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Annie Wilkes, la enfermera psicópata protagonista de Miserye, es una gran lectora. Hoy te cuento que aprendí con ella sobre escribir.

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

Escribir

Si no estás muy familiarizado con el trabajo de Stephen King, puede que se te pase por alto el nombre de Annie Wilkes. Si te gusta el terror —aunque no te guste el maestro del terror—, seguro que conoces a la enfermera más sádica y retorcida de la literatura.

Annie Wilkes es —para mí— la gran antagonista. Es un el personaje co-protagonista de Misery, el que para mí es uno de los mejores libros del señor King.

En Misery, Wilkes es una enfermera retirada y aficionada a las novelas de aventura de Misery Chastain, escritas por Paul Sheldon. Annie Wilkes es la fangirl total, hoy en día sería la reina de Wattpad, pero en la época en que King escribió su novela, se contentó con secuestrar a su escritor favorito y obligarlo a escribir.

Lo bueno de Wilkes es que no escatimaba en gastos —como el señor Hammond en Jurassic Park— y hay que decir que, en lo tocante a la tortura, la tía era de lo más ingeniosa.

Si no has leído Misery, creo que deberías hacerlo. Es una de las mejores novelas de terror que he leído hasta la fecha. El personaje de Wilkes es redondo, todo escritor de terror debería estudiarla con detalle y la tensión que se respira durante toda la historia es asfixiante. King creó, con solo dos personajes, una de las grandes historias de terror del siglo XX.

Además, por si todo esto no te llama, tiene uno de los mejores finales que he leído… Una verdadera montaña rusa de emociones.

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

Annie Wilkes es mucho más que una enfermera loca y obsesionada con el bueno de Paul Sheldon. Para mí, representa la cara oscura de las editoriales y de los editores.

Annie Wilkes secuestra a un escritor y lo obliga a escribir, le obliga a cambiar todo lo que no le gusta en su obra —tenga o no tenga razón o sentido—. La enfermera no está contenta con la muerte de su heroína y por eso secuestra y obliga a Sheldon a resucitarla y escribir una nueva aventura.

Si esto no es lo que haría un editor con su «gallina de los huevos de oro», que baje Dios y lo vea.

Además, la resurrección de Misery Chastain no puede ser de cualquier manera. Tiene que ser creíble, porque todos sabemos a estas alturas que no hay nada peor para un escritor que resucitar a un personaje de repente. Sheldon, roto físicamente por el accidente, está preso de los caprichos de la voluble Wilkes, para mí no hay representación más fiel de lo que algunos editores hacen con sus autores: cambios en la historia por capricho, cambios en el estilo…

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

¿Has visto los cambios en el manuscrito? Acéptalos todos y devuélmelo para que lo editemos… ¿Te suena de algo?

A los escritores, algunas veces, se nos secuestra la creatividad y se nos «obliga» a tomar como buenos cambios en el texto y en el estilo. Sabemos que, si nos negamos, nos quedaremos sin publicar ese texto en el que tanto hemos trabajado. Así que, como Paul Sheldon tendido en la cama, nos callamos y lo aceptamos.

Es el instinto de supervivencia.

Para Stephen King, Annie Wilkes no era ningún editor. En aquel momento el Rey del Terror estaba inmerso en una espiral de drogas y alcohol de la que era incapaz de escapar. Para él, la enfermera era su adicción y la escuchaba trasteando por los pasillos de su casa, abriendo y cerrando puertas, mientras él se veía a sí mismo postrado en una cama. Si lo piensas, no está nada mal la metáfora, ¿eh? King tuvo una adicción muy fuerte —sobre todo a la cocaína—, tanto que asegura no recordar lo escrito entre finales de los 80 y mediados de los 90.

Uno de los puntos fuertes de Misery es la terrible intimidad que se crea entre el lector y los personajes. En algún punto de la lectura, todos nos sentimos secuestrados por Wilkes. Es esa parte de historia personal —inconsciente— la que te arrastra y hace que te metas en la lectura.

Nunca engañes a tus lectores

Cuando después de un buen tira y afloja entre Sheldon —que odia a Misery Chastain— y Annie Wilkes sobre si va a escribir o no esa nueva novela, el autor le entrega las primeras páginas de su nuevo proyecto. La enfermera le dice, simplemente: «No está bien».

