Las novelas son para el verano. Hoy te explico porqué deberías olvidarte de escribir novelas y centrarte en escribir relatos cortos.

Por qué deberías olvidarte de las novelas y escribir relatos cortos

Hace un tiempo me dijeron que escribía demasiados relatos cortos y que eso me oxidaría. Que si no escribía novelas no podía considerarme escritor, porque, al parecer los escritores solo escriben novelas. Supongo que debería haber contestado algo, pero me quedé tan desconcertado, que me quedé sin palabras. Esa afirmación no solo es una tontería, es que no podría estar más equivocada.

Una de las cosas que más me inquietan desde que comencé en este mundillo es la estrechez de miras —otra son las envidias, pero ya tendremos tiempo de hablar de eso—. Todo el mundo exige innovación, todos quieren que circule la sangre… Pero a la hora de la verdad, los que mandan están tan estancados que huelen a ciénaga.

Decir a un escritor que deje de escribir tantos relatos cortos es como decirle a un mecánico que deje de cambiar bujías. Céntrate solo en reparar motores. Cambiar ruedas, pastillas de freno y revisar los niveles de líquidos es de fracasados. Tú tienes que ser el más mejor y por eso solo tienes que escribir novelas. Nadie en su sano juicio diría eso a un mecánico, sin embargo, a un escritor sí se le puede decir y quedarse tan pancho.

Todavía siento escalofríos solo de recordar la frasecita. Debo suponer, siguiendo esta línea de pensamiento, que Edgar Alan Poe era un mal escritor. Pofale

Novelas y relatos cortos

Escribir un relato corto no tiene nada que ver con escribir una novela. Aunque el proceso se le parezca un poco —por lo de tener que estar dándole a las teclas— el resto es bastante diferente. Al menos lo es para mí. Yo escribo un relato corto a la semana —dos si estoy especialmente inspirado—, sin embargo, escribir una novela es algo que me planteo muy de tarde en tarde.

¿Por qué? Porque no me gusta el proceso —vaya mierda de escritor, ¿eh?—. Pues sí, pero no me gusta tener que implicarme en algo tan largo, no me gusta tener que centrarme en un solo proyecto que ni siquiera sé si podré finalizar —porque soy de esas personas que se dispersan con facilidad—. Para mí, es mucho más sencillo y cómodo, sentarme y escribir relatos cortos, ¿por qué tengo que sentir que estoy haciendo las cosas mal? ¿Y si me da la gana dedicarme solo a escribir relatos?

Cuando escribía de oído

Yo empecé a escribir en serio a los veintitantos. Cuando digo en serio me refiero a hacerlo cada día, con cierta perspectiva de futuro. Me puse de verdad a ello cuando me publicaron mis dos primeros relatos en una antología. Supongo que ese fue un momento de cambio general en mis esquemas vitales.

Hasta ese momento escribía relatos muy de vez en cuando. En ratos muertos, en vacaciones… Muy de vez en cuando, siempre en cuadernos viejos que tenía por casa.

Entonces me publicaron un par de relatos en dos concursos. En aquel momento me parecían la hostia. Claro que entonces no entendía nada de lo que estaba haciendo, avanzaba a oscuras por un pasillo. ¿Sabes eso de que la ignorancia es atrevida? Pues así era yo, no tenía ni idea de estructuras, de tiempos, de personajes, de ritmos… Solo escribía lo que me gustaba, escribía y disfrutaba de cada palabra.

Relatos cortos y novelas
A veces necesitas que te indiquen el camino.

No te puedes hacer una idea de lo que añoro aquellos años. Ahora, cada palabra, cada frase, cada relato, tienen que ser sometidos a un escrutinio que, en la mayoría de las ocasiones acaba por matar la creatividad y, si bien deja un buen resultado sobre el papel, a mí me acaba dejando un regusto a ceniza en la boca.

Hoy en día, escribir para mí ya no es lo mismo, creo que, en este tiempo he perdido un poco de ímpetu. Lo que en mi pueblo se llama «espenta».

En aquella época, supongo que impulsado por ese éxito temprano me decidí por escribir novelas. Yo no había oído en mi vida la palabra escaleta y no tenía ni idea de cómo tenía que ser la estructura de mi novela. Simplemente escribía a pelo y aprendía sobre la marcha. Como toda la vida: ensayo y error.

¿Un consejo? Solo hay una profesión en la que este método de aprendizaje pueda resultar más dañino que en la escritura y es hacer malabares con motosierras.

El momento de la verdad

Perdí cuatro años y mucho trabajo por el camino. Escribí dos novelas de mierda antes de dar con la tecla para escribir algo decente. Por fin escribí algo digno de ser publicado por una editorial.

