Hace unas semanas pregunté en mi página de Facebook y en mi grupo Copywriting para escritores, lancé la pregunta a mis seguidores sobre cuáles eran sus mayores problemas con la escritura. Muchos me dijeron que escribir todos los días, otros que el problema era terminar sus textos. Al final, las dos preguntas se resumen en una: Escribir más… escribir más rápido, crea el hábito de escritura… Vaya problemón.

Tengo comprobado que, cada cierto tiempo, aparece en mi bandeja de correo o en mis redes sociales un mensaje de alguien que me pregunta cómo ser escritor o cómo publicar una novela. Ser escritor es, básicamente, escribir cada día y leer cada día. Ser escritor es tener un impulso inconfundible, una especie de duende que te susurra que tienes que escribir. Llámalo musa o llámalo voz en tu cabeza.

Hay varios millones de cosas que puedes hacer para ser escritor. En cada blog de escritor que te encuentres, habrán cientos de consejos sobre cómo ser escritor, sobre cómo publicar… En todos ellos te vas a encontrar un mismo consejo: “escribe mucho y lee mucho”. No hay mucho más, si quieres ser escritor, ese es el mejor consejo que recibirás. Por supuesto, vas a tener que apostar por la formación, tendrás que aprender, tendrás que juntarte con otros escritores y deberías preocuparte de conocer el oficio al que te quieres dedicar… Aunque solo sea por encima.

Escribir más

Yo me convertí en escritor escribiendo. Siempre he sido un tipo normal y corriente, de esos que leen poco y que, normalmente están demasiado ocupados para cualquier otra cosa que no sea el trabajo y los amigos. Sí, había escrito algunas cositas y había ganado algún concurso de instituto, pero nada más. Jamás me hubiese planteado ser escritor, mucho menos buscar trabajo escribiendo.

Sin embargo, me quedé sin trabajo y empecé a pasar muchas horas en casa. Así que me dio por leer. Leí mucho. Muchísimo y, en ese momento, pensé que podría escribir… ¿Por qué no? Tenía un teclado delante de las narices y, en el colegio, el instituto y la universidad había aprendido a manejar el idioma… Es más, sé latín y estudiando antropología aprendí bastante sobre lingüística… ¡Sé mucho más que la mayoría! ¿Cómo no se me había ocurrido ser escritor?

Y por esa regla de tres empecé a escribir. Y como todos los escritores que comienzan, estuve convencido durante mucho tiempo de que lo escribía era oro puro. Por suerte, la ignorancia es atrevida y no tardé mucho tiempo en darme la primera hostia. Por si no lo sabéis, la primera hostia siempre es la mejor, suele ser la que te espabila, porque te pilla desprevenido, con la guardia baja. Eso te pone alerta.

Para mí fue una bendición. Era la primera vez que alguien me decía que escribía mal.

Yo, que sabía de lingüística…

No sabes escribir

En fin, este toque de atención me llevó a plantearme qué estaba haciendo realmente. A esas alturas ya tenía un blog, por lo que escribía todos los días. Me gustaba escribir, me gustaba tener un blog… Así que hice lo que debería haber hecho desde el primer momento: interesarme de verdad por lo que estaba haciendo. Buscar información.

Encontré algunas páginas interesantes, cursos, cursillos, tutoriales, libros… Resulta que había un montón de información sobre escribir. Y yo que pensaba que uno, simplemente, se sentaba y escribía… Pues no, resulta que había mogollón de gente enseñando al personal a darle a la tecla… ¡Increíble!

No tardé mucho en entender que había un consejo que flotaba en cada página, en cada libro, en cada tutorial: escribe más, escribe cada día.

Ese consejo, la primera vez que lo leí me chirrió. Fue como masticar gravilla… O cristales. ¿Escribir más? ¿Escribir cada día? ¡No es posible mecanizar la escritura! Uno escribe solo cuando está inspirado. Los escritores escriben por arte de ciencia infusa, las musas nos acarician, regalándonos esas preciosas ideas que nosotros cristalizamos y convertimos en joyas. ¿Cómo iba a escribir cada día? No fue, hasta que entendí que no existe la inspiración (más allá de la aparición de una idea), que pude empezar a crecer como escritor.