A Annie Wilkes le gusta lo que ha escrito Paul Sheldon, es «hermoso», le dice, «Pero es un camelo». En palabras de Paul Sheldon, Annie Wilkes había pasado de ser su Lectora Constante a su Editor Inmisericorde.

Annie le cuenta entonces una experiencia de su infancia, cuando fue a ver una película con su hermano y se sintió engañada por uno de esos seriales de aventura que solían poner. El favorito de la enfermera era Rocket Man, cada capítulo de aquellos seriales terminaba con un cliffhanger y empezaba con el protagonista salvándose de ese peligro.

Hay un capítulo en el que Rocket Man, atado al interior de un coche, se precipitaba por un acantilado. Annie apenas pudo terminar de ver la película, no podía dejar de pensar en Rocket Man, de hecho, se pasó toda la semana pensando en cómo podría escapar el pobre de aquella. Cada capítulo empezaba con el final del anterior y en este caso, empezaba con Rocket Man atado al coche y este precipitándose a toda velocidad por la carretera hacia un acantilado, solo que en el último momento se abría la portezuela y el héroe saltaba del coche.

A Annie Wilkes no le gustó en absoluto esta solución, de hecho, le gustó tan poco que comenzó a gritar: «¡Eso no es lo que pasó la semana pasada!». Gritó tanto que los echaron del cine.

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

Esta es la cara que se te queda cuando te enteras de que el personaje no estaba muerto, estaba de parranda

Dudo que tus lectores lleguen a ese nivel de locura, pero estoy seguro de que a ninguno le va a gustar una pizca que les hagas trampas.

No uses «camelos», no resucites personajes, no busques soluciones fáciles a sus problemas. Si tu personaje está escapando de un tipo con una motosierra y llega a un callejón de salida no puede ser que al asesino le dé un infarto o que le caiga un yunque en la cabeza… Tampoco molaría nada que una pistola se materialice en el bolsillo de tu prota o que el asesino tropiece y le caiga la motosierra encima.

Olvídate de los molestos Deus Ex Machina, tampoco abuses de la suerte de tus protagonistas. Cada problema debe tener una solución plausible, cada personaje debe encontrar su propia salida. De hecho, para eso están los arcos argumentales de los personajes, tienen que crecer y desarrollarse para ser capaces de salir de sus problemas sin tu ayuda.

Si el lector se encuentra con la mano del escritor parando las balas y llevando en volandas al personaje, cerrará el libro y nunca más te leerá. Porque pensará que eres un tramposo y a nadie le gustan los pájaros sucios.

Rocket Man al borde del precipicio

Como te he dicho arriba, Annie Wilkes era adicta a esos seriales que echaban en los cines antes de la película. A ella le encantaba Rocket Man —no, no es el de Elton John—.

Lo bueno que tenían esos seriales, era que cada capítulo terminaba con el protagonista en una situación de peligro. El siguiente capítulo empezaba justamente ahí resolviendo la situación, sin embargo, tocaba esperar una semana para saber cómo escapaba el protagonista de la trampa.

Esto, como ya sabrás, se llama Cliffhanger y es lo que, en mi pueblo llaman, engañabobos. Una forma de tener pegado a la pantalla o a la página.

Se trata de cerrar cada capítulo con una escena de tensión, que quedará en suspenso hasta el siguiente capítulo. Esto fue muy utilizado por los seriales de televisión y también por las novelillas pulp de los años 20, que siempre terminaban con el protagonista enfrentándose a un peligro de muerte. Se trata de crear la conmoción necesaria para que el lector se interese y siga leyendo.

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

¿Te acuerdas de este final? Pues eso era un cliffhanger

Este es un recurso que ha sido muy utilizado en la televisión. Dos claros ejemplos del uso de cliffhangers son Twin Peaks y Perdidos, al final de cada capítulo se desvelaba una nueva amenaza, una nueva pista o alguno de los protagonistas quedaban expuestos a un peligro. De esta forma, la tensión queda en suspenso y tienes que esperar a la siguiente semana para saber cómo se desarrolla y si ese personaje se salva o no.

