Al final me ha tocado cambiar el título, ¿ves? Por vago. El título original de este artículo iba a ser «Una editorial viene a verme», pero ya se ha pasado el tema. Lástima.

En fin, al turrón.

Editoriales, qué lugares… El sueño húmedo de todo escritor, ¿verdad? Te digo lo mismo que le dijeron a Pedro: «antes que cante el gallo me habrás negado tres veces». Seguro que ahora estás pensando que tú no eres de editorial, tú pasas de esa mierda. Eres un tipo —o tipa— muy capaz y te las apañas de maravilla a la tuya. Sin ayuda. Total, ¿no son todas las editoriales una pandilla de hienas que se alimentan de las magras carnes del escritor? Pues sí, claro que sí.

¿Y si no lo son?

Editoriales, la última frontera

Primer canto, primera negación. Por mucho que refunfuñes y que te hayas pasado la vida autopublicando —cosa por la que tienes todo mi respeto y envidia—, si Random House o Planeta te ponen un cheque delante, seguro que pierdes las pelotas. Y estoy bastante seguro, porque en el fondo, todos somos así. Un poquito hipócritas.

Yo podría haber autopublicado, pero si te digo la verdad me dio un miedo terrible y busqué la vía tradicional.

Con Blackwood tuve suerte, topé con una editorial joven y con ganas que apostó por mí y por mi proyecto… En un momento, además, en el que ni yo mismo apostaba por mí o por mi libro. Salí bien parado de mi primera novela, alguna cicatriz, un par de muescas en el revólver, pero la experiencia general fue buena.

Esa editorial, me ha apoyado en todo. He publicado con ellos todos mis relatos, me ha incluido en todas sus antologías y apuestan por mi trabajo en cada nueva revista que publican. Mi relación con ellos ha sido tan buena que incluso he terminado trabajando con ellos en algunos proyectos, ya sea de lector editorial, ya sea de corrector. El tema es que, tuve la enorme suerte de topar con una editorial que me quería.

Y no ha sido la única. Más tarde tuve la enorme suerte de trabajar con la editorial Ronin Literario y la experiencia no pudo ser mejor. En Historia de un Revólver, hicieron un trabajo excelente, cuidaron el producto desde la portada, hasta el punto final. Estuvieron siempre conmigo durante el proceso de revisión y edición y se preocuparon de el libro, una vez terminado, llegase a todos los lugares posibles. Implicándose hasta el último momento en presentaciones y demás.

Historia-de-un-revólver

Historia de un revólver, publicado por Ronin Literario, con portada de Aina Albi.

Como te digo, yo he tenido mucha suerte… pero no siempre es así, ¿verdad?

¿Qué tienen de malo las editoriales?

Exacto.

Siempre hay un pero.

En mi caso y en el de tropecientos autores noveles como yo, el gran pero es el mismo. Las editoriales pequeñas y jóvenes llegan a lo que llegan. No tienen grandes cadenas de distribución, no disponen de gigantescos departamentos de marketing y, por mucho que se esfuerzan, llegan a lo que llegan. En mi caso y, a pesar de que hicieron mucho, como siempre sucede, llegamos hasta donde pudimos.

Está claro que mi público —lectores de terror— son los que son y que mi género, en este país tiene una enorme lacra que no llego a entender. Sin embargo, viendo lo que se vende en la tele —series y tal— y lo que se ha logrado en nuestro país —autores como Garduño, por ejemplo—, creo que se podría haber hecho un poco más.

Es verdad que yo tuve parte de la culpa. No me impliqué tanto como debiera y no puse de mi parte todo lo que podría haber puesto —de ahí mi miedo a autopublicar, soy muy muy vago—. Pude haber creado un plan de marketing en condiciones, pero todo el tema de la publicación me superó y no reaccioné nada bien.

Además, antes de publicar mi novela Blackwood tuve un encontronazo bastante jodido con otra editorial. De hecho, Blackwood no iba a ser mi primera novela. Sin embargo, al final y tras casi un año de calvario, tuve que romper —abogado por medio— el contrato con aquella primera editorial. Fue una experiencia nefasta. Ver como tu trabajo se marchita por culpa de la incompetencia de algunos.

El mal es un punto de vista

Es verdad que, como escritores, nos resulta muy sencillo saltar a la chepa de las editoriales y dedicarnos a criticar. Yo os puedo asegurar, por mi experiencia, que salvo algunos casos muy concretos, detrás de las editoriales hay gente honrada y trabajadora —estoy hablando de las editoriales digamos «asequibles»—. Los editores, esos que nos gusta pintar con colmillos y cubiertos de pelo negro e hirsuto, son gente que lucha día a día por sus intereses, igual que tú luchas por los tuyos.

