Seguimos hablando sobre las estructuras de las novelas, ya os he explicado la importancia de tener una estructura sólida, os he explicado algunas de las distintas estructuras —lo que en algunos foros de escritura se llama el cociente MIPA—, y hoy voy a profundizar un poco el una de las estructuras más usadas y reconocidas: los tres actos. Se trata de la estructura más usada desde que el ser humano empezó a escribir, desde la poética de Aristóteles, hasta las obras maestras de Hitchcock todos han usado esta forma de estructura para contar sus historias.

A pesar de ser muy sencilla es una de las mejores herramientas con la que cuentan los escritores, los guionistas y los dramaturgos; ya que funciona igual de bien en una novela, en un cuento, en un guión de cine o en una obra de teatro. Su forma es de sobras conocida por todos y sus actos se dividen en:

  • Acto primero: Introducción o Exposición.
  • Acto segundo: Confrontación, nudo o desarrollo.
  • Acto tercero: Resolución.

Escribir una novela usando esta forma estructural resulta de gran ayuda, incluso si eres escritor de brújula y no te preocupas por planear, tener una idea —aunque sea vaga—, de cómo será tu novela, te ayudará a seguir el camino correcto y no perderte en el proceso, algo que te puede llevar a callejones sin salida o directamente a despeñarte por un barranco con tu carreta.

¿Cómo funcionan los tres actos?

Piensa en la estructura como en un mapa o como en las líneas de un libro de colorear. Los hechos que se contarán en esa historia son cosa tuya —tu escoges los colores del dibujo—, pero la estructura te proporcionará una guía, un camino a seguir que te ayudará a mantener la concentración. Los giros de la historia, cosas como; «¡Oye! Ese tío es una tía», te servirán para que tu protagonista tenga algo nuevo con lo que avanzar. En pocas palabras, tener ese esquema te ayuda a poner los obstáculos necesarios en el camino de tu personaje, de forma que siempre sigas avanzando sin quedarte colgado.

Muchos escritores no quieren usar este tipo de esquemas, pues temen caer en fórmulas. Está claro que si usas la estructura al pie de la letra, haciendo lo que hacen todos los demás, te acabará pasando eso. Pero estas estructuras no son para seguirlas al pie de la letra y rellenar los espacios en blanco, son simples herramientas para recordar los elementos más importantes de la narración y tenerlos presentes durante la escritura.

Vamos a ver ya cómo funcionan cada uno de los tres actos.

Acto primero: El inicio

El primer acto debería ocupar, más o menos, el 25% de nuestra novela. Se trata de la introducción donde se nos presenta a nuestro protagonista viviendo su vida, aquí conoceremos sus problemas, eso que lo hace infeliz y que lo mueve a comenzar el viaje. Aunque todavía no estará listo para comenzar. Puede que todavía no entienda lo que está pasando, a pesar de que le afecta directamente. Se le presentará la oportunidad de cambiar eso, en este caso aceptará comenzar el viaje o se negará hasta que se verá arrastrado hacia el cambio. Sea como sea, al final del acto el protagonista ya estará metido hasta el cuello.

En este acto todo debe girar en torno a la introducción del mundo y de los personajes que iremos conociendo, de forma que el lector empiece a crear lazos y vínculos con la historia. Como os comenté la semana pasada, no deberíais arrancar sin más, ya que el lector tiene que «meterse en situación».

Recuerda que este primer acto no sirve como prólogo para que nos cuentes cómo era el mundo antes y qué pasó hace mil trescientos catorce años para que todo se fuera a la mierda, tampoco nos tienes que contar cómo es el mundo ahora y porqué da tanto asco. Tienes que empezar lo más cerca posible de la acción, aunque con un poco de tiempo para conocer a los personajes y que entendamos qué está pasando —recuerda ese pedacito de puente antes del primer pilar—.

En el primer acto tenemos que conocer al personaje protagonista (sus sueños, sus miedos, sus anhelos, su vida, además del mundo que lo rodea), además tendremos que ver claramente los problemas a los que deberá enfrentarse. En pocas palabras: «¿Has visto lo jodido que está este tío? Pues mira todo lo que tendrá que hacer para arreglar sus mierdas».

Las partes del primer acto

Apertura

Como en la opera, en esta escena deberemos introducir al protagonista, los problemas a los que se enfrentará, el mundo en el que habita —y todas sus «reglas especiales» si las hay— y cualquier otro detalle que el lector necesite conocer para entender la historia. Algo sucede a nuestro personaje que obligará al lector a seguir avanzando en la lectura.

