La narración en primera persona es intimista, egocéntrica, introspectiva. Como decía Dustin Hoffman en Hook: yo,yo,yo,yo, mío, mío, mio… Era una técnica muy utilizada por los primeros autores de novela negra, La dama del lago, está escrita en primera persona, desde las impresiones del investigador. Sin embargo, ¿qué es lo que te hace escribir en primera persona?

Hace poco una lectora comentaba que sólo es capaz de escribir en primera persona. Le contesté que tratase de cambiar la perspectiva, que experimente, que se esfuerce y que, si ve que no puede siempre puede pedir ayuda, que para eso estamos. Ella explicaba que no se ve capaz de escribir de otra forma, que «se muere» cuando lo intenta.

Esto me ha dado en qué pensar, a mí no me gustan las narraciones en primera persona, me gusta leerlas, pero no me gusta escribirlas. No suelo usar la primera persona en mis relatos, aunque recordando (y echando mano al archivo) recordé que mi primer manuscrito está escrito en primera persona.

¿A qué se ha debido ese cambio? Supongo que a la comodidad que me ofrece el narrador omnisciente, el poder «saltar» de cabeza en cabeza y contar un poco de lo que sucede aquí, otro poquito de lo que pasa entre bambalinas y, si me queda espacio bajo la piel, sugerir lo que vendrá.

El comentario me hizo sentirme raro; ella siempre usa la primera persona y yo he dejado de utilizarla casi por completo.

Narración en primera persona

La narración en primera persona es usada, sobre todo, en las crónicas periodísticas, aunque se usa para todo tipo de literatura desde poemas, hasta guiones de cine (si te acuerdas de Kaiser Sozé sabrás de lo que hablo).

El narrador en primera persona actúa dentro de la historia: juzga y tiene sus opiniones propias de los personajes y los acontecimientos. En estos casos el narrador sólo aporta información sobre los hechos que conoce. Es un personaje y debe diferenciarse del escritor, ya que no podrá contar sucesos en los que no se haya involucrado.

Existen muchos tipos de narración en primera persona, desde el monólogo interior como el de Bloom en el Ulyses de Joyce, el narrador testigo, como es Watson en las aventuras de Sherlock Holmes, hasta una especie de primera persona menor, como es el caso de Elena Dean y Lookwood en Cumbres Borrascosas.

También podemos diferenciar a los personajes que cuentan la historia voluntariamente, como Nelly Dean en Cumbres Borrascosas, de aquellos que no lo saben y que relatan la historia mediante diarios o escritos que han dejado atrás, este sería el caso de muchos relatos de Poe y de Jonathan Harker en Dracula.

Aspectos importantes a considerar

Ahora que ya sabes a lo que te enfrentas vamos a ver si conviene o no usar la primera persona en tus narraciones. Puede que hayas escogido narrar tu obra en primera persona por comodidad, pero ¿es una decisión acertada? Vamos a ver

#1. Personaje principal o testigo

¿El narrador será tu personaje principal o un simple observador de los hechos? Muchas veces asumimos que el narrador tiene que ser el personaje principal. No es necesario, en absoluto, puede ser un secundario, incluso puede ser el antagonista explicando lo que le pasó a nuestro héroe.

Antes de escoger al protagonista como narrador, echa un vistazo a todo el plantel de personajes, piensa si uno de ellos podría hacerlo mejor como narrador.

#2. Tu personaje vive en el presente

¿Tienes claro que tu personaje narrador va a estar presente en todas las escenas?

No seas tramposo, no sería justo para el lector que tu personaje «recordase» escenas importantes. Puede ofrecer información «de segunda mano», pero sólo en el caso de que sea más importante el cambio que produjo en tu personaje que su aportación a la historia.

Si tu narrador está inconsciente, visitando a unos parientes, en el baño o desaparecido en combate, no podrá contarnos la historia y, seguramente, acabemos perdiendo el hilo. Asegúrate de que está siempre presente.

#3. Una voz agradable

Tienes que asegurarte de que la voz de tu protagonista es agradable, si uno se cansa pronto de escucharla, abandonará la lectura.

Creo que es esto lo que le sucede a la gente con Ulyses de James Joyce. La voz que utiliza Joyce es pesada y enrevesada, muchas veces te descubres perdido en la narración, sin saber muy bien qué está pasando o qué ha pasado hace unas páginas.

Si quieres que tus lectores disfruten de tu personaje, tienes que aprender a variar en las estructuras, construir frases agradables y dinámicas y, sobre todo, no aburras a la gente hasta el sopor.

#4. La confianza lo es todo

¿Tu narrador es de fiar? ¿Puedo darle la mano sin que me robe el reloj? ¿Me va a contar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

¡Ajá! Eso sí que sería un buen recurso, ¿no lo has pensado? Imagina que estás leyendo una narración en primera persona, contada por un personaje que miente, manipula la realidad y, además, oculta ciertos hechos.

A mí me encantaría leer algo así.

#5. Buenas razones

¿Tienes una buena razón para usar este tipo de narrador? Deberías estar escribiendo en tercera persona, como todo el mundo… ¿Por qué has decidido hacerlo en primera?

Si tus respuestas a estas preguntas son: porque me gusta, porque me siento un poco más comodo/a o porque pensé que estaría bien, lo mejor será que te lo pienses de nuevo.

Las respuestas acertadas son: quiero que el lector sienta las acciones de inmediato, quiero que el lector entienda de forma personal las motivaciones y sentimientos de mi personaje.

Ahora te toca a ti, ¿cuáles son tus motivos para escribir en primera persona? ¿Tienes algún problema con la primera persona?