Editoriales fantásticas y dónde encontrarlas

Escalofriante imagen gráfica de un editor en el momento del rapto de un escritor. El editor es el del sombrero de Tío Gilito.

También es verdad que hay algunos casos, que pese a ser minoría, rechinan mucho. Tenemos editoriales que se aprovechan o buscan aprovecharse del escritor y de la situación desesperada en la que se encuentra. Hay casos de editoriales que exigen un precio desorbitado por una edición de apenas 100 ejemplares, que jamás llegarán a ninguna librería y barrabasadas por el estilo… Es verdad, pero, aunque me joda reconocerlo, esto es lo de menos. Una editorial pirata de estas, te la ves venir a la legua y si no la ves, entonces pregunta, habla con otros escritores, infórmate —el blog de Mariana Eguaras te puede ayudar muchísimo en estos temas—.

Otro tema son los derechos de autor o los adelantos.

Es verdad que la mayoría de estas editoriales «asequibles» no te ofrecen adelantos por tus libros, pero tienes que entender que para ellas, publicar tu libro ya supone un esfuerzo económico. Nosotros somos unos desconocidos y, para ellos, apostar por un desconocido siempre es arriesgado. No es que me parezca bien —de hecho no me parece nada bien—, pero trato de ponerme en su pellejo. Deberían darnos un adelanto por nuestro trabajo, pero parece que eso es complicado.

Aunque para mí el peor de los males sigue siendo el tema de los derechos de autor. Sí, hay un esfuerzo detrás de una edición medio decente —hoy en día no se puede pedir mucho más, por lo visto—, pero ni de coña hay tanto. No es normal que el autor siempre sea el último mono. Una edición normalita, con tapa de cartón y cola, no se merece el 95% de los derechos… Pero es que no creo que merezca ni el 80%. En fin, he comprado varios libros de amiguetes y la verdad es que las ediciones, más que un libro parecen un tebeo de Mortadelo y Filemón. Como se te ocurra manosearlo mucho o leerlo más de una vez, despídete, porque te quedas con las hojas en la mano.

¿Por qué se nos paga tan poco entonces? ¿No es ese el mayor desprecio que se le puede hacer a alguien? ¿Tan poco crees que vale mi trabajo? ¿Qué te hace pensar que el tuyo vale tanto?

Esa sigue siendo la gran asignatura pendiente entre las editoriales y los escritores. La relación sigue siendo parasitaria. Ya existen algunas editoriales, sobre todo independientes que están aplicando un reparto más justo con el escritor, algo que deberíamos agradecer. Pero son las que menos y suelen trabajar con Verkamis, así que…

El escritor independiente

Yo no puedo hablar mucho de la autopublicación porque todavía no la he tocado. Es verdad que mis próximos proyectos tienen pinta de ir por este camino… pero por ahora no tengo mucho que decir o enseñar.

Sin embargo, y por la experiencia que he tenido con los escritores independientes sí que os puedo comentar algunas cositas. En primer lugar, creo que el mayor error de la autopublicación es la falta de filtro —¡vaya acabo de descubrir América!, ¿eh?—. La autopublicación es un cajón desastre y cada día se publican miles de libros, algunos tan malos que te mandan a tu rincón de llorar.

Editoriales fantásticas y dónde encontrarlas

Yo después de tener que leer algunos libros para reseñas.

No quiero decir que todo lo autopublicado sea malo o que las editoriales no la caguen. Pero los autores autopublicados no pasan ningún filtro. Muchas veces, ni siquiera el de un corrector o un editor, algo terrible, sobre todo cuando tienes que leer párrafos sin puntuación o errores ortográficos de primero de guardería. Hay que tener un poco de amor propio, señores. Seguro que no comerías en un restaurante lleno de ratas, pues no obligues al personal a tragarse tu mierda.

Juan Palomo

Este es el otro gran problema que, a mi entender, tiene la autopublicación, que lo quieres hacer todo tú. Vale, yo también ando pelado, chaval, pero hay cosas que no sé hacer… sin embargo, la ignorancia es muy atrevida, ¿verdad? Mira, yo soy muy punk y lo mejor que nos ha dado el punk — a parte de los imperdibles— ha sido la filosofía DIY (Do it yourself). Si hasta un inconsciente como yo sabe donde están sus límites… ¿Cuál es tu problema?

No puedes hacerlo todo. Por mucho que te hayan dicho en el cole que eres especial y que puedes ser lo que quieras. No puedes, colega. Es imposible. No puedes ser escritor, lector editorial, editor, corrector, diseñador, maquetados, publicista, presentador, malabarista chino, domador de fieras y cazador de gamusinos. En algún momento la vas a cagar y vas vender un producto deficiente.

