Escribir

Manifiesto sobre los malos consejos de escritura

Estos días he estado pensando en Excentrya y en las cosas que hago. Como ya habréis visto llevo un tiempo cambiando cosas y me está costando un poco más de lo que esperaba encontrar el punto de equilibrio. Con todo esto en marcha y en mitad de un montón de cambios, me puse a pensar en algunos de los peores consejos de escritura que me han dado.

Bueno, en realidad, todo esto viene porque el otro día, en el grupo de escritores de Ana González Duque, se armó una buena discusión a raíz de una pregunta que se lanzó. La pregunta era: ¿conviene a un escritor tener un blog con consejos de escritura? El razonamiento era bueno, pero falso.

De entrada se planteó la pregunta mal, por lo que todo lo pudiera venir detrás ya era falso. Nadie ha dicho jamás, que tener un blog de escritor signifique dar consejos de escritura. Más bien al contrario, un blog de escritor es para lectores. Por eso digo que la pregunta era capciosa de entrada.

Se llegó a decir incluso que tener un blog con consejos de escritura sin haber triunfado era como vender humo… Bueno, yo no necesito ganar el Nobel para saber lo que me gusta leer y para saber escribir… Llevo bastante tiempo escribiendo como para hacerme una idea de lo que funciona y lo que no. Y como yo, la mayoría de los que hacemos esto.

Fue ese comentario exacto el que me hizo pensar en los peores consejos de escritura que me han dado en la vida. No tarde en darme cuenta de que no han sido pocos. He recibido consejos de escritura de escritores, de editores, de correctores y de lectores.

Una vez, cierta editora me dijo que «tenía madera de escritor», yo le agradecí el comentario y le contesté que, si algún día buscan un escritor de madera para su editorial, que me llame. Creo que se mosqueó un poco… Pero la verdad es que me importa una mier…

Malos Consejos de Escritura

Nunca te salgas de tu género

Tras publicar mi primer libro, Blackwood: Piel y Huesos, quise descansar del terror. Quería escribir algo diferente, quizá una historia más humana, algo más dramático y sin elementos sobrenaturales o terroríficos.

Estuve hablándolo con varias personas y su consejo fue: no lo hagas, escribes terror, céntrate en eso. Ese consejo fue como un jarro de agua fría. Me hirió tanto que estuve mucho tiempo sin escribir, cada vez que me sentaba a escribir y, en lugar de estar contando mi historia, escribía un relato de terror sabía que no estaba haciendo lo que de verdad quería hacer.

Por culpa de eso, estuve mucho tiempo sin escribir. Me molestaba tanto no poder hacer lo que realmente quería, que prefería no acercarme a una hoja de papel.

Por suerte, me di cuenta de que esto no va de lo que uno te diga uno o de lo que quiera el otro. Esto va de lo que tú, como escritor, quieres hacer. Cuando me di cuenta de que solo podía escucharme a mí, de que mis historias nacían y morían en mí, me puse a escribir.

De aquel cambio nació una buena idea, una que para mí es mi mejor novela. Aprendí que solo puedes escuchar a tu corazón y que no necesitas permiso de nadie para ser tú mismo.

Muestra, no cuentes

Si los malos consejos de escritura fueran canciones de rock, este sería «Highway to Hell» de Ac/Dc. Es un consejo muy popular, sobre todo porque todas las clases de escritura te dan la brasa con esto.

¡Oh, por favor!, no me digas: Gilbert está triste. Tienes que decirme: Gilbert trabajaba en una polvorienta oficina de seguros y odiaba su trabajo pues las montañas de papeleo estabas matando la chispa de su creatividad.

Claro, el profe te suelta eso y, ¿tú qué haces? Muestras cómo Gilbert se rompe por dentro cuando su novia le pone los cuernos, muestras su malestar con el trabajo mostrando su cubículo forrado con pósters alucinógenos de Jimmy Hendrix…

Lo que se queda al final es una historia que no avanza. Muestras una y otra vez sus sentimientos desde fuera y nunca implicas al lector en lo que le pasa. Te dedicas a mostrar y mostrar y te olvidas de todo ese entramado de sentimientos que conforma el carácter de una persona.

Sí, las lágrimas ardientes muestran el dolor y los nudillos blancos, muestran la ira. Pero a la hora de la verdad, no estás profundizando en esas emociones. No son más que una caricatura. Si quieres mostrarnos la complejidad de los sentimientos y de las personalidades humanas, tendrás que contar. Tendrás que usar el monólogo interno, los procesos de pensamiento o tendrás, simplemente, que exponer.

