payasos en la literatura

Payasos en la literatura. Su uso como figura aterradora

Para la entrada de esta semana tengo a otro invitado de excepción. El encargado del artículo sobre payasos en la literatura de terror de hoy será el escritor Piper Valca, autor del blog Antro Narrativo. Seguro que ya lo conocéis —y si no lo conocéis visitad su blog que merece mucho la pena—, así que no hace falta más presentación, sin más os dejo con el artículo.

¿Te dan miedo los payasos o qué? 

Aunque la calidad literaria de Stephen King ha sido criticada por muchos, no podemos negar que introducir a Pennywise como antagonista de su novela It, creó un antes y un después en el género. Sin embargo, ¿en qué momento los payasos dejaron de ser graciosos y se convirtieron en espeluznantes?

―Hola, George.
George parpadeó y volvió a mirar. Apenas daba crédito a lo que veía; era algo sacado de un cuento o de una película donde uno sabe que los animales hablan y bailan. Si hubiera tenido diez años más, no habría creído en lo que estaba viendo, pero no tenía dieciséis años sino seis.
En la boca de tormenta había un payaso. La luz era suficiente para que George Denbrough estuviese seguro de lo que veía. Era un payaso, como en el circo o en la tele. Parecía una mezcla de bozo y Clarabell, el que hablaba haciendo sonar su bocina en Howdy Doody, los sábados por la mañana. Búfalo Bob era el único que entendía a Clarabell, y eso siempre hacía reír a George. La cara del payaso metido en la boca de tormenta era blanca; tenía cómicos mechones de pelo rojo a cada lado de la calva y una gran sonrisa de payaso pintada alrededor de la boca. Si George hubiese vivido años después, habría pensado en Ronald Mcdonal antes que en Bozo o en Clarabell.
El payaso sostenía en una mano un manojo de globos de colores, como tentadora fruta madura. En la otra, el barquito de papel de George.

Stephen King, IT

Payasos en la historia

La verdad, aunque nos cueste aceptarla, es que siempre han sido espeluznantes.

Los payasos, como bromistas, bufones, arlequines o embaucadores mitologizados, habitan entre nosotros desde que existe el ser humano. En la historia pueden encontrarse desde payasos pigmeos que entretenían a los faraones hasta stupidus en la cultura romana y bufones en la Europa Occidental de los siglos XVII y XIV. No obstante, estos personajes desde siempre han caracterizado el lado oscuro de la sociedad: eran glotones, les gustaba la bebida, el sexo y sostenían un comportamiento travieso, por no decir maníaco.

Pero entonces, ¿qué elementos puede usar un escritor de terror para introducir a su payaso en una historia? Te lo explicaré por medio de una línea cronológica que te pondrá los pelos de punta y te abrirá los ojos.

¿Preparado?

Los payasos generan desconfianza

Cuenta la leyenda que el camino que condujo a los payasos hacia este siniestro abismo de desconfianza empezó en Inglaterra con Joseph Grimaldi a mediados de 1800. Joseph fue el primer clown moderno. Antes de Grimaldi los payasos apenas se aplicaban un poco de colorete en las mejillas, por lo que fue él quien dio forma al arquetipo de la cara blanca salpicada de colores, vestimenta característica y cresta. Desternillante a más no poder.

En poco tiempo el personaje que había inventado se asoció a él y se convirtió en el actor inglés más popular de la época. Pero no todo fueron risas, Grimaldi creció con un padre propenso a la depresión que lo golpeaba cada dos por tres, su esposa murió en el parto y su hijo bebió hasta la muerte, literalmente. Además, los saltos y contorsiones, que Grimaldi realizaba a diario, terminaron por provocarle terribles dolores articulares. Finalmente, murió inválido, alcohólico y sin un peso. Como escribió Charles Dickens en Las memorias de Joseph Grimaldi: «Por cada risa que causó, sufrió un dolor proporcional».

Es imposible mirar a la cara a un payaso sin preguntarse qué está pasando debajo de esa capa de maquillaje. En el caso de Grimaldi, podemos afirmar que se fue destruyendo a sí mismo con tal de hacer reír a su público. Que debajo de toda esa carcajada había un ser atormentado, y un ser atormentado es imprevisible.

Donde hay misterio, se supone que debe haber mal, así que pensamos, ¿qué estás escondiendo?

