En este artículo hablaré de El Huésped de Drácula o El invitado de Drácula. Se trata de un anexo a la obra original de Stoker que narra el viaje de Jonathan Harker a través del peligroso paso del Borgo y su estancia en el castillo del Conde Drácula. El Huésped de Drácula sienta las bases de lo que será el resto de la obra.

En este artículo quiero analizar algunos de los puntos fuertes de estos primeros capítulos de Drácula y explicar cómo nos pueden ayudar a escribir mejores historias de terror.

El invitado de Drácula

Los primeros capítulos de Drácula de Bram Stoker establecen la atmósfera que reinará en todo el relato, construyendo una sensación de miedo a través de la combinación de varios elementos clásicos del terror victoriano (los lobos, el cementerio, los espectros).

Drácula es una especie de novela de paso. La literatura gótica era un concepto anticuado y excitante para los estoicos victorianos, que no gustaban ya de los personajes melodramáticos y manieristas o las hiperdescripciones tan típicas del gótico.

El estilo mundano con el que Stoker arranca Dracula es habitual en las obras de su tiempo, sigue sin desviarse las actitudes y normas de la sociedad victoriana, pero no tarda en mostrar la paradójica naturaleza de su novela, esa yuxtaposición entre lo natural y lo sobrenatural.

Stoker crea una atmósfera terrorífica introduciendo lo que más aterra al público victoriano: lo inexplicable. Stoker explota este factor desde el inicio con las misteriosas llamas azules, la fuerza sobrenatural de su cochero o la extraña presencia en la cripta que está a punto de atraparlo.

Drácula y la atmósfera de miedo

Stoker crea la terrorífica atmósfera poco a poco y desde el primer momento. En el primer capítulo introduce a Jonathan Harker, un abogado inocentón de clase media que viaja hacia el este para cerrar un negocio. Harker representa el ideal del hombre victoriano: inteligente, valiente, amante de la razón, aventurero y bastante naif.

Portada de El huésped de Drácula
Portada de El Huésped de Drácula

Nada más arrancar su viaje, Harker se enfrenta por primera vez a lo desconocido.

El primer elemento extraño para Harker es la comida que le sirven. Es fuerte y picante, lo que le lleva a entender que ya no está en casa. Algo tan simple como la comida, arranca al público victoriano de la seguridad de su cultura cristiana y los hace sentir incómodos cuando Harker no para de beber y aún así sigue sediento.

El tema cultural continua con la descripción de los eslavos habitantes de la zona. Al principio parecen simples campesinos, pero a medida que los observa le resultan más amenazadores, «como una banda de bandidos». Este es otro elemento aterrador para un solitario viajero victoriano de la época.

La oscuridad es un elemento fundamental de la literatura gótica y algo que fascina al propio Harker, es misteriosa y nos brinda un elemento subliminal e insidioso. Durante las primeras páginas Jonathan se muestra como un personaje más bien simple. Stoker logra esto convirtiendo a Harker en un mero testigo, no hace nada, solo anota todo aquello que hace, ve o piensa.

Un toque de realidad

Entonces llega a Bistriz, cerca del infame paso del Borgo. Harker arriba en la víspera del día de San Jorge, una noche en la que «las cosas demoníacas campan por el mundo». En este punto, Stoker se vale de lugares y creencias reales para revestir su narración de realidad, creando mayor tensión y sensación de miedo.

Además, Bistriz tiene un oscuro pasado de grandes incendios, un asedio de tres semanas y otras historias de plagas y hambruna. De nuevo, esto crea tensión en el lector y remarca que no es un lugar seguro. Entonces llegan las advertencias de los habitantes, particularmente el de la dueña del establecimiento, que le entrega un crucifijo y le ruega «por su madre» que lo acepte. Está claro que la mujer sabe que algo oscuro aguarda la partida de Harker.

Además, la gente reunida fuera del hotel no paran de mencionar a Satán, el infierno o la bruja y hacen la señal del mal de ojo. Stoker no permite dudar al lector: Jonathan Harker se enfrenta a un destino terrible.

El viaje en carreta y el Borgo

A medida que el primer capítulo avanza, Stoker añade suspense con más referencias a las amenazas que acosan la imaginación de Harker. El misterio se crea a través de elementos sobrenaturales: cuando el cochero le advierte «verás muchas cosas antes de ir a dormir» y el uso del lenguaje con frases como «era evidente que algo inesperado iba a suceder» o las llamas azules que vislumbra.

Todos estos elementos crean una tensión en el lector, se construye un mundo oscuro y se nos muestra que algo terrible acecha al narrador.

Stoker utiliza a Harker para crear miedo al lector. Jonathan Harker es un personaje tan normal que los lectores victorianos se sienten reflejados en su lucha. La «normalidad» del personaje implica al lector, le hace sentir también «una terrible soledad».

