La semana pasada os hablé sobre la estructura de las novelas, en ese artículo encontrarás algunos consejos y también expliqué, un poco por encima, qué era y por qué es tan importante. No creo que haga falta que os lo recuerde, pero como seguro que habrá más de un «despistao» por ahí que todavía anda cazando moscas, os lo repito: la estructura de la novela es su columna vertebral; si se la arrancas, la cortas, la dañas o la montas mal… ya te puedes imaginar.

La clase de hoy será larga y dura posiblemente tediosa, así que calma y paciencia. Empezaremos por explicar algunos tipos de estructuras, luego pasaré a los dos pilares de la novela, así que… ¡Vamos allá!

La estructura de la novela

4 estructuras según tu historia

Todas las historias tienen cuatro puntos en común: el entorno, la idea, el personaje y el evento. Aunque los cuatro estarán presentes en tu historia, cada novela suele tener un elemento predominante. ¿Cómo escogemos el elemento que predominará? Pues eso lo decidirá el escritor, este punto es completamente personal; algunas veces será la historia la que te diga en qué elemento deberás basarte, en otras serás tú mismo centrándote en la opción que te resulte más cómoda durante el proceso de escritura.

Estructura 1: El entorno

El entorno es el lugar en el que basas tu historia: la sociedad, planeta, mundo… Aquí entran en juego todos los factores de esa palabrota que está tan de moda ahora: worldbuilding. Todas las historias tienen un entorno, pero no todas lo tienen como base. Un buen ejemplo de esta estructura es Los Viajes de Gulliver, a Swift los personajes le importan poco. Lo importante son las tierras que visita y la socarrona comparación de sus sociedades con la inglesa de la época. Hubiese sido estúpido en este caso pararse y contarnos la infancia de Gulliver o su boda o lo que desayunó antes de coger el barco. La historia empieza con sus viajes.

Las estructuras basadas en el entorno siempre funcionan así: el personaje, que es un mero observador, explora el mundo y sus detalles, se interesa por las cosas que le rodean y esas cosas tienen un efecto en él; lo cambian o le afectan. Al final regresa y es una persona nueva. Un ejemplo es El Mago de Oz, la historia no termina al matar a la Bruja Mala del Oeste, finaliza cuando Dorothy regresa a su casa. Esta estructura es más común en las novelas de género —sobre todo en fantasía y ciencia ficción—, aunque la puedes usar en cualquier historia.

La estructura de la novela: formas y puentes, El Mago de Oz

Si al escribir te das cuenta de que disfrutas descubriendo y describiendo ese mundo, entonces tu mejor opción es seguir por ese camino y estructurar tu novela sobre el entorno. La estructura es bastante sencilla: tu historia comienza cuando el personaje llega y terminará cuando se marche o, en su defecto, cuando decida que ese es lugar.

Estructura 2: La idea

Esta estructura se basa en la información que descubren los personajes mientras avanzan en la historia. Esta estructura también es sumamente simple: comenzará cuando se plantee la pregunta y terminará cuando esta obtenga respuesta.

Las historias de misterio, los thrillers y las novelas de detectives siguen esta estructura. La historia suele empezar con un crimen y la gran pregunta suele ser: ¿Quién lo hizo y por qué? La historia termina cuando se revela la identidad del culpable.

En la ficción especulativa —qué poquito me gusta el término—, suele funcionar muy bien este tipo de estructura: ¿Qué le pasó a esta civilización perdida en un planeta tan lejano? ¿Por qué se extinguieron? Si eran tan listos, ¿por qué están todos muertos? En Estrella Arthur C. Clarke lo solventa con un sol que se ha convertido en súpernova.

Si te decides por escribir una historia basada en una idea, recuerda que debes comenzar lo más cerca posible del momento en que surja la pregunta. De nuevo no quiero saber qué ha desayunado el personaje. Tampoco me cuentes sus años dorados de jubilación, termina en cuanto hayas contestado la pregunta.

Estructura 3: El personaje

Las historias basadas en un personaje narran su transformación personal. Pueden estar basadas en un personaje o en muchos, normalmente la historia trata sobre quién o qué es y su proceso de autodescubrimiento.

Un ejemplo es El Gran Gatsby. En el desarrollo de la historia la visión que tenemos del excéntrico personaje cambia por completo, el narrador —que en este caso no es el propio Gatsby—, nos pinta una fotografía completa del personaje, asombrándose al descubrir algunas facetas de Jay y, en general, de todos los personajes protagonistas, que van mostrando distintas facetas durante la novela.

