No es la primera vez que me paso por Excentrya, la otra vez lo hice con un polémico artículo sobre si los lectores y los escritores nos estamos volviendo vagos. Hoy vengo con algo más didáctico, algo para los fans del terror.

De los miedos naturales del ser humano se ha hablado mucho y se ha escrito mucho. Es normal, pues mucha gente tiene miedo a cosas como la muerte, lo desconocido, la oscuridad, los insectos… Son miedos que están grabados en los instintos humanos. Son sencillos y suelen funcionar.

Sin embargo, hoy no os he venido a hablar de los miedos naturales. Os vengo a hablar de los miedos adquiridos y el aprendizaje pavloviano, para que podáis diseñar vuestros terrores más personales y específicos.

¿Qué es el aprendizaje pavloviano?

El aprendizaje pavloviano fue el primer intento con éxito de la psicología de volverse una ciencia dura como la física y las matemáticas. Psicólogos rusos como Pavlov se pusieron a estudiar la conducta observable, en un movimiento que se llamó psicología conductista. La psicología conductista se basa en que los estímulos (un estímulo es cualquier cosa perceptible por los sentidos, ya sea un sonido, un tacto, un color, una forma, un lugar, un momento, incluso un pensamiento) producen una respuesta automática o voluntaria.

Pavlov lo probó con perros: Comprobó que al ver la comida, salivaban. Pero con el tiempo, se dio cuenta de que los perros empezaban a salivar en cuanto oían la campanilla que anunciaba la hora de comer, antes de ver la comida. Al contrario que la visión de la comida (estímulo incondicionado), el sonido de la campanilla no debería provocar ninguna respuesta automática en los perros. Pavlov llegó a la conclusión de que los perros habían aprendido a asociar la campanilla con la comida, convirtiéndolo en un estímulo condicionado.

Esa es la parte importante, los estímulos condicionados.

La teoría conductista afirma que si juntamos un estímulo neutro (un estímulo que no provoca ninguna respuesta en el sujeto) con un estímulo incondicionado las suficientes veces, ese estímulo neutro se asocia con el estímulo incondicionado. Con las suficientes repeticiones, el estímulo neutro se convierte en un estímulo condicionado, capaz de provocar la misma respuesta que un estímulo incondicionado.

En abstracto puede parecer complicado, y más cuando nos metemos con las fórmulas matemáticas, pero no os preocupéis, vamos a ver esto con ejemplos más prácticos y más centrados en el tema.

¿Se puede provocar una fobia?

Esta es la pregunta que se hicieron John Watson y su alumna Rosalie Reyner (spoiler, al final estos dos estaban liados) en uno de los experimentos más famosos y controvertidos de la psicología. Un experimento poco ético que ahora mismo sería ilegal. Watson y Reyner se preguntaron: ¿Podemos hacer que un bebé tenga fobia al pelo? A ese bebé se le conoce como Little Albert.

Lecturonauta te cuenta qué es el miedo aprendido

En el experimento buscaron qué estímulos provocaban miedo en Albert, y eligieron los ruidos fuertes como estímulo incondicionado. Después de eso, le presentaron cosas de pelo, como animales (ratas, perros), barbas postizas… ninguno de estos estímulos neutros provocaban miedo en Albert. Entonces empezó el experimento de verdad.

Pusieron al niño en una habitación con una rata blanca. Siempre que Albert tocase a la rata, los Watson y Reyner producían un ruido muy fuerte que asustase a Albert. Tras repetirlo unas cuantas veces, volvieron a poner a Albert en una habitación con la rata, sin embargo, ya no estaban los experimentadores y el ruido no se produciría pasase lo que pasase. Sin embargo, nada más ver a la rata, Albert se echaba a llorar, se estresaba y huía. Este miedo acabó trasladándose a las cosas que tenían pelo, como las barbas y los perros.

Albert desarrolló una fobia a las cosas peludas que se especula que mantuvo hasta los ochenta y tantos años.

Lecturonauta te cuenta qué es el miedo aprendido

¿Cómo podemos producir un estímulo condicionado?

La verdad es que es la cosa más sencilla del mundo. Solo tienes que presentar juntos el estímulo incondicionado y el estímulo que vas a condicionar. Si el estímulo incondicionado es lo suficientemente fuerte, a veces ni siquiera hace falta que lo repitas.

Poner a un personaje relamiéndose antes de amputarle un brazo a alguien es lo suficiente fuerte como para que un personaje que haya sido testigo de eso se eche a temblar cuando vea relamiéndose a nuestro señor Jack el amputador.

Pero el ejemplo que me ha traído a escribir esta entrada es uno mucho más complejo. Hace poco me leí uno de los webcómics más largos que hay, Homestuck, y le dediqué una entrada sobre las 30 cosas que aprendí leyéndolo. Sin embargo, esto no lo introduje y se me quedó la espinita clavada.

Aquí va uno de los mayores spoilers de Homestuck, así que si quieres leerlo, te recomiendo que te saltes los siguientes párrafos hasta la imagen.

En este caso, el estímulo no se condiciona a una reacción de miedo. Se condiciona a un personaje. Concretamente a uno de los trolls, un personaje que parece un porreta y que tiene un montón de bocinas, de estas que hacen «HONK». Como las narices de payaso. A lo largo del cómic asociamos el «honk» de la bocina con este personaje.

Y después el personaje se vuelve loco y empieza a masacrar al resto de personajes a sangre fría, uno a uno. Nadie sabe dónde está. Pero en la oscuridad, oyes una bocina.

Como lector, yo mismo tuve miedo en ese momento.

 

Lecturonauta te cuenta qué es el miedo aprendido

Como veis y sabréis, el miedo aprendido tiene mucha fuerza. Todos los fans del terror conocen las palabras «Vamos a jugar a un juego” y la carga que transmiten. Y si lo pensamos, son unas palabras muy inofensivas. Esta frase de la película Saw es un ejemplo de estímulo condicionado.

Hay mucho que se puede aprender sobre el condicionamiento pavloviano. ¿Cómo perfeccionar este efecto? ¿Cómo se condiciona más rápido un miedo? ¿Qué clase de reacciones se pueden provocar?

La psicología conductista es fascinante y está llena de cosas que se pueden aplicar a la escritura de terror. Espero que este pequeño chapuzón en la psicología conductista os haya gustado mucho.

Guillermo Jiménez es autor del blog Lecturonauta, allí encontrarás información y herramientas para escritores. Guillermo trata de enfocar sus artículos desde el punto de vista de la psicología y su blog te será de gran ayuda para construir personajes creíbles. No te lo pienses más y apúntate a su lista de correo para no perderte ninguna de sus entradas.