Hace muchos años escribí en el blog sobre la falta de buenos monstruos. Después de la oleada de grandes antagonistas de los años 70 y 80, el cine y la literatura han quedado huérfanos de grandes monstruos. Jason Voorhes y su madre, Freddy Kruegger, Michael Myers, Pennywise o Pinhead son grandes referentes del terror, pero hoy en día los antagonistas no son lo que eran.

¿Cuánto tiempo hace que no encuentras antagonistas a la altura del xenomorfo de Alien? Un gran villano es el pilar de una buena historia. Sin Moriarty, Sherlock es solo un drogadicto sabelotodo. Sin el Joker, Batman es solo un tipo rico y violento con un traje de murciélago y mucho tiempo libre.

El gran antagonista hace a un héroe grande. Sin ellos, tus protagonistas no brillarán, por eso es importante saber crear grandes villanos.

¿Cómo se perfila a un villano terrible?

Si te fijas bien, los héroes son muy predecibles. En circunstancias normales, la mayoría son terriblemente aburridos. Ahí tienes al huevo sin sal de Clark Kent o al panoli de Peter Parker (sí, Parker, eres un pringao). Solo cuando entra en escena el antagonista y comienza a sembrar el caos tienen una oportunidad para demostrar de qué pasta están hechos.

Pero no basta con señalar a un tipo que pasa por ahí y gritarle al lector: ¡Ese de ahí! ¡Ese es el malo! ¡Mira que cara de malo tiene! Necesitas mostrar al lector lo malvado y peligroso que puede llegar a ser. Tienes que entender qué es lo que le hace malvado. El lector —y el escritor— tiene que creer que el antagonista puede vencer.

Para perfilar a ese villano terrible como Randall Flagg o Pinhead, dispones de una herramienta narrativa: crear escenas que perfilen la maravillosa personalidad de nuestros antagonistas. No tienes que escribirlas todas en una misma obra, pero no está de más que sepas que existen.

Escena 1: antes de ser antagonistas. El origen del mal

Todos los villanos tienen su origen. La mayoría no nace siendo malo. Todos tienen una mamá que los quiere —o no, a lo mejor ahí está el problema, como el de Norman Bates en Psicósis—.

Contar el origen de tu antagonista conecta al lector con su esencia. Si el lector conoce las circunstancias que cambiaron el rumbo de su vida, puede empatizar con él. En este momento, tu villano aún tiene rasgos de humanidad, es un instante dramático de cambio.

Nos sentimos muy mal cuando Palpatine se aprovecha de Anakin y lo obliga a cumplir con la orden 66. Su transformación en Darth Vader es dolorosa para el espectador, que ve como el más grande de los Jedi cae en el Lado Oscuro de la fuerza.

Puedes hacer que tu antagonista se enfrente a un problema común. Por ejemplo, imagina un hombre al que han separado de sus hijos en un divorcio injusto. O mejor aún, imagina a una madre a la que le han arrancado a sus hijos en un divorcio injusto. ¿Crees que no tiene madera para convertirse en una villana?

Escena 2: la presentación

Ya sabes lo que dicen de las primeras impresiones. La primera vez que tus lectores vean al antagonista deben quedar impresionados. Será ese primer crimen, esa primera frase, esa primera muestra de maldad la que marcará el tono y la talla de tu antagonista.

La primera vez que vemos a los Nazgul en La Comunidad del Anillo sentimos escalofríos. Un jinete oscuro que persigue sin descanso a los hobbits por campos y bosques. Frodo sabe desde el principio que el camino no será sencillo con los espíritus negros pisándole los talones.

Cuánto más grande sea tu héroe, mayor debe ser tu villano. Si escribes terror, cuánto más normal sea tu protagonista, más fuerte deberá ser tu antagonista. Pennywise es un ser de más allá de las estrellas, con un poder increíble, domina las mentes de los habitantes de Derry y ha vivido eones y son unos simples niños los que se enfrentan a ese terror cósmico.

Escena 3: la primera confrontación

Ese es el momento en el que los dos rivales se medirán por primera vez. Es la moneda al aire antes del partido. El momento en el que héroe y villano se enfrentan cara a cara por primera vez es una oportunidad maravillosa para demostrar que tu antagonista puede ser un serio peligro para el héroe.

Cuando los Lannister ponen un pie por primera vez en Invernalia, ya sabemos que serán un gran problema para los Stark.

Estos enfrentamientos son la mejor forma que tienes para revelar que tu antagonista es capaz de encontrar un hueco en la defensa del protagonista. Hasta este momento, el héroe es fuerte, resolutivo y bueno; pero cuando queda cara a cara con su enemigo, tenemos que ver que quizá no era tan bueno como pensábamos. Puede que tenga que esforzarse mucho para salir victorioso.

Escena 4: la derrota temporal de nuestro protagonista

Esta es una escena necesaria en cualquier narración. A ningún lector le gusta que todo vaya bien siempre. Si tu héroe es tan fuerte que gana siempre, el resultado serán lectores aburridos. El lector quiere emoción, quiere sentir que el héroe puede fallar. Tiene que pensar que las cosas pueden acabar mal.

En algún punto de la narración, el villano debe ir ganando. Voldemort recupera su forma humana y pone a Hogwarts bajo asedio. Para que la historia tenga conflicto, tenemos que ver al héroe vencido en algún momento.

Escena 5: el monólogo

El monólogo de los antagonistas es ese momento que todos esperamos, el que nos encanta odiar. Ya sabes a lo que me refiero: James Bond está atado sobre la tabla, el láser se acerca lentamente hacia él. Sintiendo la inevitable derrota del agente secreto, el villano decide que ha llegado el momento de desvelar sus maléficos planes.

Sabemos que es un error. Sabemos que nuestro héroe aprovechará ese momento para escapar. Pero te lo vas a tragar igualmente porque sabes que es un momento muy importante en la historia.

Es un momento importante porque nos muestra lo que pasará si el antagonista le gana la partida al héroe. También nos da una visión más clara sobre las intenciones, motivaciones y aspiraciones de nuestro villano. ¿Busca dinero? ¿Poder? ¿Es simplemente una persona malvada?

Durante el monólogo tienes que hacer que tu lector vea el mundo desde los ojos de tu antagonista.

Escena 6: la redención parcial

Solo los mejores antagonistas tienen escenas de redención. En este tipo de escenas, durante un instante, podemos llegar a creer que hay algo de humano en el monstruo. Puede que solo sea un segundo, pero durante esta escena tienes que convencer al lector de que el villano puede redimirse.

Es ese momento en el que Gollum ayuda desinteresadamente a Frodo antes de meterlo de lleno en la guarida de Ella la Araña. Es el instante en el que Long John Silver se gana la confianza de Jim antes de desvelar su verdadera naturaleza de cazatesoros despiadado.

Si logras engañar al lector, tu villano será inolvidable.

Tienes que dar espacio a tu villano

Al igual que sucede con el héroe, el villano necesita espacio para crecer. Tienes que darle el suficiente espacio en tu novela para que crezca y muestre al lector de lo que es capaz. Sin el suficiente protagonismo, será un personaje plano, poco más que una piedra en el camino.

Yo te he puesto seis escenas como ejemplo. Por supuesto, puede haber más. También menos, la decisión la final es tuya. Como siempre, esto no está escrito en piedra, puede que uses las seis escenas, alguna de ellas o ninguna. Sea como sea, danos un antagonista con fuerza.