Corta

«Esto lo puedes resumir», «Esto lo puedes cortar». Estos son dos de los comentarios que te encontrarás siempre en los manuscritos tras pasar por un corrector.

Malos consejos de escritura: cortar

Ponga su manuscrito aquí, por favor. Le aseguramos que no sentirá dolor.

Bueno, este consejo te enseña lo mismo sobre escritura que sobre cocina asiática.

Los escritores, sobre todo los que empiezan, tienden a la verborrea. Cuando empiezas a escribir eres incapaz de encontrar la diferencia entre algo esencial y detalles que no llevan a nada. Es como dejar a un niño suelto dentro de una fábrica de chuches.

Si cortas todo, acabarás cargándote tu texto. Es así de sencillo. A veces, esas cosas que los correctores y editores marcan como «sobran», son las más importantes. No es que no funcionen porque están mal, no funcionan porque son muy largas o difíciles de tragar. Normalmente son frases y palabras que rozan la frontera de no-sé-cómo-decir-esto-en-una-sola-palabra.

La única forma de explicar estos conceptos es mediante párrafos extensos o tediosos y a veces —que Dios te asista—, tienes que añadir más texto.

Escribe solo una cosa a la vez

Este es el consejo número uno de Henry Miller. El número 10 era: «olvida los libros que quieres escribir y céntrate en el que estás escribiendo». Supongo que pillas el tema, podríamos resumirlo en: termina de una vez lo que estás haciendo y déjate de mierdas.

Una novela puede salir en tres meses —como dice Stephen King: una novela es como una estación— o puede durar tanto como el Polonio 239. ¿Qué pasa si no me sale? ¿Qué pasa si me atasco? ¿Tengo que dejarlo todo y no escribir hasta que la termine?

Me parece un consejo pésimo. Ahora mismo, estoy terminando una novela. Empecé a escribirla en junio, me he atascado varias veces. De cada uno de esos atascos he sacado unos cinco relatos y una novela corta. Si me hubiese centrado en escribir solo esa novela, hubiese perdido muchísimo tiempo.

Puedes trabajar en varios proyectos a la vez. Los relatos cortos funcionan bien para desatascar y «limpiar» la cabeza cuando la cosa se estanca. De la misma forma, puedes jugar con los géneros y estilos; si estás escribiendo un drama victoriano, ponte con un relato de cifi y diviértete.

Escribe sobre lo que sabes

Los escritores queremos escribir como Orwell o como Tolkien, a pesar de nunca haber estado en la guerra o en una trinchera francesa. Queremos escribir sobre las estaciones espaciales de Ganímedes a pesar de vivir en un pueblecillo de esos en los que aún se lanzan cabras desde campanarios.

La putada de escribir sobre lo que sabes, es que nadie sabe nada sobre vampiros o goblins. Yo no conozco a nadie que haya paseado por las lunas de Júpiter y, por supuesto, si tuviera que tragar con esto todas mis historias tratarían sobre un chico blanco soso y de clase media… Lo que me aburre hasta a mí.

Seguro que llega un momento en el que quieres escribir desde el punto de vista de otra raza, de otro sexo, de otra orientación sexual, desde otra ideología y desde otra religión. Los escritores tenemos que escribir y crear personajes y situaciones que no conocemos, que no tienen nada que ver con nosotros.

Si no inventamos lugares, vidas y situaciones… ¿Para qué demonios escribimos?

Muestra, no cuentes, parte 2

¿Te acuerdas de Gilbert? El tío ese que odia su trabajo. Bueno, tras todos esos problemas con su trabajo y su novia, Gilbert con casi 40 años tiene que decidir qué hacer con su vida. Llegados a este punto, tenemos que mostrar su infancia traumática en un barrio de clase baja de Manchester… ¿O te vas a saltar toda esa parte y darás un par de detalles sobre su personalidad y tirarás como sea aunque tu lector no entienda qué cojones pasa con Gilbert?

Si la cosa se te complica, lo mejor que puedes hacer es contar cómo fue la vida de Gilbert en ese barrio de mierda de Manchester… ¿Y sabes qué? No pasa nada porque cuentes eso, no estás cometiendo ningún delito. No estás haciendo nada malo. De hecho, puede que contar qué tal le fue a Gilbert en sus años de infancia, ayude a los lectores a entender al personaje.

