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Perder el filtro al escribir

Perder el filtro al escribir

Escribir

La semana pasada, como buen nigromante, resucité en las redes un par de artículos sobre cómo joder la vida a los personajes. Resulta que la gente adora esos artículos, los encuentra la mar de divertidos, útiles e interesantes. Pero siempre —no es la primera vez que desentierro ese artículo—, me encuentro con el mismo comentario: «es que no me gusta hacer daño a mi protagonista», «es que me cuesta joder la vida a mi personaje» o «es que soy muy blando».

Yo intento ponerme en la piel de los demás y entender qué les pasa por la cabeza para que les cueste tanto matar, herir o joder a un personaje de ficción —que literalmente no es más que un montón de letras—. Casi siempre llego a la conclusión de que debo ser un psicópata y que no creo lazos empáticos con las letras… ¿se puede considerar como racismo? No lo sé… ahí dejo la pregunta y que la resuelvan los sociólogos.

Las personas se preocupan muchísimo por lo que piensen los demás de ellos y muchas veces por lo que ellos piensan sobre sí mismos. Siempre hablamos de censuras y todas estas chorradas, pero nosotros somos nuestros peores censores. Creo que el problema, en el fondo, radica en que nos ponen un filtro de fábrica; en el colegio lo van regulando y la sociedad acaba de darle la forma correcta, al escribir, sin darnos cuenta ese filtro se activa y nos bloquea evitando que nuestra escritura fluya de forma libre. Es el horror de ser políticamente correctos.

¿Cuántas veces te has encontrado pensando no puedo decir esto ni de coña? Si alguna vez te ha pasado eso, tengo una mala noticia para ti; colega, eres un censor.

Muchos escritores —y otro tipo de artistas— se censuran a sí mismos, por miedo a no ser políticamente correctos, por miedo al qué dirán, qué pensarán o quién podría sentirse ofendido por esto. Estamos tan centrados en cómo recibirá el público nuestras palabras, que nos permitimos el lujo de censurarnos, asesinando una parte de nosotros mismos al escribir, permitiéndonos crear textos planos y «correctos», que al final nos dejan indiferentes a todos. Al final terminamos escribiendo lo que el mundo quiere leer, en lugar de escribir lo que el mundo debería leer. ¿Os imagináis dónde estaríamos si siempre hubiese sido así?

Perder el filtro al escribir

En Padre de Familia no saben lo que es ser políticamente correcto

Nos censuramos. Echamos un jarro de agua fría sobre nuestra chispa creativa por miedo a qué dirán a cómo se tomarán nuestras palabras, por alguna razón nos han convencido de que nuestro verdadero yo no es apto para la sociedad, que lo que de verdad pensamos, debe quedar oculto, mostrando solo lo que gusta. Al final resulta que nuestras ideas, no están en la línea, no son válidas. Esto es horrible, ¿dónde está la libertad de expresión?

El escritor tiene que saber romper con esta dinámica, tenemos que saber sobreponernos y hacer lo que nos venga en gana, sin más. Como ejemplo os pongo un serial de Ronins Literarios, Übermale. Es la macarrada más grande, gamberra y divertida que he leído en años y estoy completamente seguro de que está escrita sin filtros, a lo burro barra y de ahí su grandeza. Échale un ojo —el primer capítulo es gratis— y verás lo que es escribir lo que te sale de los cojones, sin filtros, siendo uno mismo y escribiendo lo que viene en gana. Si te escandalizas fácilmente, no es para ti, te lo garantizo.

Tenemos que aprender a quitarnos los filtros a la hora de escribir, necesitamos dejar de censurarnos.

Afróntalo, siempre alguien que no esté de acuerdo con lo que dices, siempre habrá alguien que será crítico con lo que escribes, por bien que lo hagas o por mucho que trates de pasar de puntillas alrededor de todos los temas complicados. Además, es imposible gustar a todo el mundo. No quieres ser el tipo de persona que gusta a todo el mundo, no quieras ser un «bienqueda», los «bienquedas» son gilipollas. En eso consiste escribir, cada persona es un mundo y cada uno tiene sus gustos y sus ideas.