Como dice Stephen King en Mientras Escribo, tenemos que dejar de ver la escritura como un arte. Es un arte para los lectores, pero para nosotros es un oficio, como la carpintería.

Vivir de escribir

Bueno, puedo decir que algo aprendí. Escribí cada día y, ladrillo a ladrillo, construí mi blog. Paso a paso, creé un lugar desde el que compartir mis trabajos (esos primeros relatos que iban apareciendo aquí y allá) y, con el tiempo logré construir una plataforma desde la que hacerme visible. Entonces comenzó a llegar el trabajo.

Escribir, sea para tu trabajo, para tu blog o para terminar esa novela no suele ser sencillo. A los escritores nos encanta quejarnos de lo difícil que es sentarnos y escribir. De lo duro que nos resulta y del poco tiempo que tenemos para hacerlo. Somos escritores, pero escribimos mucho menos de lo que deberíamos… Y todo eso sin contar con los dichosos bloqueos del escritor.

Nos pasamos la vida luchando contra el reloj. Trabajo, amigos, familia… Tiempo libre… De repente, un buen día, Chronos te da un respiro; sin comerlo ni beberlo, te encuentras con una hora libre. Vas a poder sentarte a escribir. ¡Toda una hora! Puedes hacer lo que quieras, seguro que sacas un par de páginas, o un artículo entero para tu blog. ¡Joder, una hora! Si te lo curras puede que hasta logres terminar un capítulo de tu novela.

Tienes tiempo, así que solo tienes que escribir. Enciendes tu ordenador, pegas el culo a la silla y de repente es como si te hubiesen puesto al relentí. Termina esa hora, cuentas las palabras y te entran ganas de llorar. No entiendes cómo es posible haber escrito tan poco. Es imposible… Una hora debería dar para mucho más.

Y así es, en realidad, solo deberías saber cómo gestionar ese tiempo. Escribir más es solo cuestión de práctica. De crear un hábito. Yo puedo escribir artículos de 2000 palabras en una hora. Lo he hecho, lo hago a diario. Es solo cuestión de práctica.

Hoy quiero compartir algunos de mis trucos para que tú también seas capaz de escribir más y rompas la barrera de las 1000 palabras, ¿quieres saber cómo escribir más?

10 consejos para escribir más

1. Escribir bajo presión

Si tienes una hora para escribir es una hora para escribir. No deberías hacer nada más que eso.Yo aprendí a trabajar así en el taller de mi padre.

Muchas veces teníamos que salir a limpiar hornos cerámicos, yo tenía 14 años y era flaco como un palillo, así que me tocaba meterme dentro. El interior de un horno cerámico es como el infierno, hay mucha mierda y mucho polvo tóxico, así que entraba con una máscara y con protección. También hace muchísimo calor, incluso cuando lleva tiempo apagado, por lo que, no puedes estar mucho tiempo dentro. Y créeme, cuando estás ahí dentro quieres aprovecharlo al máximo, porque si no lo terminas a la primera, tendrás que volver a entrar. Y no es agradable.

Deberías gestionar así cada momento de escritura. Tu hora para escribir debería ser para eso mismo y para nada más. ¿Te estás haciendo pis? Pues te aguantas, escribe y no te permitas levantarte hasta que hayas cumplido el objetivo marcado, verás lo eficiente que te vuelves cuando sabes que, si no terminas, puede que te acabes meando encima.

Ya, ya, seguro que no es sano aguantarse tanto y todo eso… Pero si quieres escribir, si eres holgazán y te cuesta crear el hábito, vas a tener que poner algo de tu parte. Tendrás que hacer sacrificios. Pega el culo a la silla durante una hora o dos, hasta que termines.

2. Olvídate del bloqueo del escritor

Usa un truco de periodista: no te pases con la investigación. Investiga, claro, pero escribe desde tu cabeza. No dejes que toda la información se cargue tu historia, debes ser tú el que escriba la historia y no los datos que hayas recogido. No quieras tener todo en orden antes de ponerte a escribir, investiga y empieza a escribir. Si esperas, te pasarás; investigarás demasiado y nunca te pondrás a escribir.