El infierno de los adverbios y los adjetivos

Stephen King dice que el camino al infierno está sembrado de adverbios. En cada escuela de escritores te dicen que te cargues los adverbios… Que mates cada palabra que acabe en «-mente». Pero es que a veces es necesario que uses un adverbio… A veces un adverbio te ahorra un par de palabras de más.

Malos consejos de escritura: no uses adverbios

Disculpe, señorita, ¿me dice cómo llegar al infierno? Claro, solo tiene que seguir el camino de adverbios.

Eliminar adverbios es un buen consejo de escritura, porque muchas veces el adverbio es el recurso del escritor vago. Usamos adverbios para atajar y nos ahorramos información.

Los adjetivos ofrecen ese sabor diferente, dulce, aromático, liviano y amable… En fin, si alguna vez te has preguntado por qué funciona tan bien el minimalismo, la respuesta es: porque va al puto grano.

Hay adverbios que son necesarios, hay adjetivos que son necesarios. Pero también los hay que no lo son. El lenguaje es como una navaja suiza, tendrás un millón de herramientas, pero solo necesitas la cuchilla y el sacacorchos… Y no estoy muy seguro de que el sacacorchos sea realmente útil.

Kill your darlings

Si una frase te gusta demasiado, mátala. Este kill your darlings es un consejo que suele darse mucho a los escritores noveles, cuando te enamoras de una frase, un giro especialmente ingenioso o cualquier cosa que no tiene nada que ver con tu historia, el consejo siempre es: mátalo. Bórralo.

Estas frases son las niñas de nuestros ojos. Cuando estamos creciendo como escritores, somos como esas personas que siempre se lían con el menos apropiado. Esas frases, esos giros, son nuestras relaciones tóxicas.

El problema es que, muchos de esos giros y frases, son realmente buenos. Entonces, ¿por qué tienes que deshacerte de ellas? ¿Cómo puedes hacer que a la gente le guste esa frase tanto como te gusta a ti?

Tienes que crecer. Tienes que crecer como escritor, si cuando te hagas grande y fuerte, sigues enamorado de esas historias, serás capaz de hacer que tus lectores también las amen… ¿Por qué? Porque tendrás un estilo propio y tendrás bastante personalidad y valentía como para coger esa frase que parece fuera de lugar y retocar la historia —la historia y no la frase— tanto como haga falta para asentarla.

Esto vale para una frase, una idea o un giro argumental.

Empieza en Media Res

A todos los escritores nos han dicho eso de que las historias deben comenzar in media res, que es una forma muy chula de decir: arranca tu historia cuando la mierda haya llegado ya al ventilador. Nada de aclararse la garganta, nada de esperar a que terminen los aplausos.

Empieza tu historia con el protagonista colgando de un precipicio y ya tendrás tiempo de ir hacia a atrás y de explicar por qué está ahí colgado.

Este es un consejo genial para un escritor que está empezando. Porque, como ya te he dicho, cuando empezamos a escribir no somos capaces de distinguir la mierda del oro, no sabemos cuando algo está de más y, sufrimos de verborrea aguda. Las primeras novelas están llenas de desayunos y de aseos mañaneros.

El problema es que si empiezas demasiado tarde, tu pobre novela se verá obligada a levantar tres veces su peso corporal, en explicaciones y exposiciones. Esto, en ese punto tan complicado como es el primer tercio de una novela, es una sentencia de muerte. Tu lector tendría que tener los pantalones por los tobillos a estas alturas, no debería estar sudando la gota gorda para entender lo que está pasando.

Hacer eso es como tratar de impresionar a alguien conduciendo sobre hielo fino con una mano, mientras con la otra intentas tocas Las Variaciones Goldberg. No hay forma de que puedas hacerlo bien.

Varía tu lenguaje

Este es un consejo que además de malo, es como un choque de trenes… Choca directamente con ese de: escribe como hablas.

Yo me di cuenta de que al comenzar a escribir como hablo, me repetía bastante y claro… resulta que mis correctores me llenaban los textos de rojo… Porque me repetía… Pero si dejaba de repetirme y empezaba a buscar sinónimos o a escribir mis frases de otra forma… Resulta que ya no sonaba natural y perdía mi estilo.

