicados o escabrosos. Practica, escribe, aprende y vuelve a empezar. Explora los límites de tus miedos y disfruta. ¿Qué es lo que te da miedo a ti? ¿Te atreverías a escribir sobre tus miedos?

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2 Comentarios. Dejar nuevo

¡Ya era hora de que volvieras a hablar de terror! Se echaba de menos. Y muchísimas gracias por la mención 😉

Personalmente, al principio cuando escribía intentaba que todo diera muucho susto, de contar lo acojonados que estaban los personajes y el pavor que sentían, pero me di cuenta de una cosa, sobre todo cuando dirigía partidas de rol de terror.

Si intentas asustar, puede que cargues demasiado las tintas, que haya quien lo encuentre desagradable o ridículo, y nada te garantiza que se logre el efecto, por el componente subjetivo de los miedos que explicas en el artículo.

Por eso al final me limité a contar los hechos de la historia, tratando de crear suspense, siendo descriptivo, pero sin querer o no asustar. Al final lo narrado creará el efecto que adecuado si el lector es receptivo a ese miedo, y si no, por lo menos, crearás el interés en la trama, en la historia y en el suspense.

Para ello creo que es muy útil hacer como Lovecraft, y crear atmósfera e insinuar más que contar.

Tal y como conté en tu blog en alguno de mis post como invitado, los libros que más miedo han dado a los lectores de los que he escrito son, paradójicamente, los ensayos sobre temas paranormales, en los que intento narrar desde una perspectiva objetiva, sin artificio literario, pero el mero hecho en sí basta para que la persona que lo lee, si lo contempla como posible en su esquema de creencias, se asuste, mientras que la persona escéptica lo percibirá como un hecho curioso.

Así de puñetero es este género que tanto amamos.

Me ha encantado el artículo.

Un abrazo.

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Y yo me pregunto si hay algún género al que nadie mire por encima del hombro… Biquiños!

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