Deja de comerte tanto la cabeza pensando en cómo vas a construir esa frase para que nadie se ofenda, si tienes que patear un avispero, pues hazlo. Puede que ofendas a una persona, quizá pierdas un lector, pero por cada uno de esos habrá otros cien detrás de ti a los que les encantará descubrir que eres tú mismo y que no tienes miedo a llamar polla a una polla.

Si con todo esto todavía no he sido capaz de convencerte de que dejes de lado tu dichoso filtro y que no te sabotees más, te voy a contar un secreto, uno muy especial que ha pasado de generación en generación entre los maestros escritores: los lectores son lo bastante adultos e inteligentes para saber qué quieren y qué no quieren leer. Tú escribes y dejas tu obra ahí, ellos deciden leerla, no es que te vayas a colar en sus baños y obligarles a leerte cuando están sentados en el trono —que pensándolo bien es la mejor estrategia de marketing que he visto en la vida—. Escribe lo que te dé la gana y deja que tus lectores decidan si les gusta o no, deja  de esquivar balas, al final te van a dar igual y te habrás cansado para nada.

Ya os he puesto antes el ejemplo de Übermale que está cosechando unas críticas buenísimas —aunque también duras—, ser uno mismo te cosechará muchos más lectores que tratar de ser Míster Simpatía. Deja de escribir lo que los demás quieren ver, se supone que debes escribir para ti. Escribe sin filtros, deja de pensar en lo que gustará a tus lectores, no estás vendiendo coches o casas, no son clientes y no siempre tienen la razón.

No nos podemos permitir ponernos ñoños solo porque nuestro público puede que no entienda lo que estamos haciendo, no podemos ser políticamente correctos para no ofender a un grupo de lectores. Si creamos un mundo de ficción tenemos que hacerlo bien, si has decidido crear un personaje machista y racista, tienes que darle vida, hacerlo real. Un tipo así llamará putas a las mujeres y maricones a los homosexuales, un personaje de ese estilo tiene que ser creíble, ¿crees que colaría si dijera cosas como «gente de color»? Pues no, claro que no coloría y tú te habrías cargado tu propia historia por miedo a ofender a alguien.

Los críticos siempre van a estar ahí, mucho más ahora que vivimos en la era de los haters y los trolls, siempre habrá personas a las que no gustes y sobre todo estarán los que se sientan ofendidos. A menos que sus quejas tengan que ver con errores de sintaxis, ortografía, gramática o estructura narrativa, olvídate de ellos. No hagas ni caso a todos esos que quieren que pases tu obra por el filtro. ¡Nanay!

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24 Comentarios. Dejar nuevo

Buenas Jaume:
Al final con las historias que contamos lo que queremos es trasmitir y emocionar a nuestros lectores. La verdad que a veces cuesta, quizás como dices por los tabus que la sociedad te impone.Pero si tu personaje es un psicópata tiene que actuar como tal , sino tu publico se desenganchara enseguida por que no es creible. Hay que hacer una introspección(meterte en la mente del personaje y actuar como tal) . El objetivo de la literatura no es contar sino emocionar y hacer vivir mediante palabras las situaciones de nuestros personajes.Muy buen artículo , me activas las neuronas de la reflexión.Un abrazo,crack.

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    Hola, Íñigo
    Bueno yo no me refiero a los tabús. Hay tabús impuestos por la sociedad como puede ser escribir sobre ciertos temas sensibles, que algunos autores han tratado en sus libros, como al incesto o la pedofilia, pero otras cosas es caer víctima de la dictadura que impone lo políticamente correcto. Nos han calzado tantas barreras mentales que somos incapaces de tocar ciertos temas y, muchas veces, dejamos a nuestros textos huérfanos de «sustancia» o deslavazados, inconsistentes. Esto es algo que debemos evitar, tenemos que escribir con ganas, con pasión y decir lo que pensamos, no lo que los demás quieren que pensemos.
    Un abrazo, muchas gracias!