El evento

Aquí se presentará la oportunidad de cambio. Este sería el momento en que Gandalf cuenta a Frodo la historia de Bilbo y del Anillo y le pide que lo lleve hasta Rivendel. Es donde le explicamos al lector de qué va nuestra historia. El problema crecerá más adelante, pero esta es su semilla. En El Señor de los Anillos, el verdadero viaje empieza en Rivendel, cuando Frodo decide ir a Mordor, sin embargo, la semilla del conflicto la pone Gandalf en casa del hobbit. En ese momento, Frodo no tiene ni idea de lo que se le viene encima, pero el lector intuye que todo va a cambiar a partir de ahí.

El problema

Aquí es donde se abre la puerta al segundo acto, en este punto comenzamos a entender, por primera vez, el alcance del problema. Al final de esta escena, la tensión estará por todo lo alto y nos habremos sumergido en el centro de la novela. En El Señor de los Anillos, esto sería el Concilio de Rivendel, cuando Frodo decide ir a Mordor, en Misery, sería la primera vez que Annie Wilkes muestra su verdadera cara y en El Resplandor será cuando Danny habla con Dick Halloran. Este paso es vital, ya que afectará a la estructura de la novela y a los arcos argumentales de los personajes.

La estructura de los tres actos

Annie Wilkes la enfermera perfecta

Acto segundo: El Nudo

El Nudo o Desarrollo abarca el 50% de tu novela. El protagonista abandonará la seguridad de su hogar y se aventurará hacia lo desconocido, afrontando una serie de desafíos que deberán llevar a la resolución final del conflicto. Se enfrentará y fallará una y otra vez —microclímax—, aprendiendo en cada enfrentamiento una valiosa lección que le será de gran ayuda en el Acto tercero, donde se enfrentará a su antagonista.

Una buena novela tiene un nudo potente, lleno de altibajos y de enfrentamientos, aquí la trama y las distintas subtramas han de cruzarse y chocar unas con otras. Cada pista, cada descubrimiento debe llevar al protagonista hacia un desastre total, que será el detonante final para la resolución del conflicto que tendrá lugar en el tercer acto. El segundo acto empezará con personaje confiado, que tiene un buen plan y que sabe que triunfará, sin embargo, a medida que avance y caiga una y otra vez, esa confianza deberá ir desapareciendo, llegando al punto en que ponga en duda todo lo que sabe.

Las partes del segundo acto

La elección

Este es un momento de transición entre el primer y el segundo acto. El protagonista entiende su problema y acepta —o se ve forzado a aceptar, por ejemplo, la elección de Katniss en Los Juegos del Hambre— la oportunidad de resolver ese problema. La forma en que decida afrontar ese problema establecerá el avance de nuestra historia en los siguientes apartados.

El problema al que se enfrente debe ser grande, de otra forma no tendrás cojones de arrastrarlo durante el 50% de la novela. Si lo único que busca tu personaje es comprar un chicle, será imposible que logres soportarlo durante todo el segundo acto. Sin embargo, si el chicle que tu protagonista busca solo se puede encontrar en una fábrica secreta en el Tibet, quizá tengas una buena historia.

En este punto también comenzará el arco argumental de nuestro protagonista, ya que sus defectos serán los que propicien sus constantes derrotas durante todo el segundo acto. Se levantará y caerá, hasta que entienda que tiene que cambiar y afrontar sus miedos.

El giro

Por lo general el giro en los acontecimientos ocurrirá hacia la mitad de tu novela. Algo inesperado ocurrirá y cambiará la visión que tu personaje tiene del mundo que le rodea. Su plan ya no sirve, algo tiene que cambiar. En este punto deberá trazar una nueva estrategia que será lo que dará inicio a la segunda mitad de este acto.

Un buen giro, pondrá las cosas todavía más difíciles, creará un problema todavía mayor. Por norma general pondrá en juego algo mucho más personal, se revelará un secreto o problema que tendrá consecuencias directas en nuestro personaje. Está tras la pista de la fábrica secreta, sin embargo, si atraviesa la puerta sagrada y toca uno de los chicles, desatará una maldición sobre su familia.

La estructura de los tres actos

El problema debe ser lo bastante importante como para soportar el 75% de la narración de este segundo acto y llegar hasta el tercer acto y el clímax final.

El gran desastre

El gran desastre aparece cuando alcancemos el 75% de la novela, estamos a las puertas del clímax y del tercer acto cuando todo se nos va a la mierda. Todo su gran plan le estalla en la cara y está peor que al principio, la tensión ha crecido tanto que parece imposible solucionar nada.

