Estas últimas semanas estoy un poco quejica… sí que es verdad. Pero es que hace un tiempo me di cuenta de una cosa: hace meses que no escribo como antes. No es que el año pasado escribiera al nivel de King, pero sí que fui capaz de escribir y publicar 4 relatos y una novela. Además de otros tantos artículos y más relatos para revistas como Argonautas o Ánima Barda.

Pero este año me encuentro más seco… No sé…

Supongo que tiene su explicación. En primer lugar mi trabajo —mi trabajo de Clark Kent, el que tengo en mi otra vida— me jodió bastante los planes que tenía para este año. Por otra parte, me cargué el ordenador y perdí mucho trabajo —sí, soy gilipollas por no haber guardado las cosas en la nube, mea culpa—. Además, el universo me odia y se ha conjurado para que me resulte imposible terminar nada de lo que he empezado…

Bueno, esto último igual es pasarse un poco.

Pero sí que es verdad que me está costando tirar hacia adelante. He logrado terminar algún que otro relato durante este año y he publicado El Clan de la Montaña en Historia de un Revólver, pero la verdad es que me está costando encontrar el ritmo. Ni siquiera me he planteado participar en el Nanowrimo, total, ir pa’ná es tontería.

Cuestión de preferencias

Un gran problema, es que como freelance me toca coger cualquier proyecto que me caiga en las manos si quiero comer. Lo que me dificulta bastante el tema de encontrar tiempo —o ganas para escribir—. Hace un tiempo Víctor Selles escribió un buen artículo sobre esto de tener que escribir por cojones, incluso cuando no tienes ningunas ganas… ¿Por qué tengo que ponerme a escribir cuando llevo 7 horas escribiendo artículos sobre accidentes? Lo que me apetece es salir a tomar unas cervezas, mazmorrear un rato en WoW o dormir… Sí, me quedo con lo de dormir.

Vivir de escribir

Dormir es un arte perdido que debemos recuperar.

Parece que se ha instalado la extraña idea de que, si no escribes no eres escritor. Bueno yo trabajo escribiendo, escribo artículos para mi blog, para colaboraciones, para revistas, para empresas con las que trabajo… ¿Qué pasa? ¿Que mis dos horas libres las tengo que pasar delante del mismo ordenador haciendo lo mismo que hago durante todo el día? A veces, queridos y queridas, resulta imposible.

Uno solo quiere desconectar y salir un rato por ahí. Olvidarse de la puta tecla.

Supongo que una parte de mi sequía se debe a que no me apetece seguir con el culo pegado a la silla tras mis horas de trabajo. Tampoco es que sea la ilusión de mi vida quemarme las córneas pasando 14 horas al día sentado frente a la pantalla. Aunque no lo parezca… tengo vida personal y me gusta.

Después de verano, por ejemplo, tomé la decisión de no hacer más reseñas. No tengo nada contra las reseñas, sigo haciendo alguna que otra, pero la verdad es que no me apetece. ¿Queréis saber por qué? Porque son una pérdida de tiempo y de energías. Antes yo me solía leer un libro a la semana o casi. Desde que me metí en el rollo de las reseñas apenas he leído un libro al mes… Casi pierdo por completo la fe en la literatura y no estoy dispuesto a pasar por eso.

El escritor quemado y qué hacer con él

Por otra parte existe —o eso dicen— el síndrome del escritor quemado. Los americanos son muy de poner burnout a lo que sea. No me malinterpretes, los juegos me encantan, eso de reventar coches es la hostia, pero cuando el que te quemas eres tú… la cosa cambia.

A mí no me van mucho los rollos psicológicos. Los TDAH y esas cosas me parecen gilipolleces absurdas inventadas con el único fin de empastillar al personal y joder la infancia al mayor número posible de chavales. Pero sí que es verdad que hay algo dentro de mí que se ha roto. Al menos se ha quebrado.

Cada vez que me siento a escribir me suben las pulsaciones e, inmediatamente, mi cabeza me bombardea con un millón y medio de imágenes. Abro un proyecto nuevo y Pepito Grillo me susurra: déjalo estar, hombre. Total, no va a servir para nada.

No sé si eso será el síndrome del escritor quemado o es que ya paso de todo y he mandado a tomar por culo la bicicleta. Pero algo me pasa, de eso no hay duda.

vivir de escribir

Además de ser la portada del primer disco de Rage Against the Machine, este hombre se sacrificó como protesta por las persecuciones del gobierno de Vietnam a los monjes budistas —píldora de historia, ¡yah!—.

Si buscas artículos sobre este tema te encontrarás con una solución infalible: ¡Escribe más! Pues nos ha jodido mayo con las flores, colega. Vamos a ver. Vamos a sentarnos un segundo y reflexionar. En primer lugar nos quitamos la careta; sí, entiendo que tenemos que escribir artículos y llevarnos el mayor número posible de suscriptores y lectores al catre… pero vamos a ser serios. ¿Cómo apagas un fuego en tu casa? ¿Con gasolina? Yo me imagino que los apagarás con agua… Como mucho con arena.