La estructura, en este caso es tan simple como el resto: la historia empezará cuando el personaje tiene un problema, en ese momento comenzará un proceso de cambio. La historia acaba cuando el personaje termina el proceso; bien cambiando —para bien o para mal—, bien quedándose como estaba. Un ejemplo de esto último sería el personaje de Winston, en 1984.

Estructura 4: El evento

Las historias basadas en un evento son sencillas de reconocer: el mundo está viviendo una época dorada, pero un «evento» repentino cambia el flujo natural de las cosas y amenaza con cargárselo todo. En El Señor de los Anillos es la aparición de un antiguo mal, en Añoranzas y Pesares es la muerte de un rey bueno, en It sería el regreso del mal sin forma, en Dune el nacimiento de un niño especial y en Hamlet el asesinato de un rey.

La historia terminará cuando el orden sea restablecido, cuando nazca un nuevo orden o, algo más extraño, cuando el mundo descienda al caos y todo quede destruido. En este caso, la historia empezará un poco antes o un poco después, pero nunca en el momento en que todo estalla, comenzará siempre cuando el personaje principal aparezca en escena. En Añoranzas y Pesares, Simón aparece antes de la muerte del rey, mientras que en Hamlet, la historia arranca después del asesinato.

La estructura de la novela: formas y puentes, Añoranzas y Pesares

Aunque sé que no gusta, de nuevo pondré a Tolkien como ejemplo. En El Señor de los Anillos la historia no comienza con la forja de los anillos de poder o con la historia de la Tierra Media, tampoco empieza con Frodo escuchando a Gandalf relatar la historia del anillo. Antes de eso, Tolkien nos ofrece algunas pinceladas de la tranquila vida de su personaje antes de que se desarrollen los hechos. Y cuando arranca su viaje tampoco se nos ofrece un Atlas de la Tierra Media, tan solo la información que Frodo necesita para enfrentarse a su viaje. El resto de los acontecimientos los iremos conociendo poco a poco.

En otras palabras, conoceremos lo mismo que conoce el personaje, de esta forma entendemos igual que él, ese desorden a pequeña escala, solo vemos lo que sucede en esa pequeña parte del mundo en la que habita el hobbit. Pasa mucho tiempo antes de que Frodo se presente ante el concilio de Elrond, suceden muchas cosas antes de que Frodo entienda el mal al que se enfrenta. En ese momento es cuando se nos ofrece toda la información: ya sabemos qué son los Jinetes Negros, conocemos a los enanos y los elfos, sabemos quién es en realidad Trancos. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de la importancia del Anillo.

El problema con esta estructura es que muchos escritores tienen miedo de que el lector no entienda el alcance de ese mal que han planteado. Por eso lo explican todo antes de arrancar y nos meten un ladrillazo en el prólogo con el que tratan de meternos en situación y que, por norma general, sirve como anestesia general. Ese tipo de prólogos siempre fallan, nos aburren y nos lo saltamos. ¿Por qué? Porque a esas alturas no hemos creado lazos con el personaje y con la sociedad, por eso nos importa una mierda lo que esté pasando en la Conchinchina. Como reseñador, me salto siempre los prólogos y ¿sabes qué? Nunca me suelo perder nada. Cuando termino el libro, a veces, lo leo y me doy cuenta de que es totalmente inútil.

Martin, por ejemplo, nos muestra un Ned Stark honrado, bueno y comprensivo. No hace acompañarlo durante muchas páginas antes de cargárselo y dar rienda suelta a la orgía de sangre y reyes que será Canción de Hielo y Fuego. No nos cuenta cómo están las cosas en los Gemelos, no nos habla de Harrenhal, se centra en Ned, Robert y los Lannister, hasta que llega el momento de comenzar a presentar el verdadero conflicto.

Homero no empieza la Ilíada contando las peripecias de los griego en Grecia, al contrario la historia comienza con la ira de Aquiles. A la hora de estructurar tu novela con los eventos, aprende de lo que hay aprende de Homero y de Tolkien. Los prólogos no sirven para nada; ya tendremos tiempo durante la lectura de conocer el mundo y ese gran problema.

Los dos pilares de la estructura de tu novela

En mi artículo de la semana pasada os hablé sobre estos dos pilares. Os conté que la estructura de la novela tienen que ser como un puente que lleve al lector desde el inicio hasta el final, sin que se colapse y se venga abajo. Esas dos columnas tienen que estar bien asentadas en sus bases para que no se tambaleen o se quiebren. Piensa en esto: tu novela debe empezar con una explosión que mande a tu lector directo a la última página. Eso se consigue con un puente fuerte sobre el que puedas pasar corriendo. Si has construido uno de esos precarios puentes de cuerda, estás jodido, compañero.