El cliffhanger puede ser una escena, una palabra o una imagen. No importa, lo realmente importante es lograr la tensión necesaria para que el lector continúe leyendo y no abandone el libro. Se supone que funciona porque el cerebro recuerda mejor las tareas inacabas o pendientes, es lo que se llama el efecto Zeigarnik.

El cliffhanger es una herramienta poderosa, si quieres enganchar a tu lector, úsala. Usa y abusa de ella. No tengas miedo.

El escritor es Paul Sheldon

Aunque Annie Wilkes tiene mucha vista y se convierte en una editora inclemente, el escritor es Paul Sheldon. Es él quien escribe, es suyo el estilo de Misery, suyas son las ideas y también es suyo el criterio.

Cuando sufre el accidente, Paul Sheldon, lleva consigo un manuscrito de la que espera que sea su ópera magna, una novela que no tiene nada que ver con las aventuras de Misery. Sheldon, como cualquier escritor, lleva tiempo renegando de su protagonista —Misery Chastaine—, pues quiere ser recordado por algo más que una serie de novelillas romanticonas de aventuras. El manuscrito de Automóviles Veloces es el que le va a cambiar la vida, por fin dejará de escribir folletines y se convertirá en el novelista que siempre ha querido ser.

Sin embargo, Annie Wilkes cree que su gran novela no es más que una cochinada. Para ella el personaje no tiene honor, la novela está llena de palabrotas y su estilo es tan diferente al de Misery que le cuesta entender lo que está pasando.

Yo me he visto en alguna así.

En primer lugar, me he visto en la tesitura de tener que explicar lo que está pasando en un relato y por qué está pasando. Mi primera reacción —y creo que es la que deberían tener todos los escritores— fue pensar que algo no había hecho bien. Entonces decidí enviar el relato a más personas. Resultó que, de cuatro personas, solo una había sido incapaz de entender el relato.

¿Cómo se me ocurrió dudar del criterio de un lector? ¿Cómo tuve la poca decencia de enviarlo a más gente y no fiarme de ese lector?

Porque estaba convencido de que lo había hecho bien. Para mí, escribir es un 90% intuición —un 8% suerte y un 2% técnica—. Confía en tu instinto como escritor.

Lo que Annie Wilkes me enseñó sobre escribir

Cuando escribas, cierra la puerta y las ventanas y no escuches a nadie.

Puedes —y debes— aprender cosas del oficio, tienes que formarte y participar en talleres, sin embargo, una gran parte del oficio es innato, lo llevas en la sangre. Yo sabía que mi relato estaba bien, que tenía una premisa potente y algunas imágenes brutales, supe que el fallo no era mío. Y acerté.

En otra ocasión, me he tenido que tragar que un editor me diga que: «el relato es genial, pero el estilo no lo entiendo». Ante esto no hay mucho que puedas responder… Puedes decir que: «no hay nada que entender; es mi estilo». Pero en ese tipo de batallas, siempre acabamos perdiendo los escritores.

Otra cosa es que te den razones de peso por las que ese texto esté mal… —mala puntuación, mala ortografía, sin estructura, escritura capitular…— pero sin razones, jamás deberías cambiar nada. Tu estilo es tuyo. Puede gustar o no, eso es lo de menos. No deberías bajarte los pantalones en temas de estilo —a menos que cometas errores, entonces sí, deberías bajártelos y ponerte la vaselina tú mismo—.

El estilo es personal, es algo que se desarrolla con el tiempo y que cambia en cada nuevo proyecto. Yo, por ejemplo, tengo mi estilo personal —y me reconoces fácilmente en mis artículos—, pero también tengo relatos escritos en estilos muy diferentes. Cada relato, cada historia, te pedirá ser escrito con un estilo y tú tienes que saber identificar qué es lo que esa historia te pide y amoldarte a sus necesidades. No puedes escribir una historia de época usando un lenguaje moderno, lleno de formalismos y de jerga.

Como escritor tienes que ser tú el que decida cuando algo está bien o no. Sí, tienes que escuchar a tus correctores, a tus lectores cero y a tus editores, pero no tienes que dejar que te mangoneen. El escritor eres tú, así que confía en tu criterio y en tu intuición.

Algunas veces, es mejor ser valiente y no plegarse.