Si quieres escribir más no te puedes permitir los bloqueos. Si no te acuerdas del nombre de un lugar o de un personaje, no te pares a buscarlo. Pon unas siglas o simplemente escribe NOMBRE. Ya tendrás tiempo de editar y corregir.

Ahora escribe.

3. Automatizar la escritura

Aunque hace poco me he pasado a Scrivener, yo siempre he usado Libre Office. No solo porque es un procesador de textos muy completo, ágil y libre, también tienen una función que me encanta: autocompletar. Esta es una función que deberías buscar en tus procesadores de texto, pues te va a facilitar muchísimo tu objetivo de escribir más rápido.

Esta función, toma las palabras que más sueles usar y las autocompleta a medida que vas escribiendo. Créeme que es una bendición sobre todo, cuando escribes artículos y usas cierta terminología que, a veces, se te hace complicada o es muy larga. Tener la palabra escrita a golpe de Enter, es una bendición.

Existen muchas aplicaciones que te pueden resultar de cierta ayuda en este punto, pues están pensadas para automatizar este proceso. Sin embargo, mi consejo es que no confíes demasiado en ellas. Simplemente, aprende a usar abreviaturas. Sobre todo cuando escribas deprisa, cuando tengas una hora para escribir, por ejemplo. Una vez hayas terminado de escribir, completa esas palabras.

4. La Delgada Línea Roja

Estás en racha, tus dedos vuelan sobre teclado. Estás escribiendo como si te fuera la vida en ello y de repente, tus ojos se van directos a una chillona raya roja que acaba de aparecer debajo de la última palabra que has escrito. ¿Oyes ese sonido como de un cristal rompiéndose? Es tu concentración que se acaba de ir a la mierda.

Ves la dichosa raya roja, paras y revisas la palabra. Total, para darte cuenta de que el autocorrector no acepta el nombre de esa ciudad que te acabas de inventar. O que no acepta la palabra autocorrector. Es estúpido… Es una pérdida de tiempo completamente innecesaria.

Paras, pinchas en la palabra y la agregas al diccionario… Has perdido, ¿cuánto? Con suerte unos 30 segundos… Pero la concentración, la motivación, se ha evaporado.

Los autocorrectores están muy bien para facilitarte el proceso de edición y corrección, pero son aún mejores distrayéndote de tu trabajo. En serio, los autocorrectores son unos tocapelotas. Por suerte, puedes apagarlos, hazlo y escribe sin distracciones. Cuando termines, si quieres, puedes volver a activarlos.

5. ¿Escribes a mano?

Yo sigo tomando muchas de mis notas a mano. Ya sé que es algo raro, sobre todo, teniendo en cuenta que me encanta Evernote y que acabo de descubrir una aplicación genial que se llama Laverna. Sin embargo, a la hora de la verdad, mis investigaciones, mis ideas, siempre acaban garabateadas en un cuaderno, de mi puño y letra.

Escribir a mano tiene muchas ventajas, influye directamente en nuestro cerebro y nos ayuda a «pensar» a crear conexiones entre ideas. Sigue habiendo mucha gente que escoge escribir a mano y a mí me parecen unos valientes, me encantan.

Si escribes a mano, ya sean tus notas o tus textos, busca un bolígrafo que escriba bien. Los Pilot, sobre todo los V7, funcionan de maravilla, corren sobre la página lo que te ayudará a no cansarte tanto (yo tengo tendinitis y escribir a mano me resulta un poco doloroso). Si vas a escribir mano, un buen bolígrafo es esencial para avanzar y no perder tiempo.

6. No edites, solo escribe

Una de las malas costumbres que te hace escribir menos es pararte a corregir lo que estás escribiendo. No hay nada que te desconcentre más que pararte a corregir esa palabra mal escrita. Pocas cosas son peores que tirarte media hora buscando la palabra perfecta, la expresión adecuada. Mientras haces eso, tu texto nunca está terminado del todo, siempre “te falta algo”.