Si en ese momento hubiese tenido un Delorean —ahora tengo uno—, hubiese viajado hacia atrás para hablar conmigo mismo. Hay ciertas cosas que me hubiese gustado decirme: lee más libros sobre escritura, participa en talleres de escritura, tus amigos no son buenos lectores cero —un escritor siempre será mejor— y sobre todo, olvídate de las novelas, hay formas más efectivas de escribir tus mierdas.

Si un escritor novel, a día de hoy, me pidiera un solo consejo de escritura, sería este: olvídate de las novelas, tienes que escribir relatos cortos.

Como no quiero ser el único, aquí te dejo un enlace a un correo de Gabriella Campbell en el que te dice más o menos lo mismo.

Economía del tiempo

El tiempo es la gran queja de todos los que se dedican a esto. Todos necesitan más tiempo, porque por norma general no te dedicas exclusivamente a escribir; tienes otros trabajos, familia, haces deporte…

Un relato corto se puede escribir en una semana —o en menos—, por lo tanto el tiempo de tu ensayo/error es más corto.

Cada escritor tiene sus propios súper poderes, se llaman voz y estilo. Es el estilo y la voz del escritor lo que te engancha a un libro, es por eso por lo que prefieres el libro a la peli. Pero desarrollar tu estilo y tu voz te van a llevar muchos años. Vas a tener que escribir mucho para desarrollar un estilo personal y reconocible. Y por el camino la vas a cagar mogollón.

Novelas y relatos cortos
El tiempo y el escritor, enemigos irreconciliables

Vas a rallar el coche aparcando muchas veces, ya lo verás. Lo mejor, como en el caso de conducir, es que aprendas todo eso en el menor tiempo posible. Créeme cuando te digo que es mucho más fácil revisar y dejar presentable un relato de diez páginas que una novela de quinientas.

Ensayo y error

Como ya te he dicho antes, escribir una novela supone un gran compromiso. Es un compromiso de tiempo. Te vas a comprometer con una voz, un punto de vista, un género y una estructura.

Por tu bien, si empiezas narrando en tercera persona y en pasado, más te vale que lo sigas haciendo durante toda la novela. Si tu personaje tiene acento andaluz no se lo cambies a vasco a las cien páginas. Si te has cargado un personaje no puedes volver a matarlo ni puede aparecer vivo de repente —a menos que sea Gandalf—.

En los relatos cortos tenemos los mismo compromisos. Pero los plazos son mucho más cortos, en los relatos no tienes compromiso de permanencia.

Esto significa que tendrás muchas más oportunidades y mucho más tiempo para probar cosas nuevas. Podrás escribir desde varios puntos de vistas, sobre varios temas, podrás tocar todos los géneros que te salgan de ahí…

Esa falta de compromisos a largo plazo te permitirá cagarla lo suficiente como para desarrollar ese estilo y voz personales que tanta falta te hacen y hacerlo en mucho menos tiempo.

Historias muertas

A veces te das cuenta de que has encontrado la gran historia. Tienes una idea genial, una premisa que lo peta. Son esos momentos en los que estás seguro de que le estás haciendo el amor apasionadamente a las musas. Pero, de repente, la cosa empieza a torcerse. Esa historia tan buena empieza a hacer aguas por todos lados… Te das cuenta de que hay algo que falla.

Puede que sea un personaje, puede que la historia no diera para tanto, puede que la hayas cagado en el punto de vista o que, te hayas deshinchado. Pregunta a cualquier escritor, saben lo que es. Hay historias que acaban destinadas a la eutanasia.

Hay pocas cosas más jodidas en este mundo que darte cuenta de que tu historia no da para más cuando llevas 30.000 palabras escritas. No hay nada peor que ese momento en el que te das cuenta de que no te estabas tirando a la musa, que en realidad estabas solo en tu habitación corriéndote en tu ombligo. Hacer la eutanasia a una historia por la que has luchado tanto te hace sentir miserable.

Estas cagadas forman parte del proceso. Cuando empiezas a escribir te vas a encontrar en muchos de estos callejones sin salida. Conforme pases más tiempo escribiendo serás capaz de diferenciar a primera vista las «ideas buenas» de las «ideas malas». Si puedes verte escribiendo desde el principio hasta el final, es una idea buena… Si alguno de los pasos no se ven claros, olvídate de ella.

Hazme caso, yo tengo unas tres novelas muertas. Aprender metiendo la pata siempre es doloroso, pero lo será mucho menos cuando tengas que cargarte solo diez páginas o tres.

Crear tu audiencia

Cuando eres un autor novel, eres como el nuevo de la clase. Nadie se quiere sentar contigo. No tienes audiencia y te tienes que partir la cara en la patio para promocionar tu libro y que se te conozca.