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15 Comentarios. Dejar nuevo

¡Muy buenas, Jaume!

La verdad es que nunca tuve la ocasión de pelearme con un editor, pero imagino una fiera lucha entre defender los ideales del autor y el hacer la obra más comercial. Yo soy de los que piensan que si una obra es buena, ya se hace comercial por si sola. El boca a boca, después del impulso inicial del escritor en redes sociales y demás, es la mejor de las promociones.

Estoy completamente de acuerdo con el tema del estilo. Coño, ¿has entendido el relato (libro o lo que sea)?
¿Entonces qué tienes que decir del estilo? El estilo es nuestra voz, nuestra “personalidad” como escritores. Si en la vida real nunca cambié por gustarle a alguien, menos lo voy a hacer con la escritura.
Algo similar pasa con los lectores cero y sus comentarios sobre el borrador. Un escritor tiene que saber diferenciar aquello que sirve para mejorar la obra, de los gustos personales de cada individuo. El gusto es subjetivo, y está claro que no se le puede gustar a todo el mundo.

Leer, escribir, escuchar y aprender. Eso sí, sin vender nuestra alma a ninguna Annie Wilkes.

¡Gran Artículo, Jaume!

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    Hola, Háskoz

    Bueno, entre el editor y el escritor, más que una lucha encarnizada, lo que hay es un tira y afloja. En parte es normal, cada editor tiene una idea muy concreta —y personal— de lo que quieren sus lectores y por eso acaban por exigirte ciertos cambios. Algunos serán intrascendentes para tu obra, pero habrá cambios de peso, que seguramente no te vayan a gustar nada. Hay que entender su posición también, es su trabajo, tienen ciertas exigencias a la hora de publicar manuscritos y se deben a la editorial.
    Tampoco hay que llevar estas diferencias al terreno de la batalla o plantar cara a un editor simplemente por principios. Ojo, tenemos que saber cuando un cambio es necesario y cuando no: no creo que creo que debamos aceptar cualquier cambio que se nos proponga como bueno. Como digo en el artículo, una gran parte de ser escritor es innata, tienes que saber confiar en tu instinto.
    El estilo es personal y a mí me molesta muchísimo que se trate de meter mano en esta parte. Una cosa es que tu estilo se base en escribir mal, con faltas de ortografía y que pases por completo de las normas de puntuación, pero otra cosa completamente diferente es que por sistema, se quiera cambiar el estilo de un escritor. Si no te gusta el estilo, no creo que debas aceptar el manuscrito en primer lugar. Pero bueno, supongo que en algunos casos pesa más el publicar lo que sea.
    En en el tema del lector cero yo tengo dos tipos de lectores cero: los escritores y los no escritores. A los primeros les hago mucho más caso que a los segundos. El segundo grupo, sin embargo, es que el que mejor te va a dar la temperatura de la obra, si merece la pena, si fallas, si se pierden al leer… Ese segundo grupo, podría ser algo así como el grupo de control, ya que el primero será el que te dará las ideas constructivas y el que verá los grandes errores de estructura y de lenguaje que el grupo no escritor no suele identificar.
    En fin… que me enrollo y escribo aquí otro artículo más…
    Como bien dices: leer, escribir, escuchar y aprender.
    Un abrazo! ¡Muchas gracias por leer y por comentar!

    Responder
Josep Mª
25/04/2017 9:08 am

Estupenda entrada, Jaume. Me ha entretenido y, sobre todo, instruido.
Aun sin haber llegado a ser un escritor publicado (solo auto-publicado) entiendo perfectamente lo que se siente cuando crees que el problema no está en lo que has escrito o cómo lo has escrito sino en la opinión del corrector o evaluador. En el taller de escritura creativa al que asistí durante dos años, recuerdo que, que en alguna ocasión, al leer uno de mis textos, de los que me sentía especialmente satisfecho, todos los alumnos entendían perfectamente el final menos la profesora. Solo después de explicarle el significado (eso es como explicarle un chiste a quien no lo ha captado) se deshacía en alabanzas (bueno, no siempre). Me resultaba muy frustrante.
En cuanto a King, aunque para mí e un escritor bastante irregular (algunas de sus novelas me han encantado y otras, en cambio, me han decepcionado) es uno de mis autores favoritos del género de terror. Tuve ocasión de conocer sus inicios con la lectura de su obra “Mientras escribo”, pero ignoraba su adicción a la cocaína en la década de los 80-90. Salvo Misery, que es del 87, no he leído ninguna de las obras que escribió durante ese lapso de tiempo, ya que Un saco de huesos (para mí una de sus mejores novelas) la escribió en 1998. Por lo tanto ignoro si la cocaína estimuló su inspiración o la cercenó.
Yo, para buscar la inspiración y el ñexito, no iría tan lejos, pero un porro de vez en cuando quizá sí que me ayudaría a engendrar buenas historias. Total, a mi edad ya poco importa si me convierto en un porrero, jeje
Un abrazo.