Ursula K. Le Guin —que no es sospechosa de ser mala escritora— lo dice muy claro: «ese consejo de no repetir la misma palabra en un párrafo es una gilipollez». La señora no dice gilipollez, porque es una señora… Pero yo no lo soy, así que…

Repetir una palabra, una construcción particular, una comparación, una broma, un fragmento de diálogo… Todo eso es permisible, como escritores está dentro de nuestra caja de herramientas y esas personas que tienen alergia a las repeticiones, deberían escucharse hablar… A ver cuántas veces repiten una expresión o un palabra a lo largo del día.

Un oso, es un oso y no es un plantígrado o una enorme y amenazadora bola de pelo, tampoco es una criatura ursina. Es un oso y punto. Y si tiene que ser un oso 20 veces por página, lo seguirá siendo. Y lo será más que nunca, cuando tengas que inventarte una frase larga y pretenciosa para decir que esa cosa marrón y con mala hostia es un oso.

Tienes que juntarte con otros escritores

He dejado el peor consejo del mundo para el final.

¿Necesitas relacionarte con otros escritores? Sí ¿Necesitas gente que quiera leer tus textos, incluso semanas antes de su publicación? No siempre. Sí, claro que necesitas lectores cero, pero tampoco te conviene estar rodeado de personas que te darán un feedback con el que, muchas veces, no podrás hacer nada.

Sé que esto va a sonar fatal, pero… No todas las opiniones que te den son válidas. No todas las opiniones que te den aportarán una mejoría. Algunas opiniones son estúpidas, otras fuera de lugar y la mayoría, aunque bien intencionadas, no sirven para nada.

Yo mismo perdí la fe en un relato bastante bueno por tener demasiadas opiniones. Recibí más de 5 opiniones de otros escritores, de esas 5 personas que leyeron el relato solo 1 lo comprendió, porque era la única persona que conocía los antecedentes y las fuentes de ese relato. Por tanto, recibí 4 comentarios completamente fuera de lugar y solo 1 que de verdad aportó valor a mi trabajo.

Fíjate en lo que dice Gaiman: «Cuando alguien te dice que algo no le gusta, seguramente tiene razón. Pero cuando dice exactamente qué es lo que no le gusta y cómo tienes que cambiarlo, seguramente no tiene razón».

Tienes que ser firme y tener personalidad. Escucha a la gente que te rodea. Quédate con los buenos consejos y tira a la basura todo lo que sobre.

Hasta aquí los malos consejos…

En fin, creo que ya he despotricado bastante por hoy. Me quedan muchos malos consejos en la manga, pero creo que por ahora ya está bien así.

Estoy seguro de que tú también habrás recibido malos consejos en tu carrera, me gustaría saber cuáles han sido los peores consejos que te han dado sobre escribir. Puedes comentar o puedes buscarme en redes sociales y comentarme, seguro que nos divertimos compartiendo batallitas.

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26 Comentarios. Dejar nuevo

Me han gustado mucho, y eso que cada consejo daría para debatir y llevarnos la contraria un buen rato. Yo creo que, a veces, la gente se queda en la literalidad del consejo, sin llegar a comprenderlo del todo, de ahí que se convierta en un mal consejo, al menos, para esa persona. En definitiva, no hay reglas de oro en la escritura y todo depende del contexto.

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    Hola, Esther
    Cada uno de estos consejos funciona igual de bien que mal. Y estoy convencido que me puedes rebatir uno por uno cada uno de ellos. Simplemente, porque yo he planteado la cara mala de cada uno de estos consejos, la parte menos amable con el escritor.
    El problema, para mí, es que estos consejos se plantean como máximas y, muchas veces no sabemos mirar más allá. Muchos correctores se comen el estilo del escritor y pretenden que nos sacrifiquemos por un bien mayor… para mí es un error. El escritor debe tener personalidad y por eso, para mí, esos han sido malos consejos —ojo, malos en algunos momentos, NO siempre—.

    Responder

“Un oso, es un oso y no es un plantígrado o una enorme y amenazadora bola de pelo, tampoco es una criatura ursina. Es un oso y punto. Y si tiene que ser un oso 20 veces por página, lo seguirá siendo. Y lo será más que nunca, cuando tengas que inventarte una frase larga y pretenciosa para decir que esa cosa marrón y con mala hostia es un oso.”

Qué grande eres 🙂

Biquiños!