Monstruosos sonidos animales como un perro aullando generan terror y la referencia a «una mano como de acero que agarró mi brazo» o el «anillo de lobos», todos son elementos terribles que nos demuestran lo indefenso que está Harker frente a lo que le acecha.

El capítulo termina con otra referencia sobrenatural, el cochero salta del coche y toma el control de los lobos, haciendo que se retiren. Esta acción causa una profunda impresión en Harker e introduce las principales características de lo que será Dracula a partir del siguiente capítulo.

Imagen del cochero de El Huésped de Drácula.
Aunque no se desvela la identidad del cochero, sospechamos desde el inicio de su viaje que es un ser sobrenatural.

El castillo de Drácula

La descripción inicial del castillo de Drácula es ominosa y melancólica, produce una extraña sensación de anticipación, es casi como un mal presentimiento. Describe una una inmensa puerta, de madera y «largos clavos de hierro», que nos hace pensar en los viejos castillo medievales, algo muy propio del gótico.

Stoker se hace valer de la inocencia de Harker para aumentar la sensación de terror. Harker tilda su aventura por el Borgo de «horrenda» y de «oscura pesadilla». De alguna manera está vaticinando su propio destino con estas frases.

Harker debería sospechar de Drácula, cuya mano «se parecía más a la de un hombre muerto que a la de un vivo», sin embargo, no se da cuenta y es esa inocente ceguera la que tensa al lector que sí sabe lo que se espera.

La primera señal de Drácula es una «luz mortecina», lo que resulta irónico pues la luz es el símbolo de la esperanza, pero en este caso esa esperanza se convierte en terror. De nuevo, otro elemento que añade tensión y suspense.

Una de las primeras señales de que Drácula no es lo que parece, es cuando aúllan los lobos y dice: «¡Qué música tan preciosa hacen!». A Harker, los aullidos le ponen los pelos de punta, pero para el conde, son una música dulce. De nuevo, otro elemento sutil y terrorífico.

Los muertos no usan cubiertos

La descripción del interior del castillo y de las cosas que hay en él, son otro elemento que Stoker emplea para crear terror. Hay mucho oro y telas de fabricación excelente (tapices, cortinas…), todo ello hace pensar que Drácula es alguien rico y con poder.

También se menciona que la decoración, los cubiertos y todo lo que hay en castillo debe tener siglos de antigüedad y que, sin embargo, están limpios y «en orden», esto sugiere que nunca se utilizan. Aquí tenemos otra pista de la extraña naturaleza del conde, no vive como los hombres, lo que es terrorífico.

Drácula, además, avisa a Harker de que evite ciertas zonas del castillo, «no desea ir allí». Esta frase es amenazadora y sugiere que hay peligros acechando dentro del propio castillo.

El Conde Drácula

La descripción de los dientes del conde, «largos, afilados, de aspecto canino» es terrible, porque lo bestializa, indicando que hay algo sobrenatural en él. Tiene una clara connotación predatoria, sugiere que Drácula es peligroso y que atacará a otros animales (incluyendo a los humanos).

Al final del capítulo, Harker se da cuenta de que Drácula no se refleja en el espejo. «No había ningún reflejo suyo en el espejo». Esto asusta a Jonathan y lo incomoda profundamente. También, cuando Drácula observa la sangre en el cuello de Harker, «sus ojos brillaron con una furia demoníaca», aunque se esfuma rápidamente cuando toca el crucifijo.

Aquí se crea un punto de inflexión en la novela. Se nos muestra a las claras que Drácula es un ser maligno, un demonio que causará terror. Es la primera vez que se muestra la naturaleza maligna del conde, otro elemento clave en la literatura gótica, que ayuda a evocar terror.

Al final del segundo capítulo, Harker parece despertar y ver la realidad. Se da cuenta de que el castillo es una cárcel y que él es prisionero del conde. Harker se da cuenta de que Drácula es un monstruo y que está en peligro, lo que asusta a los lectores, porque tenemos por Jonathan que es una víctima inocente.

La oposición gótica

Stoker arranca el capítulo tres con la oposición gótica, ese manierismo que muestra la lucha entre el bien y el mal. Jonathan Harker, con su crucifijo que «en tiempo de soledad y problemas resulta reconfortante» se enfrenta al mal que representa el conde.

La de Stoker no es la única novela de finales del siglo XIX que presenta el sentimiento de que un mal gigantesco hace peligrar la soberanía cristiana de occidente. El hecho de que un demonio sobrenatural desafíe la omnipotencia de Dios en la Tierra, es algo que aterrorizaba al público victoriano.