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Sí , perdona,he utilizado mal la palabra.Es dejar que nuestros personas cobren vida .Hay que dejarde pensar que los lectores pueden ver a través de sus acciones pensar que son parte de nuestra propia personalidad.Dejarlos fluir y que realicen su propio camino dentro de la historia( al final siempre tenia algo marcado pero dejar que los personajes actúen como quieran y acorde a su personalidad da lugar a buenas historias).Es lo que dices con nuestras historias no se puede agradar a todo el mundo y hay que escribir como te apetece .Un abrazo.

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    Claro, hay quién cree que una historia es buena cuando no gusta a la mayoría. Y yo en parte estoy de acuerdo con esa afirmación, si gustas a todos es que algo estás haciendo mal.
    Tenemos que tener muy claro que necesitamos quitarnos los filtros para escribir, un personaje tiene que ser real, por feo, malvado o vulgar que nos resulte; una prostituta del Madrid de 1800 no hablará como un burgués o un aristócrata, hablará como una prostituta y seguramente se referirá a ella mismo como «una puta».
    Estas cosas debemos tenerlas presentes y no caer en lo sencillo que es achantarnos y ser políticamente correctos.

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Muy buen artículo!! Mira que yo soy de escandalizarme con facilidad, pero también estoy bastante hartita de lo “políticamente correcto”, en todos los ámbitos… Pienso que al final es una forma más de potenciar la mediocridad de la gente.

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    Es que es imposible aguantar siempre lo mismo, que si esto sí, esto no. Tenemos que quitarnos de encima este tipo de lastres de una vez por todas y decir los que nos venga en gana.

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Mi problema es todo lo contrario: tendría que ponerme algún tipo de filtro, pero qué va…

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La de tiempo que hace que no te dejo un comentario… Pero es que me has llegado al alma. Yo ahora mismo estoy bloqueándome no por lo que no me atrevo a decir sino por la forma de narrarlo. Si no me paso por el forro las supuestas reglas sobre narradores, tipos de frases, etc., no escribo ni una línea decente.
Así que habrá que hacerte caso y decir lo que queremos decir y de la forma en que queremos hacerlo. Nos debemos a nosotros mismos ser auténticos, o intentarlo al menos.
Un abrazo.

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    Pues pásate las normas por el arco del triunfo, escribe y no te preocupes por nada más que eso. Luego, tienes un maravilloso proceso de edición, revisión y corrección para poder corregir y adaptar a las normas tu texto, texto, pero mientras escribas el borrador no deberías preocuparte demasiado por esas cosas, solo escribe.
    Tú di lo que tengas que decir y ya habrá tiempo de vestirlo de domingo!
    Un abrazo

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Estoy totalmente de acuerdo, todo se resumiría en “mostrar no es suscribir”. Depende de cómo se traten los temas escabrosos, supongo.

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Nosotros somos nuestro peor enemigo, eso está claro.
El miedo al qué dirán todavía sigue muy presente en la sociedad.
En mi caso sí que es cierto que le cojo cariño a ciertos personajes y mientras les hago daño no me siento muy cómoda, pero lo hago. Sin grietas, no están vivos. Es así.
Creo que la indiferencia es lo peor, aunque nos cueste, lo consigamos o no, tenemos que tender a darle una dimensión a nuestras obras, porque al fin y al cabo son un organismo vivo, especialmente en manos del lector. Sin eso no pasan de ser una maraña de palabras.

Gran artículo 🙂
¡Abrazos!

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    Muchas gracias, celebro que te haya gustado.
    Ya sabes que soy un firme defensor de dañar, matar y torturar los personajes y de llamar al pan, pan y al vino, vino. Me gustan las cosas claras y supongo que eso se deja ver en mis textos. Mi lectora beta al principio se escandalizaba bastante al ver cierta palabras o ciertos actos, pero creo que con el tiempo ha entendido que son cosas necesarias para que la historia tenga un poso, algo fuerte sobre lo que cimentarse.
    Nosotros somos casi siempre nuestros peores enemigos, yo he llegado a la conclusión de es mejor no dejar a nadie indiferente, tienes que ser tú mismo. Si gustas, genial, si no gustas, genial también.
    Un abrazo y muchas gracias por leer y comentar!