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Antonio Távara
09/10/2017 4:53 pm

Creo que existe un solo consejo de peso que vale y que armoniza a la perfección con estos que lanzaste y a la vez con sus alter-ego: “Deja que tu historia hable”. Si tu historia necesita adverbios a cada tres palabras, si tu historia necesita in media res, si necesita adjetivos vacíos y frases manidas, que lo haga. Al final, nosotros somos los escritores y somos nosotros quienes tenemos total libertad creativa.

Ahora, luego está el tema de las ventas…

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    Hola, Antonio
    Creo que el punto es ese. El escritor debe tener personalidad. Los consejos, de por sí, son buenos y son de manual. Pero esos consejos, ejercidos con mano de hierro por un corrector corto de miras, te puede joder una historia. Puede comerse tu estilo o, simplemente, te puede dejar sin salidas.
    Estos son muy buenos consejos, de hecho todos los conocemos, yo mismo los he dado a otros escritores. Pero también son peligrosos, sobre todo cuando se los das a escritores noveles que no tienen personalidad —en la escritura— y que se dejan convencer.

    Responder

Excelentes “anti-consejos”, me quedo con el “No lo cuentes muestralo”. Ya que mucho de mis relatos exageraba ese consejo. Haciendo que la historia no se moviera, que se estancara. Por ejemplo, en un relato no podía mover al protagonista por que me detenía a mostrar todo, aquello me frustro muchísimo… imagínate a los que lo leyera. Me alegro de no ser el único que piensa lo mismo 🙂

En cuanto a las opiniones, ya he tenido un par de roses, ¿Sabes que es peor que los comentarios de un escritor? los comentarios de alguien que no tenga la menor idea sobre la escritura. Que piensa que los relatos tienen que ser como los Animes o caricaturas… nada más que decir.

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    Hola, Capi
    El problema de estos consejos es ese, que a un escrito novel, que está desarrollándose y que no tiene personalidad para discernir, le puedes joder. Porque hará lo que le digas y si le dices: no uses adverbios, se lo tomará al pie de la letra y no usará ni uno… y eso tampoco es. Lo mismo con cualquiera de estos consejos.
    Estos consejos, a mí, me han jodido en algún momento y por eso mismo escribí esto. Son buenos consejos y son consejos de manual, pero… Las reglas están para saltárselas y eso, cuando empiezas a escribir no lo sabes, te ciñes a las normas y a los consejos y muchas veces te acabas metiendo en un corsé 5 tallas más pequeño y la lías…
    Consejos sí, personalidad también… Sobre todo personalidad.

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Jorge Aranjuez i Vilanova
10/10/2017 9:39 am

Un oso, es un oso…
¡Qué alegría! Me acabas de quitar un peso de encima, de verdad.
No. No estoy medio loco. Es solo que me encuentro escribiendo una novela en la que uno de los personajes principales es un oso y no veas la de problemas que tengo para no repetirme. Al final he llegado a la misma conclusión que tú: un oso… ¡es un oso! Me esfuerzo para no caer en cacofonías que puedan afear el texto, pero poco más.
En cuanto a lo de “narrar” o “mostrar”, también es algo que me ha tenido martirizado durante demasiado tiempo. Una cosa es no tomar al lector por un pobre idiota, además de ciego, al que se le ha de dar la mano y no soltarlo nunca y otra darle un empujón por la espalda en el primer párrafo y confiar en que ya construirá la historia por su cuenta.
A mi modo de ver, el peor de los consejos que he visto circular por ahí es el de “déjate aconsejar”. ¡No! Yo diría, más bien, “escucha lo que dicen otros y quédate con lo que te convenga a ti sin sentirte obligado”.
Me ha gustado mucho el artículo. Gracias por haberlo escrito.

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    Hola, Jorge

    Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado… Supongo que para muchos esto será una pataleta. Y en el fondo lo es, pero creo que es una pataleta necesaria.
    Un oso siempre será un oso, por mucho que nos empeñemos. De la misma forma que, como dice Stephen King: ella dijo y él dijo, será siempre mil millones de veces mejor que cualquier chorrada tipo: ella rugió o él susurró o cualquier historia de ese estilo. Muchas veces, el miedo a repetirnos nos complica la vida y nos hace dar vueltas y escribir de forma poco natural.
    Como bien dices, hay que escuchar y quedarse solo con lo que nos haga bien 😉
    Un saludo

    Responder

¡Wow! Acabas de hacer un manifiesto “antisistema” que hará que se tambaleen las bases de todos los talleres de escritura creativa in the world.