El primer pilar

El inicio de una novela introduce al lector en el mundo que planteamos, nos presenta a los personajes y el que será el problema central. Sienta las bases de lo que será la historia, pero esta no se iniciará hasta que lo atravesemos. Piensa en él como «el punto de no retorno». Los personajes han iniciado un camino que no podrán abandonar hasta que hayan completado su objetivo.

En Añoranzas y Pesares, las primeras páginas nos presentan un pinche de cocina torpe y cabezota, sin embargo, no soportaríamos cuatro libros de un tipo así. Pronto, Simón ve algo que no debería ver, y de repente es lanzado a la oscuridad con una misión que cumplir. Lo persiguen y no puede regresar —y no os imagináis cuánto lo desea—. Ese es el punto de no retorno, ese es el verdadero inicio de la historia. En un planteamiento de tres actos, este punto sería el inicio del segundo acto, donde el protagonista se enfrenta a un peligro de muerte —no tiene que ser necesariamente una muerte física.

En una novela esto debe suceder antes, en Los Juegos  del Hambre, Katniss escucha el nombre de su hermana en el primer capítulo. En una novela mucho más larga como Añoranzas y Pesares o El Señor de los Anillos, esto se retrasa mucho más. Aunque lo ideal es que ese punto se sitúe cerca del inicio de la historia. En El Halcón Maltés, ese momento es cuando Spade acepta el trabajo de O’Shaughnessy, en El Silencio de los Corderos, es cuando Clarice entra en el juego de Lecter.

La estructura de la novela: formas y puentes, El Silencio de los Corderos

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Observa ahora tu novela:

  • ¿Nos has ofrecido un personaje que merezca la pena seguir?
  • ¿Has creado un problema acorde al personaje?
  • ¿Has establecido la amenaza mortal?
  • ¿Ya tienes una escena que obligue al personaje a entrar en el segundo acto (punto de no retorno)?
  • ¿Es lo bastante fuerte? ¿Estás seguro de que no tiene otra opción que luchar?
  • ¿Has colocado correctamente el punto de no retorno? (Más o menos a 1/5 del total).

El segundo pilar

El segundo pilar es otro punto de no retorno, en esta ocasión harás posible o inevitable el enfrentamiento final.

El segundo acto, esa tierra baldía entre los dos pilares, será donde se desarrolle la historia; las amenazas están sobre la mesa y tu personaje deberá enfrentarse a ellas. Recuerda que la primera puerta está cerrada por fuera y no puedes regresar. En el segundo acto tu personaje solo puede avanzar, enfrentándose a los problemas que van surgiendo por el camino. Como diría el Ché: Hasta la victoria siempre.

Entonces, llegamos al segundo pilar, a la segunda puerta. Lo normal es que se trate de una situación, una acción o una crisis importante, también puede ser el hallazgo de una pista o un rastro. Sea como sea, forzará la entrada al acto 3, la batalla final, donde le personaje tendrá que resolver el problema.

En El Halcón Maltés ese momento es cuando el capitán del barco se desploma en la oficina de Sam Spade y le entrega el paquete con el halcón. Spade ya no puede hacer nada más que seguir adelante y enfrentarse a su enemigo final. Lo mismo sucede en El Señor de los Anillos cuando los hobbits entran en Mordor, ya no hay vuelta atrás.

La estructura de la novela: formas y puentes, El Halcón Maltés

Ahora vamos a ver nuestra novela:

  • ¿Has creado ese momento crucial que lleva al desenlace?
  • ¿Has creado la gran pista que solucionará el conflicto?
  • ¿Hace posible el desenlace la puerta que has creado?

El otro lado

Lo bueno que tiene pensar en la estructura la novela como en un puente con dos pilares es que resulta muy sencillo estructurar el resto, solo tienes que rellenar los huecos entre las dos grandes puertas. Con dos pilares fuertes, garantizarás una plataforma estable sobre la que tus personajes —y tus lectores— se podrán mover con mucha soltura. Esto te liberará de gran parte de la presión al escribir, dejándote espacio para ser creativo con las voces, los entornos y los personajes, con la seguridad de que no vas a caer al agua.

Si entiendes esto, serás capaz de construir un argumento fuerte y una historia sólida, los lectores podrán avanzar sin miedo a que las precarias cuerdas se rompan y ellos caigan al acantilado.

Por si todo esto no te queda claro del todo, te dejo este pequeño descargable con una checklist para que mejores las estructuras de tu novela. Espero que te sean de ayuda y, no te vayas muy lejos, la semana que viene seguiremos hablando de las estructuras y os contaré qué es y cómo funciona la Estructura de los Tres Actos.