Stoker analiza la figura de Drácula en este capítulo. Harker tiene que ir con cuidado, «no despertar las sospechas del conde» y nos sugiere con esa frase que Drácula es una bestia dormida, que podría resultar muy peligroso. Esto añade más suspense y mantiene ese halo de terror. Además, Harker está a punto de perder la cordura cuando ve al conde «bajando por los muros del castillo, reptando como un lagarto».

En esta escena ya se nos muestra al conde como un ser abiertamente sobrenatural, con rasgos propios de un reptil, algo que se asociaba en la época con el mal.

El tabú victoriano: el sexo

A continuación, Stoker introduce a las «novias» del conde. Sus esposas vampíricas. Estas criaturas son horribles a los ojos de un lector victoriano porque representan uno de sus principales tabús: la sexualidad. Representan uno de los peores Pecados Capitales, la lujuria.

El terror que mejor representa a la obra de Stoker, es un miedo puramente masculino: es el miedo a la sexualidad y el deseo carnal. Una de las novias de Drácula se arrodilla frente a Harker y se le acerca regocijándose, el se siente hechizado, «ardiendo de deseo».

El Huésped de Drácula y las esposas vampíricas

Este pasaje debió de impresionar a los lectores victorianos. Stoker presenta a las novias como demonios seductores, lo que aumenta el halo de terror de la narración. Una de las novias «arquea el cuello», «se pasa la lengua por los labios y los diente», todos estos movimientos son propios de los felinos, representan a unas mujeres sensuales y, al mismo tiempo, peligrosas.

Stoker utiliza un oxímoron para describir lo que siente Jonathan ante la visión de las vampiras «emoción y repulsión». Harker es atraído por lo sobrenatural y, al mismo tiempo, se siente asqueado, teme a las criaturas y al inmenso poder que siente en ellas.

Para la sociedad victoriana, que pensaba que el hombre banco cristiano era lo más alto de la creación, era terrorífico pensar que otras criaturas extrañas podían ser más poderosas. Además, las vampiresas se muestran como refinadas damas, pero pronto la fachada cae y se rompe la ilusión.

Tres malas madres

De nuevo encontramos la dualidad gótica, el alter ego maligno que tanto aterroriza al lector victoriano, para el que el principal rol de la mujer es el de ser buena madre, algo que estos tres monstruos no representan en absoluto. En lugar de eso, se convierten en criaturas demoníacas «llenas de furia y rabia» y se lanzan como lobos a matar y devorar a un niño.

Esta escena, que para la época debió ser particularmente violenta, hace que el propio Jonathan Harker se desmaye y construye uno de los pasajes más terribles de la obra.

Otro tabú victoriano: la homosexualidad

Sorprendentemente, en mitad de tan sangrienta y terrible escena, Stoker introduce otro elemento adelantado a su tiempo. Cuando Harker desfallece y las novias están a punto de atraparlo, el conde se interpone con la frase «este hombre me pertenece».

En la época, la homosexualidad era uno de los mayores tabús sociales (como ejemplo, tenemos a Oscar Wilde). Esta escena debió de aterrorizar a los lectores victorianos, que veían como Harker, el ejemplo del hombre victoriano, caía presa del influjo del conde.

Durante estas escenas, Stoker convierte a Harker en la típica «damisela en apuros» victoriana. Le otorga los rasgos típicos de los personajes femeninos de la época: está indefenso, lo que ve lo sobrepasa y se desmaya. Esa debilidad evoca el miedo en el lector que ve como el ideal de hombre victoriano no es capaz de soportar la terrible maldad del conde y sus vampiresas.

Drácula

Esta introducción tan brillante no deja lugar a dudas: algo terrible y sobrenatural está a punto de suceder.

Este cuento introductorio, este Huésped de Drácula desarrolla todos los mecanismos que más tarde harán de Drácula la novela inmortal que es. Stoker crea una terrible sensación de ansiedad al dejar al lector sin noticias de Jonathan Harker. Tememos por su vida y, sobre todo, tememos por su alma.

El escenario y la atmósfera son tremendamente importantes en esta novela. La descripción gótica del castillo de Drácula es aterradora y premonitoria, lo que ayuda al autor a hilar esa sensación de miedo que flota durante toda la novela.

También la caracterización es importante. Harker es, durante todo el episodio, un personaje naif, inocente, que se enfrenta cara a cara al poder sobrenatural de Drácula. Es esa diferencia entre los personajes una clave de la narración gótica, pues enfatiza lo vulnerable que Jonathan es frente a Drácula, física y psicológicamente, lo que hace que el lector sienta cierta ansiedad.

El horror y la oscuridad, tan típicas de las novelas y de la estética gótica, crean aquí una terrible atmósfera, un escenario de insidiosa maldad. Es la maestría de Stoker, al dejar fluir el miedo de forma pausada y suave, lo que convierte a Drácula en un monstruo inmortal. Uno de los más grandes de todos los tiempos.