Respecto al contenido que debe tener un blog de escritor, yo mismo he intentado orientar el blog solo a lectores, pero cada día me doy más cuenta de que en la actualidad, gran parte de la comunidad de lectores son escritores, por lo que dar consejos de escritura es una buena forma de atraerlos.

A pesar de ello, también pienso que algunos blogueros que empiezan deberían ser comedidos a la hora de dar consejos si todavía no tienen ni un libro publicado, porque podrían perder credibilidad. Pero eso es solo una opinión personal.

Y en cuanto a los adverbios terminados en mente, son como las hostias, que uno a tiempo a veces es una gran solución, pero no se puede abusar. Pero esos talibanes anti “mente” que los eliminarían de la tierra deberían preguntarse que, si existen, ¿será porque tienen una función?

Respecto a los malos consejos recibidos, los de siempre, los de la gente que ni escribe ni apenas lee, pero siempre te dicen: “Tú lo que tienes que hacer es escribir un libro de (colóquese el género que el iluminado de turno crea conveniente)”

Bueno, un abrazo, y deseando estoy de que comiences eso que tú y yo sabemos…

Responder

    Hola, RR
    Los adverbios terminados en “-mente”, aunque no nos gusten nada son necesarios. No siempre, ni en todo momento, pero algunas frases los necesitan. Como bien dices, para algo están.
    Lo de los consejos… Bueno, yo creo que justamente en los últimos tiempos se ha disparado lo de los consejos para escribir de gente que no ha publicado. De hecho este verano se publicaron varios cursos de esos «escribe tu libro en un mes» de varias personas que no tienen ni un libro publicado —ni con editorial, ni sin ella—. Esta semana ha escrito Víctor Selles un artículo muy acertado sobre este tema. Yo creo que se ha perdido mucha credibilidad en gran parte por ese tema… pero bueno, es lo que hay, ¿no?
    Gracias por comentar, tron… a ver si llego a tiempo para eso que ya sabes 😛

    Responder
Ernesto Cisneros-Rivera
10/10/2017 3:32 pm

Excelente entrada, Jaume. Nuestra esencia, y el estilo con que la expresamos, son tan propios, que no hay por dónde cambiarlos. Lo que sí creo que hay que hacer como escritor es explotarlos, perfeccionarlos y acercarse a ellos desde distintas perspectivas.

Entre los malos consejos, yo te aportaría éste (que, sin duda, fue dicho con toda la mala leche): “¿Quién te crees que eres como para tratar una temática sobre la que ya escribió un grande de la literatura universal?” La situación fue que había tomado la historia de Odiseo y sobre ella escribí una obra de teatro, desde una perspectiva peculiar: su relación con todas las mujeres con las que se cruzó antes de su regreso a Ítaca. (Yo, por supuesto, no lo tomé en cuenta y terminé mi obra.) No creo que haya temática cerrada y es más que válido tocar aquélla que nos atraiga, la haya tocado quien la haya tocado.

El mejor consejo para un escritor debe ser el no darlo. 😉

Abrazote.

Responder

    Hola, Ernesto
    ¡Vaya consejo envenenado, colega! El que te lo dio debió quedarse bien ancho. Creo que ese problema lo tenemos los escritores sobre el resto de artistas. Un cantante puede hacer una versión y un director puede hacer un remake y no pasa nada… Pero si un escritor toma un tema ya escrito y trata de «versionarlo», ya están los inquisidores —léase opinadores, críticos y reseñadores del ramo— señalando que es un plagio de tal o de cual. No entiendo por qué nosotros no tenemos esa libertad para tomar algo que nos gusta y escribirlo a nuestra manera, que muchas veces acabará siendo totalmente diferente de la original…
    En fin, yo estoy contigo, el mejor consejo es el que no se da.
    Un abrazo!