Imagínate lo jodido que va a ser construir una audiencia sobre una novela. ¿Crees que alguien que no te conoce va a comprar una novela? ¿Por qué? Yo no te conozco, no confío en ti, ¿por qué debería darte una semana de mi tiempo? ¿Y si no vales la pena? ¿Me vas a devolver el tiempo? ¿Y la pasta?

Además, te vas a meter a nadar en un estanque lleno de tiburones y tú eres un pez muy pequeñito. Si tienes suerte, serás tan pequeñito que los tiburones ni se darán cuenta de que estás ahí. Si no la tienes, se te van a zampar a la primera de cambio. Sea como sea, te vas a morir de hambre, porque los más grandes, los que nadan por encima de ti, se van a zampar todo lo que caiga en el estanque. Con suerte, pillarás un par de migajas.

Novelas y relatos cortos
Adivina a quién está mirando toda esta peña. Ya te adelanto que no miran a la sardina…

Es muy jodido enganchar a un lector desde cero con una novela cuando nadie te conoce.

Al contrario, es más sencillo que la gente se interese por tu trabajo si no tienen que pagar un pastizal por él. Si escribes relatos cortos, puedes publicarlos en tu blog —Rafa de la Rosa lo hace muy bien con sus micro cuentos—, puedes trabajar en Wattpad, publicando tu obra o puedes regalar un relato a tus suscriptores cada cierto tiempo.

Si eres capaz de ganarte su confianza sin el compromiso que supone pagar por una novela —entiendo que esto os pueda cabrear, a mí me cabrea mogollón, pero es lo que hay—, será mucho más fácil obtener una base de lectores. En resumen, será más fácil crear audiencia con relatos que con novelas.

Si, además, tienes la suerte de publicar en antologías con otros autores, tanto mejor. En estos casos se da una especie de polinización cruzada. La gente que conozca a alguno de los autores comprará el libro por ellos y te leerán a ti. Si les gustas, tendrás más lectores fieles.

Cuando publiqué Historia de un Revólver encontré —o mejor dicho, me encontraron— muchos lectores que no me conocían. Vale, no compraron el libro por mí, pero ahora me han leído y les gusta lo que escribo.

Lecturas

En algún momento de tu vida tendrás que leer frente a tus lectores. Ese momento —temido, odiado, vilipendiado— te llegará, te guste o no te guste. Leer un extracto de una novela es, literalmente, una mierda.

Nueve de cada diez veces vas a estar leyendo un par de páginas sacadas de contexto y te sentirás como un idiota, porque lo que estás leyendo parece una mierda.

Aquí los relatos cortos le vuelven a ganar la partida a las novelas. No hay nada como leer un precioso relato con un inicio, un nudo y un desenlace. Podrás leer a tu audiencia una historia con sentido y no un montón de tonterías que no encajan demasiado bien en nada.

En fin… Ahora puedes hacer todo lo contrario

Bueno, aunque son válidos para cualquier buen entendedor, este artículo debería ser especialmente útil para todos los que están comenzando en este mundillo de la tecla y la letra. Si ya tienes tres o cuatro novelas publicadas seguramente estarás pensando que soy un escritor vago —algo que tampoco es que vaya a negarte—. Pero si todavía no has publicado nada, si hace poco que escribes y te estás peleando a muerte con esa novela, por favor, ten en cuenta todo lo que te cuento aquí.

Vale, quizá los relatos cortos no te van a dar el Nobel de literatura —aunque viendo el panorama, tampoco lo descartes, creo que el año que viene le toca al que escribe las quotes de los sobres de azúcar, así que… cruza los dedos—, pero los relatos cortos tienen sus ventajas. De entrada te resultará más sencillo salir del anonimato, será más sencillo colocar un relato en un revista o antología que publicar esa novela con una editorial.

La novela es el boss final, tus relatos cortos serán todos esos mini bosses que te dan experiencia y equipo para enfrentarte a ese último desafío. Aprende, patea el barro, no tengas miedo de escribir ficción corta.

A mí con esto me pasa como con Oasis. Puede que Liam sea el que más mola, porque es el cantante y es un tío guay, pero el músico de verdad es Noel y por eso es el mejor.

Y si no quieres, no lo hagas. Lánzate directamente a por esa novela, nadie te lo impide. Es lo que tiene esto, que cada uno acaba haciendo lo que nos sale de ahí…

Escritor y redactor. Me encanta escribir y los blogs. Me gusta compartir lo poco que sé con los demás. Soy geek y orgulloso. Autor de Blackwood: Piel y Huesos. ¿Quieres saber más? Lee lo que escribo, no tardarás en conocerme.