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    Hola, Josep
    Bueno, el problema muchas veces no está en nuestro texto. Algunas veces simplemente alguien no entiende lo que queremos transmitir, esto no debería ser un problema añadido a los muchos que tenemos como escritores. Sí, es una putada tener que explicar el chiste a una persona, pero si no lo pilla… Y si encima le chiste es bueno… Qué le vamos a hacer. No podemos llegar a todos y en todo momento. Algunas veces, puede que el lector esté más espeso o que no esté jugando en su terreno —por ejemplo géneros que no domine—.
    Otro tema es que seamos nosotros los que no somos capaces de explicarnos en condiciones. Entonces sí que tenemos que volver atrás, revisar y reescribir lo que haga falta, de otra forma es imposible. Pero, como escritores tenemos siempre la última palabra en nuestros textos. Si no quieres que te entienda nadie, estás en tu derecho… Mira Foster Wallace…
    En fin, lo de King… Pues sí, es irregular, aunque muy productivo. Mantener durante 40 años una publicación constante de 2 novelas al año es un trabajo increíble al alcance de muy pocos —creo que King y Asimov y poco más—. Sin embargo, la inspiración no siempre está a tu servicio y sus problemas de salud y personales también afectaron a gran parte de su obra. Un escritor que dice públicamente no recordar haber escrito algunos de sus libros… tiene un serio problema. Claro, luego lees esos libros y dices… vaya tela… Pero es King y es un icono del siglo XX, guste o no.
    En fin, como siempre, muchas gracias por leer y comentar!
    Un abrazo, Josep

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Hola,
como bien comentas, una de las pocas cosas buenas que se podía sacar de “Perdidos” era aprender a hacer cliffhangers.
En eso eran unos expertos.
Buen artículo.
Un abrazo

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    Bueno… A mí es que Perdidos me gusta… —lluvia de hostias al canto—. Me gustan mucho cómo se construían los personajes y me gustan esos mismos personajes. Todos ellos tienen un trasfondo y unas motivaciones muy claras y muy definidas, algo que no siempre es posible encontrar en las series. Además… Locke…

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Bueno, ¿y dónde dejas la inseguridad de los preprotoescritores? Que cada vez que oyes una opinión vas corriendo a cambiar la mitad del relato. Creo que se madura más por cansancio de correr que por aprendizaje…
En serio, es difícil encontrar «la voz» pero a la vez es difícil deshacerse de ella cuando la ocasión —como comentas— lo requiere.
Como de momento no me he encontrado en el brete de discutir con un editor, me quedo con la moraleja: Escucha a todo el mundo, sí, pero a ti más.

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    Hombre… No hay que correr, que correr es de cobardes.
    Esto es como la vida, tío. Tienes que escuchar a todo el mundo, pero también tienes que saber filtrar y distinguir la gilipollez del consejo. Los lectores cero están muy bien, nos muestran nuestros defectos, pero también te van a señalar cosas que no son errores, que solo son apreciaciones personales. Esas cosas nunca deberías cambiarlas.
    La voz y el estilo… Tino Casal. Tenía voz y un estilo hiper-personal, ¿se lo hubieses cambiado por qué no te cuadra con lo que quieres publicar? La respuesta es no. Pues con esto es lo mismo, pasas años escribiendo para desarrollar un estilo y una voz… Tienes que ser fiel y no dejarte cambiar.
    ¡No cambies nunca, Francisco!