Esto es consecuencia directa del perfeccionismo y el perfeccionismo, muchas veces te impide terminar tus textos.

Hecho es mejor que perfecto. Tienes que obligarte a escribir y no editar, ni corregir mientras escribes. Vomita las ideas sobre el papel, escribe rápido, pon las palabras sobre la pantalla y ya corregirás cuando termines.

Cuánto más cómodo te sientas con escribir sin pensar, más rápido escribirás y más sencillo te resultará escribir cada día. A medida que vayas ganando confianza en tu escritura, escribirás más y te resultará más sencillo hacerlo sin pararte a corregir. Cuanta más confianza tengas en tus habilidades, mejor lo harás y más agradable te resultará todo el proceso.

Esto parece una gilipollez sin pies ni cabeza, pero créeme, es así y lo entenderás cuando hayas escrito mucho.

7. Zen y el arte de escribir etiquetas

Uno de mis primeros trabajos como copywriter fue escribir descripciones de productos para una tienda online. Es un poco como el niño que juega por primera vez en un equipo de fútbol y le toca hacerlo de defensa o, peor aún, de portero. No era el mejor trabajo de mi vida, pero sí era un gran trabajo; por fin iba a trabajar escribiendo.

Escribir descripciones de champú, de cremas antiarrugas y ese tipo de cosas, no era lo que me esperaba. Me costaba ponerme, me costaba mucho encontrar una voz. Un motivo. Incluso descripciones realmente cortas, de entre 150 y 250 palabras, me costaban muchísimo de escribir. Si tenemos en cuenta que debía escribir entre 1000 y 2000 a la semana… Más me valía escribir rápido.

Si quieres escribir más, tienes que aprender a concentrarte. Y te aseguro que, hoy en día, eso es más difícil que nunca. En primer lugar tienes que apagar, o poner en silencio y bien lejos de ti, el teléfono. Si cada cinco minutos vas a contestar un Whatsapp, no te concentrarás. Te digo lo mismo con los navegadores y las notificaciones de escritorio. Apaga todo, no dejes nada abierto. Es muy importante que puedas concentrarte, tienes que encontrar la voz y ponerte en modo escritor.

Si aún así, sigues perdiendo la concentración cada dos o tres minutos, bájate algún procesador de textos con opciones de escritura sin distracciones y, si eso tampoco te sirve, escribe en un ordenador sin conexión a Internet.

8. No fuerces las cosas

Hace unas semanas quise participar en un concurso de terror. La temática me pareció divertida y pensé que podría escribir un relato interesante, incluso tenía la historia bastante clara. Quería crear un cuento de terror al más puro estilo Clive Barker.

Resulta que me puse y, tras varios días escribiendo (a ratos sueltos en el trabajo) me di cuenta de que la cosa no estaba funcionando. Tras varios días solo había logrado escribir unas 1500 palabras, lentas, pegajosas y sin mucho empaque. Me había estado arrastrando por la misma página sin lograr un avance real, sin engancharme. La historia estaba muy bien, el personaje principal también… pero había algo en el conjunto que no funcionaba… Que no me motivaba.

Quise forzarlo y no funcionó.

Luego llegué a casa y me puse a revisar mis cuadernos de ideas, necesitaba algo nuevo para escribir. A la primera, uno de los títulos me saltó al cuello, como un león. La idea me atraía, me encantaba. En un rato escribí casi 5000 palabras de introducción.

No debes forzar las cosas. Si cuando escribes notas que no avanzas, que te empiezas a mover por terreno fangoso, déjalo. No permitas que las arenas movedizas se traguen tu racha de escritura. Si quieres escribir más tienes que dejar ir las historias que no funcionan. Si la historia realmente merece la pena, si es buena de verdad, ya regresará a ti cuando estés preparado para escribirla.

Y es lo mismo para los artículos de tu blog. Esta semana yo debería haber hablado sobre usar palabrotas, sin embargo, cuando me puse a escribir el artículo, no me gustó. Tras 500 palabras de mierda, lo dejé y rebusqué en mi calendario… Este artículo apareció corriendo y gritando desde el final del pasillo… Y aquí está.