Autopublica, tienes una gran oportunidad, pero no lo hagas todo por tu cuenta. Hay profesionales excelentes ahí fuera que te ayudarán por cuatro perras. De verdad. Te costará menos un diseñador para tu portada que una noche de cubateo y, al final, te será mucho más útil.

Si quieres que te tomen en serio, tienes que demostrar que vas en serio. A mí también me gusta ponerme estupendo y tirarme a la trinchera, pero al segundo tiro ya estoy cagadito y temblando. Si quieres respeto, demuestra que te lo mereces. No tires en Amazon lo primero que has escrito, con media leída y sin un solo comentario de otro lector.

No te vendas tan barato.

¿Dónde encuentro esas editoriales fantásticas?

Bueno, os había prometido editoriales fantásticas… A ver cómo me lo monto yo ahora… En fin… Enviadme vuestros manuscritos junto a 1000€ a «Editor Feliz», Calle Evergreen Terrace… ¿No cuela? Bueno…

Las editoriales, aunque no te lo creas, están tan hartas de ti, como tú de ellas. Reciben a diario decenas de manuscritos con los que tienen que lidiar. Si prefieres tirar por editorial, lo primero que tienes que tener claro es que no te vale cualquier editorial. Tienes que buscar LA editorial, la que te necesita, la que te quiere leer.

¿Sabes para qué me serviría enviar un manuscrito de terror a una editorial de romántica? Para que se cagaran en mis muertos y poco más. Lo peor de todo es que, si los pillo en un día de poca faena, me van a pillar la matricula y van a saber que no presto atención a sus indicaciones. Que no soy capaz de seguir unas directrices muy muy sencillas… ¿Qué crees que pensarán de mí? Exacto; que soy idiota. O que estoy desesperado… En cualquier caso, mal asunto.

¿Cuál es tu editorial? Eso no te lo puedo decir… Hay tantas… Busca la que se acople a tu género, revisa lo que publican, mira si tu manuscrito se adapta, tómate un poco de tiempo y lee lo que piden, lo que necesitan, fíjate que tengan abierta la solicitud de manuscritos… Incluso puedes enviarles un correo explicando quién eres, qué haces y contarles algo sobre tu libro… Si les interesa puede que te contesten.

Lo que no puedes hacer es ponerte nervioso, enfadarte y enviarles correos pasivo-agresivos de adolescente dolido. Detrás de ese sello hay una persona, quizá el que te leyó no tenga buen ojo y, a lo mejor, dentro de un año hay otro lector con el que tienes otra oportunidad… Pero si te pones estupendo, te van a mandar a la mierda. Directamente y sin vaselina.

Editoriales fantásticas y dónde encontrarlas

¿Que no me publicas? Postemandolostanques

Si quieres saber qué tipo de editorial te conviene o no, aquí tienes este artículo de Mariana Eguaras sobre las editoriales de autoedición y este otro de Jen M.D sobre las editoriales que quieren comerse tu tostada y cómo identificarlas.

Ya te he dicho que paso, yo voy a la mía

Si eres de los que ya están hartos o, simplemente, eres del Team Autoedición, enhorabuena, hoy en día lo tienes más fácil que nunca. Como te he dicho, no la cagues; no te precipites. Cuando termines tu manuscrito, deja que alguien lo lea, pide opiniones —sí, en plural—. Cuando sepas si merece la pena, revisa, repasa, cambia. Que lo lean de nuevo y ahora sí, trabaja con un editor/corrector.

La tarea de corrección marcará la diferencia entre publicar algo potable o sacar la primera basura que se te ha ocurrido. Créeme la diferencia es abismal. No te haces una idea. No tengas reparos en invertir tu dinero en tu trabajo, al fin y al cabo, será tu nombre el que figurará en la portada, ¿pondrías tu nombre a un juguete que causa diarrea a los niños? Espero que no —yo lo haría, pero porque me gustan los fuegos artificiales—.

Si quieres autopublicar tienes mucha información en la red. Hay muchos blogs que te darán buenas ideas, consejos y guías para que te manejes en esto. Isaac Belmar, Mariana Eguaras, Valentina Truneanu, R.R López o Ana González Duque todos te ayudarán y ofrecen buen contenido y ayudas para publicar por tu cuenta.

Este tema es delicado y supongo que nadie estará de acuerdo; por una parte están las editoriales, por otra los escritores, los autopublicados, los engañados… Es una guerra a muchas bandas. Yo por mí parte solo pretendo ayudar desde mi experiencia, seguro que tú también has tenido algún tipo de experiencia con esto, así que… Eres libre de compartirla conmigo.