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Claro, sí cosas buenas tenía, si no no nos hubiera enganchado y se hubiera convertido en un fenómeno mundial, pero los guionistas de Perdidos fueron deshonestos con el público.

Dijeron en público que todo tendría sentido y que no dejarían cabos sueltos, mientras que ellos mismos sabían que era una patraña, que había cosas que nunca se pararían a explicar porque no podían, se pasaron de guays y se quedaron con la pipol, y eso no se lo perdonaré Jamás, como a Carmena.
Pero ostias ninguna, que todas las opiniones son respetables, y a fin de cuentas no deja de ser otra cosa que un entretenimiento.
Otro abrazo

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Y mucho menos hostias con h. 😉

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[…] Tu protagonista será bueno en la medida que lo sea tu antagonista. Es una de mis máximas. ¿Qué sería de un Batman sin su Joker; de un Sherlock Holmes sin su Moriarty o de un Paul Sheldon sin su Annie Wilkes? […]

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Fabrizzio Lerma
04/05/2017 3:10 pm

Excelente artículo. Stephen King es mi escritor vivo favorito. Yo creo que hoy en día todos los escritores que queremos escribir literatura popular estamos a la sombra de King (asimismo como todos los escritores que quieren escribir la llamada “alta literatura” están a la sombra de James Joyce). Aunque admito que no he leído Misery, es uno de los que más desearía leer.

El libro de King con el que más aprendí fue “The Stand”. Es para mí el ejemplo perfecto de cómo combinar géneros, cómo moverse en diferentes aguas con diferentes personajes y salir adelante. Es una epopeya de la literatura popular. Sería genial que te lanzaras un artículo hablando de “The Stand”, yo recuerdo escribir (a manera de diario, nada más) una especie de ensayo en el que analizaba cómo era ciencia ficción, fantasía, viaje del héroe, lucha del bien y el mal, análisis sociológico de cómo cae (y se reconstruye) una civilización. Etc, etc. es un libro simplemente enorme.

Pero ya termino, que este post iba de Misery y yo hablando de otra cosa. Lo que pasa es que los que somos fans de King (tú mismo lo eres) no podemos dejar de hablar de su gran obra.

Saludos.

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    Hola, Fabrizzio
    Muchas gracias, por tu comentario.
    Hombre, pues sí, a día de hoy si escribes terror —y si no, también— te tienes que comparar con King, porque el tío otra cosa no; pero es una máquina de hacer dinero. Las cosas como son. Quizá Barker tiene un terror más refinado, puede que Gaiman toque temas más divertidos o que no haya bajado la intensidad y la calidad de sus relatos, pero King sigue siendo el rey… y creo que lo será por unos años más.
    Pues mira, me has dado una buena idea con el artículo sobre The Stand, aunque para eso tendría primero que releerlo, ya que hace mucho tiempo que lo leí y ya estoy algo desconectado de la historia, de los personajes y de todas esa mitología que relata —los paralelismos con ciertas partes de la Biblia, por ejemplo—. Creo que sí le echaré una nueva leída y me atreveré con un artículo sobre esto… Aunque primero quiero hacer uno con IT y Pennywise… así que… paciencia.
    Muchas gracias por leer, comentar y darme ese par de buenas ideas 😛

    Responder

El sábado pasado me senté a ver Misery por primera vez. No sé por qué no la había visto antes, supongo que las malas producciones de otras películas basadas en los libros de King tienen mucho que decir. Pero esta me encantó, y al igual que el libro, sentí los mensajes que tú mencionas.
Annie Wilkes is the best!

abrazo

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    Es verdad que las producciones de Stephen King distan mucho de ser todas buenas… pero oye… A mí las pelis malas de terror me encantan… De hecho una de mis sagas favoritas de todos los tiempos es Sharknado —otra es la Evil Dead original—. La adaptación de Misery, por suerte, es de la misma hornada que la de Carrie y se ajusta bastante a la novela, sin grandes cambios, por eso capta la esencia de los personajes aunque suaviza algunos puntos duros de la novela.
    Annie Wilkes es la mejor maestra que puede tener un escritor, dicen que la letra con sangre entra y si le haces trampas a la enfermera igual te corta un dedo…

    Responder

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