Y eso es lo suyo. Si escribir te ha quemado… ¿Cómo vas a escribir más? Lo lógico sería hacer lo contrario. Si estás quemado de escribir no escribas, porque todo lo que salga de ahí solo servirá para aumentar tu frustración. Si escribes sin ganas, sin sentimiento, lo único que conseguirás será cagarla; escribir unas pocas líneas de mierda y fastidiarte las pocas ganas que puedan quedarte de escribir.

A mí me ha pasado: tienes que escribir por cojones, porque los escritores escriben y si no lo haces no serás escritor… Y la ansiedad va aumentando, empieza a salir pelo, los colmillos se van alargando y tu nariz se convierte en un hocico…

Descansa. No te puedo decir más. Descansa, olvídate y, con el tiempo, volverás a tener ganas de escribir. Y si no, si nunca más jamás de los jamases vuelves a escribir… Pues no pasa nada, no es el puñetero fin del mundo. Es una putada sí, pero no es el fin del mundo. Ya encontrarás otra cosa, la ornitología o el macramé están bien, son entretenidos.

Aprende a pasar hambre

Últimamente veo muchos consejos para vivir de escribir, que si es posible, que si no es posible. Vamos a ver, claro que es posible, pero no de la forma que muchos imaginan. Esto no se trata de llegar, soltar cuatro líneas sin corregir y partir la pana. Lo siento, chaval, no eres Kerouac, ni Bukowski. Si quieres vivir de escribir grábate esto en la cabeza, no eres nadie.

Eres un pececito más dentro de una pecera llena de peces más grandes que tú que buscan comerse lo mismo que tú. No te digo que esto sea la selva o que nades entre tiburones —bueno, a lo mejor un poco sí—, solo te digo que tienes que saber cuál es tu lugar y qué es lo que estás haciendo.

Me sorprende un poco ver la cantidad de gente que se piensa que vivir de escribir es fácil. Supongo que esto de tener ordenador en todas las casas no es tan bueno como parece, ¿verdad? Todos tenemos un teclado. Nadie se plantea que vivir de la pintura sea sencillo; «es que no sé dibujar», dicen… ¿Y quién te ha dicho que sepas escribir, perla? Una cosa es no cometer faltas de ortografía… pero de ahí a ser escritor… Yo también sé hacer círculos y rayas, pero nunca me he planteado ser dibujante de cómics, por ejemplo.

De la misma forma que cantar en la ducha no te convierte en cantante, tener un teclado en tu casa no te convierte en escritor. Pero este mensaje —que me parece lógico— no termina de calar en el personal. Y como dicen que si no puedes con ellos te unas… pues ya lo sabes.

Si quieres escribir no te metas en esto pensando que es una forma fácil de ganarse el pan. De eso nada. Cuando pongas un pie aquí verás que no te conoce nadie y que a nadie le importa una mierda lo que hagas o digas —bueno tu mamá estará muy contenta por ti, pero no creo que sea tu público objetivo—. La confianza se gana con el tiempo, con el esfuerzo y con las ganas. Tienes que saber dónde estás y qué hacer en cada momento. No quieras llegar y besar el santo, eso no va a pasar.

Vivir de escribir

Vivir de escribir no es tan fácil como parece. Perdona por pincharte el globo…

Si quieres escribir tienes que saber que ganarse la vida con esto es muy jodido. Que no te valen las clases de lengua del colegio, que necesitas formación —porque si quisieras pintar o cantar, tomarías clases, ¿verdad? Pues esto es lo mismo—. Vas a necesitar carros de paciencia. Tendrás que trabajar cuatro veces más que en cualquier puesto de trabajo normal y, sobre todo, que te vas a llevar hostias como panes, malos comentarios y hasta algún que otro insulto gratuito.

Después de este discurso lapidario creo que estoy en situación de comentarios que mi próximo libro se titulará No eres escritor, pero a lo mejor puede que algún día con un poco de suerte puedas parecerlo. Todavía estoy trabajando en el título… Pero como estoy quemado y no me apetece escribir, lo tengo un poco abandonado… Da igual, ya me pondré… Ahora me voy a tomar unas birritas, que es sábado y estoy hasta el gorro.

Hala, agur.

Postdata

No pretendo chafar los sueños de nadie y no quiero decir que no tengas que escribir, al contrario, escribe tanto como puedas. Pero no te metas en esto porque no sabes qué hacer con tu vida o porque hayas leído medio blog y te creas que tú también puedes hacerlo. Escribir requiere trabajo y mucho esfuerzo, vas a tener que sacrificar muchas horas de tu vida. Tendrás que bregar y formarte —te lo repito, sin formación no vas a ningún lado—, como en cualquier trabajo del mundo.