Es donde vemos al protagonista real, aquí se caen todas las mentiras que ha estado contando —a los demás y a sí mismo— y se enfrenta a la realidad de su propia persona. En comedia romántica este es el punto en que Affleck mete la pata y la Aniston se enfada como una mona y vuelve con su ex que tiene un puesto de funcionario y le asegura estabilidad en el futuro.

Si el antagonista era secreto o todavía no había aparecido se revelará aquí, si conocíamos al antagonista, en este punto se revelará nueva información que amenazará con echarlo todo por la borda, en otras palabras, este es el momento: «Luke, yo soy tu padre».

Es el momento de las tinieblas antes del amanecer. Parece que todo es demasiado complicado, que nuestro protagonista no puede más y que abandona. Sin embargo, encontrará la fuerza necesaria y entenderá que solo podrá vencer si vence a sus miedo y hace lo que debe.

Acto tercero: El final

El final es el último 25% de tu novela. En este punto es cuando el protagonista decide llevar el enfrentamiento directamente hasta el antagonista, utilizará todo lo que ha estado aprendiendo a lo largo de su camino para vencer y sobreponerse a los problemas. Se enfrentarán y —por norma general— tu protagonista vencerá, aquí la historia nos mostrará cómo es ahora el mundo y en qué tipo de persona se ha convertido nuestro protagonista ahora.

El enfrentamiento no tiene que ser físico, solo tiene que ser un conflicto. El protagonista se lanzará junto a sus aliados hacia la resolución final del conflicto. Este punto siempre suele ser el final de un viaje, sea metafórico o literal.

Las partes del tercer acto

El tercer plan

Tras encontrar la fuerza necesaria para reponerse y superar sus miedos, el protagonista pondrá en marcha un nuevo plan, usando todo lo que ha aprendido durante todo el camino. Por fin ha logrado entender quién es realmente y qué es lo que debe hacer.

El plan suele ser ambicioso, inteligente e inesperado, aunque también debe ser inevitable. Su nueva estrategia puede ser revelada o no a los lectores, por lo general los detalles deberían mantenerse en secreto, el lector no debe saberlo todo o perderemos la tensión y el efecto sorpresa.

El plan tampoco tiene que funcionar, lo importante es que el protagonista piense que lo hará. Una vez empiece el clímax puede que el plan se vaya al garete y tenga que pensar en algo sobre la marcha para poder salirse con la suya.

Clímax

Normalmente el clímax es la última batalla contra el antagonista. El personaje deberá enfrentarse a lo que sea que ha estado jodiéndole la vida durante las 400 páginas anteriores. En el transcurso de esta batalla también entenderá qué era lo que le faltaba en su anterior vida.

El clímax supondrá un último aumento de la tensión. Los motivos de la tensión deberán ir de acuerdo a tu historia; si es un drama romántico, no conviertas a tu antagonista en una bestia del inframundo porque no cuela.

La estructura de los tres actos

Resolución

La resolución es ese «comieron perdices» o ese momento en que las perdices lo devoran todo y dejan un mundo yermo y al borde del colapso. En la resolución veremos cómo ha quedado el mundo tras el enfrentamiento; conoceremos el mundo feliz o, por el contrario, seremos testigos del apocalipsis que se desatará. Tienes que ofrecer al lector la sensación de que todo está terminado, es el momento en que les vas a decir: «ya está, todo el camino nos lleva aquí». No dejes cabos sueltos, asegúrate de tener atadas todas las tramas y las subtramas y cierra la historia o, si tu historia es parte de una saga, avanza hasta el punto en que los hechos contados en este capítulo terminan.

Hasta aquí la estructura, lo mejor de todo esto es que nos ofrece una herramienta genial para escribir y seguir una pauta que nos permita llegar de principio a final, sin perdernos por el camino y terminar en uno de esos molestos «callejones sin salida». Lo genial de estas herramientas es que, cada uno de sus elementos, puede ser lo que tú quieras. La estructura no es más que un marco para el lienzo de tu novela. Con estas herramientas podrás rellenar los huecos sin muchos problemas, podrás encontrar los defectos de tu narración. Si por ejemplo tu protagonista nunca falla es que estás haciendo algo mal, quizá necesitas introducir más tensión y más problemas en su camino.

Nada más por hoy, la semana que viene terminaremos este ciclo de artículos sobre la estructura con algunos consejos para crear estructuras sólidas y alguna sorpresilla más. Si has sido capaz de leer hasta aquí y te ha gustado lo que has leído, si lo encuentras útil, compártelo con los demás y suscríbete al blog para seguir recibiendo artículos y consejos sobre escritura.