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Jessica Díaz
25/03/2016 7:13 pm

¿Qué pasa si simplemente quiero dar “like” a tu entrada, o guardarla para después… qué opciones encuentro en tu página?
Saludos desde México si no estás aquí… que al parecer no. Buen blog.

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    Si tienes una cuenta de WordPress puedes darle like al blog y a las entradas. También puedes ponerme en marcadores, suscribirte o agregar la entrada a StumbleUpon, por ejemplo. Por desgracia la plantilla que uso no tiene la opción de Like de WordPress, aunque también puedes compartir la entrada por las redes sociales.
    Espero haberte ayudado, un saludo!
    PD: No, no estoy en México 😉 Saludos desde España! Gracias, me alegro que te guste el blog.

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R. R. Lopez
26/03/2016 1:01 pm

Cierto que muchas veces uno es su peor enemigo. Otro tema es cuando te paras a pensar en conocidos que puedan leer lo que escribes y el efecto que tendrá en ellos. Es algo que a veces también te puede coartar. Y luego está el ansia de ser leído, o de que el escrito sea mínimamente comercial, que también puede actuar haciéndote considerar si debes o no escribir tal o cual cosa.
Pero sobre todo ello se impone la inmensa sensación de libertad de ser el dueño y señor de tu creación, de tener un único ámbito en el que nadie te puede poner cortapisas.
Claro que para ello hay que superar la necesidad de aprobación, que es muy fuerte, y esa extraña mojigatería que se adueña de algunos lectores y que hace que es escandalicen por ver a personajes hablando con lenguaje vulgar o tratando temas escatológicos, como si en la literatura todos los personajes, hasta el sintecho de la esquina, tuvieran que declamar en tono shakespeariano.
Esto me ha acarreado muchísimas críticas negativas, pero no puedo evitarlo, ni quiero.
Buen artículo. Un saludo.

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    Tenemos demasiados agentes externos, como bien dices. El problema es que si, tratamos de ser más comerciales perderemos ese «duende» y nos encontraremos con textos planetes y clónicos, ya existe demasiado material así, narraciones correctísimas en las que todos son guapos, se llevan bien y se dan besitos en la boca, cuentos en los que la rana se vuelve príncipe, los sapos princesas y todo acaba la mar de bien y con abracitos y palomas volando…
    Pero nosotros no somos así, nuestros sapos se convierten en asesinos en serie y las palomas que lanzamos al vuelo acaban cagándose en todo el que pasa por allí… ¿Y sabes qué? Que mola mucho más, es más divertido escribir sobre la fulana de la esquina, que sobre la estudiante modelo que se vuelve mala de repente.
    Nosotros tenemos que escribir lo que nos gusta y a nosotros nos suelen gustar las cosas políticamente incorrectas, los chistes de pedos y las fotos de culos… Pues oye, Bukowski escribía sobre eso…
    En fin, gracias por el comentario, celebro que te haya gustado! Un saludo!

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Hola, Jaume. Estoy de acuerdo con que uno no debe censurar a otros ni a sí mismo en su obra, pero deben existir ciertas pautas. La intención de tu artículo es que la gente se arranque a soltar lo que tiene dentro y se deje de historias cuando esté en mitad de faena. Eso está bien. No tienen demasiado sentido los remilgos cuando uno acaba de mentir, envenenar, descuartizar o vender a alguien en su historia. Es como si creo a la Rottenmeier de Heidi (sí, ya sé que existen multitud de personajes literarios y yo he elegido a uno de “Heidi”…) y la convierto en una amable y cariñosa señora que habla como si fuese el reemplazo de su madre. No obstante, considero que uno debe crear, a la par, la atmósfera adecuada para que eso suceda, porque he leído a veces cosas de peña muy desatada que soltaba exabruptos o decía cursiladas totalmente fuera de lugar, ya no extraño por el personaje en sí, sino porque hasta un personaje malo sabe dónde decir ciertas cosas y dónde no. Ha de ser creíble. En muchos clásicos infantiles, donde el chaval protagonista es un total descarriado, él sabe cuándo hacerse el mártir, el bueno o sacar a relucir su personalidad. El problema es, me parece a mí, que no se suele crear la atmósfera apropiada para el personaje buscado o ya encontrado, y algunos (pocos) lo consiguen sobre la marcha y otros, mientras, hacen el ridículo. Gracias. Me ha gustado mucho este artículo. Perdona la extensión. Un saludo.

