Hace una semanas escribí un artículos sobre perder el filtro al escribir, tengo que confesar que mientras lo escribía pensaba que era uno de esos artículos que iban a pasar sin pena ni gloria, un artículo de opinión más, pero la realidad siempre es mucho más extraña de lo que parece. Por lo que sea el artículo gustó y de repente era uno de los compartidos de mi blog. Lo que hace que te plantees seriamente la presión a la que estamos sometidos los que le damos a la tecla.

En fin, el tema de hoy tiene mucho que ver con el de los filtros, yo escribo terror y si tú también lo haces seguro que te has encontrado con las típicas preguntas: «¿de dónde sacas toda esa mierda?». Si te dieran un euro por cada vez que te preguntan eso, tendrías… no sé, chorrocientos euros. A mis colegas escritores ya no les preocupa tanto este tema, pero siempre hay gente que se asusta y que te mira raro por haberte pasado el último mes investigando sobre secuestros, síndrome de Estocolmo o el Caso de Alcásser y otros parecidos.

En mi familia ya están acostumbrados y no le dan mucha importancia, pero siempre me encuentro con alguien a quién le horroriza lo que escribo o que no entiende —o que siente mucho morbo— lo que hago. Hace muy poco terminé un relato del que estoy muy contento, no es un relato de sangraza, ni hay monstruos peludos y de dientes afilados, el relato trata sobre el suicidio y una de mis lectora beta no pudo aguantar y lo dejo escapar: «¿Por qué el suicidio?». No supe qué responder, pues la respuesta sería: ¿Y por qué no? Está ahí, sucede y es una de las cosas que más miedo me da, ¿qué te hace renunciar voluntariamente a tu vida? ¿No os da un miedo terrible eso? A mí sí, a mí me da mucho miedo. ¿Significa eso que tengo tendencias suicidas? No, ni por asomo.

Yo soy un tipo normal, bastante simpático por lo general, a veces me cabreo —como todo el mundo—, pero soy de lo más normal: me gustan los chistes de pedos, la cerveza, Los Ramones y soy fan de Big Bang Theory. Es verdad que hay una parte de mí que escribe relatos que consiguen que mi novia tenga pesadillas y que es capaz de hablar sobre granjas de cadáveres durante la cena —quedándose solo en el proceso— y que ahora mismo está trabajando en una novela sobre un necrófilo… Pero eso no significa que tenga una granja de cadáveres o que sea necrófilo. Me gustan esos temas porque escribo sobre ellos.

Escribir terror y no morir en el intento

Yo sigo a Joanna Penn y ella se queja de que la gente siempre le pregunte cómo es posible que una mujer tan risueña sea capaz de escribir sobre cuerpos descuartizados y cadáveres mutilados. A mí el lado oscuro del ser humano, las cosas terribles que somos capaces de hacer me empujan a escribir. Dicen que los cómicos suelen arrastrar grandes depresiones durante toda su vida y que las personas que tuvieron una infancia difícil son las que aprenden a entretener a los demás con mayor facilidad. Los escritores de terror no son tipos siniestros de mirada esquiva y movimientos nerviosos, estoy bastante seguro de que si me conocieras en persona no creerías lo que soy capaz de escribir.

Todos los escritores se sumergen en su parte oscura, dejan que lo peor del ser humano aflore, entonces lo capturan y escriben sobre ellos. ¿Significa eso que son unos psicópatas? No, no del todo. Todos tenemos una parte oscura, una parte que tiene anhelos animales y que no encaja en nuestra sociedad. La mayoría de nosotros la oculta y la entierra profundamente. Los escritores la buscan, la desentierran, la analizan, piensan en cómo podrían hacerla todavía peor y escriben sobre ella. Escribir sobre tus miedos no es sencillo, nos exponemos y eso nunca es agradable. Sin embargo es muy sano para nuestra escritura.

Víctor Selles en este artículo —que me ha obligado a editar el mío— trata muy bien el tema de los psychokillers y pone como ejemplo a Vicente Garrido, el mejor criminólogo español y un tipo que merece la pena leer y escuchar. Vicente, al estilo de los grandes perfiladores criminales se ha pasado la vida analizando y estudiando a los asesinos y psicópatas —que no siempre es lo mismo—, ¿significa eso que está loco? ¿Qué es un psicópata? No, claro que no. Simplemente ese es su campo de estudio. Nosotros —los escritores de terror— nos tenemos que mover en ese mismo campo, tenemos que introducirnos necesariamente en la oscuridad de la mente, en el fuego del infierno o en los fríos velos del más allá. Es la única forma de escribir que tenemos.