    Responder

Hola:
Buena cosa patalear un poco sobre los consejos, malos, buenos o regulares, que se nos dan; al menos para no convertirlos en dogmas. Ya se sabe que los consejos no son llave maestra, sobre todo si no se han pedido. El problema de nosotros, escritores noveles, es que sí que los pedimos (y a gritos), y así nos va (a veces)…
A mí algunos consejos me deben de haber servido, aunque tampoco tanto…
Pero es que muchos de estos consejos se entresacan de las entrevistas que se les hacen a los grandes escritores consagrados y quién sabe si dijeron eso o lo de más allá solo por salir al paso, pero entre todos hemos acabado sacralizando por eso de la voz de autoridad…
Yo desconfío, más que nada, de esos consejos que se repiten como mantras, por desgastados. Porque si todos seguimos los mismos consejos, todos acabaremos escribiendo igual, y eso no hay quién lo aguante.
¡Salud!

Responder

    Hola, Laura

    Creo que das en el clavo con la frase: si todos seguimos los mismos consejos, todos acabaremos escribiendo igual. Creo que esto habría tatuárselo y tenerlo muy presente.
    El problema de los consejos viene cuando se convierten en mantras. Ni todo es blanco ni todo es negro. Tenemos que saber jugar y manejar el lenguaje, pero no podemos caer en el miedo a la repetición —por ejemplo—, ni podemos declarar el exterminio de los adverbios. Si están, es por algo. Si existen, es porque tienen una función en el lenguaje, decir que tenemos que matarlos a todos… Es una tontería.
    Yo mismo he dado esos consejos en este blog y lo hice hace muchos años, cuando aún tenía la corteza de escritor tierna… Ahora que llevo años pisando barro en las trincheras, me doy cuenta de que esos consejos muchas veces nos limitan y hacen que la escritura se nos quede pequeña o que nos aprieten las costuras.
    Está bien conocerlos y saber lo básico… pero hay que saber cuando saltarlos y no hacerles caso.

    Responder

Hola, Jaume.
Quitando algunos que, como tú señalas, son una verdadera gilipollez, creo que otros no son “malos consejos”, sino consejos mal explicados y que los escritores sin experiencia cogen al pie de la letra. Creo que ahí reside el daño, en la falta de criterio, tanto para enunciarlos como para aplicarlos. Por ejemplo, se puede escribir una novela “solo mostrando” o “solo explicando”, pero ambas serían un coñazo.
Sobre la mayoría he escrito algo en mi blog, el último sobre los adverbios-mente, y como estoy de acuerdo contigo, solo quería dejarte ese matiz.
Un abrazo.

Responder

    Hola, Ness
    En efecto, no son malos consejos de escritura en general. El problema, como bien señalas es que muchas veces al ser escritores noveles estos consejos se nos convierten en mantras. Los tomamos al pie de la letras y nos limitan mucho, nos estorban y no hacen ningún bien al escritor que está empezando y que está buscando el mejor estilo o que, simplemente, está buscando su estilo… Sin mucho más.
    Como tú dices, no son malos consejos —con la excepción de algunos que sí lo son—, pero creo que en esto de escribir no deberían haber tantas máximas. Como han dicho por ahí el mejor consejo es el que no se da. Para un escritor novel el primer consejo debería ser: confía en ti mismo y muy pocas veces le decimos a nadie.
    En fin, que me alegra mucho verte por aquí, siempre es un placer recibir un comentario tuyo, Ness; acertado y con criterio.
    Un abrazo!

    Responder
Marco Antonio Hoffman Méndez
18/10/2017 7:15 am

Excelentes consejos. Voy comenzando a escribir y he de tomar en cuenta éstos…
Genial tu forma de escribir.
Te seguiré leyendo…

Responder

«Cuando alguien te dice que algo no le gusta, seguramente tiene razón. Pero cuando dice exactamente qué es lo que no le gusta y cómo tienes que cambiarlo, seguramente no tiene razón»
Me ha encantado. Muchas gracias, ya no me siento sola, ni un bicho raro… (bueno sí, pero ya no soy la única 😉 )
Tantas veces he intentado seguir esos consejos, pensando que, al ser de expertos, era yo quien lo hacía mal, que me pasé mucho tiempo sin escribir. Hasta que no decidí rebelarme contra esas máximas, no me sentí cómoda escribiendo.
Un abrazo¡¡

Responder

    Hola!
    Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado el artículo y de que lo hayas encontrado útil. La verdad es que muchas veces nos dan estos consejos y no tenemos muy claro qué hacer con ellos. Los seguimos al pie de la letra y acabamos metiendo la pata; nos ponemos un corsé que nos limita y es un error.
    Los consejos están ahí, la mayoría de las veces están para bien, pero algunos consejos nos limitan mucho y, cuando empezamos a escribir, no deberíamos limitarnos. Deberíamos ser libres.
    Un saludo!