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    Hola, Rachael!
    Nada, me gusta la extensión en los comentarios, señal de que el artículo ha calado.
    Creo que has dado en el blanco con todo lo que has expuesto. Hay que perder el filtro sí, hay que saber matar a un personaje, hay que utilizar un lenguaje fuerte, hay que torturar… Pero siempre dentro de un contexto, claro.
    El ejemplo que has expuesto, es calcado a un texto que tuve que leer y corregir hace no mucho, estaba todo completamente fuera de lugar, ya no por el contexto o el personaje, era todo en conjunto. Exabruptos fuera de tiempo, en conversaciones o en momentos que no venían a cuento, lenguaje que navegaba entre lo soez y lo directamente asqueroso… Pero siempre fuera de contexto, siempre en momentos que no eran los adecuados. Y eso sin entrar en las actitudes del personaje protagonista, que como dices, terminaban siendo ridículas, cuando tenían que haber mostrado sus sentimientos o sus estados de ánimo.
    Hay que perder el filtro, pero hay que saber cuándo y cómo hacerlo.
    Un abrazo, Rachael, gracias por leer y comentar!

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Un artículo interesante. Tendré que reflexionar si me queda algún tipo de filtro por derribar, ¡aunque lo dudo!
Estaré atenta a nuevos artículos.
Besos,
Mimmi.

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    Hola, Mimi!
    Si no te quedan filtros por derribar es señal de que te gusta lo que haces y no tienes miedo. Eso siempre es bueno!!
    Muchas gracias por leer y comentar!
    Un beso!

    Responder

Llevo bastante tiempo preguntándome cuál es la fijación que tiene la gente por la corrección política. Una cosa es que los propios políticos tengan que preocuparse por ello porque tienen una imagen que mantener. Pero ¿por qué habría un artista de proyectar esta corrección política sobre personajes de ficción? Están hechos de tinta y papel. Si el lector no sabe diferenciar entre ficción y realidad, necesita a un especialista.

Más allá de esto, no ocurre nada cuando te sientes ofendido. El sexismo me ofende. ¿Y qué? Nada pasa porque yo me ofenda. En ningún momento de mi vida alguien me ha ofendido y me ha dado esclerosis a los cinco minutos. Siempre he defendido la libertad de expresión y me ha parecido irónico que en una democracia haya adultos que quieran encerrar a otros por un comentario racista (caso de Matthew Doyle, por ejemplo).

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    Hola, Ana! Yo entiendo esto como tú, no ocurre nada por sentirte ofendido, lo normal —si tienes trato social— es que te puedas sentir ofendido una media de tres veces al día, por comentarios, obras y omisiones; cajeras bordes, malos comentarios por la calle, jefes agresivos… Y nadie nos morimos. Pero, parece que la gente en general no opina así y es como si de repente todos se la cogieran con papel de fumar y uno se tiene que pensar todo lo que dice hasta el punto de ser estarse callado, porque siempre acabas ofendiendo a alguien… aquí ya entraríamos en otro nivel: la hipersensibilidad del personal.
    Para escribir tienes que decir lo que piensas y punto, ¿te imaginas a Marx pensándose lo que decir? ¿Cómo serían las Catilinarias si Cicerón se lo hubiese pensado para no resultar ofensivo? En fin, los escritores tenemos el deber de escribir ante todo y de mostrar nuestro pensamiento a la sociedad, porque quizá ese pensamiento es necesario en ese momento, porque puede que despierte conciencias o, simplemente, porque nos sale del ciruelo decir algo en determinada circunstancia.

    Responder

[…] escribes, escribe diferente. Deja de preocuparte por el qué dirán porque, como decía Jaume en esta entrada de Excentrya, con eso lo único que consigues es apagar de golpe tu creatividad. Sé tu mismo (a menos que tú […]

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