Yo, por lo general, suelo tener filtros —aunque a veces no lo parezca— hay cosas sobre las que no escribiría, cosas que puedan resultar ofensivas para mi familia, por ejemplo. Sin embargo, a veces apago también ese filtro y tengo que reconocer que he conseguido escribir cosas bastante buenas, una de las escenas de las que más me costó escribir es la de un maltrato llevado al extremo y sus consecuencias. Creo que es la escena más cruda que he escrito, no solo por lo que representa, también por el dolor físico y emocional que suponía para el personaje. La libertad que me di en ese momento para escribir lo que DEBÍA escribir, es uno de los mejores regalos que te puedes hacer como escritor.

Supongo que te estarás preguntando para qué cojones te estoy pegando toda esta chapa, bueno, tranquilo, todo tiene una explicación. Como escritor estaría muy bien que te dejaras llevar, que te dejes de pensamientos de nenaza tipo: «¡Uy! ¡No, no! Yo no puedo escribir eso» que bajes al sótano, levantes sábanas llenas de polvo  y escribas algo oscuro. No hace falta que lo publiques o que lo mandes a un concurso. Simplemente baja ahí, mira entre las telarañas, las cagadas de rata y las sombras y escribe sobre lo que ves, quítate los filtros durante una hora o dos y disfruta del viaje. Es como cuando entierras la cabeza en la almohada y gritas o te las tres patadas a un cojín del sofá para no pegárselas a una persona.

Bajar ahí y escribir sobre cosas que te horrorizan o que te repugnan también puede ser una forma genial de romper tu bloqueo —si es que estás bloqueado—o de abrirte puertas a historias que de otra forma no escribirías. Es una forma genial de dejar fluir una parte de ti que normalmente mantienes amordazada o encerrada en el ático, alimentando con las sobras y alejada de las visitas. Esa parte puede que te sorprenda y que te enseñe cosas de ti que desconocías o quizá te muestre historias genial que te has empeñado en mantener ocultas porque te daban demasiado pudor o miedo.

Piensa en lo que escribes de forma habitual, siempre hay algo de ti en tus historias. ¿Por qué tus miedos iban a ser menos? Te he dicho que bajes ahí y que levantes sábanas hasta que encuentres lo que de verdad te asusta. Escribe sobre tus miedos y lograrás que los lectores los compartan contigo, lo que te asusta también asustará a tus lectores. En cada historia que escribes hay un monstruo, claro que no todos los monstruos han de ser sobrenaturales o estar dentro de una historia de terror. Los monstruos tienen muchas caras: la soledad, el desamor, los desastres naturales, la guerra, la enfermedad, el abandono, una familia rota…

Escribir terror y otras cosas oscuras

Supongo que para nadie resulta sencillo sumergirse en ese charco, ni para mí lo es, sin embargo, muchas veces es necesario hacerlo. Como escritores no debemos tener miedo de mostrar la cara más fea de la realidad. Esas cosas están ahí y nosotros tenemos que saber manejarlas, así que, a menos que seas un escritor de novela feelgood, deberías por lo menos meter la cabeza en ese cubo de basura y ver qué es lo que guardas en él.

Está muy bien que renuncies a esta parte si escribes literatura infantil, pero si no es así no tienes excusas para hacerlo. ¿Escribes romántica? Quizá deberías coger aire, apretar los dientes y escribir una escena dura y angustiosa, no al estilo de Cincuenta Sombras, si no al estilo crudo y descarnado de Irreversible, donde alguien ciego de deseo viola a la mujer que ama. Tal vez, ese amor desesperado lleva a tu protagonista a quitarse la vida o quizá decida que ese hombre que no le corresponde no merece estar con otra y decida asesinarlo, ¿por qué no? Al fin y al cabo son cosas que suceden dí a día a nuestro alrededor y como escritores, tenemos el deber de plasmar nuestra realidad. Por mucho que nos duela hacerlo.

Quizá eliminar esos tabús que tenemos libere historias que de otra forma nos negaríamos a escribir y que, seguramente, serán grandes historias, duras y llenas de dramatismo.

Bueno, espero que todo esto tenga algo de sentido para vosotros. Yo también tengo líneas que no quiero cruzar y filtros que me impiden escribir sobre ciertos temas, pero si te paras a pensar son decisiones personales, nadie te obliga a que te quedes en tu lado, puedes ir y venir sin ningún problema. Todos tenemos un componente oscuro algo que nos hace estremecernos, lo que pretendo decir que es tenéis que escribir sobre lo oscuro que tenéis dentro, en mi caso —si habéis leído mis relatos y novelas ya lo sabréis— es el canibalismo y la venganza, pero pueden ser zombies o experimentos con animales. Enciérralo en lo más hondo de tu disco duro si quieres, pero deja que salga de ti, todo lo que escribes es bueno y te ayuda a mejorar como escritor, escribir sin filtros ayudará a tu cerebro a ir un poco más allá imaginar más, ver más.