9. Gamifica tu experiencia

Uno de los problemas que me siguen sorprendiendo del personal es el de la mecanografía. No sé qué pasa, ni cómo es posible, pero me sigo encontrando mucha gente que no sabe escribir rápido o que no es capaz de escribir con un teclado sin estar siempre pendiente de las teclas que pulsa… ¿Habéis estado alguna vez en la cola del banco o en Hacienda viendo como el señor que os atiende teclea con dos dedos? ¡Es ridículo!

Si tu cabeza va tan rápido como la mía, más te vale saber teclear a toda hostia porque de otra forma, te vas a quedar colgado. A mí me pasa y eso que escribo a toda castaña, me llega una metáfora genial, un giro buenísimo, pero mi cabeza va mucho más rápido que mis dedos y tengo que esperar a que mis manos lleguen hasta ahí para seguir. Ese freno, te puede destrozar la concentración.

Por suerte, aprender mecanografía ya no es un coñazo. Las viejas escuelas de mecanografía han muerto y han aparecido otras formas mucho mejores de aprender. Hay un montón de páginas web con juegos de mecanografía y cientos de aplicaciones y vídeos.

Si quieres escribir más, apuesta por mejorar tus habilidades y pocas habilidades te resultarán más útiles que aprender a teclear rápido y, a ser posible, con al vista fija en la pantalla y no en el teclado.

10. Apuesta fuerte por ti

Hay pocas cosas que nos obliguen a mejorar más que la competitividad. La competencia sana te obliga a mejorar. ¿Quieres escribir más? Pues rétate a hacerlo. Apuesta con alguien que eres capaz de escribir ese artículo o relato en mucho menos tiempo de lo que sueles hacerlo.

Una vez yo sorprendí a un compañero de trabajo que no se creía que podría escribir un artículo de 1000 palabras en menos de una hora. Lo hice y, además, me salió un buen artículo, muy completo y con mucha chicha.

Siempre lo he dicho. Mi primera novela, Blackwood: Piel y Huesos, nació de un reto. Quise participar en un concurso… Solo que lo encontré a falta de menos de tres semanas para el término… Me reté y, escribí el primer borrador de la novela en dos semanas. Por supuesto, era un desastre y ni siquiera me seleccionaron… Pero lo hice, aposté y aposté fuerte.

Nanowrimo es un excelente ejemplo de este tipo de retos. Cada año, durante el mes de noviembre nos retamos a escribir 50.000 palabras. Hacerlo es una muestra de que te has comprometido con tu escritura, de que estás en el buen camino.

Otra forma de apostar es hacer mini-retos. Yo tengo mi grupo de Facebook 500 palabras al día. Allí cada día, durante 31 días, lanzo pequeños retos de escritura. Solo tienes que escribir 500 palabras. Otra forma de hacer esto, es marcarte pequeños objetivos y recompensarte por alcanzarlos.

El escritor prolífico escribe más

Escribir más no es sencillo. Estamos sometidos a demasiados estímulos, demasiadas distracciones. Tenemos que estar pendientes de muchas cosas.

A mí me ha llevado mucho tiempo aprender a escribir más. He tardado años en desarrollar un habito de escritura que aún me sigue fallando de vez en cuando. Todos estos consejos que te he dado hoy te pueden ayudar a escribir más o no, pero al final todo dependerá de ti. De tu fuerza de voluntad, de las ganas que tengas y de tu compromiso con tu escritura. Si de verdad quieres escribir, encontrarás tiempo para hacerlo. Si es solo un capricho, antes o después lo abandonarás, porque no sentirás la imperiosa necesidad de estar atado a la tecla.

En esto, cada uno tiene sus tácticas y seguro que tú tienes las tuyas, ¿qué haces para motivarte a escribir? ¿Tienes algún truco para escribir más? ¿Te cuesta escribir? ¿Qué es lo que más te distrae/desmotiva? Comparte con nosotros tus consejos para escribir más, a ver si entre todos podemos lograr que escribas más.