¿Alguna vez has pensado que ese payaso, que tanto te divierte y al cual sueltas tus hijos con tranquilidad, puede ser un depresivo, enfermo o sádico ser humano? ¿Y si ni siquiera es un ser humano?

Los payasos atacan sin previo aviso

Continuando con esta desastrosa espiral, la leyenda nos sitúa ahora en Francia con el famoso Jean-Gaspar Deburau Pierrot. Un payaso de cara blanca y labios rojos que deleitó al público francés con sus gestos silenciosos y su carisma. Si pensabas que la historia de Grimaldi fue trágica, esta se torna siniestra. En 1836, Pierrot revela su lado malvado al matar a un niño con su bastón porque lo insultó en la calle. Simplemente aterrador.

Por esta y muchas otras razones, cada vez que nos encontramos frente a un payaso, no podemos dejar de pensar que en cualquier momento hará algo en nuestra contra, ya sea imitar nuestros movimientos, regalarnos una descarga eléctrica tras un apretón de manos o volvernos su objeto de burla. Son impredecibles, peligrosos y usarán cualquier cosa a su alrededor con tal de lograr su cometido.

Como dijo el crítico literario Edmond de Goncourt «El arte del payaso es ahora más aterrador, aprensivo y ansioso. Sus hazañas suicidas, gesticulaciones monstruosas y mímica frenética nos recuerda el patio de un manicomio».

Un escalón más hacia el infierno

En 1978 aparece en Chicago una figura que más allá de ser trágica y problemática, recrea a la perfección uno de nuestros mayores temores: el payaso asesino.

John Wayne Gacy era un tipo amable y trabajador conocido como Pogo el payaso. Pogo asaltó sexualmente y asesinó a 32 jóvenes, 28 de los cuales enterró debajo de su casa. Fuera del espectáculo, Gacy era considerado como «un vecino modelo». Atento, amable, siempre dispuesto a colaborar de forma desinteresada con las asociaciones para la mejora de la comunidad. Todo un ejemplo de ciudadano que estuvo en contacto cercano con cientos de niños.

Cuentan los ancianos que en sus primeros años fue castigado con frecuencia por su padre, un alcohólico que maltrataba a la familia. A lo largo de su infancia y adolescencia, se esforzaba por hacer sentir orgulloso a su padre, pero rara vez este lo aceptaba; el viejo Gacy a menudo lo llamaba «marica», «estúpido» y «niño de mamá». A los 9 años, un amigo de la familia abusó sexualmente de él.

Para que te hagas una idea de la clase de ser humano que era Gacy, sus últimas palabras antes de su ejecución fueron «matarme no hará regresar a ninguna de las víctimas. ¡El estado me está asesinando! ¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están los otros!».

Estaba arrepentido el Gacy este.

La entrada en escena de este asesino serial alimentó los ya crecientes temores sobre el «peligro extraño» y la depredación sexual de los niños; además, terminó de convertir a los payasos en un verdadero objeto de sospecha. Jamás estaremos seguros del verdadero rostro que se esconde detrás de estos excéntricos personajes.

Dejando a un lado tanto misterio, el objetivo de esta larga introducción no es estigmatizar a los payasos ni que llames a la policía cada vez que te encuentres con uno en un oscuro callejón (aunque no está mal que tengas listo el spray pimienta, por si acaso); es demostrar que incluir en nuestras historias de terror a un payaso no es para nada absurdo, ya que si el escritor es lo bastante creativo, el resultado puede ser mejor del esperado.

Aunque no podemos negar que películas como Poltergeist e It se han encargado de exagerar y perpetuar la idea de que estos personajes están relacionados con el terror, la oleada de pánico provocada en Estados Unidos por los ataques de payasos es una fuente de ideas para cualquier escritor.

Consejos para usar un payaso en nuestras historias

¿Monstruo o villano?

Gracias a Mythcreants aprendimos que monstruo y villano no son lo mismo. Aunque ambos juegan un papel antagónico, la gran diferencia radica en que los villanos son humanos, por lo que pueden sostener relaciones sociales y comunicarse con el resto de los personajes. Lo más lógico es que posean cualidades, motivaciones y personalidad. Las acciones del payaso villano deben tener una base o una razón. Un ejemplo de payaso villano es El Joker, o para no ir demasiado lejos, el payaso Pogo, del que hablamos hace un rato.