    Responder
5 consideraciones del estilo literario - DE LETRAS NO SÉ NADA
04/11/2017 3:34 am

[…] un artículo excelente de mi colega Jaume Vincent de Excentrya (aquí) que me dejó pensando sobre el famoso consejo: No digas. […]

Responder

Hola. Menos mal que alguien pone en cuestión el sacrosanto lema de “muestra, no cuentes”. Hay una obsesión actualmente en las escuelas de escritura por obligar a los alumnos a mostrar constantemente mediante acciones, dramatizaciones y escenas todo lo que le pasa a los personajes. ¡Y no, jolín! Si yo tuviera que dramatizar todo lo que le pasa a mi protagonista, me saldría una novela de 8.000 páginas. Muchos profesores de escritura parece que estén totalmente en contra de la novela psicológica, del monólogo interior, del estilo indirecto libre, etc… Hice un curso de narrativa profesional el año pasado y al principio parecía que me iba bien. Pero a medida que avanzó el curso, vi que la profe era un talibán dogmático, que decía lindezas como: “hoy no se escribe como antes”, ergo, pon acciones a mogollón (¡que pasen cosas, que pasen cosas!); si el chico conoce a una chica ha de haber sexo en algún momento; has de divertir al lector, si se aburre estás perdido (ejemplo: si inicio la novela con el personaje deprimido en su habitación pensando (¡horror!) no te la van a publicar…)
Luego está lo de los adverbios. La susodicha profesora era una auténtica talibán de los adverbios, y me ponía de los nervios: sí, el abuso es malo, pero leñe, a veces no queda más remedio que usar un adverbio.
En fin, que al final del curso lo estaba pasando realmente mal en clase, físicamente mal, con tanta norma estúpida (otra de ellas: cuidar el diseño de la página: que no haya mucho texto, ni mucho diálogo; las narraciones son como una composición musical), a parte de la soberbia de la tipeja que daba la clase, que dijo que no podía opinar sobre un escritor porque yo no había escrito una novela y ella sí. La humildad es un valor escaso, actualmente, en los cursos de escritura, cine y teatro (eso, o yo he tenido muy mala suerte con los profes).
Los consejos son válidos, sí, pero llevados al extremo, ahogan la creatividad del escritor. Al final, uno ha de tener criterio propio y dejarse llevar por esa intuición interna y misteriosa que constituirá la personalidad propia del escritor. Para hacer churros, las churrerías.
Un saludo.

Responder

    Hola, Jordi
    Bueno… Yo no me quiero meter con nadie, ni quiero juzgar el trabajo de los compañeros. Lo único que te puedo decir es que sí, hay una especie de ortodoxia en este tema. Parece que ciertos consejos para escribir son como los 10 mandamientos, están escritos en piedra y hay que seguirlos a rajatabla si no quieres que vengan los del Sanedrín y te van a Pilatos. Me parece muy bien que, cuando uno comienza, tenga unas guías, algo a lo que cogerse para poder escribir y mejorar. Pero en el momento en que esas reglas se transforman en una molestia (en una jaula, realmente) creo que es el momento de quitárselas de encima. Sobre todo si, por su culpa, acabas sin escribir o sintiéndote incómodo con la escritura.
    Supongo también que de estas cosas te das cuenta cuando tienes ya las piernas fuertes y andas solo. El problema es que al escritura, como cualquier sistema educativo, yerra el camino. Luego, por supuesto, también está el problema de los profesores, siempre los hay mejores y peores, más humildes y menos, más flexibles y más talibanes. Yo creo que la escritura no se puede enseñar como la historia o las matemáticas… Ni siquiera como la lengua. La escritura, a pesar de tener ciertas reglas, es un arte, por lo que debería enseñarse con cierta libertad. No se puede decir que un inicio de novela, mostrando a un personaje sumido en sus pensamientos no engancha… El Ulyses es básicamente eso… O La Metamorfósis de Kafka… En fin… Hay que ser más flexible y tener la mente más abierta.
    Un saludo.

    Responder
Gabriela Ibarra
15/09/2018 4:54 am

Me he reído mucho con los chistes que utilizaste, y eso no siempre me pasa. Buen artículo, aún me recuerdo mientras escribo de esos chistes y me estoy riendo XD no se me olvidará gracias a ello.

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