En conclusión, el payaso villano genera tensión

El monstruo, por el contrario y simple deducción, no es humano. Este tipo de personaje puede ser malvado por naturaleza y no necesita motivaciones o cualidades. El uso del payaso monstruo nos ayuda a centrarnos en los demás personajes. No es necesario gastar tiempo en explicar sus acciones. El payaso de Poltergeist es un ejemplo de este tipo.

El payaso monstruo genera amenaza

¿Payaso o payasa?

Estarás preguntándote a qué viene este punto, por lo que antes de que me tilden de machista o misógino, te respondo que tras una encuesta realizada a 1341 voluntarios en Estados Unidos se concluyó que en cuanto al género, los hombres son percibidos como espeluznantes en comparación a las mujeres.

En base a lo anterior, puedes quedarte con tu payaso de siempre o romper esquemas y ser capaz de despertar el terror con una damisela espeluznante.

Aprovecha el misterio

Un estudio encontró que la percepción de que algo es horripilante y escalofriante pasa por una ambigüedad, una ambivalencia que no nos permite saber muy bien cómo reaccionar ante una situación, si quedarnos o salir corriendo. Aunque el lector sepa de primera mano las verdaderas intenciones del payaso, debe ocurrir lo contrario con los personajes. Ellos reaccionarán diferente por varias razones:

  • Si son niños o adultos: muchos de nuestros miedos y fobias aparecen en los primeros años, por lo que es más fácil que un payaso asuste a un niño.
  • Si sufren o no de coulrofobia —la fobia a los payasos—: aunque a muchos nos aterren los payasos no significa que les tengamos fobia.

Haz todo lo posible porque en tus descripciones y diálogos mantengas el ambiente de misterio y esa atmósfera de ambigüedad que caracteriza al género.

Crea contraste

El hecho de que nombres al payaso en tu historia no va a hacer que el lector se orine en los pantalones, pues el payaso por sí mismo no es aterrador.

¿Qué te parece más espeluznante? ¿Un payaso en un circo o un payaso en medio del bosque, un cementerio o debajo de tu cama? Bingo.

La sensación de incomodidad, que es inherente al payaso, se eleva exponencialmente cuando sacamos al lector de su zona de confort, por lo que si lo que buscas es efectividad sigue el ejemplo de King, que nos presentó a Pennywise en una alcantarilla.

Humor o no humor


No sé qué da más miedo, el payaso o las personas que están detrás.

Hablamos de payasos, al fin y al cabo. Aunque no es obligatorio, dejar el humor a un lado sería desaprovechar este útil elemento, pues de lo contrario… ¿Para qué quieres que tu enemigo sea un payaso? No sé si alguno recuerda la película Los payasos asesinos del espacio exterior.

Un grupo de extraterrestres con apariencia de payaso llega a la tierra, y adivina cómo atacan: sombras de animales, sabuesos hechos con globos, pistolas de palomitas de maíz y pistolas láser que lucen como armas de juguete. Sí, no es necesario que te conviertas en Benny Hill. Transforma eso que tanta risa provoca en un instrumento de miedo.

¿Necesitas otro ejemplo? El Joker es el mayor exponente de la broma macabra y de los chascarrillos. Sólo déjate llevar y sé tétricamente feliz.

Trauma

Como observamos en Grimaldi, Pierrot y Pogo, estos payasos al parecer fueron consecuencia de situaciones y eventos trágicos durante su infancia, por lo que no puedes descartar la idea en tu personaje. Si quieres saber cómo trabajar este aspecto como trasfondo, en esta entrada te lo explico.

Para terminar, lee. Lee a otros autores que hayan trabajado payasos en sus historias. Este listado de novelas puede ser de inspiración. Observa las descripciones que hacen de los payasos y de qué manera el escritor provoca miedo por medio de ellos.

Espero que les haya gustado esta entrada, les sea de utilidad y se atrevan a incluir a estos graciosos personajes en sus historias. Al fin y al cabo, como dijo Gacy el día en que fue arrestado: «Un payaso siempre puede escapar de un asesinato».

¿Les aterran los payasos tanto como a mí? ¿Alguna experiencia para compartir? ¿Serían capaces de crear payasos aterradores para sus novelas?

Escritor y redactor. Me encanta escribir y los blogs. Me gusta compartir lo poco que sé con los demás. Soy geek y orgulloso. Autor de Blackwood: Piel y Huesos. ¿Quieres saber más? Lee lo que escribo, no tardarás en conocerme.